
Fernando (Unidad y Lucha).— El pasado 20 de julio, el Departamento de Estado yanqui publicó un documento titulado “Cuba, la capital del comunismo del siglo XXI”, que pretende servir de pretexto para continuar y profundizar la guerra multifacética contra el pueblo cubano y su Revolución. A título personal, decir que mantener la paciencia para leerlo se hizo bastante difícil, dado el altísimo grado de tergiversación de la realidad y burdas mentiras que rezuma este infame panfleto de más de 100 páginas. Es más, es un ejemplo paradigmático de proyección psicológica: ese mecanismo de defensa inconsciente, según el cual alguien atribuye al otro sus propios defectos, deseos, impulsos o pensamientos inaceptables.
El primer capítulo, de un par de páginas, resume la venenosa idea central del texto: según el cual Cuba vendría habiendo librado desde 1959 una campaña sostenida de subversión contra EE. UU., infiltrándose a todos los niveles de su gobierno, reclutando activistas y respaldando una grave ola de terrorismo de izquierda en suelo yanqui; combinando espionaje, infiltración y sabotajes con hacer de la Isla un refugio y una base de entrenamiento de militancia subversiva, guerrilleros y terroristas. Afirmaciones vacías sin prueba ninguna, que contrastan con la realidad concreta y palpable del terrorismo que el imperialismo estadounidense y sus secuaces sí han ejercido y ejercen contra la Cuba revolucionaria: la voladura del barco La Coubre en 1960, el intento de invasión mercenaria por Playa Girón en 1961, las acciones de terroristas protegidos por la CIA -como Orlando Bosch (quien solo en el año 1968 colocó alrededor de 70 bombas contra intereses cubanos en EE. UU.) y Luis Posada Carriles (organizador y ejecutor, junto con Bosch, del atentado que en 1976 derribó el vuelo de Cubana de Aviación a Barbados, causando 73 muertes)-, el terrorismo bacteriológico -con la propagación premeditada del dengue hemorrágico en la Isla en 1981 (hechos que confesó Eduardo Arocena, que infectó a casi 350 mil personas y causó 158 muertes, 101 de ellas niños y niñas)-, o la campaña de bombas contra hoteles y lugares turísticos en Cuba -que desembocaron en la muerte de un turista italiano en 1997-, y un larguísimo etcétera. Por no hablar del criminal bloqueo económico, financiero y comercial (oficializado en 1962 y recrudecido en los últimos años y meses hasta la asfixia), o de los obstáculos para el flujo de suministros médicos en plena pandemia de la COVID-19. ¡Oh, sorpresa! Ninguno de estos hechos aparece en el panfleto.
Sigue el texto con su propia versión paralela de la historia, tratando de colocar a la URSS y a Cuba como dos concepciones supuestamente antagónicas del marxismo-leninismo: según ellos, la primera centrada en la lucha de clases ‘clásica’ y las facetas económicas, la segunda en la emancipación de los pueblos. Así, tildan a Cuba de ‘imperio del espionaje’ [sic], pero a la vez se ven obligados a reconocer que para los hombres y mujeres que participan en la inteligencia en defensa de Cuba, en vez del dinero su motor es la lealtad ideológica: los Cinco Héroes, Ana Belén Montes, el matrimonio Myers, etc. (Por cierto, implícitamente están admitiendo la superioridad ética revolucionaria). Y aprovechando este tema del espionaje, el panfleto arremete también contra el soviético-ruso, chino e iraní en suelo de EE. UU., afirmando además que Cuba les habría abierto el acceso al continente como ‘potencias extranjeras hostiles’.
Otro de los objetivos del texto es hostigar y criminalizar cualquier apoyo a la Cuba revolucionaria entre los movimientos políticos y sociales estadounidenses. Hablando de ‘turismo revolucionario’ [sic], describe cómo Cuba habría tejido toda una red de militantes y activistas supuestamente financiados, patrocinados y promovidos por la Revolución; mujeres y hombres con formación política y militar en la Isla. Señalan a caravanas de solidaridad y brigadas voluntarias desde los años 60 hasta la actualidad, tratando de amedrentar a distintos colectivos comunistas, antiimperialistas y en pro de la liberación nacional (Palestina, Vietnam, Sudáfrica…), a grupos Black Power como las Panteras Negras, al movimiento anti-ICE y antirrepresivo, etc.
En pocas palabras: propaganda imperialista destinada al vertedero de la Historia.

