Resolución final del #EncuentroSandinista2023

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Uno de los vectores centrales del dominio imperialista es la fragmentación de las resistencias; debemos aprender a enfrentar ese reto y superarlo, este encuentro buscaba ese objetivo.

La solidaridad con Nicaragua es diversa y plural, y hasta el momento no ha construido un referente común en defensa de la Revolución Sandinista. Revertir esta situación de fraccionamiento en este momento no es un deseo ni un acto de buena voluntad, es una necesidad y una responsabilidad. Establecer principios compartidos, coordinar los trabajos para abordar nuevas tareas, elevar el nivel de nuestra lucha, debe ser un objetivo común.

Establecer principios compartidos requiere una puesta en común en un momento de grandes cambios en el Orden Mundial, así como sobre las posiciones que adopta una parte de la izquierda frente a acontecimientos trascendentales y la causa sandinista.

Vivimos en un mundo en guerra que en este momento se encuentra en una profunda transformación. El Occidente global dirigido por los Estados Unidos trata desesperadamente de perpetuar su supremacía y su dominio. Siempre lo ha hecho mediante el uso de la fuerza, la Guerra Mundo contra todo aquel que en cualquier lugar del planeta, dificulte o trate de impedir el saqueo y el dominio imperialista.

Así se ha ido construyendo un mundo socialmente injusto, ecológicamente depredador, políticamente perverso, crecientemente desigual e ilimitadamente violento. Nada de esto frena la lógica imperialista, el Occidente global y su fuerza hegemónica, los EE.UU. En este momento no se juegan solo su supremacía, se juegan su propia existencia, al menos tal y como ha sido hasta ahora. El mundo se ha construido en base a su dominio y esa lógica, su “modo de vida”, se sostiene sobre esa barbarie; acabar con la barbarie es acabar con los supremacistas.

UN NUEVO ORDEN MUNDIAL

La transformación del orden mundial está en marcha y es la consecuencia de dos factores interrelacionados: La profunda crisis del modelo capitalista y la pérdida de hegemonía de los Estados Unidos.

La década de los 90 parecía que alumbraba un nuevo supremacismo occidental que podía considerarse absoluto. Sin embargo, a finales de la década comenzó una serie de crisis encadenadas que han llegado hasta nuestros días

Finalmente, en 2019, los grandes centros financieros mundiales (el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo) declararon que se había entrado en una crisis, que caracterizaron como estructural, sistémica y a largo plazo, qué requeriría profundos cambios en el modelo de acumulación, las relaciones capital trabajo, el papel de lo público y lo privado, el sistema financiero y otros; cambios que tendrían graves consecuencias para la mayoría de la población.

Al mismo tiempo se puso en evidencia el declinar de la hegemonía de los Estados Unidos en aspectos esenciales de la economía, las finanzas, la política, incluso en el campo militar.

Nunca Occidente se había encontrado en esa situación: el centro del mundo se desplaza desde el Atlántico al indo Pacífico, nuevas fuerzas se desarrollan y organizan al margen de las estructuras occidentales, países y regiones dejan de obedecer, la periferia se organiza y desafía al centro.

De nuevo, la solución para occidente es la guerra: Oriente Próximo, África, Europa. Nuevos y viejos conflictos con renovadas resistencias: Palestina, donde se han unido las organizaciones de la resistencia contra la barbarie colonial del nazismo sionista; África, donde la unidad antiimperialista de Burkina Faso, Mali y Níger ha doblegado al colonialismo francés; Ucrania, donde la Federación Rusa contiene a la OTAN; en Europa, donde centenares de miles de personas se están levantando frente al nazismo sionista a pesar de la represión de los estados europeos; América Latina, donde Cuba, Nicaragua y Venezuela son un ejemplo internacionalista y continúan liderando la causa antiimperialista.

NICARAGUA: RESISTENCIA Y VICTORIA

En ese contexto, Nicaragua juega un importante papel. Un pequeño país defendiendo su independencia y su soberanía desde 1855, cuando fue invadida por un Ejército de mercenarios apoyados por los Estados Unidos. Desde entonces, Nicaragua ha sufrido invasiones, ocupaciones, guerras, golpes de Estado, sanciones. En suma, todo tipo de agresiones durante más de 150 años por parte de la, hasta ahora, primera potencia mundial.

Nicaragua se ha recuperado de todas ellas y su capacidad de resistencia frente al imperialismo se regenera ante cualquier nuevo ataque.

En esta larga lucha, la guerra híbrida ha introducido nuevas formas de agresión, los “golpes blandos” que se apoyan en formaciones internas con el decidido apoyo de un ejército formado por contrarrevolucionarios, fundaciones, ONGs, organizaciones civiles y, de forma singular, la Iglesia Católica.

Todas ellas organizadas, instruidas, coordinadas y dirigidas por las agencias de los Estados Unidos y que se apoyan en delincuentes, el lumpen y mercenarios locales o extranjeros extremadamente violentos, que cometen cualquier tipo de actos para derrotar al gobierno, destruir el estado revolucionario sandinista y liquidar cualquier rastro antiimperialista.

En esta batalla juega un papel decisivo la criminalización, organizada y ejecutada por un complejo comunicacional en el que se integran los medios de comunicación, las redes sociales, los políticos, los académicos, las industrias culturales, sectores intelectuales y otros.

Esta guerra ha hecho mella en una parte de la izquierda, que se ha unido al discurso imperialista, asumiendo sus consignas en torno a la vulneración de los derechos humanos, la ecología y el feminismo; una izquierda que apaga su voz cuando se trata de hablar de los logros de la revolución en aspectos cruciales para las condiciones de vida, como lo son la sanidad, la soberanía alimentaria, la educación la organización social, las infraestructuras y otros.

La solidaridad tiene que enfrentarse a estos retos, pero difícilmente podrá hacerlo si se encuentra fragmentada y dividida.

Llamamos a la unidad de los que comparten estos principios para defender un proyecto de liberación, independencia y soberanía como es la Revolución Sandinista. Contribuir en suma a la construcción de una solidad más fuerte, más capaz, más rica, más antiimperialista y más internacionalista; y esa no es una tarea de unos pocos, es una tarea de todos.

Rivas Vaciamadrid, 22 de octubre de 2023

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