
Ferran N. (Unidad y Lucha).— La derrota de los Estados Unidos en Irán está provocando una reconfiguración de todos los equilibrios en Asia Occidental, una de las derivadas de esta nueva situación es la evidencia que los EEUU ya no son capaces de proteger las petrodictaduras del golfo, y esto está provocando que busquen desesperadamente fortalecer sus posiciones ante la nueva potencia iraní. Primero los Emiratos Árabes Unidos abandonan la OPEP y la OPEP+, y ahora Arabia Saudí recrudece la agresión contra el Gobierno yemenita de Ansar Allah, aliado de Irán.
En las últimas semanas ha arreciado el bloqueo aéreo y marítimo contra Ansar Allah y ha reactivado la guerra mediante las fuerzas títeres del llamado Consejo de Liderazgo Presidencial, una coalición antihutí controlada, armada y financiada por los sauditas.
La respuesta de Ansar Allah no se ha hecho esperar y bajo la consigna bloqueo por bloqueo, han decretado la prohibición de paso de buques sauditas por el estrecho de Bab el-Mandeb y han atacado refinerías en el Mar Rojo y en el Golfo Pérsico, la producción de la refinería de Aramco en Jazan, en el Mar Rojo, ha sido paralizada hasta, por lo menos el 30 de agosto. Además, 3 aeropuertos saudíes han cerrado y las fuerzas hutíes atacan el puerto de Moca, en manos de las fuerzas apoyadas por Arabía Saudí y los últimos reportes indican la preparación de una ofensiva hutí contra Moca y Hodeidah, lo que ampliaría su control sobre la navegación en el estrecho.
El cierre del flujo de petróleo desde Ormuz y desde Bab el-Mandeb está provocando el pánico en Asia Oriental y Oceanía; mientras China cuenta con el crudo y el gas procedente de Rusia, de lo que pueda seguir suministrando Irán y de grandes reservas de emergencia, el resto de las economías de la región, entre ellas la India, Japón, Indonesia o Corea del Sur van a pasar grandes apuros los próximos meses.
¿Cómo les saldrá la jugada a los saudíes? Es probable que sea un tiro en el pie. ¿Actúan por orden de Washington o es un movimiento autónomo? La verdad, aún es pronto para saberlo. Pero la última jugada de Arabia Saudí, llamada Acuerdo de Defensa Conjunta de la Meca, parece indicar que los sátrapas saudíes están intentando caminar por su cuenta y buscan nuevas alianzas. La reciente firma de este acuerdo entre Turquía, Pakistán y Arabia Saudita en el que definen en su punto 5 que “cualquier ataque armado contra cualquiera de los tres estados será considerado un ataque contra todos ellos”, aunque tiene un carácter simbólico (ni Pakistán ni Turquía entrarán en guerra en el Yemen ni contra Irán, ni Arabia Saudita ni Turquía entrarán en guerra contra la India por Cachemira y, ni Pakistán ni Arabia Saudita entrarán en guerra contra los kurdos en Siria); no deja de ser sintomático sobre la pérdida de influencia de los Estados Unidos en el mundo musulmán.
Que la mayor petromonarquía del mundo firme un acuerdo de defensa con un país miembro de la OTAN y con aspiraciones neo-otomanistas como Turquía y con una potencia nuclear como Pakistán no fortalece la posición del imperialismo yankee, al contrario, pone de manifiesto su debilidad como garante de una pax romana.
Hoy solo existe una certeza, el eje de la resistencia, formado por Irán, Palestina, la resistencia libanesa y Ansar Allah ha roto el dominio yankee y sionista en una de las regiones más importantes del planeta, con repercusiones no solo geopolíticas, si no también y fundamentalmente económicas, que se multiplican en un contexto de crisis estructural del capitalismo y de la eclosión de la República Popular China como primera potencia mundial en cada vez más terrenos, no solo en el económico.

