Los niños que olvidaron leer y escribir

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Los infantes y adolescentes, en un país de alta marginalidad, pobreza y violencia, no son actores sociales que se tengan en cuenta. Las políticas sanitarias para contener la pandemia, no previeron medidas sobre la infancia

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Los niños que por el confinamiento no regresaron a la escuela son considerados una ‘generación perdida’. Foto Unicef

Ricardo Arenales.—  Cerca de mil millones de niños en el mundo se encuentran en riesgo de una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela, debido al confinamiento durante la pandemia del covid-19. Así lo expresa un informe reciente de las Naciones Unidas que ya califica como ‘la generación perdida’ a estos niños que en 18 meses no pudieron ir a la escuela.

El panorama, sin embargo, es más grave que esto. En muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman factores como el cambio climático y los conflictos internos; por ejemplo, en la India, Afganistán y otros países.

La periodista de la BBC, Divya Arya, recorrió la India y comprobó que en varias regiones los niños “se han olvidado de leer y escribir”, debido a que no volvieron a la escuela en el último año. Por ejemplo, en el estado de Jharkhand, la pandemia obligó al cierre de las escuelas, y los niños, de regreso a sus casas, nunca tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar su educación de manera virtual. Allí la brecha digital es enorme.

Lo mismo en América Latina

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te retrases un poco puede remediarse, pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regreses a clases y te hacen avanzar al siguiente curso, la brecha va a ser peor”, dice el economista Jean Dreze.

Un informe de la Unicef de la última semana de septiembre indica que en América Latina la situación es similar. Dice que en este continente cerca de 86 millones de niños aún no han podido regresar a clases, lo que pone en riesgo su proceso de aprendizaje.

“Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe, no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen internet, directamente no los han visto”, dice Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

En Colombia

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino que incluso no regresen nunca a la educación formal. “Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de pandillas, el abuso o la trata de personas”, explica Gough.

En Colombia en los últimos meses se ha hablado con suficiente ilustración de la pobreza que aumentó a raíz de la pandemia. Pero no tanto de la deserción escolar y la brecha digital, que provocan la preocupación de las Naciones Unidas en el informe citado. El Índice de Pobreza Dimensional del DANE, recoge aspectos dramáticos de la deserción escolar.

Las estimaciones muestran que entre 2019 y 2020, la inasistencia escolar pasó de 2.7 al 16.4 por ciento, es decir, que el porcentaje de hogares con al menos un niño que no fue a la escuela se multiplicó más de seis veces. En las zonas rurales la inasistencia llegó al 25.5 por ciento, mientras en las cabeceras municipales fue del 10.3 por ciento, sugiriendo una brecha enorme entre las zonas urbanas y rurales.

No se tienen en cuenta

Según el DANE, mientras en Bogotá y el Valle del Cauca la cobertura de internet en los hogares era del 76 por ciento, en el Chocó esa cobertura llega al 13.2 por ciento de los hogares, y en Vichada y Vaupés no llega al 7 por ciento. La virtualidad en la educación impuesta por el covid-19 llevó a niños y adolescentes a un modelo educativo remoto que, en definitiva, solo pueden aprovechar familias de zonas urbanas con mayor acceso a la tecnología.

A finales de agosto pasado se conoció un informe de la revista científica especializada The Lancet, que asegura que, a 13 meses de haberse declarado la pandemia, cerca de 55.000 niños menores de edad quedaron huérfanos, porque el virus les arrebató a sus padres. Son cifras aproximadas, no hay datos oficiales definitivos, pero son lo suficientemente contundentes para diseñar políticas sociales al respecto.

Además, la orfandad

Este fenómeno en Colombia poco se menciona. Los infantes y adolescentes, en un país de alta marginalidad, pobreza y violencia, no son actores sociales que se tengan en cuenta. Las políticas sanitarias para contener la pandemia, no previeron medidas sobre la infancia.

El problema no es fácil de abordar. Pensemos cómo se vive la pérdida de un ser querido, de un adulto cercano, cuando se está en un entorno de aislamiento, de cuadros depresivos o de ansiedad en medio del confinamiento. Estamos entonces frente a una situación compleja de salud mental. Informes de la Unicef indican que hay ya un retraso mundial en los indicadores de bienestar de los menores de edad por efectos de la pandemia; pero la situación es peor para quienes además se encuentran en situación de orfandad.

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