Las importaciones chinas de petróleo desde Irán se mantienen en gran medida intactas este año a pesar del asedio y las sanciones estadounidenses, con la recepción de aproximadamente 1.2 millones de barriles diarios y la firme advertencia de Beijing de tomar represalias frente a la declaración de una nueva guerra económica por parte de Washington, reveló un informe difundido esta semana.
La información, respaldada por datos del proveedor de la industria Kpler citados por el New York Times, indica que la cifra de barriles recibidos es solo ligeramente menor que la registrada durante el mismo período de 2025.
«Los barcos se han vuelto cada vez más hábiles para evadir la detección», explicó al diario estadounidense la analista senior de Kpler, Muyu Xu, al señalar que cuantificar el volumen real resulta difícil debido a los métodos que emplean las embarcaciones.
Ante las sanciones ilegales de Washington, las principales empresas estatales evitan el crudo iraní, pero refinerías privadas (teapot refiners) lo compran con grandes descuentos para el mercado interno, operando fuera del alcance de Estados Unidos.
El transporte implica operaciones logísticas en aguas frente a Malasia, donde las cargas se transfieren entre buques antes de continuar su ruta hacia puertos chinos. Con esta estrategia, la Administración de Donald Trump enfrenta el riesgo de chocar con Beijing mientras intenta cortar los ingresos petroleros de Irán sin alterar la frágil tregua comercial y arancelaria actualmente en suspenso entre ambas potencias.
Frente a este escenario, Beijing condenó la declaración de Washington de una nueva guerra económica y advirtió el 25 de agosto que está preparada para responder a la presión máxima y al aislamiento, reiterando que las sanciones “conducen a una escalada”.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Lin Jian, declaró que “una guerra económica y una presión máxima no ayudarán a resolver el problema”, y añadió que “sólo intensificarán aún más las contradicciones y los conflictos, causarán que los riesgos se extiendan, alterarán el orden económico y financiero global y dañarán los derechos e intereses legítimos de otros países”.
Paralelamente, Irán implementó sus propias sanciones contra los buques que infrinjan normativas en el Estrecho de Ormuz —zona cerrada a Washington tras ataques y la violación de un entendimiento de junio—, permitiendo que embarcaciones chinas coordinadas con sus fuerzas navales obtengan autorización para cruzar en medio de los cierres derivados de la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel que ha provocado miles de muertes tras el bloqueo a puertos iraníes.


