La mejor ayuda para Venezuela es levantar el bloqueo
Las imágenes que llegan desde Venezuela tras los devastadores terremotos conmueven al mundo. Miles de familias afectadas, infraestructuras destruidas y una tragedia humana de enormes dimensiones exigen una respuesta inmediata basada en la solidaridad internacional. En estos primeros momentos es imprescindible enviar equipos de rescate, personal sanitario, maquinaria especializada, alimentos, medicinas y toda la ayuda material posible para salvar vidas y atender a quienes lo han perdido todo.
Pero una vez pasado el primer momento de emergencia, conviene hacerse una pregunta fundamental: ¿qué necesita realmente Venezuela para poder levantarse y reconstruirse?
Numerosos economistas y especialistas en desarrollo internacional llevan años señalando una evidencia que demasiados gobiernos occidentales prefieren ignorar: ningún país puede recuperarse plenamente de una catástrofe si al mismo tiempo permanece sometido a sanciones económicas, bloqueos financieros y restricciones comerciales que estrangulan su capacidad de actuación.
Resulta difícil no percibir la contradicción. Los mismos gobiernos que expresan su preocupación por el sufrimiento del pueblo venezolano son, en muchos casos, los que han respaldado medidas que limitan el acceso del país a recursos financieros, dificultan sus operaciones comerciales y mantienen retenidos activos que pertenecen al Estado venezolano. Se anuncian ayudas millonarias mientras se siguen manteniendo mecanismos que privan a Venezuela de cantidades muy superiores.
La verdadera solidaridad no consiste únicamente en enviar ayuda de emergencia. La verdadera solidaridad consiste también en dejar de poner obstáculos para que un pueblo pueda reconstruir su futuro por sus propios medios.
Si realmente existe preocupación por el pueblo venezolano, ha llegado la hora de levantar las sanciones económicas, poner fin a los bloqueos financieros, devolver los activos venezolanos retenidos en el extranjero y permitir que el país pueda comerciar libremente con el resto del mundo. No como un favor, sino como una cuestión de justicia y de respeto a la soberanía nacional.
Porque la reconstrucción de Venezuela no puede depender eternamente de la caridad internacional. Ningún pueblo quiere vivir de la ayuda exterior. Los pueblos quieren trabajar, producir, comerciar y decidir su propio destino. Lo que necesita Venezuela es poder utilizar sus propios recursos para reconstruir escuelas, hospitales, carreteras, viviendas y servicios públicos.
La historia reciente ofrece ejemplos que deberían servir de advertencia. Haití recibió enormes promesas de ayuda tras sus tragedias, intervenciones internacionales, misiones extranjeras y una constante presencia de organismos internacionales. Sin embargo, décadas después continúa atrapado en una crisis permanente, con instituciones debilitadas, pobreza extrema y una situación de inseguridad que impide incluso el normal desarrollo de la vida cotidiana. La ayuda llegó, pero el desarrollo nunca llegó realmente.
Ese no puede ser el futuro de Venezuela.
La reconstrucción debe estar en manos del propio pueblo venezolano. La comunidad internacional puede y debe colaborar, pero respetando siempre la soberanía nacional y facilitando que el país disponga de todos los recursos que le pertenecen.
Por eso, además de la ayuda humanitaria urgente, hay una exigencia política que debería escucharse con fuerza en todo el mundo: basta de sanciones, basta de bloqueos y basta de castigos colectivos contra un pueblo que acaba de sufrir una tragedia de enormes dimensiones.
Si de verdad queremos ayudar a Venezuela, ayudemos hoy a quienes necesitan ser rescatados, alimentados y atendidos. Pero mañana hagamos algo todavía más importante: dejemos que Venezuela viva en paz, recupere lo que es suyo y pueda levantarse por sí misma.
Porque ningún pueblo se reconstruye con discursos de compasión mientras se le mantienen las cadenas económicas. Los pueblos se reconstruyen con soberanía, con recursos y con libertad para decidir su propio camino.
André Abeledo Fernández

