¿Es el momento de cambiar las reglas del tablero de juego? Sobre el papel mundial de Rusia y China

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Andres Piqueras.— Para responder a esa pregunta y calibrar la segunda parte del título vamos a hacer un repaso de lo acontecido en la Guerra Sistémica Permanente o Guerra Total de largo plazo que el Imperio estadounidense y sus subordinados de la OTAN llevan a cabo contra la dupla chino-rusa y sus aliados, y que tiene por objetivo también frenar cualquier desarrollo del Mundo Emergente, más equilibrado por lo que respecta al poder global.

Caída la URSS, EEUU se vio como superpotencia única sin enemigo claro, pero no por ello dejó de ocupar militarmente Europa ni de mantener sus bases militares en casi todo el planeta. Como fiera que se ha quedado sin enemigos, diseña pseudoestrategias de tipo “elefante en cacharrería” por si bajo el sol de su dominio se mueva algo que no le cumpla.

Ciertamente, al comienzo los planes de dominación del mundo post-soviético por la potencia anglosajona no tenían todavía un nuevo enemigo específico o detectado y el terrorismo ejercía como razón de la militarización, el intervencionismo y la autoatribución de “gendarme global” por parte de EE.UU., en su férrea sujeción militar del mundo. De ahí su “Doctrina de Dominación Permanente” (de 1992), que sin embargo sí contemplaba el deshacimiento definitivo del antiguo espacio soviético y de su proyección mundial[1].

Dentro de ese objetivo se incluía partir a Rusia en diferentes Estados, anhelo ya albergado por Gran Bretaña desde que anunciara que su mayor reto pasaba por vencer el combate entre la ballena (ella misma) y el elefante (Rusia), para que ningún poder en el corazón de la “Isla del Centro del Mundo” (McKinder dixit) pudiera desafiar el poderío naval británico (más tarde el de EE.UU.). Impedir la coordinación de Eurasia fue igualmente considerado como vital para los intereses anglosajones de dominio mundial, al menos desde el siglo XIX.

Así que tras la caída de la URSS, Estados Unidos se aplicó en penetrar la institucionalidad postsoviética, cooptar voluntades en las altas esferas, sembrar de agentes (activos y dormidos) las estructuras de mando rusas, incluidas las militares, y afianzar los “intereses” pro-occidentales de las élites económicas (lo cual quizás podría explicar el pusilánime papel internacional de la Rusia actual, como luego veremos).

No contento con ello, y ayudado íntimamente por el MI6, siguió insistiendo en el objetivo británico de desmembrar Rusia y debilitarla a fuerza de “conflictos” internos o provocados en su espacio de seguridad inmediato. El yihadismo y el etnicismo más reaccionario se activarían en ayuda de ello.

Así tenemos, por ejemplo, las campañas de azuzamiento del integrismo islámico en Chechenia, para separarla de Rusia (1ª guerra en 1994-96; 2ª en 1999, que con la invasión islamista de Daguestán por la Brigada Internacional Islámica dirigida por Basáyev y al‑Khattab, se pretendía dar rienda suelta a un “Estado islámico”  en el Cáucaso norte, lo cual tuvo coletazos bélicos hasta 2009); el apoyo en Georgia a la guerra civil (1988-1992 con Osetia del Sur; 1992-1993 en Abjasia; posteriores ataques de Georgia a Osetia, con  intervención rusa en 2008).

En 1999 comienza la carrera expansionista de la OTAN hacia el Este, con la absorción de Chequia, Hungría y Polonia. Lo que violaba tanto el Tratado de Reunificación de Alemania (que la URSS había admitido a cambio de que la OTAN no avanzara ni un milímetro hacia el este), como hasta la propia Conferencia de Yalta.

También ese año se da la destrucción de Yugoeslavia, al ser el único país que no se plegaba a los designios de la OTAN. Así que 60 años después Estados Unidos y Alemania volvían a llevar la guerra a Europa.

En 2002, la Conferencia de Praga marcaría un hito en la historia de esta organización del terror, al abrir la puerta a la incorporación de 11 nuevos miembros. Los primeros, Lituania, Letonia y Estonia (que apenas un poco más de una década atrás formaban parte de la Unión Soviética). Rumania, Bulgaria, Eslovaquia y la república ex yugoslava de Eslovenia, entrarían en 2004, en lo que supuso la mayor ampliación de la OTAN en sus 76 años de historia. Albania y Croacia se integrarían en 2009. Montenegro en 2017. Macedonia del Norte en 2020.

Por otro lado, en 2002 tendría lugar el abandono del Tratado ABM (misiles balísticos) por parte de EE.UU., que levantaría bases militares en Alaska, Europa del Este (Polonia y Rumanía), Japón y Corea del Sur, envolviendo a Rusia de armas de destrucción masiva. Después se negaría a firmar el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares y el Tratado de Militarización del Espacio.

Pero las acciones de acoso, desestabilización y agresiones a través de intermediarios contra Rusia (un país que no sólo venía de ser derrotado, sino de pedir su admisión en la UE y hasta en la propia OTAN), se acrecentarían a partir de que esta formación socioestatal emprendiera con Putin un proceso de resoberanización y dijera que no estaba dispuesta a retroceder más frente al continuo acoso otanista.

Lejos de frenarse, en adelante se daría una acentuación de los intentos de desestabilización en la “panza blanda” rusa -especialmente en el Cáucaso-, con la provocación de la guerra entre Azerbaiyán y Armenia (2016 y 2020), pero también con el intento de golpe de Estado en Kazajistán, amén de la infiltración del MI6 y sus intrigas en otras exrepúblicas soviéticas adyacentes.

No podía faltar tampoco el flanco europeo, que eclosionó con el golpe de Estado orquestado por el Eje Anglosajón (USA-RU) en Ucrania en 2014 y la posterior nazificación del país. También hay que contar con el intento de golpe de Estado en Bielorrusia, la presión política y el amaño electoral en Moldavia, así como el hostigamiento en Transnistria.

En 2016 tiene lugar la Cumbre de Varsovia, a partir de la cual la OTAN desplegaría en el Este de Europa sistemas anti-misiles, bombas nucleares avanzadas y también batallones de diversos países. En 2017, en la Cumbre de Bruselas se establecía el compromiso de aumentar un 2% los gastos militares de los países miembros, una estructura militar permanente de la UE, así como que ésta se hiciese cargo de los gastos de infraestructura de la OTAN. Todo ello para ¿enfrentar? a un país que lo único que hacía era proporcionar energía barata a Europa para su desarrollo económico y que seguía proponiendo su integración en el continente europeo.

En 2019 Estados Unidos se retiraría del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF), firmado en 1989. Ese mismo año Ucrania presume de desligarse del Memorándum de Budapest (de 1994), por el que los propios anglosajones la obligaron entonces a permanecer desnuclearizada (cuando todavía la veían más vinculada a Rusia que a ellos, y mediante el cual, por tanto, Ucrania entregó el arsenal nuclear heredado de la URSS a cambio de garantías de seguridad por parte de los anglosajones y de Rusia).

Tal alarde suponía ya, en consecuencia, una amenaza directa a Rusia El acoso a las regiones ruso-hablantes, con más de 14.000 muertos entre 2014 a 2022, y el creciente envalentonamiento, rearme y militarización nazi en Ucrania contra todo lo ruso, más sus alardes de integrar o cuando menos ayudar a la OTAN a cercar a Rusia, decidieron por fin la intervención armada del país euroasiático.

Mientras todo esto ocurría, Estados Unidos había empezado –en el cambio entre la primera y la segunda década de este siglo- a identificar a China como posible potencia emergente, la cual veían que podía no sólo rivalizar sino superarle en muchos campos. Es por eso que a partir de entonces USA afinaría más sus planes geoestratégicos, para centrarse en la dupla que había decidido tener como enemiga (sin que ninguno de los dos miembros de la misma hubiera hecho nada por merecer esa consideración, salvo el procurar su propia soberanía).

Como quiera que para EE.UU. China era ya vista como una potencia económica en ciernes y Rusia una (todavía) potencia militar (heredera de la URSS), pero débil estructuralmente, decidió iniciar la agresión hacia esta última. De ahí la acentuación del acoso que acabamos de describir, sobre todo con la utilización “proxy” de Ucrania. El objetivo no era otro que cuanto menos provocar un “cambio de régimen” en Rusia, de manera que la dupla quedara escindida y por tanto muy debilitado el proyecto de un Mundo Emergente que comenzaba a cobrar vida a través de ella.

Pronto, sin embargo, se identificarían nítidamente los núcleos de intervención contra China. Si en la Cumbre de Washington de 1999, la OTAN declaraba el derecho a la “guerra preventiva” en cualquier punto del planeta, con el cambio de siglo pasada su primera década, fue enfocando en China su ofensiva, no tanto porque supusiera una amenaza militar, sino por el ejemplo de un tipo de economía distinta, que bajo la bandera del socialismo competía con éxito en el propio terreno del capitalismo, manifestando que de nuevo una economía planificada se abría camino y asombraba al mundo.

  •  Desarrollo de los planes de dominio mundial cada vez más centrados contra China

Tal proyecto destructivo se fue articulando poco a poco en sucesivos planes, según EE.UU. adquiría conciencia de que el Mundo Emergente podía empezar a hacer desvanecer su prevalencia (además de poder fungir como contraejemplo a su devastador accionar político-económico y a su guerrerista decurso histórico).

  • La “Doctrina del Pivote Asiático” formulada por Obama, proyectaba el despliegue de instalaciones militares y medios de combate para impedir y/o limitar el abastecimiento energético de China por vía marítima en caso de una escalada de la agresión contra ella.
  • El documento “Ventaja en el Mar” publicado por el Instituto Naval de Estados Unidos, recogía la estrategia marítima del país a partir de la integración del poder naval en todos los dominios y bajo coordinación conjunta de la Armada, el Cuerpo de Marines y la Guardia Costera.

Ello motivó el giro terrestre-continental de China, con las rutas férreas que comenzó a trazar por Asia para vincular el continente de extremo oriental a extremo occidental (con la salida al Mediterráneo oriental incluida), y de sur a norte, hasta la parte ruso-europea del Báltico. Así como un ramal hacia el “Cuerno de África” y de allí a buena parte del resto del continente africano. Se trataba, en suma, de la Nueva Ruta de la Seda (“Un cinturón una Ruta”, en la designación china).

Pero Estados Unidos no estaba dispuesto a dejar que China articulara el mundo con proyectos infraestructurales, económicos y comerciales de posible beneficio mutuo. Así que los planes se fueron concretando para intentar romper, deshacer o desbaratar la infraestructura de interrelación mundial que había ido tejiendo China.

Tales planes conllevaban una Geoestrategia del Caos que iría en adelante in crescendo, y que pasaría por inducir desastres sociales o provocar sociedades-en-disolución, como forma concreta de destrucción y sometimiento. Una perversa planificación que pretende desde el principio “gobernar el caos”, sumergir a unas u otras formaciones socio-estatales en una indefensión absoluta convirtiéndolas en no-sociedades para así imposibilitar su adhesión al proyecto de conectividad mundial chino y también poder saquear más fácilmente sus recursos.

“Agujeros negros de destrucción y barbarie” han sido el resultado de las intervenciones de EEUU, con o sin la OTAN, desde que comenzara su ofensiva global contra el Mundo Emergente, y especialmente contra la dupla chino-rusa y sus más cercanos aliados o coparticipes del proyecto.

Así que la Guerra Sistémica Permanente o Guerra Total a largo plazo, formaba parte de su visión de «dominio total» («Full-spectrum dominance», como fue definida en el clave informe del Pentágono titulado Joint Vision 2020). También de su estrategia para devastar territorios, hacerlos ingobernables, y por tanto imposibilitar la construcción de cualquier “multipolaridad”.

Tal Geoestrategia del Caos está intensificada en los ejes de tensión por los recursos y en la pugna por la hegemonía mundial. Radicando por tanto uno de esos ejes en Afroeurasia (y especialmente el centro de la encrucijada de Asia, África y Europa, el llamado Medio Oriente Ampliado), y el otro en el Pacífico, en torno a China, donde había surgido el nuevo polo de hegemonía mundial. EEUU busca, además, el control de los nudos de comunicación marítimos del mundo (los Estrechos de Malaca, Ormuz, Bab el Mandeb- Suez), así como los corredores de comunicación entre el Atlántico y el Pacífico (Groenlandia, Panamá, Punta austral del Cono Sur…), amén de hacer del continente americano su “isla fortaleza”, para lo que está abortando a golpes de fuerza político-militar todos los intentos de soberanía estatal o regional en el mismo.

II.  Algunos resultados de la Geoestrategia del Caos hasta el momento. En qué punto estamos. 

Entre las consecuencias más destacadas de esta ofensiva imperial tenemos que Rusia ha venido perdiendo buena parte de su espacio estratégico heredado de la URSS, con antiguos aliados hoy destrozados por Estados Unidos. Así, Afganistán, Iraq, Libia, Somalia y Siria –con Yemen brutalmente golpeado-, a los que hay que añadir hoy en la práctica Venezuela, en camino acelerado a su condición de protectorado.

La atroz asfixia de Cuba va en esa misma dirección, sin que Rusia manifieste disposición a suministrarla ni la mínima parte del petróleo requerido. Es decir, que el país eslavo de hoy -a diferencia de la URSS- respeta sumisamente el bloqueo estadounidense, además de dejarse perder piezas aliadas una a una. Todo teniendo en cuenta que la pérdida de Cuba sería uno de los mayores errores estratégicos que podrían cometer tanto Rusia como China.

Otrosí, la desestabilización del Cáucaso sigue su curso, donde Rusia está también perdiendo a Armenia. En el frente europeo, Moldavia ya es pieza conquistada por USA, mientras que la OTAN ataca cada vez más profundamente territorio ruso matando civiles prácticamente cada semana y poniendo en jaque a algunas de sus principales ciudades. No hay respuesta simétrica rusa para con las potencias agresoras, limitándose a llevar una guerra de desgaste en Ucrania y el Donbás, con la pérdida de miles de jóvenes rusos.

Se dirá que tal “respuesta proporcional” de Rusia causaría la guerra nuclear, pero sin advertencias claras, sin líneas rojas, son los enemigos los que se crecen y “flirtean” con esa guerra, presionando cada vez más al ver que Rusia nunca responde simétricamente. Así las cosas, las potencias otanistas se permiten incluso el lujo de asaltar petroleros rusos en altamar. Y es que cuando el adversario se deja pisar el pie, pues se le sigue pisando y ya.

Por otra parte, la Nueva Ruta de la Seda ha sido saboteada sin cesar (y aquí se repiten nombres que coinciden con el caso ruso): Afganistán, Iraq, Yemen, Siria, Líbano, Palestina, Somalia, Etiopía, Sudán, Libia, Sahel… con suma atención al embrollo indio-paquistaní.

Queda Irán, última pieza en Asia central, nudo estratégico del proyecto chino-ruso, encrucijada de todas las rutas de interconexión asiáticas y elemento clave para la consolidación de un Mundo Emergente, además de principal actor antisionista mundial, que ha venido frenando al ente sionista ocupante de Palestina durante décadas. Por eso su destrucción en imprescindible para aislar a China, permitir la expansión sionista por toda Asia occidental y parte de la central, acabar definitivamente con el Eje De la Resistencia Antisionista, dejar campo libre al CENTCOM estadounidense para apropiarse de Asia central, abortar los proyectos infraestructurales emergentes en el continente…  Eso quiere decir, que USA, con su ente sionista, no van a dejar de atacar a Irán, de una u otra manera.

Frente a todo ello, China juega sus cartas construyendo vínculos, acuerdos bilaterales con unas y otras formaciones socioestatales -independientemente de la condición política de sus gobiernos-, amén de seguir fortaleciendo las grandes organizaciones multilaterales de la que es el alma y locomotora: BRICS y su Banco de Desarrollo, RCEP, Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras, Organización de Cooperación de Shanghái…  Traza sus estrategias económicas de respuesta, contragolpea con el yuan, con los bonos del tesoro estadounidense, por medio de aranceles, se protege con su proyecto estratégico por la energía, etc., para intentar contrarrestar la ofensiva económica que Estados Unidos desata contra ella.

Rusia, por su parte, intenta montar también su “mundo paralelo”, como si la guerra no fuera con ella. Además de las tradicionales entidades de corte más defensivo o de vínculos políticos, como la OTSC y el CEI, o económicos, como la UEEA, ha venido sumando sobre todo el Foro de San Petesburgo y el Foro Gaidar –conocido también como “Davos ruso”- para mostrar sus vínculos mundiales y desafiar el aislamiento impuesto por el Imperio Occidental.

Pero una y otra se equivocan si creen que van a conseguir mediante cauces diplomáticos o actitudes de perfil bajo y “buena voluntad” que USA les cese de acosar. A Rusia en concreto no le va a dejar de hacer la guerra militar, además de la económica y política.

En lo que toca a China, Estados Unidos no le permitirá “ganar” a la postre sin enfrentamiento militar. Más tarde o más temprano llegará a ello (a no ser que antes colapsara o se sumiera en su propio caos el actual hegemón).

Puede decirse que China lo sabe y está preparándose. Pero no es lo mismo enfrentarse al Imperio con un, aunque contradictorio, Mundo Emergente como apoyo, que tenerlo que hacer sola, una vez has perdido todas las piezas de tu proyecto alternativo. Y la Nueva Ruta de la Seda está ya bastante agujereada al respecto. La hipotética caída de Irán sería definitivamente trágica en este sentido.

En general vale decir para ambos miembros de la dupla que la hasta ahora mostrada y bien visible para todo el mundo ausencia de líneas rojas por su parte (más allá de sus “patios” más inmediatos, Donbás para Rusia y Taiwán para China), es un indicador de secundariedad y de falta de decisión para asumir un verdadero protagonismo mundial. Sólo enviar armas o “ayuda” a unos u otros frentes de la Guerra Totalno es suficiente para tener posibilidades de salir adelante según va recolocando cada semana Estados Unidos el tablero mundial e imponiendo sus normas en él.

Porque la potencia imperial sigue llevando la iniciativa geoestratégica, no disputada por la dupla chino-rusa. Sin facultad para controlar ni construir nada alternativo al Mundo Emergente en curso, Estados Unidos sí tiene una alta capacidad de destruir, en gran escala. Y lo está haciendo sistemáticamente en todo el planeta (con permiso del pedrusco demasiado duro que ha encontrado en Irán). La propia anulación o reabsorción de los BRICS (con la maraña de intereses contrapuestos y de terribles gobiernos que en buena parte les integran) ya está en curso.

Si la dupla se limita a parar golpes y a hacer “jugadas” de salón, por más inteligentes que sean, siempre a remolque de lo que hace el hegemón, o dentro de sus normas de juego, no podrán evitar ni sobreponerse al Desastre Final que el conjunto del Imperio Occidental tiene proyectado para el mundo.

Ya son muchos los estrategas y generales rusos que vienen insistiendo sobre ello. El propio partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) no ha dejado de advertir que Rusia debe cambiar su línea estratégica y patear el tablero impuesto por el Eje Anglosajón y el Poder Sionista Mundial, dado que está inmersa en un enfrentamiento total con la OTAN, y no en una mera “operación especial” de desnazificación en Ucrania, ni siquiera de contención de golpes parciales aquí y allá.

Un impás muy peligroso este, pues, para la humanidad, que sólo se puede decidir hacia algo positivo desde la firmeza de unos para trazar líneas rojas por la PAZ, y la lucha de otros, los pueblos del mundo, por frenar las ansias imperiales de Guerra. La lucha por la PAZ antimperialista es quizás la empresa más vital y revolucionaria que podemos emprender en estos momentos.

Notas

[1] Los Planes que fueron pergeñando Arthur K. Cebrowski (antiguo almirante y director de la Office of Force Transformation in the U.S. Department of Defense), Paul Wolfowitz (quien fue subsecretario del Dpto. de Defensa) y Colin Powell (presidente del Estado Mayor Conjunto durante la Guerra del Golfo), contemplaban la reestructuración del dominio mundial estadounidense una vez desaparecida la URSS.

Un Nuevo Orden Mundial o “nuevo siglo americano” que señalaba “países desechables” y que defendía la destrucción de estructuras de Estado, que las fuentes de materias primas estuvieran bajo el control de EEUU y priorizaba en adelante abortar el nacimiento de un Mundo Emergente. Todo ello requería la adaptación a un nuevo tipo de guerra y un nuevo America Way of War. También, como consecuencia asociada, la reestructuración total del “Medio Oriente Ampliado” (toda la región de Asia occidental y África Nororiental).

 Durante el gobierno de George W. Bush se perfilaría la Teoría del “Caos Constructivo” (el nombre lo dice todo). Washington intentó afirmar su hegemonía tras el (a todas luces autogolpe del) 11 de septiembre de 2001, mediante el recurso a la acentuación de la militarización y la guerra.

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