El Sionismo es enemigo de los pueblos del mundo y Netanyahu es un criminal condenado.

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El Sionismo es enemigo de los pueblos del mundo y Netanyahu es un criminal condenado.

Por André Abeledo Fernández

Benjamín Netanyahu pasará a la historia como uno de los mayores criminales de la humanidad. No es una opinión, es una constatación. El Tribunal Penal Internacional lo ha condenado por crímenes de lesa humanidad, y sin embargo sigue gobernando, sigue matando, sigue destruyendo, amparado por el escudo que le proporciona la complicidad de Estados Unidos y el silencio cómplice de Occidente.

Hay quienes se escandalizan cuando uno compara al Estado de Israel con la Alemania nazi. Pero los hechos hablan solos. El nazismo construyó su barbarie sobre la teoría de la raza aria superior, destinada a dominar el mundo. El sionismo la construye sobre la teoría del pueblo elegido por Dios, nacido para ser amo. El nazismo necesitaba su espacio vital. El sionismo necesita su Gran Israel.

El supremacismo, sea cual sea su forma, es el enemigo de toda la humanidad. Llamarlo por su nombre no es antisemitismo, es honestidad intelectual y compromiso con la verdad.

Porque conviene aclararlo, una vez más, para quienes confunden interesada o torpemente los conceptos: somos antisionistas porque somos antisupremacistas. No somos antisemitas. El pueblo palestino es semita. Y la mayoría de los miembros del gobierno israelí son de origen europeo.

Que nadie utilice el antisemitismo como escudo para proteger un genocidio.

Más de diez mil niños asesinados. Diez mil. Más que en dos años de guerra en Ucrania, donde al menos se enfrentan dos ejércitos armados. En Gaza no hay ejército, no hay tanques, no hay aviones, no hay barcos. En Ucrania hay una guerra. En Gaza hay un genocidio. Y la diferencia importa, aunque a algunos medios y a algunos gobiernos les cueste pronunciar esa palabra.

Setenta y cinco años de asesinatos, terrorismo de Estado, limpieza étnica, apartheid, ocupación ilegal, tortura y genocidio sistemático. Eso es lo que tiene Israel pendiente ante la historia y ante la humanidad. No caben en ningún vídeo, ni en ninguna serie, ni en ningún archivo. Pero están ahí, documentados, denunciados, y demasiadas veces ignorados por los que gobiernan las grandes potencias occidentales.

También hay que decirlo sin rodeos: el ISIS, el Daesh, el Estado Islámico, nunca ha atacado a Israel. Ha atacado Irak, Libia, Siria. Ha masacrado a musulmanes, que representan el noventa por ciento de sus víctimas. Su mayor enemigo declarado es Irán. Esa paradoja no es casual, y la clase trabajadora del mundo tiene derecho a hacerse preguntas incómodas sobre quién arma, financia y utiliza a quién en Oriente Medio, y con qué objetivo. El control de los recursos energéticos tiene mucho que explicar.

No son solo los palestinos musulmanes quienes sufren la bota del sionismo. Los palestinos cristianos también son perseguidos, asesinados, expulsados de sus hogares. Iglesias destruidas.

Comunidades desarraigadas. El sionismo no distingue, porque su lógica no es religiosa, es colonial y supremacista.

Y sin embargo, los pueblos del mundo no callan. Desde América Latina hasta Europa, desde África hasta Asia, la solidaridad con Palestina crece porque la humanidad sigue siendo humana, aunque sus gobiernos muchas veces no lo sean.

Los trabajadores y trabajadoras del mundo reconocen en la lucha del pueblo palestino la misma lógica que combaten cada día: la del poder que aplasta, la del capital que necesita territorios, recursos y poblaciones sometidas.

El sionismo es una ideología extremista. No todos los judíos son sionistas, y muchos judíos en el mundo protestan hoy contra el gobierno de Israel y su fanatismo. Que el sionismo intente escudarse detrás del antisemitismo para silenciar las críticas es una falsedad tan vieja como cínica.

La vida es un tesoro. La vida de un niño es el mayor de los tesoros que tiene la humanidad, porque viene cargada de inocencia, de tiempo y de futuro. Quien le arrebata la vida a un niño comete el crimen más grave que existe. Ese niño era la esperanza. Y ese asesino, sea Netanyahu, sea su gobierno de fanáticos, sea el sistema que los sostiene, es nuestra vergüenza colectiva.

Desde la izquierda, desde el comunismo, desde el sindicalismo de clase, nuestra posición no puede ser tibia ni equidistante. Con los genocidas no se negocia. Con el supremacismo no se dialoga. Se combate. Porque Palestina libre no es solo una causa justa, es una causa de toda la humanidad.

¡Por la libertad del pueblo palestino!

¡Contra el sionismo y el imperialismo!.

 

André Abeledo Fernández

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