El impensable colonial

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Este mes parece ser el mes de los antiguos colonizadores, o de quienes quieren seguir siéndolo. Esto vale para Francia en el Sahel, para el G-7 y su pretensión de seguir controlando el mundo y para el Estado español en Catalunya. Todos están cortados por el mismo patrón: el impensable colonial del que hablaba Edward Said (palestino) y que consiste en la incapacidad para adaptarse a la realidad.

Said decía que ese momento del impensable colonial es cuando la metrópoli se encuentra en el momento que nunca quiso ver: que su poder colonial ya no es lo que era y que la colonia deja de ser colonia buscando su propio camino, o sea, la independencia. Y se resiste a ello haciendo, como el G-7, una interpretación de la realidad imaginada. En otras palabras es lo que os decía el otro día calificando a esta gente del G-7 y de la OTAN como “viejos drogadictos coloniales, y sus gacetilleros” y que, por lo tanto, “viven una realidad enfocada por las drogas que toman y, en función de ellas, utilizan palabras que intentan reflejar realidades pero que son solo propaganda dirigida únicamente a consolidar la realidad imaginada por esa ingesta de drogas”.

Están cortados por el mismo patrón, todos y cada uno de ellos. Eso es Occidente, hoy y siempre.

En esta ocasión me voy a referir al Estado canalla (más conocido como España) y el revuelo con los indultos a unos políticos independentistas catalanes. Unos indultos que se producen porque en Europa se ha llamado de todo a España, a quien se la ha calificado en los mismos términos que a Turquía en cuanto a represión de “políticos electos”.

No suelo hablar bien de Europa, pero el que ayer se aprobase un informe poniendo a caldo a la “democracia consolidada” o a la “democracia plena” supongo que tendría que hacer pensar. Y pensar no es habitual, ni entre los colonialistas ni entre sus gacetilleros. Por eso todos, absolutamente todos (incluyendo a los supuestos alternativos) lo han ocultado o relegado a unas poquísimas líneas en las que, además, se terguiversa lo que dice para que parezca que se les da la razón desde Europa. ¿Libertad de prensa? No me hagáis reír, tampoco.

La cosa tiene su enjundia porque no ha sido la UE quien lo ha dicho, sino la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa que va mucho más allá del zombi de la UE porque se encarga de “velar por el respeto a los derechos humanos, la democracia y el estado de derecho”en 47 países (o sea, 20 más de los que componen la moribunda UE que tanto arropa a España).

Es, sin paliativos, una derrota humillante para España que se ha querido -y conseguido- ocultar anunciando el mismo día los indultos, que son parciales mientras que la APCE pedía que fuesen totales y, además, que se reformen las leyes en las que se basó la condena como las de rebelión y sedición que, pese a que fue una de las promesas del gobierno, aún duerme el sueño de los (in)justos. Se llega a decir que “las condenas son desproporcionadas” y que la justicia española (?) ha abusado del derecho para silenciar a estos dirigentes independentistas. No veréis esto ni en el gobierno, ni en los partidos que lo apoyan ni en los gacetilleros.

Ya se sabía de qué iba el informe porque cuando la delegación estuvo en España hace un año y medio, y se reunió con los jueces y fiscales, se recrimió que las penas impuestas hubiesen sido tan altas. No se hizo caso, como siempre actúan los colonialistas ante una denuncia de sus desmanes. Pero a medida que pasaba el tiempo, y que se veía lo que iba a decir el informe, tanto el gobierno español (“el más progresista de la historia”, sic) como las asociaciones de jueces y fiscales exigieron que no se publicase o que, cuando menos, se suavizase. ¿Mala conciencia? Para nada. Los colonialistas no la tienen.

Lo que pasa es que el informe sienta un precednete para que lo tenga en cuenta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) a la hora de examinar los recursos que algunos de estos presos, hoy indultados, van a presentar pese a todo. Y ahí va a quedar claro lo que es el régimen monárquico neofranquista. Otra vez. Porque ya en anteriores ocasiones, aunque sin tanta trascendencia, ha condenado a España por vulneración de derechos. Ayer, sin ir más lejos, con lo ocurrido con un dirigente vasco a quien condenaron a un año de cárcel y ahora el TEDH dice que no se respetó su derecho a la libertad de expresión. Esta es la “marca España” que tanto fascina por ahí (como en Bolivia, cuando invitaron nada menos que al rey español a la toma de posesión de Arce). Colonialistas y colonizados.

Ni los colonialistas ni sus gacetilleros dirán que el informe menciona varios aspectos del Convenio Europeo de Derechos Humanos que han sido violados y que, al mismo tiempo, se fundamenta y da fuerza a los vídeos que se publicaron -en los que tuvo un papel muy importante Julián Assange, encarcelado en contra de la propia ONU en Gran Bretaña (por cierto, nadie sanciona ni a Gran Bretaña ni a EEUU por tener a un periodista encarcelado, pero no es un nazi como el muchachito bielorruso)-; apunta a cómo la legislación judicial española “prácticamente no deja espacio a las expresiones y opiniones políticas disidentes” y que “aunque expresar la ideología independentista no está penalizado ni perseguido sí hubo una intromisión judicial en este derecho y una penalización por haber querido debatir opiniones políticas inconstitucionales”.

Esto se ha tapado con la parafernalia de estos días con los indultos. Quie la realidad no te estropee una buena puesta en escena.

Pero no es solo una cuestión de los colonialistas, sino también de los colonizados. Hoy en Catalunya colonialistas y colonizados van de la mano, sin que se les caiga la cara de vergüenza. Quienes dijeron que no querían los indultos (“que se los metan por donde les quepa” fue la frase textual del más conspicuo y que va de progre, arrepentido) hablan ahora de victoria. Y eso cuando otras 3.000 personas tienen causas pendientes y que se van a comer los mocos mientras que los indultados brindarán sin preocuparse por ellos.

Hace un tiempo escribí sobre el colonialismo y los colonizados y dije que si uno de los principales teóricos anticoloniales, el martiniqués-argelino Frantz Fanon, viviese estaría estallando de ira. Lo titulé “La ira de Fanon“. Sigue siendo tremendamente actual porque no hay manera, ni con unos ni con otros. Fanon hablaba del efecto del colonialismo en las personas y de que solo puede haber una verdadera emancipación si desaparecen del cerebro de la ciudadanía los conceptos impuestos por el colonialismo. Y eso, ahora, no está ocurriendo en Catalunya.

El gobierno español y sus gacetilleros han actuado como corresponde a un viejo colonialista, controlando el relato, ocultando el origen de su actuación y sirviéndose de esquemas imaginarios (citando a poetas catalanes) que sirvan para legitimar su poder y cautivar a los criollos. A la vista está que lo ha conseguido. Hubo un momento que la ciudadanía catalana en su mayoría rechazaba el colonialismo. De eso hace ya cuatro largos años, aunque ahora esconda sus claudicaciones con el discurso de que en las últimas elecciones son el 52%. El régimen monárquico neofranquista puede respirar un poco más tranquilo, pese al bofetón europeo.

El Lince

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