China no se anda por las ramas. El discurso de recepción de Xi Jinping, quién sabe si también de bienvenida, a Trump no ha podido ser más claro: «Si China y Estados Unidos pueden superar la llamada ‘Trampa de Tucídides’ e inaugurar un nuevo paradigma en las relaciones entre grandes potencias; si podemos unir fuerzas para afrontar los desafíos globales y brindar mayor estabilidad al mundo; si podemos velar por el bienestar de nuestros dos pueblos y el futuro y destino de la humanidad, y crear conjuntamente un futuro brillante para las relaciones bilaterales: estas son, podría decirse, cuestiones de la historia, cuestiones del mundo y cuestiones de los pueblos. Son también las respuestas de nuestra época, a las que usted y yo, como líderes de grandes naciones, debemos responder juntos».
Claro que hay que hacer una reflexión: ¿un país de ignorantes, como es EEUU, sabe algo de historia? Para nada. Si alguien se molesta en saber quién es quién en las delegaciones que se han reunido no saldrá de su asombro: estadistas frente a empresarios. Unos saben de lo que hablan, otros solo entienden de beneficios para sí mismos.
Xi dijo que su país «está comprometido con el desarrollo estable, saludable y sostenible de las relaciones con EEUU», que se ha acordado «establecer una relación estratégica constructiva y estable como un nuevo enfoque para las relaciones bilaterales, que proporcionará una guía estratégica para los próximos tres años y más allá» y que esta «estabilidad estratégica constructiva debe ser una estabilidad positiva basada en la cooperación, una estabilidad benigna con competencia moderada, una estabilidad normalizada con diferencias manejables y una estabilidad duradera con un futuro prometedor de paz».
Hay que ver si esto se traduce en algo concreto o no, dada la trayectoria pirata de EEUU. Sobre todo porque Xi insistió en lo de siempre, en Taiwán. «Es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos. Si se maneja adecuadamente, las relaciones bilaterales pueden mantener la estabilidad general. Si se maneja mal, los dos países chocarán, o incluso se producirán enfrentamientos, llevando a toda la relación entre China y Estados Unidos a una situación muy peligrosa. La ‘independencia de Taiwán’ y la paz en el estrecho de Taiwán son incompatibles; mantener la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán es el principal denominador común entre China y Estados Unidos, y Estados Unidos debe manejar la cuestión de Taiwán con la máxima cautela».
Trump no se ha salido del guión de tópicos sin sustancia a los que es tan aficionado porque es a lo más que llegan los estadounidenses: «La relación entre Estados Unidos y China es excelente, he cultivado una relación larga y sólida con el presidente Xi Jinping y numerosos asuntos importantes se han resuelto. La reunión de hoy es significativa y de gran trascendencia mundial. Estoy dispuesto a trabajar con el presidente Xi para fortalecer la comunicación y la cooperación, resolver adecuadamente las diferencias, forjar la mejor relación entre Estados Unidos y China de la historia y crear un futuro más brillante para ambos países. Estados Unidos y China son los países más importantes y poderosos del mundo, y la cooperación entre ambos puede lograr grandes beneficios para ambos países y para el mundo». Y no faltó lo de estadistas (los chinos) frente a empresarios (los estadonidenses). «He traído conmigo a distinguidos representantes de la comunidad empresarial estadounidense que respetan y valoran profundamente a China, y los animo activamente a ampliar su cooperación con China».
Y de todo esto ¿qué? El estercolero sigue la estela de EEUU y dice que ambos países quieren Ormuz abierto, que Irán no tenga armas nucleares y tonterías semejantes. Aparentemente es lo que dice EEUU, pero los dos países parten de postulados diferentes. Eso no se refleja. Hay que dar una sensación de que EEUU no está en posición débil. Pero lo está. El que no haya comentarios públicos desde China, que es a lo que hay que hacer caso, indica que las negociaciones, si las ha habido, han sido extramadamente difíciles para EEUU. Puede haber conseguido unos cuantos contratos de aviones Boeing y unas cuentas toneladas de soja, pero poco más. Oficialmente los aranceles a China está congelados porque China reaccionó de la misma manera, y no se ha dicho nada sobre ello. Tampoco sobre las sanciones impuestas a más de mil empresas chinas por el supuesto apoyo a Rusia y el supuesto apoyo a Irán.
China está en posición de fuerza, EEUU de debilidad. Los chinos reconocen que se habló de Irán y del país 404, antes conocido como Ucrania, y de la península coreana, pero poco más. Eso significa que no hay acuerdo alguno entre EEUU y China más allá de lo clásico de Ormuz.
Siempre habrá quien hable de «moderación china». Pero esa «moderación» no debe interpretarse como un signo de debilidad. Al contrario, está esperando el momento oportuno, posicionándose como el candidato ideal para llenar el vacío dejado por EEUU cuando el resto del mundo vea, como está viendo con Irán, que no es lo que nos venden y que ya no es una superpotencia. China trabaja para forjar un mundo donde su dominio se establezca no como una victoria decisiva sobre los intereses occidentales, sino como una realidad tangible. Porque los chinos, desde hace unos años, vienen hablando de EEUU como «potencia en declive», lo que la hace más peligrosa «y propensa a estallidos de agresión con la esperanza de frenar su caída». Es lo que está detrás de la agresión a Venezuela, que salió bien, y a Irán, que le está saliendo mal.
Por eso China cree que el camino más seguro hacia el poder internacional no reside en la confrontación directa, sino en la paciencia. ¿Por qué se arriesgaría a entrar en un conflicto armado o a desafiar el liderazgo estadounidense en cualquier otro lugar, cuando EEUU se está debilitado claramente en los ámbitos militar, financiero y político? Ya lo he dicho antes: la estrategia china es no interrumpir al enemigo cuando comete errores.
Esto implica fortalecer al Partido Comunista reduciendo la vulnerabilidad del país ante las presiones externas. La autosuficiencia es el principio rector del último plan quinquenal del PCCh. China se esfuerza por disminuir su dependencia del mundo y aumentar la dependencia del mundo respecto a ella. Mediante importantes inversiones y subsidios estatales, las empresas chinas están ascendiendo en la cadena de valor industrial en diversos sectores, como los vehículos eléctricos, las energías limpias y la infraestructura de telecomunicaciones. El Estado también apoya el desarrollo de alternativas nacionales a las tecnologías extranjeras, como los semiconductores, el software y la industria aeroespacial. China no quiere tanto ganar cuota de mercado como contrarrestar los esfuerzos extranjeros por frenar su ascenso restringiendo su acceso a recursos y materias primas esenciales. Es justo lo contrario de lo que piensan los EEUU, y de ahí que su delegación esté compuesta por empresarios y no por estadistas. Y porque en la China de hoy, capitalista o no, es el Estado quien dirige y planifica la economía.
Como datos que van más allá de la curiosidad, dos: en EEUU se está publicando que la delegación estadounidense trabaja en condiciones de «aislamiento digital», por «temor a la vigilancia y los ciberataques», que los asesores de Trump y numerosos funcionarios han dejado sus teléfonos móviles y ordenadores portátiles en casa y que en China «utilizan dispositivos más sencillos y seguros, ordenadores portátiles temporales y sistemas de comunicación estrictamente controlados, diseñados para minimizar el riesgo de vigilancia, ciberataques o recopilación de datos en lo que los funcionarios estadounidenses consideran uno de los entornos cibernéticos más hostiles del mundo». Así que más allá de los discursos, este es el clima.
Pero los chinos no se quedan atrás, aunque sin tantas alharacas. Han restringido el ámbito de actuación de los agentes del servicio secreto de EEUU que supuestamente «protegen» a Trump. Por ejemplo, les han impedido llevar armas en varios lugares, como el Templo del Cielo ( 天坛, Tiantán, literalmente «altar del cielo»). Es lo que se ha conocido, pero los chinos han dejado claro hasta dónde pueden llegar los estadounidenses.
P.D.- Cuba vuelve a estar a oscuras. El petróleo ruso se acabó. Dije, y mantengo, que tanto Rusia como EEUU salieron con la cabeza alta con este petrolero enviado: los primeros, por haber desafiado «el cerco estratégico» impuesto por los piratas estadounidenses, los segundos por haber actuado «con benevolencia» al haber aceptado su paso porque era «ayuda humanitaria». Así los dos han salvado la cara. Y que pese a haber anunciado Rusia otro envío, no había fecha para ello. Pues no la hay. Y que si el ritmo es el de uno al mes o cada dos meses no será más que un parche. Y es un parche. En cualquier caso, es más de lo que han hecho los «progres» latinoamericanos.
El Lince


