La impunidad de Machado
Diez meses fuera y vuelve en caravana
El 25 de octubre, María Corina Machado regresó a Venezuela. Recorrió el país, de Barquisimeto a Caracas, entre banderas y vítores, como quien vuelve de unas vacaciones. Y, sin embargo, desde el propio Gobierno venezolano se la había calificado de prófuga de la justicia y se había advertido de que «tendrá que rendir cuentas» si pisaba el país. No ha rendido ninguna. Se pasea libremente, aclamada y sin que nadie le pida explicaciones.
El historial de la que vuelve
Conviene recordar quién es. La que llamó a las guarimbas. La que incitó a la violencia y al enfrentamiento entre venezolanos. La que pidió, una y otra vez, la intervención militar de los Estados Unidos de Trump y del Israel de Netanyahu contra su propio país. La que reclamó sanciones contra su pueblo y apoyó el sabotaje para rendir a Venezuela por hambre, sin medicinas, sin comida, sin lo más básico para la vida. Una venpatrias de manual, que nunca dudó en poner su tierra en bandeja a las potencias extranjeras.
Su amo la despacha con un «muy agradable»
Y mírese cómo recibe su amo el regreso de su sierva. Preguntado por los periodistas, Trump respondió: «Es una mujer muy agradable. Me dio su Premio Nobel, así que ¿cómo puedo decir otra cosa? Y espero que esté a salvo». Ni una palabra más. Enseguida, a lo suyo: a Estados Unidos, dijo, le va «realmente bien en Venezuela». Ese es todo el pago por años de servicio y por regalarle hasta el Nobel. El 3 de enero, el día de la captura de Maduro, ya la había descartado para dirigir el país con la misma fórmula: muy agradable, pero sin el respeto necesario. Así pagan los imperios a quienes les sirven: los usan mientras son útiles y les dan una palmadita cuando estorban.
Una justicia para cada clase
Que nadie se engañe: esta impunidad no es un accidente; es justicia de clase. A quien se juega el sueldo defendiendo a sus compañeros en un centro de trabajo le piden cuentas por mucho menos. A quien trabajó para que el sufrimiento llegase a miles de familias venezolanas la recibe una multitud, con las cámaras de medio mundo apuntando hacia ella. Hay una vara de medir para el pueblo trabajador y otra muy distinta para quienes sirven a los poderosos.
No hay redención para quien traiciona a su pueblo
No hay perdón para quien ayudó a traer tanto dolor a Venezuela. Nunca pensé que llegaría a ver cómo quienes empujaron a la guerra, a la necesidad y a la muerte caminan tranquilos por la calle, sin pagar por sus actos. Con el Nobel de la Paz colgado, además: un premio concedido a quien se ha pasado la vida pidiendo la invasión de su propio país, convertido así en el Nobel de la vergüenza. Pero esa vergüenza palidece ante lo que hoy vemos en Venezuela. El pueblo venezolano sabe quién le hizo daño, y la historia no suele ser tan indulgente como un presidente con quien le hace un regalo.
¡Até á vitoria sempre!
André Abeledo Fernández

