La dialéctica del rojo y del verde

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“La producción capitalista solo es capaz, por tanto, de desarrollar el mecanismo del proceso social de producción socavando, al mismo tiempo, las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre” Karl Marx El Capital Tomo I

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Julio Díaz (Unidad y Lucha).— Así de claro lo exponía Marx, y así de evidente se ha demostrado en el desarrollo histórico del Capitalismo hasta la actualidad.

Un simple análisis de la realidad realizado bajo el prisma de la honestidad y el más primario sentimiento de fraternidad humana, conduce a ello sin lugar a duda. Mucho más aun, si el diagnóstico que realizamos lo fundamentamos en las categorías científicas de la dialéctica materialista.

El Capitalismo destruye la Vida humana y el nicho ecológico que permite su reproducción.

Una afirmación que, desde el campo revolucionario, no es posible negar sin abandonar el mínimo rigor y coherencia argumental y, lo que es todavía más grave, sin incurrir en un error de principios.

En la consideración del ser humano y la naturaleza como parte del capital que se integran en la Ley del Valor, está la base material de esta aberración destructiva en la que se basa el Capitalismo y es, en consecuencia, del hecho que tiene que desprenderse nuestra propuesta programática para enfrentarla.

La burguesía gestiona la crisis medioambiental como si de una crisis económica más se tratara.

En consecuencia, y al margen de la fachada del discurso que desarrolla, su único objetivo a la hora de abordar la destrucción de los hábitats naturales y el calentamiento global producido por la acción humana, es recuperar un punto de equilibrio desde el que volver a iniciar un nuevo ciclo de acumulación para volver a generar la suficiente tasa de ganancia. En su existencia como clase, no hay ningún atisbo de interés por el futuro del Planeta, solo la voluntad de reproducir el capital para mantener la plusvalía. Todo le vale para ese objetivo de desposesión comunitaria para el que disciplinadamente, aplica las más complejas políticas tendentes, por un lado a desvalorizar y privatizar todos los recursos naturales al margen de las consecuencias medioambientales que tenga y, por otro, propiciar la concentración de capitales en un creciente proceso monopolístico.

Objetivo para el que no cometen el error de mirar hacia otro lado negando la realidad, sino que la analizan a fondo y tratan de definir al detalle todas las políticas de dominación que les puedan asegurar la consecución de sus propósitos.

Por un lado la violencia y la guerra imperialista y, por otro, la dominación ideológica que aliena a las masas y las posiciona al margen de sus intereses y necesidades, incapaces de entender el alcance de la manipulación de la que son objeto.

No hay duda, por tanto, que toda la agenda verde del capitalismo que, por otra parte, se inserta y justifica en buena medida en la Agenda 2030 de Naciones Unidas, no es ajena a esta realidad y tiene como único objetivo seguir evitando el colapso civilizatorio de la formación social capitalista. Tanto su realidad, como su discurso son pura hipocresía.

Sin embargo, el hecho de afirmar esto, no puede en absoluto, negar las evidencias científicas que se desprenden de determinados estudios que, al margen del carácter de clase de la institución u organismo que lo desarrolle, son irrefutables por su carácter científico admitido por el conjunto de los expertos en la materia. Para entendernos, es como si se niega la eficacia de un modelo de ecógrafo porque lo fabrica y tiene patentado la General Electric, Siemens o Toshiba. No nos equivoquemos, el problema no es el ecógrafo, es la contradicción entre el carácter privado de la propiedad de su fabricante y, no solo el carácter social de su fabricación, sino también su función social como instrumento imprescindible para la salud comunitaria. Como comunistas, estamos obligados “a recoger cada argumento…cada propuesta que se formule y a examinarla cuidadosamente, a medirla de acuerdo con nuestras escalas filosóficas, históricas, sociales y políticas y, si resulta de utilidad para la causa de la clase obrera, incluirlas en nuestro programa”.1

Sin embargo, no son pocos los compañeros y compañeras que condicionados por la necesidad de mantener un discurso independiente de clase, cometen el error de abandonar el rigor analítico exigible y asumen posiciones que, no solo son acientíficas, sino que se suman a las corrientes de pensamiento y acción que, dentro de las diferencias que se dan entre las diversas fracciones burguesas, se oponen a la necesidad de adoptar medidas de protección medioambientales efectivas en contra del calentamiento global y la gestión de los recursos naturales como bienes limitados.

Porque no hay la menor duda que las políticas verdes del Capital son una falsedad, sin más objetivo que mantener su posición dominante, la alternativa nunca puede ser posicionarse con las fracciones más reaccionarias y chovinistas del capitalismo.

Si no es rojo, no puede ser verde

Esa es la tarea en la que debemos embarcarnos con urgencia, atendiendo la emergencia climática y medioambiental que padecemos y, también, atendiendo la conciencia de las masas en relación a una evidencia que ya es indudable que afecta al día a día de nuestras vidas. El objetivo no puede ser otro que, desde una posición de clase que sitúe el Socialismo como una necesidad civilizatoria, arrancar a las masas obreras y populares de los discursos del Capital. Tanto del dominante, cínicamente ecologista y manipulador, como del que niega la realidad a pesar de todo y, como el otro, se echa el mundo por montera y solo piensa en su cuenta de resultado.

El llamamiento que, como comunistas, como revolucionarios y revolucionarias en combate frontal con el imperialismo criminal que destruye la Vida, estamos necesitados de lanzar a las masas obreras y populares con toda claridad –incluso con cierta dosis de milenarismo que se justifica plenamente-, es que solo un futuro socialista, con una economía planificada y austera acorde a los límites biológicos del Planeta en los que la única prioridad sea la satisfacción de las necesidades básicas y fundamentales –no consumistas- de toda la población mundial, puede salvar a la Humanidad de la barbarie capitalista y la destrucción.

Socialismo o Barbarie. Comunismo o Destrucción. Esa es la verdadera disyuntiva que enfrenta la Humanidad. No hay margen para el error.

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1 Cita del libro ¿Comunismo sin crecimiento? De Wolfgang Harich

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