Mercadona: patriotismo de pulsera, beneficios multimillonarios y despidos para ganar todavía más

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Mercadona: patriotismo de pulsera, beneficios multimillonarios y despidos para ganar todavía más

Cada vez que escucho a determinados empresarios hablar de patriotismo, de España, de esfuerzo, de compromiso con la sociedad o de responsabilidad empresarial, no puedo evitar preguntarme dónde quedan todas esas palabras cuando llega la hora de repartir los beneficios o de respetar los derechos de quienes levantan cada día sus negocios.

Mercadona vuelve a situarse en el centro de la polémica laboral. Una empresa que presume constantemente de sus beneficios millonarios, que ha incrementado sus ganancias incluso durante las peores crisis económicas y sociales, que salió reforzada de la pandemia mientras miles de trabajadores sostenían el país desde los supermercados, ahora vuelve a aplicar la misma receta de siempre: menos personal, más carga de trabajo, traslados forzosos y amenazas sobre el empleo.

La apertura de las denominadas «tendas 9» está provocando ya la reducción de personal. Según denuncian los trabajadores y trabajadoras, sobran puestos de trabajo, comienzan los traslados forzosos y crece la incertidumbre sobre el futuro de cientos de familias. La pregunta es evidente: si este modelo se extiende al conjunto de la empresa, ¿cuántos empleos desaparecerán? ¿Cuántos trabajadores serán obligados a cambiar de centro de trabajo? ¿Cuántas personas acabarán en la calle?

Lo más grave es que Mercadona ni siquiera ofrece explicaciones. La empresa se niega a reunirse con la representación sindical de la CIG para informar sobre sus planes y responder a las legítimas preocupaciones de la plantilla. El silencio empresarial es una declaración de intenciones. Cuando una compañía obtiene beneficios multimillonarios pero se niega a explicar qué va a ocurrir con el empleo, los trabajadores tienen motivos más que suficientes para preocuparse.

Porque la realidad en los centros de trabajo ya la conocen perfectamente quienes se ponen el uniforme cada mañana. Menos personal significa más trabajo para cada empleado. Más trabajo significa más estrés, más presión y más problemas físicos y psicológicos. Y todo ello para seguir aumentando unos beneficios que ya son extraordinarios.

 

Mientras tanto, Juan Roig y la dirección de Mercadona continúan acumulando millones. Ahí está el verdadero rostro de ese supuesto patriotismo empresarial del que tanto presumen algunos multimillonarios. Patriotismo de bandera en el balcón, de pulserita en la muñeca y de discurso vacío ante las cámaras. Pero cuando llega el momento de defender el empleo, de proteger a los trabajadores o de compartir la riqueza que generan miles de personas con su esfuerzo diario, desaparece el patriotismo y aparece la calculadora.

Porque para estos falsos patriotas la patria siempre termina donde empiezan los beneficios. Hablan de España mientras reducen plantillas. Hablan de responsabilidad social mientras aumentan la carga laboral. Hablan de compromiso mientras despiden trabajadores. Hablan de esfuerzo mientras son otros quienes realizan el esfuerzo real.

La situación que denuncian los trabajadores de Mercadona no es un caso aislado. Forma parte de un modelo económico que considera a las personas simples números en una hoja de cálculo. Un modelo donde nunca se cuestionan los salarios millonarios de los directivos ni los dividendos de los grandes accionistas, pero donde siempre se pone el foco en reducir costes laborales.

Por eso la movilización convocada para el próximo 30 de junio no afecta únicamente a la plantilla de Mercadona. Es una lucha que interpela al conjunto de la clase trabajadora. Porque hoy es Mercadona quien reduce personal pese a obtener beneficios récord, pero mañana puede ser cualquier otra gran empresa.

La defensa de los puestos de trabajo, de unas condiciones laborales dignas y del derecho a recibir información transparente no es una reivindicación corporativa. Es una cuestión de justicia social y de dignidad.

Los trabajadores no están pidiendo privilegios. Están exigiendo algo tan básico como conocer qué ocurrirá con sus empleos y que no se utilicen los avances tecnológicos o las reformas organizativas como excusa para despedir personas mientras los beneficios siguen creciendo.

Frente al silencio de la empresa, frente a la codicia de quienes nunca tienen suficiente y frente a un modelo económico que convierte los derechos laborales en obstáculos para la cuenta de resultados, la respuesta debe ser la organización, la solidaridad y la movilización.

Porque los derechos que hoy existen no fueron regalos de ningún empresario multimillonario. Fueron conquistas arrancadas mediante la lucha colectiva.

Y porque frente a los patriotas de cartera y pulsera, frente a quienes aman más el beneficio que a las personas, la clase trabajadora debe recordar una verdad sencilla: sin trabajadores no hay Mercadona, no hay beneficios y no hay imperios empresariales.

Los multimillonarios viven del trabajo ajeno. Y precisamente por eso la defensa de cada puesto de trabajo es la defensa de la dignidad de toda la clase trabajadora.

 

André Abeledo Fernández

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