
M. Àngels Grau (Unidad y Lucha).— En la era de la inteligencia artificial, la perspectiva marxista nos muestra el nuevo proletariado digital.
La economía de plataformas manifiesta la digitalización del trabajo, está generando nuevas empresas y empleos flexibles que generan en los empleados una falsa sensación de libertad y autonomía vendida como emprendimiento, como por ejemplo plataformas para taxis, comida a domicilio… (Uber, Rappi, Fiverr). Pero impera la misma lógica capitalista de minimizar costos laborales y maximizar beneficios empresariales.
Según la OIT el 70% de los trabajadores de plataformas digitales ganan menos del salario mínimo, el 20% son migrantes y menores de 40 años, una cuarta parte tiene estudios de nivel superior pero carecen de Seguridad Social, prestaciones y estabilidad. El capital siempre encontrará nuevas formas de extraer plusvalía.
Hoy las plataformas no sólo explotan la fuerza de trabajo humana, sinó que pretenden prescindir de ella. La automatización y la inteligencia artificial están destruyendo empleo de manera exponencial. En lugar de proporcionar jornadas laborales más cortas y mejor calidad de vida, el desempleo y la precarización aumentan. La estructura sigue beneficiando a unos pocos con el trabajo de muchos, la explotación se oculta bajo la modernidad y la flexibilidad.
El capitalismo ha evolucionado hacia un «capitalismo digital» o de plataformas, donde la explotación se traslada a la producción de datos y la automatización. Se enfoca en la valorización del «proletariado digital» y el uso del general intellect (la inteligencia colectiva y tecnológica) para superar el modo de producción capitalista, proponiendo alternativas tecnológicas basadas en la propiedad común y la planificación democrática.
El capitalismo utiliza la tecnología para maximizar la plusvalía, profundizar la explotación y transformar el trabajo intelectual y creativo en mercancías. Desde una perspectiva marxista, la IA no es un fenómeno neutral, sino una extensión de las fuerzas productivas que intensifica la contradicción entre la producción social y la propiedad privada de los medios de producción.
La IA incorpora el conocimiento científico y la experiencia colectiva humana (datos de internet) en máquinas, lo que Marx denominó «general intellect». Al apropiarse de este saber colectivo, el capital busca reducir la necesidad de trabajo vivo, aunque, paradójicamente, socava la base de la creación de valor.
La economía de datos transforma las experiencias de vida (búsquedas, GPS, redes sociales) en materia prima para el capital, un proceso llamado «capitalismo de vigilancia». El trabajo de moderadores, creadores de contenido y quienes entrenan IA se considera una nueva forma de trabajo digital explotado.
A diferencia de la Revolución Industrial que afectó al trabajo manual, la IA impacta significativamente a los trabajadores de cuello blanco y profesionales. Esto genera una mayor precarización laboral y la expansión de un «ejército industrial de reserva» compuesto por trabajadores desplazados por la automatización.
La IA es una herramienta de acumulación capitalista que intensifica la alienación laboral pero que, bajo una gestión democrática y no capitalista, podría teóricamente liberar a la humanidad de la necesidad de trabajo arduo.
La búsqueda de eficiencia mediante IA puede llevar a crisis de sobreproducción, ya que la automatización reduce el empleo y, por lo tanto, la capacidad de consumo de la clase trabajadora.
El debate actual se sitúa en cómo la automatización extrema, podría, bajo un modelo socialista, liberar a la humanidad del trabajo forzoso y garantizar los recursos necesarios.
La alternativa al capitalismo digital es la búsqueda de un cibercomunismo o planificación económica democrática mediante el uso de la inteligencia artificial para organizar la producción y resolver crisis ecológicas y sociales.
Algunos analistas sugieren que la IA, al ser el resultado de la producción colectiva, debería ser de propiedad común bajo un sistema democrático, liberando el potencial tecnológico de la lógica de lucro.

