Segundo día sin agua en Neda: «más vale tarde, mal y arrastras que nunca»».
Cuando la sequía es la excusa y la vergüenza es real
Ayer ya escribí sobre el corte de agua en Neda y sobre cómo la explicación de la sequía escondía, en realidad, una preocupante falta de previsión. Hoy toca hablar del segundo día sin agua, porque el problema continúa y porque lo que estamos viendo resulta todavía más grave.
Nadie niega que exista sequía. Llevamos años padeciendo períodos de sequía durante los meses de verano y eso es innegable.
Pero una cosa es que exista sequía y otra muy diferente que no exista previsión para afrontar sus consecuencias.
La sequía puede explicar que haya menos agua disponible.
No explica que no exista un plan de actuación.
No explica que las soluciones lleguen tarde. No explica la falta de información concreta. Y tampoco explica la falta de empatía hacia las personas que, durante horas, se han quedado sin un servicio tan básico como el abastecimiento de agua potable.
Tarde, mal y a rastras
Hay que reconocer que, aunque tarde, parece que finalmente se empiezan a hacer algunas de las cosas que mínimamente deberían haberse hecho desde el principio.
Pero llegan tarde. Muy tarde.
A primera hora de la mañana recibí un correo electrónico de la compañía encargada de la gestión del agua comunicando que habría un camión cisterna para que los vecinos pudieran recoger agua mientras el servicio no estuviera restablecido.
Bien.
Pero el correo no indicaba dónde estaría el camión, ni ofrecía inicialmente una solución específica para las personas que no pudieran desplazarse.
Y ahí es donde vuelve a aparecer la misma pregunta:
¿Alguien se ha parado a pensar en quién vive en Neda?
Porque no todo el mundo puede coger el coche y desplazarse hasta un camión cisterna.
Hay personas mayores, personas octogenarias, personas con movilidad reducida, personas enfermas y personas que viven solas.
Personas que quizá pueden necesitar agua, pero que no pueden cargar varios litros, desplazarse kilómetros y hacer varios viajes para disponer de agua para beber, cocinar o lavarse.
Por eso escribí precisamente sobre esa situación.
Y entonces, alrededor de la una de la tarde, llegó un segundo correo electrónico de la misma compañía.
Esta vez sí se ofrecía una solución mucho más razonable: dos teléfonos a los que podían llamar aquellas personas que lo necesitasen para solicitar que les llevaran agua a sus domicilios.
Eso es lo que había que hacer.
Y me alegra que finalmente se haya hecho.
Pero también hay que decirlo: llega tarde. Muy tarde.
Han pasado aproximadamente treinta horas desde que comenzó el problema para llegar a una solución que, sinceramente, debería haber estado prevista desde el primer momento.
No hacía falta ser un experto en gestión de emergencias.
Hacía falta algo mucho más sencillo: previsión, empatía y sentido común.
Si se sabe que existe un problema de abastecimiento y que puede afectar durante horas o días a la población, hay que pensar desde el principio no solo en quien tiene coche y puede desplazarse, sino también en quien no puede hacerlo.
Eso es precisamente lo que significa tener un plan.
Y hay algo que resulta, como mínimo, curioso
Hay otro detalle que me llama especialmente la atención.
Yo recibo esos correos electrónicos de la compañía de agua.
Y, sin embargo, yo no soy usuario de la traída municipal.
En mi caso, dispongo de pozo.
Es decir, recibo información sobre una incidencia que afecta al servicio de abastecimiento aunque no dependo de ese servicio.
Puede resultar curioso.
Pero, sinceramente, no es eso lo que me preocupa.
Agradezco recibir la información.
Lo que me importa realmente es que la información llegue a quienes la necesitan y, sobre todo, que las soluciones lleguen a las personas que dependen de la traída para poder disponer de agua en sus casas.
En mi caso, si tengo un problema con mi suministro, tengo otras posibilidades para intentar resolverlo.
Pero hay personas que no las tienen.
Y precisamente por eso insisto tanto en la necesidad de tener empatía.
No todo el mundo vive en las mismas circunstancias.
No todo el mundo tiene coche.
No todo el mundo puede caminar varios kilómetros.
No todo el mundo puede cargar cinco o diez litros de agua.
No todo el mundo puede resolver por sus propios medios una situación de emergencia.
Y una Administración que conoce su municipio debería saberlo.
No se trata de pedir privilegios
Que finalmente se haya habilitado un teléfono para solicitar el suministro de agua a domicilio es una buena noticia para aquellas personas que realmente lo necesitan.
Pero también demuestra algo importante: la solución era posible.
Y si era posible a las treinta horas, cabe preguntarse por qué no estaba prevista desde el principio.
Porque esto no va de pedir privilegios.
Va de garantizar que las personas que se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad no queden abandonadas a su suerte.
Va de entender que una persona de ochenta años no puede ser tratada como si tuviera las mismas posibilidades físicas que una persona joven con vehículo.
Va de comprender que alguien con movilidad reducida puede necesitar una respuesta diferente.
Y va de entender que la igualdad no consiste en decirle a todo el mundo: «Ahí está el camión, vaya usted a buscar el agua».
La igualdad consiste en garantizar que todos puedan acceder al agua, teniendo en cuenta las circunstancias de cada persona.
La pregunta sigue siendo la misma
La situación empieza a encaminarse mínimamente.
Y eso es positivo.
Pero no podemos conformarnos con que las cosas se hagan solamente cuando el problema ya lleva más de un día encima.
La pregunta sigue siendo:
¿Qué se va a hacer para que esto no vuelva a ocurrir?
Porque la sequía no ha desaparecido.
Y el próximo verano puede volver a ocurrir.
La diferencia debería estar en que, la próxima vez, nadie tenga que esperar treinta horas para que se ponga en marcha una solución que podía haberse previsto desde el primer momento.
La sequía puede ser inevitable.
La falta de previsión no lo es.
Y eso es precisamente lo que estamos denunciando.
André Abeledo Fernández (vecino de Neda)

