Francisco Valverde (Unidad y Lucha).— La segunda legislatura de Donald Trump ha supuesto un salto cualitativo en las formas de dominación del imperialismo, hacia la violencia y la barbarie generalizada. La falsa retórica del diálogo y la diplomacia internacional que ha empleado durante décadas el imperialismo, ha sido sustituida por la versión original y en crudo del producto imperialista, es decir, la diplomacia de la pistola en la nuca.
El secuestro del presidente electo de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, asesinando de paso a más de 100 personas civiles y militares, entre ellos 32 héroes cubanos internacionalistas que protegían a Maduro, así como el bombardeo el 28 de febrero a Irán en plenas negociaciones diplomáticas asesinando a su principal líder, Alí Jamenei, han hecho saltar por los aires todos los acuerdos y convenciones de derecho internacional, y han sido justificados únicamente bajo la narrativa interesada del agresor, EE. UU. y su apéndice sionista. Mientras tanto, las relaciones con sus aliados de la Unión Europea y la OTAN se muestran abiertamente como relaciones de sometimiento frente a sus dictados. La Unión Europea se limita a aceptar sus imposiciones, subida de aranceles y compra de armamento y energía cuatro veces más cara, sin rechistar, empobreciendo a millones de trabajadores en Europa y dilapidando la soberanía, mientras que los miembros de la OTAN se pliegan a su exigencia de subir el gasto militar, incluido el Gobierno de España, según cifras reales, el de mayor gasto militar de la historia.
En resumen, unas relaciones internacionales basadas abiertamente en la violencia y el sometimiento.
La gravedad de la crisis capitalista lo determina todo, la crisis de dominación lo agrava y no permite otro margen de maniobra.
El nivel de barbarie en que está instalado el sistema es directamente proporcional a la crisis que arrastra el capitalismo internacional desde hace décadas, gravemente acelerada desde 2008, cuando se rescató el capitalismo con ingentes cantidades de dinero público, intentado posponer la crisis. La tasa general de ganancia de los capitalistas sigue cayendo debido a su naturaleza, que empuja al sistema y sus gestores políticos a destruir fuerzas productivas a través la sobreexplotación y la guerra para intentar remontar su ganancia.
A pesar de todas estas medidas, el bloque imperialista no logra remontar su tasa de ganancia, y hoy ya ha sido superado por otros bloques y alianzas de países en crecimiento económico (PIB según paridad de poder adquisitivo: 57 billones del G7, frente a 77 billones del bloque BRICS+ en el año 2025). Por ello, solo puede mantener su dominación por la fuerza del control financiero y el garrote, manteniendo la dictadura internacional del dólar estadounidense (aranceles y sanciones internacionales, debido al control de los organismos financieros y los mecanismos de pago internacional), y aprovechando su superioridad militar y principalmente logística, con las más de 800 bases militares de EE. UU. instaladas en más de 95 países (sin contar con las del resto de sus aliados-vasallos que completan el círculo), para llevar a cabo la guerra generalizada contra los pueblos.
El capitalismo no necesita al fascismo del siglo XX.
En los países del centro imperialista, de forma desigual, para poder mantener la ganancia del capital y sus guerras, se incrementan los niveles de sobreexplotación y pobreza, y por extensión también la violencia del estado burgués ante las resistencias que opone el pueblo trabajador a este proceso de expropiación privada forzosa. El ejemplo del Gobierno de España, a pesar de todas las maniobras mediáticas, pone con claridad que sin romper con el Régimen del 78 y dentro de la Unión Europea, del Euro y de la OTAN no es posible una gestión social y favorable a la clase obrera, sino que se sigue la hoja de ruta de lo que impone la oligarquía: se reprime al movimiento obrero organizado (6 de La Suiza, tanquetas contra los obreros y obreras del metal en Cádiz), se reprime la respuesta popular contra el auge fascista (jóvenes de Zaragoza), se encarcela a presos políticos (comunistas, anarquistas, independentistas…), se incrementa el gasto militar y el control de fronteras ante las migraciones forzadas que impone el imperialismo a la clase trabajadora de los países expoliados, provocando miles de muertes en el intento de acceder a la Europa-Fortaleza (Libia-Italia, Ceuta 2021, Melilla 2022, Ceuta 2026, migraciones a Canarias, la fosa común del Mar Mediterráneo, FRONTEX,…) o a EE. UU. (ICE, policía de fronteras, deportaciones masivas…). Y con todo ello se fomenta al fascismo a través de un constante discurso ideológico anticomunista, chovinista, racista y xenófobo, patriarcal, individualista e incluso anticientífico, que pretende dividir y debilitar constantemente a la clase obrera y a sus organizaciones, para desarmarla, y que pretende desdibujar la realidad para justificar su barbarie.
Un auge reaccionario que no es el fascismo del siglo XX, porque hoy el capitalismo no necesita a un fascismo de masas para llevar a cabo su dominación. Y precisamente ocurre así porque hoy no tiene enfrente a una clase trabajadora organizada y consciente de su papel revolucionario que le dispute al capitalismo su hegemonía (ese fue el papel del reformismo, el eurocomunismo y la socialdemocracia) y por lo tanto puede seguir manteniendo sus estructura de “democracia” burguesa y recurrir a la violencia “legal” del estado burgués en mayor o menor medida para mantener su dominación de clase.
El fascismo hoy se expresa en las formas a las que recurre el imperialismo contra los pueblos que no se someten a sus dictados, y que junto a sus direcciones revolucionarias, levantan sus resistencias para defender su mera existencia. El fascismo es la justificación de la existencia de Israel, como derecho a poder ocupar, colonizar y desplazar e incluso asesinar palestinos. Es la empresa Palantir y la forma en que el capitalismo enfoca los avances tecnológicos, que deberían ponerse al servicio de las necesidades humanas y se ponen al servicio de la destrucción sistemática e indiscriminada de cuantas vidas sean, para sostener el poder y la dominación de una minoría sobre la mayoría. El fascismo es instigar a salir a cazar como animales a trabajadores migrantes que huyen de la guerra y el expolio a los que les someten las oligarquías internacionales.
Hoy el imperialismo generaliza su guerra y su barbarie por el planeta, y recrudece sus formas, tanto materiales como ideológicas, para sostener su orden de violencia. Tenemos la tarea inmensa de organizar la contraofensiva ideológica, política y organizativa desde el movimiento obrero de clase y desde las organizaciones revolucionarias, para poder levantar la única salida posible a esta espiral de guerra y muerte, luchando por la Paz y por el internacionalismo proletario.
¡Viva el internacionalismo proletario! Por un Frente Mundial Antiimperialista
¡Frente a su Barbarie, organicemos la Resistencia!


