
El 6 de octubre de 1976, un Douglas DC-8 de Cubana de Aviación fue destruido por dos cargas explosivas minutos después de despegar del aeropuerto de Bridgetown, Barbados.
La explosión, a unos seis mil metros de altura, causó la muerte de 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos, entre ellos los 24 integrantes del equipo juvenil de esgrima que regresaban de ganar todos los títulos en el IV Campeonato Centroamericano y del Caribe, celebrado en Caracas.
El perito cubano Julio Lara Alonso demostró que la segunda explosión se produjo en el baño trasero de la cabina de pasajeros, lo que provocó el derribo de la aeronave. Los pilotos lograron mantener el control del avión en llamas el tiempo suficiente para reportar la emergencia antes del impacto contra el mar.
Las investigaciones establecieron que los autores intelectuales fueron los terroristas de origen cubano Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila, quienes en junio de ese año habían fundado en República Dominicana la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), con el propósito de ejecutar más de veinte actos terroristas contra representaciones diplomáticas cubanas.
Documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) revelan que esa agencia conocía los planes del atentado desde al menos cuatro meses antes.
Un informe fechado el 22 de junio de 1976 alertaba sobre los planes de Bosch para colocar explosivos en un vuelo de Cubana de Aviación.
La información fue distribuida entre el Departamento de Estado, el Pentágono y el FBI, pero nunca se compartió con las autoridades cubanas.
Pese a las pruebas, sucesivas administraciones estadounidenses protegieron a los responsables.
A 50 años del hecho, Cuba sostiene que la verdad sobre el Crimen de Barbados permanece vigente y que las responsabilidades no prescriben.
Los documentos desclasificados confirman el conocimiento previo de agencias estadounidenses sobre los planes del atentado, mientras que los principales responsables recibieron protección y nunca enfrentaron plenamente la justicia.
La memoria de las 73 víctimas continúa viva en el pueblo cubano y sustenta la permanente demanda de esclarecimiento y rendición de cuentas.
La nación caribeña ha denunciado que este crimen se enmarca en una agresión sistemática de más de 60 años contra la isla, que ha dejado tres mil 478 muertos y miles de lesionados por acciones hostiles, sabotajes y actos terroristas.
Según el gobierno cubano, esa política se ha expresado también mediante el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington, vigente desde hace más de seis décadas, con pérdidas acumuladas superiores a los 178 mil 700 millones de dólares.
La política de asfixia afecta directamente el acceso de la población a medicamentos, alimentos y servicios básicos. El 6 de octubre fue declarado en Cuba como Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado, y también fue adoptado por la Comunidad de Estados del Caribe (Caricom) como Día Caricom-Cuba contra el Terrorismo.

