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Seguramente todo el mundo, incluido quienes no ven, dirá que no, que no quiere ser ciego. Pero eso no es aplicable a los psicópatas occidentales que nos gobiernan (porque nos dejamos). Han elegido la ceguera y están muy a gusto con ella. ¿Que se machaca durante años al Donbás? Pues muy bien. ¿Que hay neonazis en el país 404, antes conocido como Ucrania? Pues muy bien. ¿Que se vuela el oleoducto Corriente del Norte 2? Pues muy bien. ¿Que suben los tipos de interés que endeudan a todo el mundo porque hay que apoyar a los neonazis del país 404?  Pues muy bien. ¿Que el IV Reich sionista, antes conocido como Israel, comete un genocidio en vivo y en directo? Pues muy bien. O eso o es algo que no está pasando. Es lo que alguien ha definido con mucha sorna como “Proyecto de Eliminación de Elefantes”, es decir, que Occidente se niega a ver los elefantes en la habitación y sigue alimentando la fantasía neocolonial de controlar el mundo porque para ello controla toda una serie de estructuras que son como las telas de la araña: muy resistentes.

 

Una de esas estructuras es la Corte Penal Internacional. Al hilo de la petición del fiscal de arrestar a dos sionistas, Netanyahu y Gallant, se ha montado un buen lío entre quienes defienden esta postura y quienes, como yo, somos muy escépticos frente a todo ello porque la CPI lo que hace es dar una salvaguarda clara al IVRS cuando no acusa de genocidio, por una parte, y acotar el terreno en el que se mueve la Corte Internacional de Justicia, que sigue hablando de genocidio, por otra.

La CIJ ha vuelto a insistir en ello este viernes pasado al afirmar que “El Estado de Israel debe detener inmediatamente su ofensiva militar en Rafah y cualquier otra acción que pudiera infligir al grupo palestino en Gaza condiciones de vida que provoquen su destrucción física total o parcial”. Lo subrayado es determinante porque la CIJ vuelve a insistir en el genocidio.

No ha pasado ni una semana y los panegiristas de la CPI han vuelto a salir en tromba para intentar, al menos, salvar su “autoridad y credibilidad” reclamando que se acepte la petición del fiscal.

¿Y por qué? No solo por la pugna entre estas dos instancias jurídicas y en un desesperado intento occidental por acotar el daño, sino porque la Unión Africana ya en el 2017 se pronunció por la posible retirada masiva de la CPI por el sesgo “antiafricano” que había adoptado desde su creación, en 2002, criticando la “falta de objetividad de jueces y fiscales”, y ahora lo ha vuelto a hacer.

Ese año, el 2017, la UA, por iniciativa, otra vez, de Sudáfrica, aprobó un documento titulado “Estrategia de Retirada de la CPI” en el que se anunciaba esa posibilidad si la CPI seguía protegiendo los intereses colonialistas. Aquí hubo un encendido debate y este documento se suavizó hasta dejarlo prácticamente irrelevante, a pesar del título. Entonces la gran mayoría de los Estados africanos -Burkina Faso, Botswana, República Democrática del Congo, Costa de Marfil, Lesotho, Malawi, Malí, Namibia, Nigeria, Senegal, Sierra Leona, Tanzania, Uganda y Zambia- se opusieron a la redacción inicial del documento, muy crítica y radical, y lograron su suavización. Pero desde entonces hasta ahora varios de estos países han entrado en una fase abiertamente anticolonial (Burkina Faso, Malí, Congo y Senegal) que ya no se oponen a la salida de la CPI, a quien siguen considerando “una herramienta de la política neocolonial occidental”.

Esta sensación está creciendo en el continente africano y tanto el Occidente colonial como el resto son conscientes de ello. No actuar contra el IVRS sería el clavo en el ataúd de esta institución claramente occidental (podéis ver quiénes son los expertos que han avalado la decisión del fiscal aquí, lo que os da una idea de cuál es su composición).

No es extraño, por lo tanto, que la CPI no haya investigado los crímenes de guerra occidentales en Afganistán, en Irak (incluida la tortura en Abu Ghraib), en Libia, en Palestina en las otras agresiones a Gaza, en… Por no hablar de las sanciones y amenazas contra una valiente fiscal, Fatou Bensouda, de las que ya os hablé el otro día.

Occidente habla con lengua de serpiente en este tema, y no solo EEUU. Está atrapado en su propia tela y los psicópatas, y quienes los apoyan, se niegan a verlo. Siguen todavía inmersos en su política colonial, en su “animus dominandi”, en su elemento de posesión que son todas las estructuras internacionales (la tela) y que quieren conservar a toda costa con eso de “orden basado en reglas”.

Para ayudar a ello, a conservar este poder institucional e internacional, el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Ginebra y el Colectivo de Abogados por el Respeto a los Compromisos Internacionales de Francia presentaron el 22 de mayo un caso ante este mismo fiscal contra Úrsula von der Leyen por complicidad en el genocidio de Gaza. Hay quien lo ve como un empujón para que la CPI sea, en realidad, respetuosa con el derecho internacional que dice defender. Yo no lo veo así, como he dicho, aunque lo que sí es cierto es que desde que se presentó esta acusación contra la condesa de la UE, varios de los integrantes de esa estructura plutocrática de Bruselas, tipo Borrell, han medido mucho sus palabras y posturas sobre el IVRS.

Hay un grupo punk, Turnstile, que tiene un tema que viene al pelo de todo lo anterior, “I don’t wanna be blind“: Occidente está a punto de ser noqueado, y cierra los ojos intentando evitarlo.

El Lince

Fuente: El Lince
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