
El Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil realiza desde el lunes 13 y hasta el viernes 17 de abril, la Jornada Nacional de Lucha por la Reforma Agraria Popular, una agenda que este año 2026 adquirió carácter histórico al conmemorar los 30 años de la Masacre de Eldorado do Carajás, ocurrida en 1996 en el estado de Pará.
Bajo el lema “En defensa de la Reforma Agraria Popular: ¡basta de violencia contra el pueblo y la naturaleza!«, el movimiento desarrolla acciones en distintos puntos del país para reafirmar la memoria como herramienta de resistencia frente a la violencia en el campo.
La jornada coincide con nuevas movilizaciones en Pará, Bahía y Tocantin, en medio de reclamos por tierra, justicia y políticas públicas de acceso a la propiedad rural. La masacre de Eldorado do Carajás, que dejó 21 trabajadores rurales asesinados, continúa siendo un símbolo de impunidad en Brasil.
Tres décadas después, solo dos comandantes del operativo policial han sido juzgados por los crímenes, mientras el Estado brasileño no ha ofrecido reparaciones a las familias de las víctimas. Según la Comisión Pastoral de Tierras (CPT), más del 90 por ciento de los homicidios rurales en Pará permanecen impunes, dato que el MST coloca en el centro de sus denuncias.
Movilizaciones y ocupaciones en Tocantins y Bahía
En este contexto, las familias del campamento Irmã Rita iniciaron el 7 de abril una serie de movilizaciones y ocuparon la Finca Prata, situada en Darcinópolis, Tocantins. La acción recuerda que en 2022, en esa propiedad perteneciente a un sindicato, fueron rescatados 102 trabajadores en condiciones análogas a la esclavitud.
El MST exige la confiscación inmediata de la finca, conforme al artículo 243 de la Constitución Federal, que establece la expropiación de propiedades donde se constate trabajo esclavo, para destinarlas a programas de reforma agraria y vivienda popular, sin compensación para los dueños.
En Bahía, la marcha estatal por la Reforma Agraria moviliza a más de 2.000 personas en un recorrido de 120 kilómetros. La caminata comenzó el 8 de abril en Feira de Santana y avanza hacia Salvador hasta el 17 de abril. La coordinación estatal resumió el espíritu de la acción al afirmar que “hay 30 años de impunidad, pero también de resistencia”.
Las marchas buscan presionar al Estado para avanzar en políticas de regularización de tierras y verificación in situ de ocupaciones rurales.
Demandas estructurales y función social de la tierra
De acuerdo con Ayala Ferreira, integrante de la dirección nacional del MST, las movilizaciones tienen como objetivo generar políticas de inspección en el campo para comprobar quiénes ocupan realmente las tierras y si cumplen su función social.
La propuesta incluye identificar tierras tradicionales, áreas destinadas a la reforma agraria y zonas de preservación ambiental. Ferreira sostuvo: «La política de regularización de tierras debería haber identificado la disponibilidad de terrenos que podrían destinarse a la reforma agraria y la delimitación de territorios tradicionales. Si esto no se ha concretado, es porque este intento fracasó en su propósito». Para el MST, la cuestión agraria permanece sin resolución estructural en Brasil.
Pará: memoria y juventud en la Curva do S
En el estado de Pará, el eje central de las actividades se desarrolla en la Curva do S, escenario de la masacre de 1996. Desde el lunes 13 de abril, 500 jóvenes participantes en el XX Campamento Pedagógico de la Juventud Sin Tierra Oziel Alves, con talleres formativos y la reconstrucción del monumento en memoria de los 21 trabajadores asesinados.

El programa en Pará también incluye la marcha “La voz por la vida silenciará la ambición”, que partió desde Curionópolis con alrededor de 3.000 participantes y recorre la ruta interrumpida por la violencia policial en 1996. La llegada a la Curva do S está prevista para el 17 de abril, Día Internacional de la Lucha Campesina.
Reforma Agraria como proyecto civilizador
La dirección nacional del MST subraya que la jornada no se limita a un homenaje, sino que constituye una afirmación política sobre la vigencia de la demanda por Tierra. “La reforma agraria es necesaria en Brasil”, afirmó Ferreira, al destacar que la movilización mantiene vivo el sueño de quienes murieron en la lucha y denuncia el modelo agroindustrial basado en grandes latifundios y explotación.
El movimiento sostiene que el Estado ha consolidado una estructura agraria que prioriza a los grandes grupos económicos, situación evidenciada en el avance de la minería y el cultivo de soja sobre territorios campesinos en el sur de Pará. Para el MST, la disputa por la tierra está directamente vinculada a la supervivencia y dignidad de las comunidades rurales.
La iniciativa denominada “Viaje 2026” impulsa la idea de que la Reforma Agraria Popular debe entenderse como un proyecto civilizador para la Amazonía. “La Reforma Agraria Popular no es solo distribución de tierras: es un proyecto civilizador para la Amazonía”, sostiene la dirección estatal del MST en Pará. En esa línea, el movimiento exige decisiones políticas para enfrentar la desigualdad histórica y democratizar el acceso a la tierra y los recursos naturales.
Ferreira agregó que “el Estado brasileño necesita presentar prácticas de desarrollo económico que no dependan de una economía primaria y orientada a la exportación”, un modelo que —según señaló— ha convertido al país en “una gran granja para el mundo”. Añadió que la reforma agraria debe verse no solo como una respuesta al conflicto, sino como una condición para un país soberano.
Unos 30 años después de Eldorado do Carajás, el MST mantiene su consigna: la Tierra pertenece a quienes la trabajan. Con marchas, ocupaciones, actos formativos y denuncias sobre la violencia rural, la jornada de abril vuelve a colocar en agenda la Reforma Agraria Popular, la impunidad en el campo y la disputa por el uso social de la tierra.
En este aniversario, el movimiento busca reafirmar que la memoria es una herramienta de resistencia y que el derecho a la tierra sigue siendo un eje esencial para la justicia social en Brasil.

