Las concentraciones del PP en los ayuntamientos por Ceuta: cobardía, oportunismo y ningún apoyo real a los ceutíes
Camaradas:
La Federación Española de Municipios y Provincias, controlada por el Partido Popular, ha convocado concentraciones en todos los ayuntamientos de España «por Ceuta». Hay que decirlo sin rodeos desde el primer párrafo: esto no es apoyo a Ceuta, ni mucho menos una respuesta seria a nada. Es una convocatoria política, diseñada por y para el Partido Popular, que no busca solución alguna, ni para los ceutíes ni para nadie. Busca únicamente rédito electoral, y lo busca a costa del sufrimiento de dos colectivos a la vez: el de la población ceutí, utilizada como coartada, y el de los migrantes, convertidos en diana.
Feijóo y los suyos hablan de «invasión». Que quede claro: una invasión es armada. Lo que estamos viendo en Ceuta no es un ejército que cruza una frontera, sino gente desesperada que huye de la miseria y de una dictadura satrápica, la del régimen marroquí, que utiliza a sus propios ciudadanos como munición política. Marruecos abre la valla cuando le conviene presionar al Estado español y a Europa, y la cierra cuando le conviene lo contrario. Los que mueren en el intento, y son muchos, no son invasores: son víctimas de un chantaje geopolítico orquestado desde Rabat, con la bendición de Washington y de Tel Aviv.
Porque no nos engañemos sobre quién está detrás. El régimen marroquí es hoy un régimen alineado sin disimulo con el trumpismo y con el sionismo israelí. Y frente a eso, ¿qué hace la derecha española? Nada. No es capaz de plantar cara a Donald Trump cuando su entorno insinúa que Ceuta y Melilla son «territorio en disputa» entre España y Marruecos, siguiendo la misma lógica imperial que en su día impulsó la Marcha Verde con Kissinger y Hassan II para arrebatar el Sáhara Occidental a su pueblo.
Tampoco es capaz de plantar cara a Israel, cuyo entorno más cercano —el propio hijo de Netanyahu— ha llegado a reclamar que Ceuta y Melilla «no son territorio español». Silencio total. Ahí está la mano que mece la cuna, y ni Feijóo ni nadie de su cuerda se atreve siquiera a nombrarla.
Eso es cobardía absoluta: no se atreven a enfrentarse a quien de verdad tiene poder y maneja los hilos, y por eso descargan toda su furia sobre quien no puede defenderse. Atacar al civil, atacar al migrante que solo ha intentado entrar en España y en Europa huyendo de una dictadura satrápica en busca de una vida mejor, no es firmeza: es la forma más cobarde y miserable de hacer política.
Y que no venga el PP a darnos lecciones de firmeza. ¿Cuándo defendió el Partido Popular al Sáhara Occidental? Nunca. Es verdad que el PSOE y el actual Gobierno también han traicionado esa causa, pero el PP no tiene ninguna autoridad moral para señalar a nadie: hizo exactamente lo mismo cuando gobernó, con una sumisión absoluta ante Rabat.
Ahora se rasgan las vestiduras diciendo que el Gobierno «no defiende las fronteras», como si ellos, en algún momento de su historia, hubiesen hecho algo distinto.
Estas concentraciones no buscan defender nada. Buscan avivar el racismo, sembrar odio contra los más débiles y enfrentar al pueblo trabajador contra quienes huyen del hambre, en lugar de señalar a quienes de verdad organizan el saqueo: el capital, las dictaduras satélite del imperialismo y los gobiernos que utilizan a los pobres como arma arrojadiza.
Es la vieja táctica fascista: buscar un enemigo interno fabricado para tapar la ausencia total de proyecto. A Feijóo le vale todo con tal de arañar votos, y Abascal y Vox no hacen sino lamerle las botas a Trump y a Netanyahu, bailarles el agua, aplaudir sus ocurrencias y actuar como vendepatrias, que es lo único que realmente saben hacer. Porque para esta gente la única patria de verdad es la cuenta corriente.
Ninguna persona con un mínimo de humanidad y sentido común debería acercarse a esas concentraciones. Son actos racistas y xenófobos, de raíz neofascista, que no sirven para nada más que para sembrar bulos, mentiras y violencia.
La solidaridad de clase no entiende de fronteras impuestas por quienes nos explotan: entiende de dignidad. Y la dignidad no se defiende con concentraciones de odio; se defiende plantando cara a quien de verdad oprime, dentro y fuera de nuestras fronteras.
Até a vitoria sempre!
André Abeledo Fernández

