«Exigimos que los hechos citados, descritos y presentados ante ustedes sean objeto de una investigación exhaustiva», declaró Miróshnik, instando a las misiones de DDHH que operan en territorio controlado por Ucrania a obtener acceso a los lugares donde se mantiene ilegalmente a prisioneros de guerra rusos.
Durante una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Ucrania, afirmó que antiguos prisioneros de guerra rusos han relatado haber estado recluidos en cárceles secretas, privados de alimentos y agua, además de sometidos a abusos inhumanos.
Según los testimonios que citó, los prisioneros recibían apenas medio litro de agua al día y permanecían en instalaciones carentes de servicios sanitarios básicos. Algunos antiguos cautivos también denunciaron torturas «prácticamente medievales», que incluían el marcado con hierro candente, el uso del potro de tortura y el grabado de símbolos nazis en los cuerpos de las víctimas.


