La ceguera de Occidente ante la barbarie sionista.
Por André Abeledo Fernández
La historia nos observa con horror mientras el mundo contempla, en riguroso directo y con una pasividad que roza la complicidad criminal, la consumación de una de las mayores atrocidades de nuestro siglo. El sionismo, lejos de ser el proyecto de emancipación que sus defensores pretenden vender bajo un manto de victimismo histórico, se ha consolidado como una ideología colonial expansionista, supremacista y militarista. Como ya he denunciado en anteriores ocasiones en Nós Diario, estamos ante una realidad incuestionable: el sionismo y el fascismo operan como dos caras de la misma moneda destructiva.
La asimetría del conflicto es tan brutal que desmiente cualquier intento de catalogarlo como una «guerra». Un Estado hipertecnificado, poseedor de uno de los ejércitos más potentes del planeta, tanques y aviación de última generación, descarga toda su furia contra una población civil desarmada, sitiada y privada de los derechos humanos más elementales. No es defensa propia; es un plan sistemático de limpieza étnica. De acuerdo con los criterios de la Convención de las Naciones Unidas de 1948, lo que está ocurriendo encaja perfectamente, de libro, en la definición jurídica de genocidio.
Este horror supera cualquier debate tradicional de partidos. El sufrimiento infligido es tan atroz que está por encima de ser de derechas o de izquierdas. Es una cuestión de humanidad básica. Sin embargo, las potencias occidentales, encabezadas por el imperialismo estadounidense, continúan sosteniendo el brazo ejecutor. Los supuestos «planes de paz» promovidos por Washington no son más que trampas pactadas para desactivar la protesta social, lavar la cara de los líderes infames y forzar el olvido del pueblo palestino mientras las masacres continúan sin freno.
El silencio o la tibieza de la socialdemocracia europea frente a esta barbarie es otra muestra de su capitulación. Al renunciar a combatir los abusos del poder fáctico y del capital internacional, la vieja política abre las puertas a que la extrema derecha reescriba la historia a su antojo. El sionismo se nutre de esa misma impunidad geopolítica, controlando relatos y amordazando críticas bajo la falsa acusación de antisemitismo.
No podemos callar. Romper el silencio mediático y señalar al sionismo como una doctrina de ocupación y apartheid no es solo un acto de solidaridad con Palestina; es un deber imperativo para cualquiera que se reclame antifascista y defensor de la justicia social. Mientras sigan asesinando, nuestra pluma y nuestra voz seguirán siendo trinchera.
André Abeledo Fernández

