¿Un gobierno de obreros y campesinos es posible en Colombia?

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Hace 107 años, se presentó un aciago momento en la historia de la humanidad, y el cual no se imaginaba la sociedad de ese tiempo, se fuese a presentar: el mundo presenciaba el estallido de la Primera Guerra Mundial Imperialista. Una carnicería de millones de hombres enviados por los capitalistas a las trincheras a pelear por territorios que les permitieran extender su dominio imperialista. Pero en medio de esa guerra reaccionaria, se vislumbró la posibilidad real que los maestros del proletariado habían predicho científicamente: el proletariado debía asumir el poder político en la sociedad destruyendo el Estado burgués y sobre sus ruinas erigiendo un nuevo Estado de obreros y campesinos para instaurar el socialismo, antesala de una sociedad sin división de clases sociales y por tanto, sin guerras como producto de esa división.

En octubre de 1917 ante el mundo se abrió paso esa posibilidad en Rusia. Si bien el proletariado había tenido un ensayo en 1871 con la Comuna de París, solo ahora se presentaban las condiciones objetivas para que fuese realidad. Fueron muchas las dudas que se presentaron en su momento: las clases dominantes no creían que su reino se fuese a derrumbar, los partidos de la pequeña burguesía siempre vacilantes le apostaban a cambios insignificantes que a la postre no resolvían los verdaderos problemas del pueblo ruso, y en el seno de algunas organizaciones proletarias se desconfiaba en que la clase obrera en alianza con el campesinado fuese capaz de gobernar, de llevar a cabo las exigencias del pueblo de ¡Paz, Pan y Tierra!, de ser capaz de dirigir los entes de control del Estado, y llevar a Rusia por el desarrollo social en beneficio de todo el pueblo.

Solo el Partido bolchevique, el Partido del proletariado, confiaba en ello y por eso trazó la orientación de «¡Todo el poder a los Soviets!», órganos de poder que las masas habían creado en 1905 en un levantamiento popular que duró hasta 1907, que siendo aplastados con el terror del régimen zarista volvieron a aparecer en 1917. El Partido confiaba en que las masas a través de estos órganos de poder, de los que hacían parte obreros, campesinos y soldados, eran capaces de llevar a cabo la administración del nuevo Estado y ejercer su poder por medio de las masas armadas.

Y fue así como se logró:

Que el Estado Soviético hiciera realidad lo que en La Comuna fue un ensayo: el Poder Soviético fue un nuevo Estado sin burocracia, sin policía, sin ejército permanente, en el que la democracia burguesa fue sustituida por una nueva y verdadera democracia para las masas trabajadoras, convirtiéndolas en legisladoras, ejecutoras y gobernantes armadas.
Crear formas organizativas de las masas para controlar y aprender el funcionamiento del Estado, tales como: la Inspección Obrera y Campesina y la Comisión Central de Control.
Nacionalizar la tierra y entregarla a los campesinos para su usufructo, y organizar a su vez el trabajo cooperado de los campesinos en lo que llamaron los koljoses.
Acabar el analfabetismo en la ciudad y el campo.
Electrificar a toda Rusia.
Contrarrestar el bloqueo imperialista desarrollando una técnica propia con la investigación y la iniciativa de las masas.
Pasar las fábricas a manos de los obreros.
Crear grandes fábricas de maquinaria para la industria, la agricultura y la industria militar.
Liberar a la mujer de la explotación del hogar y la crianza de los hijos, creando las guarderías sociales dirigidas por hombres y mujeres.

Con estos grandes avances logrados y cuando el mundo salía de una segunda guerra mundial de rapiña, el pueblo chino también logró la proeza de liberarse del yugo de las clases dominantes y tomar el cielo por asalto en octubre de 1949, estableciendo un nuevo Estado dirigido por el proletariado, pero llevando a cabo un programa democrático burgués, pues China era un país atrasado con una población mayoritariamente campesina, que necesitaba salir de rezago económico, social y cultural en el que la habían dejado los países imperialistas, especialmente Inglaterra. Nadie podía pensar que en una sociedad tan atrasada, sumida en la semifeudalidad y oprimida semicolonialmente fuesen capaces los obreros y campesinos de dirigir y edificar una nueva sociedad. Pero fue el Partido Comunista de China, quien confiaba en la poderosa iniciativa de las masas, el que mantuvo la firmeza para dirigirlas en una Guerra Popular Prolongada, y después del triunfo, el que dirigió las transformaciones que convirtieron a China en un próspero país socialista.

Y si bien tanto en Rusia como en China el proletariado fue derrotado y nuevamente la burguesía retomó el poder en 1956 y 1976 respectivamente, esto no opaca todo lo que hicieron los obreros y campesinos en estas sociedades cuando fueron dirigidos por los comunistas y, por el contrario, confirma la necesidad de establecer nuevamente el socialismo aprendiendo de los errores que facilitaron la retoma del poder por parte de las clases explotadoras, errores como no llevar a cabo las medidas de la Comuna de París como nuevo tipo de Estado: sustitución de la burocracia estatal por un gobierno barato de las masas y sustitución del ejército permanente por el pueblo armado.

Hoy al pueblo colombiano, aprendiendo del pasado levantamiento popular iniciado el 28 de abril, se le plantea de forma más real la posibilidad de establecer un gobierno de obreros y campesinos. Las masas con su iniciativa revolucionaria crearon Asambleas y Comités Populares, formas embrionarias de un nuevo poder, si se tiene en cuenta que, como se dice en La lucha de clases en Colombia: hicieron valer las decisiones tomadas; organizaron la seguridad de los combatientes, los suministros de alimentos y la atención a los heridos; bautizaron zonas, calles, avenidas, puentes y parques con el nombre de los caídos o rindiendo homenaje a la resistencia, a la lucha y a la dignidad; enaltecieron la lucha y condenaron el régimen de muerte en los gigantescos murales artísticos y en el pavimento; hicieron rodar las estatuas y monumentos de los “héroes” de la reacción representantes de la antigua esclavitud y del oprobio… una sinfonía de los de abajo, de los que no tienen ya nada que perder, porque hasta el miedo se ha ido evaporando y, por el contrario, empiezan a avizorar un futuro mejor construido con sus manos, un nuevo mundo que ganar.

Pero hoy como ayer, aparecen las dudas de si en Colombia es posible establecer un gobierno de transición dirigido por los obreros y campesinos que sea el preámbulo de la derrota definitiva de las clases dominantes y la instauración de un Estado socialista.

Están los enemigos del pueblo que, con su propaganda anticomunista, hablan del fracaso del socialismo, y por tanto, para ellos, eso de la Dictadura del Proletariado, de un Estado de obreros y campesinos está mandado a recoger. Pero el proletariado consciente sabe que lo sucedido simplemente fue un recodo en el cauce de la revolución que inevitablemente sepultará al capitalismo imperialista. Están a su vez los vacilantes pequeñoburgueses que sueñan con devolver la rueda de la historia, hacia el capitalismo de libre competencia, contra el “modelo neoliberal” como llaman a esta etapa del capitalismo moribundo. Y quienes ven a Colombia a destiempo, y creen que no se han desarrollado las relaciones capitalistas de producción. Todos ellos piden más explotación asalariada y que la burguesía siga en el poder.

También en el seno de las fuerzas revolucionarias se desconfía en que las masas trabajadoras puedan tumbar la dictadura uribista y establecer un gobierno de transición, dado que se vive un descenso temporal del movimiento, que no se lograron consolidar las Asambleas Populares, ni una dirección nacional revolucionaria, que faltó efectivamente una mayor participación de sectores de la clase obrera fundamentales, como el proletariado industrial y un vínculo mayor con los campesinos, y sumado a esto, que el movimiento obrero no cuenta aún con un Partido que lo oriente y dirija hacia la revolución.

Siendo todo esto cierto, las fuerzas revolucionarias cometen un error si solo ven este aspecto y momento. El paro del 28 de abril, demostró la gran capacidad de entrega y sacrificio de las masas y su iniciativa; aunque las Asambleas no lograron sostenerse, la experiencia demuestra que se iniciaron en el 2019 y, retomadas en el 2021, experimentaron gobernar, aún en pequeño, localmente, con pequeños triunfos y muchas derrotas, pero se fijó en el pensamiento colectivo esta necesidad, que debe entenderse más conscientemente para generalizarlas. Los cambios se manifiestan como saltos y no de forma evolutiva. Las Asambleas que en muchas partes ya no se realizan y los Comités que se han disuelto, en el próximo levantamiento aparecerán nuevamente. Por ello es importante en este período hacer la racionalización de la experiencia, y ante la ausencia del Partido del proletariado en Colombia, absolutamente necesario para garantizar el triunfo de la revolución, los comunistas deben plantearse seriamente el problema de que siendo aún una minoría organizada avancen en su construcción, actuando ahora como el partido que la clase obrera necesita: sin dudas sobre la tendencia general del actual movimiento, cuyas causas se encuentran en las profundas e irreconciliables contradicciones del sistema moribundo y no en los deseos de las clases enfrentadas en la lucha, sin dudas sobre la poderosa fuerza de las masas movilizadas y la capacidad del pueblo para gobernar como enseña la experiencia del movimiento obrero, pero sobre todo, sin dudas en su propia organización que solo puede forjarse como destacamento de vanguardia en los mismos combates.

Comité de Dirección – Unión Obrera Comunista (mlm)
Octubre del 2021

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