VOX: El insecticida de la clase trabajadora
André Abeledo Fernández
Hay una metáfora que lo resume todo con una precisión quirúrgica: un trabajador votando a VOX es como la cucaracha que, por odio a la hormiga, vota por el insecticida. Y cuando el insecticida gana, no distingue entre cucarachas y hormigas. Mata a todo lo que se mueve por el suelo.
No es una metáfora cruel. Es una metáfora exacta.
Porque VOX no oculta lo que es. Lo tiene escrito. Lo firma. Lo defiende en los mítines con banderas y en el Congreso con votos. Y aun así, hay trabajadores y trabajadoras que les dan su papeleta. Eso no es un error político. Es un suicidio colectivo con los ojos abiertos.
El programa está ahí. Léelo.
VOX quiere reducir las indemnizaciones por despido de 33 días por año trabajado a 20, y rebajar el techo máximo de 24 meses a 12. Es decir, quieren que te resulte más barato a tu jefe tirarte a la basura. No lo esconden: está en su programa, página a página, punto a punto.
Quieren un «salario de inserción» para los menores de 24 años. No aclaran la cifra, pero nadie que use la palabra «inserción» está pensando en pagarte bien. Están pensando en pagarte lo mínimo posible mientras te convencen de que es por tu bien.
Quieren que los piquetes informativos sólo puedan actuar dentro de su propio centro de trabajo. Que no puedan salir a la calle. Que no se vean. Que no molesten. Que la huelga sea un susurro que nadie escuche. La libertad de expresión, para ellos, termina donde empieza la incomodidad de la patronal.
Diez propuestas. Diez puñaladas.
Una por una, las propuestas de VOX forman un cuadro perfectamente coherente: no hay ninguna que favorezca a quien trabaja por un salario y ninguna que perjudique a quien vive de las rentas del capital.
Quieren que el convenio de empresa prevalezca sobre el sectorial, para que en cada pequeña empresa, donde el trabajador está solo y sin respaldo, se puedan imponer condiciones de miseria que el convenio nacional prohíbe.
Quieren congelar el SMI, porque dicen que sube el paro, a pesar de que los datos de la Seguridad Social demuestran exactamente lo contrario. Quieren privatizar las pensiones y entregarlas a la banca, para que tu jubilación dependa de la bolsa y no de lo que hayas cotizado durante cuarenta años de vida. Quieren abrir los comercios 365 días al año, 24 horas al día, para que las trabajadoras del sector servicios —mayoritariamente mujeres— no tengan domingo, ni festivo, ni vida fuera del turno. Quieren recortar el subsidio de desempleo, porque según ellos la pobreza es un incentivo para buscar trabajo. Quieren una fiscalidad plana que beneficia al millonario y empobrece al que vive de nómina. Quieren acabar con las inspecciones laborales, que llaman «acoso a los emprendedores», mientras en la construcción y en la industria la gente sigue muriendo en accidentes que se podrían evitar. Y quieren estrangular económicamente a los sindicatos de clase, para dejarte solo frente al patrón en la negociación del convenio.
Todo esto está escrito. Firmado. Votado.
El voto en el Congreso no miente.
VOX votó en contra de la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas. Votó en contra de la revalorización de las pensiones con el IPC. Votó en contra de las medidas laborales durante la pandemia, cuando los trabajadores más lo necesitaban. Votó en contra de la Ley de Vivienda. Votó en contra del impuesto a las eléctricas y a la banca. Votó en contra de la ley que obligaba a las plataformas digitales a contratar a sus repartidores como asalariados. Votó en contra de ampliar los permisos de maternidad y paternidad. Votó en contra de las ayudas a los afectados por la DANA y por el volcán de La Palma. Votó en contra de garantizar salarios mínimos dignos en el Parlamento Europeo.
No hay trampa en esta lista. Son hechos. Son actas. Son votaciones públicas y verificables.
La conclusión es simple, aunque duela.
Votar a VOX siendo trabajador no es una opción política discutible. Es una contradicción en los términos. Es contratar a un ladrón de cerrajero. Es entregarle las llaves de tu casa al que va a desvalijártela mientras te dice que te protege de los extranjeros.
No hay nada más tonto en este mundo que un trabajador de derechas. No lo digo como insulto. Lo digo como diagnóstico. Porque la derecha —toda la derecha, la de etiqueta y la de botas, la del traje y la de la bandera grande— ha sido siempre, sin excepción, el partido de los que te explotan. Y VOX es esa derecha con la careta quitada, sin eufemismos, sin disimulo.
El insecticida no sabe de ideología. Solo sabe matar.
Organízate. Sindícate. Vota con conciencia de clase.
¡La lucha sigue!
André Abeledo Fernández

