El imperialismo y las personas migrantes

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Comenzaremos este articulo con esta corta y clasificadora poesía de como el capitalismo puede llevar a cabo sus criminales formas de violencia.

Hay muchas maneras de matar.
Pueden meterte un cuchillo en el vientre.
Quitarte el pan.
No curarte de una enfermedad.
Meterte en una mala vivienda.
Empujarte hasta el suicidio.
Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo.
Llevarte a la guerra, etc…
Solo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado.

—Bertolt Brecht.

 

Analicemos la realidad de la inmigración llegada de África. El estado español, donde la dictadura del capital aún mantiene su envoltura de democracia burguesa, la clase obrera inmigrante sufre en sus carnes toda la violencia del capitalismo. Los diferentes gobiernos al servicio del capital, ley tras ley aprobada, han ido endureciendo las condiciones legales de carácter social y laboral con las que situar a cientos de miles de trabajadoras y trabajadores inmigrantes en absoluta y permanente desprotección, lo que facilita que el empresario tenga a su disposición toda la fuerza de trabajo necesaria al menor coste posible. No entraremos en este escrito a analizar el criminal encarcelamiento por parte del gobierno al que se someten a miles de inmigrantes en los campos de concentración, (CIE) Centro de Internamiento de Extranjeros.

Inmigrantes, que son mano de obra barata, de la que se extrae suculentos beneficios por parte del patrón, que en la mayor parte de las ocasiones no contrata, emplea a estos por días, horas, minutos según las necesidad del empresario y que cuando se establece un acuerdo <contractual> los salarios pagados siempre son más bajos de los ya míseros acordados en convenio. Inmigrantes que malviven hacinados en pisos patera, en naves abandonadas o campamentos de chabolas, todas/os en condiciones de salubridad e higiene lamentables y en la mayor de la ocasiones inexistentes. Consecuencia de esta situación donde las condiciones para poder sobrevivir transitan por una fina línea en la que las vidas de estos penden de una cerilla que prende el fuego, que arrasa con las pocas pertenencias que han podido ir adquiriendo con sus míseros ingresos. Cerilla, que en ocasiones, está en las manos del fascista de turno y en otras, producto de las propias condiciones de extrema pobreza, ocasionan un accidente fatal.

Hemos sido testigos de, como en los últimos meses, naves y principalmente campamentos de chabolas han sido arrasados por incendios, dejando sin <vivienda> y sin todas sus pertenecías, a miles de niños, mujeres y hombres, que un día decidieron librarse de guerras, miseria y muerte en sus países de origen, cruzando desiertos, sufriendo sed y hambre, siendo estas personas violadas, muchas de ellas asesinadas y miles ahogándose en el Mediterráneo. Todo este padecimiento, el arriesgar la vida, tenía un objetivo, conseguir llegar a Europa, el sueño prometido donde a través del trabajo, sus condiciones de vida dejadas atrás desaparecerían para poder vivir con toda dignidad. Pero tocado suelo del Estado Español, su primera sorpresa es que se les retiene y encarcela. Pero los que consiguen no ser encarcelados y repatriados, entregados muchos al criminal reino de Marruecos, descubren que el sueño se convierte en pesadilla, son abandonados a su suerte como no podrá ser de otra manera en la dictadura del capital, hoy democracia burguesa, transitan por veredas y caminos vendiendo su fuerza de trabajo al patrón, duermen y comen donde pueden y así pasan los días y meses hasta que llegan principalmente a lugares donde el sistema de producción agrícola está sustentado en pilares históricos de sobreexplotación que se ha incrementado en las últimas décadas. <Se asientan>, intentan que esto sea temporal para continuar su viaje al centro de Europa, pero quedan atrapados en la precariedad que les impide reunir los suficientes medios económicos para continuar su migración. Debido a sus condiciones de inmigrante sin <papeles> lo que les sitúa en peligro de extradición, son obligados a vender su fuerza de trabajo por unos cuantos miserables euros, para cuando consiguen algún tipo de regulación, para algunos, muchos, el sueño dejó de ser posible y entran en un bucle sin fin en el que no hay salida posible. En lugares como Almería o Huelva donde representan más del 90 % de la mano de obra empleada en las explotaciones agrarias, como ejemplo pongamos los campos de Níjar, los que Juan Goytisolo inmortalizara en sus obra literaria, nada queda ya de aquellos campos que Juan recorrió, bueno si queda la miseria que este describe, que hoy está representada en los campamentos y asentamientos de chabolas en los que intentan sobrevivir miles de inmigrares africanos.

En la localidad de Níjar malviven en campamentos chabolistas más de 2500 personas, otros miles, hasta cerca de 3000, viven en cortijos abandonados, asentamientos aislados, almacenes de aperos patera y los que han tenido más suerte, la minoría, en casas y pisos alquilados. En su mayoría venden su fuerza de trabajo en los campos de invernaderos, y las mujeres, casi todas, en los almacenes del manipulado y aquí haremos una observación, las que han conseguido su regulación legal, trabajan con contrato, pero muchas de estas por falta de esta documentación trabajan en condiciones de ilegalidad contractual y coincidencia de esas accidentales de las fabulas y el cine, es en Níjar donde más almacenes de manufacturado piratas hay de toda la provincia de Almería.

Ningún estamento de la administración del estado puede negar el no conocer la situación en la que viven estos seres humanos. Cuando se produce un incendio o accidente en alguno de los asentamientos, los representantes del capital en los diferentes estamentos gubernamentales, acuden al periódico o televisión para ser fotografiado o grabados fingiendo dolor y asegurando que él y su camarilla harán bla bla para que no vuelva a suceder.

Mientras que el poder esté en manos capitalistas muchas de estas empresas españolas quienes expolian y ocasionan guerras y miseria en los pueblos de origen de estos inmigrantes, no podrán dejar de intentar huir de allí buscando mejores condiciones de vida y lamentablemente encontrándose, en estos casos señalados, unas similares a las que se intentaba dejar atrás.

El capitalismo te mata en todos los lugares.

Juan J. Sánchez

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