Oriente Medio arde porque el imperialismo necesita que arda.

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Oriente Medio arde porque el imperialismo necesita que arda.

Nos dicen que Oriente Medio es un polvorín eterno. Que allí siempre hubo guerras. Que la violencia forma parte de su cultura. Que el problema son las religiones, los fanatismos o el odio ancestral entre pueblos. Nos lo repiten una y otra vez desde las televisiones occidentales mientras esconden cuidadosamente al verdadero pirómano de la historia contemporánea: el imperialismo estadounidense y sus aliados.

Porque Oriente Medio no arde por casualidad. Oriente Medio arde porque alguien decidió convertir la región en un tablero geopolítico al servicio de intereses militares, energéticos y económicos. Y cada vez que un país intenta escapar de ese dominio, aparece la maquinaria de propaganda, las sanciones, la desestabilización y finalmente las bombas.

Hoy le toca nuevamente a Irán. Antes fueron Irak, Libia y Siria. Siempre bajo el mismo guion. Primero demonizan al enemigo. Después inventan amenazas globales. Luego hablan de democracia y derechos humanos. Y finalmente destruyen países enteros dejando millones de muertos, desplazados y generaciones condenadas al horror.

Lo hicieron con Irak utilizando la gran mentira de las armas de destrucción masiva. Mintieron descaradamente al mundo entero para justificar una invasión criminal que dejó un país destruido, cientos de miles de muertos y el nacimiento de organizaciones terroristas que jamás habrían existido sin aquella intervención imperialista. Los mismos que decían llevar democracia dejaron fosas comunes, caos y fanatismo.

Lo hicieron en Libia. Un país que tenía el mayor índice de desarrollo humano de África acabó convertido en un territorio fragmentado entre milicias, mafias y esclavitud moderna después de la intervención “humanitaria” de la OTAN. Ese es el resultado real de las guerras occidentales: destrucción, saqueo y muerte.

Lo hicieron en Siria financiando grupos armados, alimentando una guerra interminable y utilizando al pueblo sirio como carne de cañón dentro de una batalla geopolítica global. Mientras tanto, millones de refugiados huían de un infierno creado por las potencias que luego levantaban muros y hablaban de “crisis migratoria”.

Y ahora el objetivo vuelve a ser Irán. Porque Irán no se arrodilla. Porque Irán representa un obstáculo para el control absoluto de Oriente Medio por parte de Washington y Tel Aviv. Porque no aceptan convertirse en una colonia obediente del imperialismo occidental.

La hipocresía es obscena. Los mismos gobiernos que hablan constantemente de democracia y derechos humanos apoyan sin fisuras a una monarquía medieval como Arabia Saudí mientras señalan a Irán como la gran amenaza mundial. Los mismos que sancionan y bloquean países enteros guardan silencio ante las masacres diarias del Estado israelí contra el pueblo palestino.

Palestina es hoy la mayor vergüenza moral de Occidente. Un pueblo expulsado de su tierra, encerrado, bombardeado y masacrado desde hace décadas mientras Europa y Estados Unidos financian al verdugo y criminalizan a las víctimas. Gaza se ha convertido en un campo de exterminio retransmitido en directo. Ya ni siquiera esconden la barbarie. Hospitales destruidos, niños asesinados, periodistas ejecutados, barrios enteros borrados del mapa. Y aun así siguen llamándolo “defensa”.

Pero el fuego ya no se limita a Palestina. El Líbano vuelve a ser castigado bajo las bombas israelíes con la absoluta complicidad internacional. El mismo Líbano que sufrió invasiones, ocupaciones y décadas de desestabilización. El mismo pueblo que vuelve a pagar con sangre los delirios expansionistas del sionismo y los intereses geopolíticos de Washington.

Y mientras todo esto ocurre, los medios occidentales siguen hablando de “conflictos complejos”, como si aquí todos fueran igual de responsables. Como si el ocupante y el ocupado fueran lo mismo. Como si el agresor y la víctima compartieran culpa. No. Hay responsables claros. Hay intereses concretos. Hay un bloque imperial que lleva décadas sembrando muerte para garantizar su dominio mundial.

Porque el problema nunca fue la democracia, los derechos humanos o la seguridad internacional. El problema siempre fue el control de los recursos, las rutas energéticas y la hegemonía militar en una de las regiones más estratégicas del planeta.

Nos quieren hacer creer que las guerras empiezan cuando responden los pueblos agredidos, pero las guerras empiezan mucho antes: empiezan con bloqueos, con ocupaciones, con sanciones criminales, con golpes de Estado, con colonización y con décadas de humillación.

Occidente habla de terrorismo mientras financia el terrorismo de Estado israelí. Habla de paz mientras vende armas. Habla de libertad mientras destruye países soberanos. Habla de legalidad internacional mientras invade, bombardea y ocupa cuando le conviene.

La historia juzgará esta época con dureza. Y cuando lo haga quedará claro que millones de personas fueron asesinadas no para defender la democracia, sino para mantener un orden internacional profundamente criminal e injusto.

Oriente Medio no necesita más intervenciones occidentales. Necesita que Occidente deje de destruirlo.

 

André Abeledo Fernández 

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