
Juan Luis Corbacho (Unidad y Lucha).— En el marxismo clásico, los conceptos de clase obrera, masas trabajadoras y proletariado están profundamente interrelacionados y a la vez confundidos.
Decía Engels que “obrero, proletario, clase trabajadora, clase no poseedora, proletariado” son expresiones sinónimas para describir a aquellos “cuyos medios de vida dependen por entero de la venta de su trabajo (fuerza de trabajo) y no de las ganancias obtenidas del capital”, o al menos, eso han interpretado futuros “sabios” llevando a una confusión que Marx y posteriormente Lenin dejaron bastante definida.
Marx, y posteriormente Lenin, no hablan de una categoría difusa y genérica de clase trabajadora como un cajón de sastre. Si en alguna ocasión se habla de clase trabajadora es de forma equívoca, y nunca con el carácter de clase.
Dentro de quienes venden su fuerza de trabajo, hay dos clases, la genérica: clase obrera y la específica: proletariado.
El proletariado no es cualquier trabajador que vende su fuerza de trabajo. Esa es solo su condición objetiva (la «clase en sí»). Para ser proletariado en el sentido político pleno («clase para sí»), necesita además:
Conciencia de clase: saber que su explotación no es un accidente ni una cuestión individual, sino un sistema (el capitalismo) que necesita ser derrocado.
Carácter revolucionario: no conformarse con parches o mejoras, sino luchar por la abolición del sistema de clases y la construcción de una sociedad sin explotación.
Esta definición aparece explícitamente en Lenin, que retoma y radicaliza la distinción de Marx. Por ejemplo, en ¿Qué hacer? Lenin insiste en que la conciencia de clase no surge espontáneamente, y que el proletariado no es tal mientras no haya alcanzado esa conciencia y se haya organizado políticamente para la revolución.
Clase obrera = condición objetiva (vender fuerza de trabajo) y producen la plusvalía.
Proletariado = condición objetiva+ producción de plusvalía + conciencia de clase + organización revolucionaria.
El proletariado es así el estado más alto que puede alcanzar la clase obrera.
La cuestión es por tanto, que solo quien produce la plusvalía es clase obrera, y, por tanto, puede llegar a ser proletariado.
La plusvalía se genera en un primer estadio con la extracción, producción y transformación, o sea, lo que los capitalistas denominan sector primario y secundario, mientras que en el sector terciario (servicios en general, bancos, comercios mayoristas o minoristas….) solo hay un reparto de la plusvalía originaria.
Ojo, que esto no quita valor al trabajo improductivo, aquel que produce “ganancias” al empresario, dentro del reparto de la plusvalía original, pero no genera plusvalía como señala Marx en las Teorías sobre la Plusvalía, incluidas en el Tomo IV de El Capital.
Por tanto tenemos 3 categorías: Masas trabajadoras, que incluyen a cualquiera que venda su fuerza de trabajo, Clase Obrera, que, además es la que produce la plusvalía y Proletariado, que a todo lo demás le suma la conciencia de clase y el carácter revolucionario.
Hoy día, por el desarrollo del capitalismo hacia su fase final, el número que compone la clase obrera es cada vez menor, el uso de maquinarias cada vez más complejas (proceso que ha ido evolucionando desde el siglo XIX), habiendo siendo sustituido en su mayor parte por masas trabajadoras y lumpenproletariado dado que la pequeña burguesía también va desapareciendo en las fauces del imperialismo.
Entre las masas trabajadoras, los trabajadores del sector servicios y un nuevo grupo que va creciendo a medida que el capital corre hacia su propio final: los autónomos. Una categoría que agrupa a más de 3,5 millones de personas solo en España y cuyo número es estable desde los años 90.
Dentro de los autónomos podríamos clasificar 4 tipos principales:
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Los autónomos societarios, sector que cada vez crece más. Es la opción de los dueños de empresas que no llegan a ser grandes capitalistas y que se aprovechan sobre todo de las ventajas que los gobiernos socialdemócratas dan a las PYMES.
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Los autónomos con personal a cargo, pequeños burgueses, que ante el aumento de la presión del gran capital (fondos de inversión, holdings, Trust, etc…) van convirtiéndose en subcontratistas de esos grandes capitales, la mayor de las veces endeudados con los mismos mediantes franquicias o cargas financieras y sin poseer grandes maquinarias, solo pequeña herramienta y mano de obra ajena.
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Los falsos autónomos, una categoría más cercana al lumpen proletariado que a la burguesía, pero sin ninguna conciencia de clase. Una categoría que ha absorbido toda la propaganda del capital que los nombra como “emprendedores”, pero que las más de las veces son mal pagados y están encuadrados en el sector servicios. Pienses en los repartidores de Amazon, los repartidores de comida o, simplemente, en los autónomos que trabajan en sectores como la construcción, donde no ponen ningún medio de producción distinto de sus propias herramientas de mano.
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Los profesionales liberales, encuadrados en esta categoría más por motivos legales que por motivos económicos, dado que las empresas no pueden desarrollar por sí solas estos trabajos especializados (médicos, abogados, ingenieros, etc…)
¿Quiere ello decir que no hay conciencia de clase ni carácter revolucionario en esta categoría?
En absoluto, porque también hay autónomos, que son desechados por el sistema por “rojos”, debiendo adoptar esta figura para poder subsistir.
¿Y cuál es la función del partido? Defender a todas las masas trabajadoras, siendo la vanguardia ideológica de todas ellas, nutriéndose de aquellos sujetos que hayan alcanzado la categoría de proletariado.
Ante la situación actual, que Lenin describió con absoluta certeza, solo cabe una solución: la lucha por el socialismo.

