El sector tecnológico es el motor de la crisis del capitalismo

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El lunes la bolsa de Seúl tuvo que cerrar las puertas por el desplome de las cotizaciones. Al cierre de la sesión habían caído más de un 8 por cien, presionadas por el hundimiento de las empresas tecnológicas. El capital se ha desplazado a este tipo de empresas, lo que ha generado una burbuja que ha puesto a las bolsas al borde del precipicio. En 1999 la financiación relacionada con internet representaba menos del 40 por cien del capital riesgo, pero si se amplía el ámbito para incluir el sector TMT (tecnología, medios y telecomunicaciones), la concentración es masiva, en torno al 80 por cien.

 

Hoy en día, la inteligencia artificial capta una proporción aún mayor del capital riesgo, en torno al 87 por cien. Es un porcentaje muy preocupante porque un solo sector económico absorbe casi todo el capital disponible. Nadie quiere perderse la oportunidad de llenarse los bolsillos ante lo que se presenta como el gran avance de este siglo.

Es capital riesgo porque, aunque los hechiceros predicen un gran futuro, en el presente nadie ve nada. Todos son promesas. Hasta ahora sólo hay centros de datos, infraestructura energética, chips, terrenos, redes eléctricas y contratos de nube a largo plazo.

No es sólo que no el capital no retorne, sino que cada vez es necesario más. Las nuevas tecnologías son como los adictos: cada día necesitan cantidades adicionales de dinero. No se sabe si los mercados de capitales van a poder seguir financiando esas empresas.

Otro problema: el crédito va a ser cada vez más caro, lo que puede pinchar la burbuja en cualquier momento, como en 2008 se pinchó la burbuja inmobiliaria.

Ahora el sector tecnológico es el motor de un capitalismo en crisis, un espejismo. Cuando los siete grandes monopolios invierten cientos de miles de millones de dólares anualmente y cuando aproximadamente el 40 por cien del crecimiento de Estados Unidos ya depende de esa inversión, no son buenas noticias (aunque parezca lo contrario).

También es un símbolo del capitalismo contemporáneo. Parece que está creciendo, pero lo único que crece son las deudas. El espejismo hace creer a los especuladores que las nuevas empresas, con sus gigantescos centros de datos, valen mucho más que su precio real. Son como aquellos inmuebles sobrevalorados de 2008: la garantía hipotecaria no era capaz de respaldar el préstamo con el que se habían comprado.

Lo que diferencia a la inteligencia artificial del ladrillo es que la burbuja no es homogénea. El sector inmobiliario se basaba en un solo tipo de activo; la inteligencia artificial impacta en multitud de subsectores. Algunos son rentables, otros no lo son en absoluto. Es el único alivio. Quizá una parte del sector tecnológico aún pueda salvarse.

La inteligencia artificial no va a desaparecer. La tecnología es real, existen mejoras en la economía. Pero no es solo una apuesta tecnológica; también es una burbuja.

Fuente: mpr21.info
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