Se amplía la brecha entre los trabajadores y dueños del capital

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Las mujeres han sido más duramente afectadas por la crisis; el empleo femenino se ha visto reducido en un 5 por ciento en el 2020, frente a un 3,9 por ciento de los hombres; además, el haber tenido que intensificar las actividades de cuidado y educación de los niños en el hogar ha provocado un aumento del tiempo de trabajo no remunerado.

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En el contexto de la crisis mundial del capitalismo y del desate de la pandemia del Covid 19, la brecha que separa a la gran burguesía de los trabajadores y los pueblos se ha ampliado, esto por efecto de la mayor concentración y centralización de la riqueza en pocas manos, por un lado, y por el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que el año anterior se perdió el 8,8 por ciento del total de horas de trabajo, el equivalente a las horas trabajadas en un año por 255 millones de trabajadores a tiempo completo; la mitad de estas horas se debió a la destrucción de fuentes de empleo. En relación a 2019, el empleo total se redujo en 144 millones de trabajadores; de no ser por la pandemia —señala la OIT— se habrían creado unos 30 millones de nuevos puestos de trabajo en 2020 en todo el mundo. Los índices de pérdidas de horas de trabajo se mantienen en cifras altas en lo que va de este año; el primer trimestre se observó un déficit de horas de trabajo totales del 4,8 por ciento y del 4,4 por ciento en el segundo trimestre, esto es, 140 millones de empleos a tiempo completo en el primer trimestre y 127 millones en el segundo trimestre [1] . Las regiones más afectadas son América Latina, Europa y Asia Central.

El incremento de la desocupación, la disminución forzada de las horas de trabajo, en unos casos, y el alargamiento de la jornada laboral sin reconocimiento en el salario, en otros casos por efecto del establecimiento del teletrabajo, la contracción del mercado interno de los países ha significado la caída de los ingresos y el incremento de la pobreza. Los datos que al momento se conocen respecto del comportamiento de los salarios muestran una presión a su disminución o a un incremento menos acelerado que en el período 2006-2019, es decir previo a la crisis. La OIT prevé para este año la creación neta de 100 millones de puestos de trabajo, que «seguirá siendo más bajo que su nivel previo a la crisis». Además, calcula que «el déficit mundial de puestos de trabajo inducido por la crisis se situará en 75 millones en 2021 y en 23 millones en 2022. El incremento del desempleo se mantendrá, pasando de 187 millones en 2019 a 220 millones en 2021. La recuperación sería algo más rápida en los países de ingresos altos.

Los trabajadores informales se han visto gravemente afectados por la crisis; en el año 2019 se calculaba que el 60,1 por ciento de la fuerza de trabajo mundial estaba constituida por estos, aproximadamente 2 000 millones de personas. «Los asalariados informales tenían tres veces más probabilidades que los asalariados formales, y 1,6 veces más probabilidades que los trabajadores por cuenta propia, de perder sus puestos de trabajo a consecuencia de la crisis». [2]

Las mujeres han sido más duramente afectadas por la crisis; el empleo femenino se ha visto reducido en un 5 por ciento en el 2020, frente a un 3,9 por ciento de los hombres; además, el haber tenido que intensificar las actividades de cuidado y educación de los niños en el hogar ha provocado un aumento del tiempo de trabajo no remunerado. Las mujeres han dejado de recibir 800 000 millones de dólares de ingreso a nivel mundial debido a la pandemia. Los ingresos perdidos en 2020 equivalen a la riqueza conjunta de 98 países.

Para millones de jóvenes, este período ha significado —también— la imposibilidad de incorporarse al trabajo productivo o se han visto obligados a aceptar empleos con salarios más bajos que los establecidos oficialmente, debido a que existen menos puestos de trabajo. Millones de ellos también se vieron obligados a abandonar sus estudios, debido a las dificultades económicas. De esta manera, ha crecido el número de jóvenes que no trabajan ni estudian.

Hay estudios que develan que cada minuto once personas mueren por hambre y malnutrición, superando la tasa de defunciones por Covid 19, que es de siete personas por minuto. Se calcula que, en la actualidad, 155 millones de personas en el mundo viven en situación de crisis alimentaria o peor, lo que supone 20 millones de personas más que el año anterior. Dos de cada tres de estas personas pasan hambre a consecuencia de la guerra o conflictos internos en sus países. El número de personas que viven en condiciones cercanas a la hambruna se ha multiplicado por seis desde el comienzo de la pandemia. La situación se tornará más compleja debido al aumento del precio de los alimentos en un 40%, el mayor aumento en una década.

El capitalismo ha llevado a que 1 300 millones de personas vivan, aproximadamente, con menos de 1 dólar al día nos lo dice todo.

La otra cara de la moneda es lo que ocurre con la gran burguesía, con los poderosos grupos monopólicos, para muchos de los cuales la pandemia ha sido una oportunidad para aumentar sus ganancias.

Los ingresos del 1% más rico duplican los ingresos del 50% más pobre; la fortuna de las 10 personas más ricas del mundo aumentó en 413 000 millones de dólares el año pasado; cifra que —según las Naciones Unidas— es suficiente para financiar 11 veces la totalidad de su asistencia humanitaria mundial.

Fuente: pcmle.org

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