Israel incendia Oriente Próximo con la complicidad criminal de Occidente
Irán responde. Y conviene empezar por ahí, porque el relato dominante vuelve a intentar presentar al agresor como víctima y a la víctima como amenaza. Pero la realidad es muy distinta: Israel lleva meses desatando una escalada criminal sobre Palestina, Líbano y toda la región, actuando con la impunidad que le garantiza el respaldo del imperialismo estadounidense y el silencio cómplice de Europa.
Los ataques sobre el Líbano, las agresiones constantes, los bombardeos sobre población civil y la expansión de una guerra permanente obligan a Irán a responder ante una ofensiva que amenaza con arrasar Oriente Próximo entero. Porque ningún pueblo puede aceptar indefinidamente que se bombardee a sus aliados, se asesine a civiles y se destruya cualquier posibilidad de paz mientras Occidente aplaude o mira hacia otro lado.
Israel no actúa como un Estado normal. Actúa como una maquinaria de guerra supremacista convencida de que puede hacer cualquier cosa sin consecuencias. Lo vemos cada día en Palestina, donde el gobierno de Netanyahu recrudece el bloqueo genocida sobre Gaza, impidiendo la entrada de ayuda humanitaria, condenando deliberadamente a millones de personas al hambre, la sed, la enfermedad y la muerte.
Lo que ocurre en Gaza no es un conflicto. No es una guerra entre iguales. Es el exterminio cruel y planificado de un pueblo entero. Hombres, mujeres y niños privados de comida, agua, electricidad, medicamentos y refugio. Hospitales destruidos. Escuelas bombardeadas. Familias enteras borradas del mapa mientras las potencias occidentales siguen enviando armas, dinero y apoyo político al Estado sionista.
Y después todavía pretenden que el mundo llore por Israel.
Pero no nos queda ni una sola lágrima para quienes han hecho gastar todas nuestras lágrimas en Palestina, en el Líbano y ahora también en Irán. Porque el Estado sionista ha convertido el horror en política de Estado y la barbarie en método de gobierno.
Benjamín Netanyahu es un criminal de guerra. Un dirigente señalado internacionalmente por crímenes de lesa humanidad, responsable directo de matanzas masivas, castigos colectivos y políticas de exterminio. Pero su gobierno no podría continuar ni un solo día sin la protección de Estados Unidos, sin la complicidad histórica de las élites occidentales y sin la alianza obscena entre Donald Trump y Netanyahu, dos figuras unidas por el supremacismo, el militarismo y el desprecio absoluto por la vida humana cuando las víctimas son pueblos pobres y resistentes.
El problema no es únicamente Netanyahu. El problema es el sionismo como proyecto colonial y expansionista sostenido por el imperialismo. El problema es una comunidad internacional cobarde que habla de derechos humanos mientras financia genocidios. El problema es un sistema que considera aceptable asesinar miles de niños palestinos siempre que quien apriete el gatillo sea aliado de Washington.
Pero la historia no la escriben solo los verdugos.
Frente a la barbarie, millones de personas en todo el mundo siguen levantando la bandera de Palestina como símbolo de dignidad y resistencia. Porque defender Palestina hoy es defender la humanidad frente al fascismo, el colonialismo y el supremacismo.
Y el lado correcto de la historia no estará jamás con quienes bombardean hospitales, matan niños de hambre y convierten la limpieza étnica en política oficial de Estado.
André Abeledo Fernández

