ONU: cuando Netanyahu o Trump entran por la puerta, la dignidad sale por la otra

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ONU: cuando Netanyahu o Trump entran por la puerta, la dignidad sale por la otra.

La Asamblea General de la ONU tocó fondo esta semana, y lo hizo por partida doble: por un lado, permitiendo que un genocida, señalado por la propia comunidad internacional, subiera a su tribuna como si fuera un estadista más; por otro, demostrando que ni siquiera ese escaparate diplomático, tan acostumbrado a mirar hacia otro lado, pudo tragarse entero el espectáculo. Setenta y siete delegaciones se levantaron y abandonaron la sala antes de que Netanyahu abriera la boca. Y, aun así, el genocida tuvo la desvergüenza de subirse al atril para llamar «cobardes» a quienes se negaron a dignificarlo con su presencia.

Una sala vacía para un discurso de sangre.

Netanyahu tuvo que hablar prácticamente solo, entre abucheos y ante un hemiciclo medio vacío. No fue un puñado de delegados incómodos: fueron 77 países, de todos los continentes, los que decidieron no ser cómplices ni con su silencio ni con su presencia.

España, por su parte, ni siquiera se molestó en acudir a la cita, ausentándose directamente del discurso. Es lo mínimo exigible, aunque llegue tarde y resulte insuficiente frente a lo que el autor considera la complicidad histórica de los gobiernos españoles con el genocidio.

La lista de la dignidad.

Estos son los países que decidieron no callar con su presencia:

Países árabes (18): Palestina, Jordania, Líbano, Irak, Arabia Saudí, Catar, Kuwait, Omán, Yemen, Siria, Egipto, Sudán, Túnez, Argelia, Libia, Mauritania, Somalia y Comoras.

Asia y Turquía (14): Turquía, Irán, Pakistán, Afganistán, Bangladés, Indonesia, Malasia, Brunéi Darussalam, Maldivas, Myanmar, Corea del Norte, Turkmenistán, Uzbekistán y Kirguistán.

África no árabe (20): Sudáfrica, Senegal, Yibuti, Angola, Congo, República Democrática del Congo, Liberia, Eritrea, Chad, República Centroafricana, Madagascar, Níger, Botsuana, Uganda, Lesoto, Esuatini, Guinea Ecuatorial, Mozambique, Namibia y Kenia.

América Latina y el Caribe (17): Nicaragua, Cuba, Brasil, Surinam, Panamá, Venezuela, Antigua y Barbuda, Belice, Barbados, Colombia, Dominica, Perú, Santa Lucía, Bahamas, Bolivia, Guyana y Chile.

Europa (6): Macedonia del Norte, San Marino, Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, España e Irlanda.

Oceanía (2): Tuvalu y Tonga.

El genocida convertido en víctima.

Frente a este rechazo mundial, el criminal de guerra hizo lo que, según el autor, siempre hace: invertir los papeles y presentarse como víctima. Llamó «cobardes» a los representantes de 77 naciones por negarse a aplaudirle, mientras él mismo tiene sobre sus espaldas una orden de arresto internacional que ningún gobierno occidental se atreve a ejecutar.

Ese es el nivel de cinismo que permite la ONU en su tribuna: un fugitivo de la justicia internacional dando lecciones de valentía.

Humillación hasta el último minuto.

No contento con vaciar la sala de la ONU, Netanyahu ordenó retransmitir su discurso en directo a través de altavoces repartidos por toda la Franja de Gaza, según informaron medios locales citando fuentes del propio ejército israelí.

Es decir: mientras bombardea, mata de hambre y masacra a la población palestina, también quiso obligarla a escuchar su propaganda bélica a todo volumen, en un ejercicio más de sadismo y humillación hacia un pueblo que ya lo ha perdido todo.

El propio Netanyahu llegó a afirmar que quería que sus palabras llegaran a los móviles de los gazatíes, dirigidas supuestamente a Hamás y a quienes retienen a los rehenes, en un nuevo giro propagandístico para justificar lo injustificable.

El veto a Abbas y el doble rasero de siempre.

Mientras el genocida podía hablar libremente ante la Asamblea, el presidente palestino, Mahmud Abbas, ni siquiera pudo pisar suelo estadounidense: Washington le vetó la entrada al país.

Ahí queda retratada, una vez más, la falsa neutralidad de Estados Unidos y su papel de patrocinador incondicional del Estado de Israel.

Y, por si hiciera falta más prueba de ello, la propia delegación estadounidense aplaudió con entusiasmo cuando Netanyahu mencionó a Trump y sus supuestos intentos de asesinato, en una escena bochornosa que, a juicio del autor, demuestra hasta qué punto Washington ha convertido la Asamblea General en un decorado más de su propaganda conjunta.

Nueva York en las calles, la ONU en la vergüenza.

Mientras esto ocurría dentro del edificio, fuera, cientos de manifestantes se concentraban en el centro de Nueva York para protestar contra la presencia de un criminal buscado por la justicia internacional.

Ese contraste lo dice todo: dentro, la diplomacia cómplice sigue aplaudiendo a genocidas y payasos como el argentino Javier Milei; fuera, la gente sigue exigiendo justicia para Palestina.

Setenta y siete países le dieron la espalda a un genocida. No es suficiente, pero es un primer paso. Ahora toca que esa dignidad diplomática se traduzca en sanciones reales, en un embargo de armas y en la ruptura de relaciones con el Estado de Israel.

La solidaridad internacionalista con Palestina no puede quedarse en un gesto simbólico en una sala de Nueva York: tiene que ser lucha organizada en cada fábrica, en cada sindicato, en cada barrio.

 

Até á vitoria sempre!

 

André Abeledo Fernández

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