UOC (mlm): Un nuevo año de agudas confrontaciones

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La burguesía mundial, impotente para resolver los males sociales causados por su sistema de explotación, se los atribuyó a la pandemia del coronavirus, cuando en realidad la pandemia solo profundizó la crisis económica del capitalismo mundial ya existente desde el 2008. Los hechos han demostrado que la verdadera pandemia es el capitalismo imperialista: agudización de la crisis social como producto de descargar sobre la clase obrera y el pueblo la crisis económica con nuevas medidas antiobreras y antipopulares, despidos masivos, cierres de empresas, quiebra de pequeños productores y comerciantes, y como consecuencia, el incremento desaforado del hambre, miseria y muerte prematura entre los pobres, agravados por el colapso del sistema de salud en manos del capital privado, a lo cual se suma la crisis medioambiental… El capitalismo imperialista muestra su avanzado estado de agonía y descomposición haciéndose insoportable para la humanidad y planteando la urgencia de reemplazarlo por un nuevo orden económico social que no puede ser otro que el socialismo.

 

La terrible situación de la inmensa mayoría de la sociedad es la causa más profunda de los levantamientos populares, que han ocasionado a su vez la agudización de las contradicciones entre las clases explotadoras dominantes y las crisis políticas por arriba. Una convulsionada situación donde la burguesía refrenda su incompatibilidad con la existencia de la sociedad mundial, respondiendo a las necesidades de las masas y a los problemas sociales creados por ella, incrementando medidas draconianas y el terrorismo de Estado, condiciones propicias para elevar la conciencia política de las masas sobre la necesidad de destruir el viejo poder y construir uno nuevo que no puede ser otro que el de la Dictadura del Proletariado.

Tal ha sido el panorama general de los últimos años, y que en Colombia se ha manifestado con mayor claridad desde el 2019 cuando el 21 de noviembre se presentó el Paro Nacional, teniendo continuidad en las acciones ofensivas del 10 y 11 de septiembre de 2020 contra los CAI de la policía, especialmente en Bogotá, y luego en el poderoso levantamiento popular iniciado el 28 de abril del 2021, cuyas repercusiones se han hecho sentir en todos los órdenes.

El régimen gobernante de la mafia y el paramilitarismo, representante de la dominación de burgueses, terratenientes e imperialistas, fue puesto en la picota, insinuándose por las masas populares la necesidad de derribarlo con la fuerza del paro, los bloqueos y la movilización revolucionaria en las calles. Un acontecimiento que causó nuevas fisuras en el régimen y entre las clases dominantes, cuyas manifestaciones se ven en la crisis de sus partidos políticos y los esfuerzos por realizar nuevas alianzas con miras a la pugna en la próxima farsa electoral por el mantenimiento del viejo Estado y la repartija del poder.

Una crisis por arriba que, ante el embate de las fuerzas populares, fue sorteada por el régimen acudiendo al consenso frente al tratamiento de guerra dado al levantamiento popular y otorgando nuevas dádivas a las clases explotadoras y sus esbirros, con la imposición de nuevas medidas antiobreras y antipopulares: reforma laboral, tributaria, policial, pensional, a la salud…

Consenso respaldado por los jefes de los partidos de la democracia pequeñoburguesa, del oportunismo y del Comité Nacional de no Paro, quienes acudieron a socorrer al régimen, condenando las acciones más decididas del pueblo, contribuyendo a aislar a la juventud rebelde, la vanguardia del levantamiento popular, del resto de la masa, en la pretensión de aplastarla; sucio papel disimulado en los insulsos debates en el establo parlamentario y en el engaño sembrado con el señuelo de “dejar terminar a Duque su mandato para derrotar al régimen en las urnas este año, y desde el nuevo gobierno satisfacer las demandas populares”. Traidora y rastrera actuación que culminó con la participación de los jefes vende-obreros en la farsante negociación del salario mínimo, “milagrosamente” alcanzada por consenso. En resumidas cuentas, le dieron la espalda a las masas, especialmente a la juventud, para sumarse a la vía reaccionaria de resolver la profunda crisis del régimen y de las clases dominantes por arriba, reforzando las instituciones de la dictadura burguesa.

La ausencia del Partido de la clase obrera, la impotencia política de los comunistas, cuyos vínculos con el movimiento espontáneo de las masas siguen siendo marginales o muy reducidos, el sectarismo de algunos revolucionarios y las posiciones a medias tintas de otros, no permitieron unir y organizar las fuerzas revolucionarias que emergían de la lucha, para generalizar las formas embrionarias del nuevo Poder insinuado en las Asambleas Populares y en las demás formas organizativas surgidas al calor de los combates contra las fuerzas represivas de la policía, el ejército y los escuadrones paramilitares de la “gente de bien”, a la vez que atraer a otros sectores a la lucha, caso del grueso del proletariado industrial y amplios sectores del campesinado, ocasionando lo que los comunistas han llamado un rebalse en el movimiento.

Es un estancamiento relativo de la lucha que se caracteriza por la continuidad y agravamiento de los problemas sociales que causaron los levantamientos, en una situación donde las fuerzas de la reacción no lograron aplastar la rebelión y a la vez, las fuerzas de la revolución disminuyeron la intensidad de la lucha en un repliegue temporal del movimiento, lo cual no significa ausencia de lucha, como lo evidencian las movilizaciones permanentes de los obreros y demás expresiones rebeldes de la juventud revolucionaria y los sectores populares.

El año comenzó con nuevas masacres, asesinato de dirigentes populares, escalada en el precio de los productos de primera necesidad, incremento inusitado de los contagios (que ponen en entredicho las medidas del imperialismo y la burguesía contra la pandemia), nuevos escándalos de corrupción de los funcionarios del gobierno y nuevas medidas militaristas y punitivas contra las manifestaciones populares y la juventud rebelde, acompañadas de rimbombantes declaraciones sobre el crecimiento de la economía, de lacónicas lamentaciones por el hambre creciente de las masas populares, del bombardeo electoral en torno a las componendas y rupturas, acuerdos y desacuerdos, tonterías y trapicheo politiquero, en el intento expreso de convencer al pueblo para que vaya a las urnas, vendiendo la mentira de que en ellas su opinión cuenta y su voto define los destinos del país, mientras a diario también se destapan los vínculos de los aspirantes al gobierno con la mafia, el paramilitarismo y la corrupción, y se anuncia el fraude ya montado, mostrando nuevamente que en la democracia burguesa, no es el pueblo quien elige, sino quienes tienen el capital y la maquinaria electoral en sus manos.

Pero independiente de los esfuerzos de la reacción y de los jefes de la democracia pequeñoburguesa y del oportunismo, de conjurar la rebeldía de las masas, las causas que dieron origen al levantamiento popular siguen sin resolverse –y no serán resueltas por el próximo gobierno–, sigue creciendo la inconformidad y el descontento, situación que se traducirá en nuevos levantamientos, resultando inútiles las maniobras de la reacción por aplastarlos y del reformismo por desviarlos al fortalecimiento de las podridas instituciones que garantizan la subsistencia del capitalismo agonizante.

Nuevos levantamientos que harán aparecer más claramente el antagonismo de las clases en lucha y plantearán más rotundamente las tareas de destruir el Estado burgués y todo el poder del capital, y cuyo desenlace depende de la capacidad y el esfuerzo de los comunistas para construir el Partido revolucionario de la clase obrera y forjar la unidad de los revolucionarios y el pueblo en torno a las tareas que apunten a preparar las fuerzas para los próximos combates, entre ellas, la decisiva de generalizar las formas embrionarias del nuevo Poder popular en oposición al viejo poder de los explotadores.

Tales son las tareas que le plantea la lucha de clases a los comunistas en un año que será de agudas confrontaciones en todos los terrenos, exigiéndoles construir el Partido actuando como partido, unidos a la lucha del Movimiento Comunista Internacional por una Conferencia de los marxistas leninistas maoístas que desbroce el camino hacia la nueva Internacional Comunista, destacamento imprescindible para garantizar el triunfo de la Revolución Proletaria Mundial, única salida a la agonía y descomposición del capitalismo imperialista, en la marcha inexorable de la sociedad a la instauración del socialismo en toda la tierra.

Comité de Dirección – Unión Obrera Comunista (mlm)
15 de enero 2022

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