Octubre y la URSS: La chispa que demostró que el mañana nos pertenece.

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Octubre y la URSS: La chispa que demostró que el mañana nos pertenece.

Por André Abeledo Fernández

La historia la escriben los vencedores, pero la memoria de los pueblos la preserva la clase trabajadora. Hoy, cuando el capitalismo salvaje intenta convencernos de que no existe alternativa a la precariedad, al expolio y a la barbarie, se vuelve más necesario que nunca volver la mirada hacia el acontecimiento que partió en dos el siglo XX: la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917.

Aquel octubre (noviembre en nuestro calendario), los oprimidos dejaron de pedir migajas para tomar el pan, la tierra y las fábricas. Los bolcheviques, con Vladímir Ilich Lenin a la vanguardia, demostraron al mundo entero un hecho revolucionario y aterrador para la burguesía: que los esclavos pueden rebelarse, que pueden vencer, y que la clase obrera está perfectamente capacitada para organizar la sociedad sin el concurso de sus explotadores.

El faro de la Unión Soviética

La Revolución de Octubre no fue un simple cambio de régimen; fue la fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el primer Estado obrero de la historia moderna. A pesar del asedio constante del imperialismo, del sabotaje económico y del posterior auge del revisionismo que terminó debilitándola desde dentro, la experiencia soviética dejó conquistas sociales innegables que el capitalismo actual busca desmantelar día tras día.

Bajo la bandera roja, un país sumido en el analfabetismo, el hambre y el feudalismo zarista se transformó en una potencia industrial, científica y social.

Derechos laborales: Se conquistó la jornada laboral de ocho horas, el descanso laboral pagado y el pleno empleo.

Igualdad real: Se garantizó el acceso universal y gratuito a la sanidad y a la educación a todos los niveles.

Dignidad social: El acceso a la vivienda y a la cultura dejó de ser un privilegio de clase para convertirse en un derecho humano básico.

Quienes hoy demonizan la URSS olvidan de manera deliberada que fue el heroico pueblo soviético, a costa de más de 20 millones de vidas, el que derrotó al monstruo del fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Sin su resistencia y su capacidad productiva, la historia de Europa se habría escrito bajo la barbarie nazi.

Una lección para el siglo XXI

La caída de la Unión Soviética en 1991 no supuso el «fin de la historia» que nos vendieron los ideólogos del capital. Al contrario, abrió las puertas a la pérdida masiva de derechos laborales, a la privatización de los servicios públicos y a una agresividad imperialista renovada que hoy sufrimos en forma de guerras y crisis globales.

Celebrar y estudiar la Revolución de Octubre no es un ejercicio de nostalgia; es una necesidad urgente y plenamente vigente para la izquierda del siglo XXI. Nos enseña que la organización, la disciplina revolucionaria y la unidad de la clase obrera son las únicas herramientas capaces de transformar la realidad.

La chispa de 1917 sigue viva. Nos demostró que otra sociedad es posible, que el socialismo no es una utopía irrealizable, sino una alternativa científica, justa y necesaria frente a la barbarie capitalista. Hoy más que nunca, frente al pesimismo que nos quieren imponer, reivindicamos Octubre.

¡Trabajadores del mundo, uníos!

 

André Abeledo Fernández

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