La patronal quiere trabajadores sin derechos, sin salud y sin dignidad
Cada cierto tiempo la patronal se quita la máscara. Ocurre cuando alguno de sus representantes, creyéndose impune, dice en voz alta lo que muchos de ellos piensan en privado. Es entonces cuando descubrimos que detrás de los discursos sobre la modernización, la innovación o la responsabilidad social empresarial sigue escondiéndose una vieja mentalidad reaccionaria que considera los derechos laborales un obstáculo y a los trabajadores poco más que una herramienta para generar beneficios.
Las recientes declaraciones de Ángel Nicolás, presidente de la Confederación de Empresarios de Castilla-La Mancha (CECAM) y destacado dirigente de la CEOE, son un magnífico ejemplo de ello. El empresario ha decidido cargar contra la juventud, contra las bajas médicas y contra la salud mental, calificando a los jóvenes de «memos» y afirmando que van al médico «cuando les deja la novia» o que pretenden «trabajar cuatro horas y cobrar 3.000 euros».
Más allá de la falta de respeto y de la caricatura grotesca que intenta construir sobre toda una generación, sus palabras revelan algo mucho más preocupante: el desprecio absoluto hacia la realidad de millones de trabajadores y trabajadoras.
Porque la salud mental no es un capricho. La ansiedad, la depresión, el estrés laboral o el agotamiento psicológico no son inventos de una generación débil, como pretenden algunos nostálgicos de otros tiempos. Son problemas reales, reconocidos por la comunidad científica y por los profesionales sanitarios. Problemas que afectan cada vez a más personas en un mundo laboral marcado por la precariedad, los bajos salarios, la incertidumbre permanente y las dificultades para acceder a una vivienda o construir un proyecto de vida.
Cuando un trabajador necesita una baja médica no está disfrutando de unas vacaciones pagadas. Está enfermo. Y cuando un médico concede esa baja lo hace siguiendo criterios profesionales y éticos, no por capricho ni porque alguien se lo pida por teléfono. Atacar las bajas médicas supone cuestionar la labor de los profesionales sanitarios y atacar directamente el derecho a la salud.
Sin embargo, la patronal lleva años desarrollando una estrategia muy concreta. Hablan constantemente de «absentismo» mezclando deliberadamente conceptos completamente distintos. No es un error. No es una confusión. Es una maniobra política e ideológica.
El absentismo injustificado existe y debe combatirse. Nadie discute eso. Pero cuando la patronal habla de absentismo mete en el mismo saco a quien falta al trabajo sin justificación y a quien está de baja por enfermedad, a quien disfruta de un permiso de maternidad o paternidad, a quien cuida de un familiar dependiente o a quien ejerce derechos reconocidos por la legislación laboral.
La diferencia es fundamental.
Las bajas médicas, los permisos retribuidos, la maternidad, la paternidad o el cuidado de familiares no son absentismo en el sentido negativo que pretende transmitir la patronal. Son derechos. Son conquistas sociales obtenidas tras décadas de lucha sindical y obrera. Son mecanismos que hacen una sociedad más humana, más justa y más igualitaria.
Ponerse enfermo no es una elección.
Tener que cuidar de un hijo o de una hija no es un privilegio.
Atender a un familiar dependiente no es un capricho.
Ejercer el derecho a la maternidad o la paternidad no es una concesión graciosa de los empresarios.
Son derechos fundamentales.
Por eso resulta especialmente preocupante comprobar cómo dirigentes políticos de la derecha y la extrema derecha se alinean con este discurso. Presidentes autonómicos como Alfonso Rueda en Galicia, el Partido Popular o VOX repiten una y otra vez los argumentos de la gran patronal. Defienden los intereses de quienes añoran los tiempos en que el trabajador debía agradecer cualquier empleo, por precario que fuese, y aceptar cualquier abuso sin rechistar.
Detrás de la supuesta lucha contra el absentismo se esconde en realidad un ataque frontal a los derechos laborales.
Se cuestionan las bajas médicas.
Se presiona a los profesionales sanitarios.
Se intenta limitar la conciliación familiar.
Se criminaliza a quien cuida de sus hijos o de sus familiares.
Se desprecia la salud mental.
Se normaliza la idea de que trabajar enfermo es una muestra de compromiso.
Y se pretende que los trabajadores renuncien poco a poco a derechos que costaron décadas de movilización y sacrificio conquistar.
No es casualidad que los mismos sectores que atacan estos derechos admiren modelos ultraliberales como el de Javier Milei en Argentina. Su objetivo es convertir el trabajo en una simple relación de fuerza donde el empresario tenga todo el poder y el trabajador carezca de protección frente a la enfermedad, la maternidad, la discapacidad temporal o cualquier circunstancia personal.
Quieren una sociedad donde los beneficios empresariales estén por encima de las personas.
Donde la productividad valga más que la salud.
Donde la rentabilidad importe más que la dignidad humana.
Por eso la batalla contra esta ofensiva patronal no es únicamente una cuestión laboral. Es una cuestión democrática y de justicia social. Defender el derecho a una baja médica es defender la salud. Defender la conciliación familiar es defender la igualdad. Defender la maternidad, la paternidad y el cuidado de familiares es defender la humanidad frente a quienes solo entienden de balances de resultados.
Cuando la patronal ataca lo que llama «absentismo», en realidad está atacando mucho más que unas estadísticas. Está atacando los derechos fundamentales de la clase trabajadora.
Y frente a quienes sueñan con devolvernos al siglo XVIII o a las relaciones laborales del franquismo, la respuesta debe ser clara: ni un paso atrás en los derechos conquistados.
André Abeledo Fernández

