Nicaragua. Presentan más de 150 estudios durante congreso de innovación

Universidades celebraron el Congreso Nacional de Innovación, Investigación y Desarrollo Científico con la participación de más de 1,500 protagonistas.

La actividad se desarrolló en el Auditorio Fernando Gordillo de la UNAN-Managua con la participación de docentes investigadores y estudiantes quienes presentaron más de 150 estudios relacionados a temas agropecuarios, economía, educación, historia, identidad y salud, fortaleciendo la investigación científica para la paz y prosperidad.

Además, se abordaron conferencias en salas temáticas relacionadas a medio ambiente, cambio climático, energía renovable, desarrollo rural, seguridad alimentaria, competencias en idiomas, innovaciones pedagógicas, economía, emprendimiento y tecnología.

Estos, fortalecen la formación de profesionales para el desarrollo nacional, en sintonía con los sueños y aspiraciones de la juventud y familias nicaragüenses.

Los participantes ratificaron el compromiso de fortalecer la educación orientado a la persona, familia y comunidad, garantizando educación gratuita y de calidad para todos.

Guerra psicológica y máxima presión de EEUU contra Venezuela

En Truth Social, su plataforma en Internet, Trump escribió: “A todas las aerolíneas, pilotos, narcotraficantes y traficantes de personas, por favor consideren el espacio aéreo sobre y alrededor de Venezuela cerrado en su totalidad”.

Más adelante subrayó en sus tradicionales letras mayúsculas y minúsculas, “¡Gracias por su atención a este asunto! PRESIDENTE DONALD J. TRUMP”.

La advertencia-amenaza se produce después de que Trump sugiriera la víspera que estaría considerando nuevas medidas contra las presuntas redes de narcotráfico que operan en Venezuela, y afirmara que los ataques terrestres comenzarán “muy pronto”, pese a que hace poco sugirió que se podrían abrir canales diplomáticos para bajar las tensiones.

“Probablemente hayan notado que la gente no quiere hacer entregas por mar, y comenzaremos a detenerlos también por tierra”, señaló el mandatario republicano ayer al apuntar que “por tierra es más fácil, pero eso comenzará muy pronto”.

Sanho Tree, investigador del Instituto de Estudios Políticos (IPS, sigla en inglés), con sede en esta capital, expresó a Prensa Latina en una reciente entrevista que Washington culpa a Caracas del tráfico de narcóticos hacia el norteño país.

Sin embargo -enfatizó- la mayor parte de la cocaína que pasa por Venezuela tiene como destino Europa y África, y alrededor de las tres cuartas partes de la cocaína con destino a Estados Unidos proviene de la costa del Pacífico, no del Caribe.

Según el diario The New York Times, Trump y su homólogo de Venezuela, Nicolás Maduro, sostuvieron una conversación telefónica para explorar un posible encuentro, pero al final todo quedó sin acuerdos concretos.

Entretanto, el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, denunció este sábado la persistente interferencia electromagnética que Estados Unidos genera en el Caribe y sobre el territorio venezolano, una acción que coincide justo con esta declaración unilateral de Trump de «cerrar en su totalidad» el espacio aéreo de esa nación de América del Sur.

EN CONTEXTO

Hace poco más de una semana, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos instó a las aerolíneas comerciales a “extremar precauciones” al sobrevolar Venezuela y el sur del Caribe ante lo que considera “una situación potencialmente peligrosa en la región”.

Desde entonces, varias aerolíneas internacionales como Avianca, TAP, Gol e Iberia, cancelaron vuelos hacia Venezuela, pero el Gobierno de Caracas dio un plazo de 48 horas para que esas compañías retomaran sus operaciones y al no cumplir en el plazo se les revocó la concesión de vuelos a seis empresas aéreas. La medida afectó a Iberia, TAP, Avianca, Latam Colombia, Turkish Airlines y Gol.

De acuerdo con el ministro de Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, el gobierno de su país se reserva el derecho de admisión y “decide quién vuela y quién no” sobre su espacio aéreo.

“El Gobierno nacional, en una decisión soberana, les dijo a las empresas (aéreas): si en 48 horas ustedes no reanudan los vuelos, no los reanuden más. Quédense ustedes con sus aviones y nosotros nos quedamos con nuestra dignidad y listo, no hay problema”, expresó Cabello.

En áreas del Caribe, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos reunieron en los últimos meses más de una docena de buques de guerra, el portaaviones más grande del mundo y unos 15 mil soldados como parte de lo que el Pentágono llamó “Operación Lanza del Sur”.

Para los observadores, este es el mayor despliegue estadounidense en la región en décadas, y constituye una amenaza directa contra Venezuela, el actual blanco de la agresiva política exterior del excandidato al Premio Nobel de la Paz en 2025.

En cuanto a los rumores de que ya llegaron los militares estadounidenses, de que van a atacar a Venezuela, de la supuesta salida del presidente Nicolás Maduro y de la huida de autoridades constituyen falsas alarmas que circulan en redes y medios para crear zozobra, alertan publicaciones desde ese país.

Mientras estas versiones alarmistas se viralizan, la realidad en Venezuela muestra paz y normalidad: “En las calles se respira seguridad, alegría y un profundo carácter patriota”, subrayó la periodista y presentadora venezolana Clara Vega.

John Mearsheimer: Hoy países de África, América Latina y Asia pueden decir NO a Washington

Análisis  de John Mearsheimer, profesor de ciencia política en la Universidad de Chicago y teórico de la escuela neorrealista en las relaciones internacionales.

Durante más de 40 años he estudiado cómo suben y cómo caen las grandes potencias. Lo que estoy viendo ahora mismo desafía todo lo que los responsables políticos occidentales creían saber sobre la guerra económica.

El profesor Richard Wolf, uno de los economistas marxistas más respetados de Estados Unidos, acaba de ofrecer el análisis más demoledor que he escuchado sobre el fracaso estratégico de Occidente.

Su advertencia no es una opinión, es la autopsia de un imperio que se está suicidando sin darse cuenta. Las sanciones que se diseñaron para estrangular a Rusia han terminado creando algo mucho peor para Washington y Bruselas. un orden mundial multipolar que cuestiona la hegemonía estadounidense en su raíz misma.

Mientras Occidente celebra victorias tácticas en el terreno militar, Moscú está ganando una guerra completamente distinta, la guerra por desmantelar el dominio del dólar y el control económico occidental. Y lo peor de todo es que la mayoría de los líderes occidentales todavía no se han enterado de que están perdiendo.

Cuando Rusia lanzó su operación militar especial en Ucrania en febrero de 2022, vi a los líderes occidentales cometer exactamente el mismo error fatal que he documentado durante toda mi carrera. confundieron la indignación moral con el pensamiento estratégico.

La respuesta fue inmediata y predecible. El mayor paquete de sanciones de la historia moderna. Congelación de activos, exclusión del sistema Swift, embargo energético, prohibición de exportar tecnología avanzada. El objetivo era clarísimo, estrangular la economía rusa hasta provocar el colapso del régimen.

Como realista, yo sabía que esa estrategia descansaba sobre una suposición peligrosísima, que Rusia no tenía alternativas, pero Richard Wolf vio lo mismo que yo. Occidente no estaba librando la guerra que creía estar librando. Mientras la OTAN se concentraba en la contención militar, Rusia jugaba otro tablero completamente distinto, el desmontaje sistemático de la hegemonía económica occidental.

Y Vladimir Putin estaba a punto de demostrar que el verdadero pilar del poder estadounidense, el dominio del dólar, era mucho más frágil de lo que nadie había imaginado.

El primer shock llegó en cuestión de semanas. El rublo, que los analistas occidentales habían pronosticado que se convertiría en papel mojado, no solo se estabilizó, se fortaleció. A finales de 2022 ya se había apreciado frente al dólar el producto interior bruto ruso que los economistas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial habían vaticinado que se hundiría un 15% o más. apenas se contrajo antes de volver a crecer a ritmos que dejaron en ridículo a todos los que habían apostado por el colapso.

El régimen que se suponía que iba a tambalearse por la presión interna consolidó su poder. La popularidad de Putin, lejos de desplomarse por las penurias económicas, se mantuvo sorprendentemente alta. Los oligarcas que los estrategas occidentales esperaban que se rebelaran contra el Kremlin encontraron, en cambio, nuevas oportunidades y redirigieron sus flujos comerciales.

Pero eso no fue lo más sorprendente. El verdadero terremoto fue estructural. Richard Wolf lo llama adaptación estratégica, el giro sistemático de Rusia hacia lo que hoy los economistas llaman la coalición del sur global ampliado. China, India, Irán, Turquía, Arabia Saudita, Brasil, Indonesia, Emiratos Árabes Unidos, países que representan más de la mitad de la población mundial y una porción creciente del producto interior bruto global.

Lo que más me impresionó fue la velocidad de esa reorientación. Relaciones comerciales que normalmente tardan décadas en construirse se crearon en meses. El comercio bilateral, Rusia-China, creció un 30% solo en el primer año. India multiplicó por más de 700% sus importaciones de petróleo ruso. No eran ajustes temporales, eran cambios permanentes en la geografía económica mundial.

He pasado décadas argumentando que en un sistema internacional anárquico los estados siempre terminan equilibrando el poder contra la potencia dominante. Lo que presenciamos entre 2022 y 2025 fue el reequilibrio de gran potencia más rápido de la historia moderna. Y el catalizador no fue la agresión rusa, fue la sobreactuación occidental.

La ecuación energética lo explica todo a la perfección. Europa, en un ataque de lo que Wolf llama arrogancia moral, se cortó de la noche a la mañana el suministro de gas ruso barato. El suicidio económico fue inmediato y devastador. Cientos de fábricas alemanas cerraron.

La industria francesa empezó a deslocalizarse hacia Estados Unidos y Asia. La competitividad europea se evaporó en cuestión de meses. Los precios de la energía se triplicaron y cuadruplicaron en algunas regiones, empujando a los grandes fabricantes hacia mercados americanos, donde los subsidios y la energía más barata los esperaban con los brazos abiertos.

Vi colapsar cadenas de suministro enteras en tiempo real. Plantas químicas que habían sido rentables durante décadas de repente dejaron de serlo. La producción de acero, la columna vertebral de la industria europea, cayó dígitos dobles. El sector del automóvil, que ya estaba luchando con la transición eléctrica, recibió un golpe adicional con unos costes energéticos que lo hacían cada vez menos competitivo frente a los rivales asiáticos.

Mientras tanto, Rusia redirigió sus flujos energéticos hacia el este con una eficiencia asombrosa. Las importaciones chinas de petróleo ruso alcanzaron niveles récord con Pekín asegurándose contratos a largo plazo a precios descontados.

India se convirtió en el mayor cliente de Moscú fuera de China, aumentando sus compras más de 1000% en 18 meses. Incluso aliados tradicionales de Estados Unidos como Turquía incrementaron discretamente sus importaciones energéticas desde Rusia. Pero lo más importante fue la construcción de nueva infraestructura, la ampliación del gasoducto Fuerza de Siberia.

Nuevas rutas a través de Asia Central, terminales de gas natural licuado orientadas al mercado asiático. Rusia estaba literalmente recableando la red energética euroasiática, alejándola de Europa. El mapa energético de Eurasia se redibujó en meses, no en décadas. Y Europa, que había renunciado voluntariamente a la seguridad energética por simbolismo moral. se encontró en una desventaja permanente en la manufactura global.

Sin embargo, la energía fue solo el principio. La transformación más profunda afecta algo mucho más amenazante para la hegemonía estadounidense, el propio sistema del dólar. Durante 80 años, Estados Unidos ha disfrutado de lo que los economistas franceses llamaron el privilegio exorbitante, la capacidad de imprimir dinero que el resto del mundo está obligado a aceptar porque el comercio internacional se hace en dólares.

Ese sistema ha permitido a Washington financiar déficits gigantescos, mantener presencia militar global y convertir las sanciones en un arma devastadora. Richard Wolf advierte que esa era terminando no por derrota militar, sino por desvío sistémico.

Los países BRICS, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica han acelerado el desarrollo de sistemas de pago alternativos. La organización de cooperación de Shanghai está ampliando su arquitectura financiera y lo más significativo, grandes productores de petróleo están aceptando pagos en yuanes, rublos e incluso rupias en lugar de dólares.

Los números son implacables. En 2021, solo el 2% del comercio Rusia-China se realizaba en sus monedas nacionales. En 2025 esa cifra supera el 75%. Arabia Saudita, el aliado más antiguo de Estados Unidos en Oriente Medio, empezó a aceptar yuanes por sus ventas de petróleo a China, algo que hace unos pocos años habría sido inimaginable.

La ampliación BRICS Plus en 2023 incorporó a Irán, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Etiopía, mientras decenas de países más hicieron cola para entrar. Esto no es simbolismo diplomático, es la institucionalización de una infraestructura financiera no occidental, el nuevo banco de desarrollo como alternativa al Banco Mundial, el sistema de pagos BRICS desafiando el dominio de Swift. Cada acuerdo comercial bilateral que se realiza fuera del dólar es una pequeña grieta en la hegemonía financiera estadounidense, pero el efecto acumulativo es revolucionario.

Cuando suficientes países comercien sin dólares, toda la base del poder económico americano empezará a erosionarse. He calculado la matemática de ese Dexartorius. Si solo el 30% del comercio global se desdolariza, Estados Unidos pierde la capacidad de financiar sus déficits masivos mediante expansión monetaria. Las consecuencias serían austeridad fiscal forzada, recorte del gasto militar y reestructuración fundamental de los compromisos globales estadounidenses.

Observo este proceso con el desapego analítico que exige mi formación realista, pero también con una preocupación creciente. que lo que describe Wolf no es solo una transición económica, es el nacimiento de un orden mundial genuinamente multipolar. Y la historia nos enseña que esas transiciones rara vez son pacíficas. Lo trágico es que todo esto era completamente evitable.

Tras el fin de la Guerra Fría, Occidente tuvo la oportunidad de construir un sistema internacional inclusivo que reflejara las nuevas realidades. En lugar de eso, doblamos la apuesta por la dominación, expansión de la OTAN, coersión económica, operaciones de cambio de régimen, todo para preservar un momento unipolar que siempre fue temporal. La supervivencia de Rusia bajo la presión máxima ha enviado un mensaje al mundo entero. Las armas económicas de Occidente tienen límites. Si Moscú puede soportar las sanciones más duras de la historia y salir más autosuficiente, ¿por qué cualquier otro país debería temer el chantaje económica occidental?

Esa revelación se está extendiendo más rápido de lo que cualquier sanción puede contener. De África a Asia, de América Latina a Oriente Medio, los gobiernos diversifican discretamente sus socios económicos, reducen la dependencia del dólar y construyen relaciones con potencias no occidentales. visto este cambio de primera mano en conferencias académicas y debates de política reciente.

Funcionarios del sur global hablan abiertamente de estrategias de cobertura, mantienen relaciones con occidente, pero expanden alternativas. Nigeria explora ventas de petróleo denominadas en yuanes. Bangladesh aumenta el comercio en rupias con India. Argentina considera seriamente la membresía en los bricks. El patrón es inconfundible.

Los países se preparan para un orden mundial postestadounidense, no mediante revolución, sino mediante un desacoplamiento gradual de los sistemas dominados por Occidente. Richard Wolf lo llama el despertar de la soberanía. Naciones que redescubren que tienen opciones.

El mundo monopolar donde Washington dictaba las reglas está siendo reemplazado por una realidad multipolar donde el poder se distribuye entre varios centros, pero la transformación va más allá de la economía, es psicológica, cultural, civilizacional. Durante tres décadas, los valores, instituciones y modelos de desarrollo occidentales se presentaron como universales e inevitables.

Ahora, caminos alternativos hacia la prosperidad y la gobernanza están demostrando ser viables. La iniciativa de la franja y la ruta de China ha conectado a más de 140 países con inversiones en infraestructura que superan el billón de dólares. A diferencia de la ayuda occidental, que suele venir con condiciones políticas sobre gobernanza y reformas económicas, la inversión china se centra principalmente en infraestructuras tangibles, puertos, ferrocarriles, redes de telecomunicaciones.

Los resultados son visibles en todo el mundo en desarrollo. Ciudades africanas conectadas por ferrocarriles construidos por China. Naciones centroasiáticas enlazadas por gasoductos, países sudamericanos que acceden a mercados del Pacífico gracias a puertos financiados por Pekín. Europa se encuentra entre los grandes perdedores de esta transición, habiendo entregado su autonomía estratégica al liderazgo estadounidense.

Los países europeos descubren ahora que carecen tanto de capacidad militar para defenderse por sí mismos como de flexibilidad económica para adaptarse. El continente que una vez dominó los asuntos globales se ha convertido en un remanso estratégico dependiente de energía estadounidense que cuesta tres veces más que las alternativas rusas que voluntariamente abandonaron.

El impacto psicológico que está sufriendo Occidente es en realidad mucho más profundo y duradero que el económico. Durante tres décadas, desde la caída del muro de Berlín hasta aproximadamente 2022, las élites políticas, académicas y mediáticas de Estados Unidos y Europa vivieron instaladas en una certeza casi religiosa.

Su modelo liberal democrático capitalista era el fin de la historia, la única vía legítima hacia la prosperidad y la libertad. Francis Fukuyama lo formuló con elegancia académica, pero millones lo asumieron como evangelio cotidiano. Esa creencia no era solo ideología, era identidad. Ser occidental significaba pertenecer al bando ganador de la historia, al equipo que había demostrado la superioridad absoluta de su sistema. El resto del mundo se asumía, acabaría pareciéndose a nosotros o quedándose rezagado para siempre.

Richard Wolf no se limitan a enunciar una opinión incómoda. La respalda con una cascada de datos que ningún think tank de Washington puede desmentir sin caer en la caricatura. Su argumento central es demoledor precisamente porque es empírico. El supuesto fin de la historia no era una ley histórica, sino una apuesta ideológica que perdió y la está perdiendo a plena luz del día, en tiempo real delante de todo el planeta.

Empecemos por China, porque es el elefante en la habitación que ya nadie puede ignorar. Desde 1978, cuando Den Shoping abrió la economía sin abrir el sistema político, el Partido Comunista Chino ha sacado a más de 800 millones de personas de la pobreza extrema según los criterios del Banco Mundial. Eso equivale a rescatar en cuatro décadas a una población mayor que toda Europa y Norteamérica juntas.

Lo ha hecho sin multipartidismo, sin prensa libre al estilo occidental, sin separación de poderes, sin elecciones competitivas a nivel nacional y durante mucho tiempo sin mercado de capitales plenamente abierto. lo ha hecho con planificación estatal, con represión selectiva, con censura digital sofisticada y con un modelo de desarrollo que prioriza la estabilidad política por encima de las libertades individuales, tal y como las entiende Occidente.

Y no solo no ha colapsado, se ha convertido en la fábrica del mundo, en el mayor acreedor de Estados Unidos, en el líder mundial, en vehículos eléctricos, en paneles solares, en trenes de alta velocidad, en 5G, en pagos digitales, en patentes registradas per cápita, en áreas estratégicas.

En 2024, el PIB chino ya supera al estadounidense en paridad de poder adquisitivo y según las proyecciones del FMI, la brecha se ampliará en la próxima década. Todo ello bajo un sistema que cualquier manual de ciencia política occidental de los años 90 habría calificado de insostenible a medio plazo. 30 años después, el sistema no solo sigue en pie. define el siglo XXI.

Pero China no está sola. India, la mayor democracia del mundo, según el mantra repetido hasta el cansancio, ha decidido en los últimos 10 años que ser democracia no significa imitar el modelo liberal anglosajón. Bajo Narendra Modi, el país ha abrazado un nacionalismo hindú musculoso, ha restringido libertades de prensa, ha aprobado leyes de ciudadanía que discriminan por religión, ha desactivado internet en Cachemira durante meses y ha perseguido a ONGs y opositores con una agresividad que habría escandalizado a los editorialistas occidentales si el protagonista fuera Venezuela. o Bielorrusia.

Y, sin embargo, la economía crece al 78% anual sostenido. Las Starups Indias levantan más capital riesgo que las británicas o francesas. Las reservas de divisas superan los 650,000 millones de dólares y el país se ha convertido en la quinta economía mundial y según todas las proyecciones será la tercera antes de 2030.

Los países del Golfo, especialmente Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, representan otro desafío aún más irritante para la narrativa occidental. Han construido sociedades de consumo opulentas con esperanza de vida escandinava, tasas de criminalidad bajísimas, infraestructura futurista y estados de bienestar que financian educación universitaria gratuita, sanidad de primer nivel y subsidios energéticos sin necesidad de grabar apenas a sus ciudadanos.

Todo ello sin elecciones, sin partidos políticos, sin sindicatos independientes, con monarquías absolutas hereditarias y con sistemas legales que mezclan la Sharia con el capitalismo más salvaje. Dubai y Riyadh atraen más talento expatriado que muchas capitales europeas. Sus fondos soberanos compran trozos enteros de Silicon Valley, de la Premier League y de los puertos europeos.

Y lo hacen mientras Occidente les sermonea sobre derechos humanos sin que en la práctica nadie se atreva a tocarles un pelo, porque el petróleo, el gas y el dinero siguen mandando. Vietnam es quizá el caso más quirúrgico.

Un país gobernado por el mismo Partido Comunista que ganó la guerra contra Estados Unidos mantiene hoy una de las economías de mayor crecimiento del planeta, 6 8% anual, fábricas de Samsung, Intel y Nike, tratados de libre comercio con la Unión Europea, con el Reino Unido y con el CPTP y una tasa de aprobación de su gobierno que ronda el 90% según encuestas independientes.

Vietnam ha duplicado su PIB per cápita en apenas 15 años. ha reducido la pobreza extrema del 70% al menos del 5% y lo ha hecho sin permitir oposición política real, con censura estricta y con un modelo que combina planificación quinquenal con apertura selectiva al capital extranjero.

Vietnam es hoy el contraejemplo perfecto para quienes decían que sin democracia liberal no hay desarrollo sostenido. lo hay y además compite directamente con los países que inventaron esa frase. Rusia merece un capítulo aparte porque su caso es el que más ha herido el orgullo occidental en los últimos 3 años.

En febrero de 2022, los líderes europeos y estadounidenses anunciaron casi con regocijo el Armagedón financiero contra Moscú. Biden habló de convertir el rublo en escombros. La UE prometió que la economía rusa retrocedería décadas. Más de 15,000 sanciones después. El régimen más duro, jamás impuesto a un país grande.

Los resultados son los siguientes. Rusia creció un 3,6% en 2023 y proyecta otro 3% en 2024 según el FMI más que Alemania, Francia o Reino Unido. El desempleo está en mínimos históricos, 2,9%. El rublo, tras una devaluación inicial, se ha estabilizado y hoy es más fuerte frente al euro que antes de la guerra.

Rusia ha desplazado a Arabia Saudita como mayor exportador de petróleo a China e India. Vende más trigo que nunca, casi 50 millones de toneladas anuales. Ha puesto en marcha la ruta del Ártico. Ha firmado acuerdos de gas a 30 años con Pekín y ha visto como países que en teoría debían aislarla. Turquía, India, Brasil, Sudáfrica, Indonesia han multiplicado su comercio bilateral.

Y no es solo supervivencia, es demostración práctica de que el sistema financiero occidental no es tan omnipotente como se creía. El Swift ya no es la guillotina universal. Existen alternativas. SPFS ruso, CPS chino, UP indio.

El dólar sigue siendo dominante, pero ya no es incuestionable. El 20% del comercio petróleo gas ruso se hace en rublos o yuanes y la tendencia crece. Países que antes temblaban ante la amenaza de sanciones secundarias hoy observan que Rusia no solo no se ha hundido, sino que ha reorientado su economía hacia el sur global con una rapidez que ha sorprendido incluso a sus aliados.

Cada uno de estos casos, China, India, Golfo, Vietnam, Rusia, funciona como un ariete contra la arrogancia ideológica que dominó el discurso occidental desde 1989. No se trata de que estos modelos sean moralmente superiores.

Muchos tienen sombras profundas, represión, desigualdad, corrupción, autoritarismo. Se trata de que funcionan lo suficientemente bien como para que cientos de países en desarrollo saquen una conclusión devastadora. No necesitamos copiar el modelo occidental para prosperar. Podemos elegir nuestro propio camino, mezclar tradición y modernidad, estado y mercado, autoritarismo y eficiencia, identidad cultural y apertura económica y salir adelante. Esa es la verdadera herejía.

Durante 30 años, Occidente vendió la idea de que sus instituciones eran la única receta válida, que sin elecciones multipartidistas, sin prensa libre, sin justicia independiente, sin derechos individuales, tal y como los define la carta de la ONU de inspiración occidental, un país estaba condenado al estancamiento o al caos.

La evidencia empírica de 2025 destroza esa pretensión y lo hace no con teorías, sino con rascacielos en Shanghái, trenes Bala en Arabia Saudita, fábricas en Hanoi, silos de grano en Rostov y fondos soberanos que compran el mundo. El impacto psicológico es brutal porque ataca la raíz misma de la identidad colectiva occidental postguerra fría.

Si nuestros valores no son universales, si otras civilizaciones pueden prosperar sin adoptarlos, entonces, ¿qué nos hace especiales? ¿Qué justifica seguir predicando, sancionando, interviniendo, condicionando préstamos del FMI, exigiendo reformas políticas a cambio de ayuda? La respuesta honesta es nada. Y esa respuesta es intolerable para una élite que construyó toda su legitimidad sobre la certeza de ser el faro moral y práctico de la humanidad. Por eso la reacción no es racional, es visceral. Se responde con negación.

China colapsará en cualquier momento, con demonización. Todos son regímenes autoritarios con dobles raseros. Las violaciones de derechos humanos en Riad no son como las de Caracas y cada vez más con una militarización del lenguaje y de la política.

Porque cuando la fe en la superioridad del modelo se rompe, lo único que queda para mantener la sensación de control es la fuerza. Y ahí está el verdadero peligro que Wolf señala entre líneas. La historia no perdona a los imperios. que se niegan a leerla. Cuando Atenas perdió su ventaja económica, intentó compensarlo con la guerra del Peloponeso.

Cuando España dejó de recibir oro americano, se lanzó a guerras religiosas que la arruinaron cuando el imperio británico vio que no podía competir industrialmente con Alemania y Estados Unidos. Optó por la Primera Guerra Mundial antes que aceptar un mundo multipolar.

Hoy Estados Unidos y sus aliados europeos se enfrentan al mismo dilema y los síntomas de desesperación están por todas partes. Estos ejemplos no son excepciones ni anomalías, son la nueva normalidad.

El mundo del siglo XXI no va a parecerse a Washington o Bruselas. va a parecerse a sí mismo, diverso, híbrido, pragmático, a veces autoritario, a menudo caótico, pero definitivamente no subordinado. Y cuanto antes lo aceptemos, menos dolorosa será la transición, porque la alternativa no es mantener el viejo orden, eso ya es imposible. La alternativa es decidir si el nuevo orden nacerá de la cooperación. o de la confrontación.

Y la historia, una vez más, no espera a que los hegemonías en declive terminen de procesar su duelo. Cuando un imperio pierde la fe en su propia superioridad moral, pierde también la capacidad de justificar su dominio. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos podía decirse a sí mismo y al mundo que luchaba contra el totalitarismo comunista. Tras 1991 esa justificación desapareció y fue sustituida por una nueva, la defensa de la comunidad internacional basada en reglas.

Pero, ¿qué pasa cuando la mayoría del planeta deja de aceptar que esas reglas fueron escritas por y para Occidente? ¿Qué legitimidad tiene seguir imponiendo sanciones secundarias, bloquear activos soberanos o amenazar con intervención militar cuando el argumento ya no convence ni siquiera a aliados tradicionales como Turquía, India o Brasil?

Esa crisis existencial está empujando a la política exterior occidental hacia una deriva cada vez más agresiva y desesperada. Vemos como el lenguaje se militariza. Ya no se habla de competencia, sino de amenaza existencial. China no es un rival económico, es una amenaza sistémica. Rusia no es una potencia regional con intereses legítimos, es el mal absoluto. Irán, Cuba, Venezuela, Corea del Norte, todos son reducidos a caricaturas para evitar tener que reconocer que simplemente persiguen sus propios intereses nacionales sin pedir permiso a Washington.

Y aquí entra el peligro que más me preocupa como estudioso de la seguridad internacional. Los hegemonos en declive tienden a ser especialmente peligrosos, precisamente cuando sus instrumentos preferidos, económicos, financieros, culturales, empiezan a fallar.

La historia está llena de ejemplos. El imperio británico, incapaz de aceptar la independencia india por medios pacíficos, reprimió con violencia extrema hasta que le resultó insostenible. El imperio austrohúngaro se lanzó a la Primera Guerra Mundial antes que aceptar su disolución gradual.

Japón, estrangulado por el embargo petrolero estadounidense, optó por Pearl Harbor antes que renunciara a su esfera de influencia en Asia. Alemania, humillada por Versalles y asfixiada por la crisis económica, eligió el camino del rearme y la guerra total. Hoy vemos síntomas inquietantemente similares.

El arsenal económico que durante décadas permitió a Estados Unidos disciplinar al mundo, el dólar como moneda de reserva, Swift como arma financiera, el acceso privilegiado a sus mercados. Está perdiendo eficacia a pasos agigantados. Los países desvaloricen sus reservas, crean sistemas alternativos de pago, firman acuerdos comerciales que excluyen deliberadamente a Estados Unidos y Europa.

El BRICS Plus ya es más grande en PIB ajustado por paridad de poder adquisitivo que el G7. Y lo más importante, lo hacen sin pedir permiso y sin que Occidente pueda detenerlo. Cuando un hegemón ve que su poder blando se evapora y su poder duro es cuestionado, la tentación de usar la fuerza militar crece exponencialmente, no porque sea racional, sino porque es lo único que le queda para demostrar que todavía manda.

Vemos ya los ensayos. expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas, a pesar de las advertencias explícitas. Despliegue de misiles en Asia Pacífico apuntando directamente a China. Ejercicios militares cada vez más provocativos en Taiwán y el mar del sur de China. Apoyos sin límites a Israel incluso cuando cruza todas las líneas rojas internacionales. Amenazas constantes contra Irán.

Richard Wolf propone una alternativa radicalmente distinta, aceptar la multipolaridad y en lugar de resistirla ayudar a gestionarla de forma cooperativa. Eso significaría, por ejemplo, reformar el Consejo de Seguridad de la ONU para incluir de forma permanente a India, Brasil, Sudáfrica y quizá una representación musulmana y otra africana.

Crear un nuevo Breton Woods que refleje el peso económico real del siglo XXI en lugar de aferrarse a cuotas diseñadas en 1944. Aceptar que el dólar dejará de ser la única moneda de reserva y trabajar en un sistema de múltiples monedas que evite el chantaje financiero.

Reconocer esferas de influencia legítimas. Rusia en su extranjero cercano, China en el mar del sur de China, India en el océano Índico, Irán en Oriente Medio. Abandonar la pretensión de exportar la democracia liberal por la fuerza y aceptar que diferentes civilizaciones pueden organizarse de formas distintas sin que eso constituya automáticamente una amenaza.

Esto requiere una humildad que la élite estadounidense ha mostrado muy pocas veces en su historia. La última vez que Washington aceptó algo parecido fue en 1972, cuando Nixon y Kissinger viajaron a Pekín y reconocieron que China continental era la China real, rompiendo con dos décadas de negación. Fue un acto de realismo brutal que evitó una confrontación mayor y permitió 30 años de crecimiento pacífico. Hoy haría falta un gesto de esa magnitud, pero multiplicado por 10, porque la alternativa es sombría.

Si Occidente sigue aferrándose al unipolarismo muerto, la fragmentación económica se acelerará. Bloques comerciales enfrentados. Guerras arancelarias permanentes, cadenas de suministro militarizadas, carrera armamentística en nuevas tecnologías, IA, espacio, ciber y sobre todo el riesgo real de conflicto directo entre potencias nucleares.

No hace falta imaginar escenarios apocalípticos. Basta mirar el nivel de tensión actual en Ucrania, Taiwán y Oriente Medio para entender que estamos caminando por el filo de la navaja. La resiliencia rusa ha sido el catalizador que ha hecho saltar por los aires el mito de la omnipotencia económica occidental.

Lo que debía ser una demostración de fuerza, aislar completamente a Rusia se ha convertido en una demostración de debilidad. El rublo no colapsó. Colapsó el precio del gas en Europa. Las reservas rusas no se agotaron. Se agotó la paciencia de Alemania con su propia desindustrialización.

Y mientras Occidente se desgarraba debatiendo si enviar tanques o aviones, el resto del mundo observaba y sacaba conclusiones. Si ni siquiera pueden doblegar a Rusia, ¿qué esperanza tienen contra China? Ese es el verdadero cambio tectónico.

No es solo que Rusia haya sobrevivido, es que su supervivencia ha legitimado estrategias de resistencia que antes se consideraban suicidas. Hoy países de África, América Latina y Asia entienden que pueden decir no a Washington sin que necesariamente les ocurra lo que le ocurrió a Irak o Libia. Pueden comerciar en sus propias monedas. Pueden firmar acuerdos con Pekín o Moscú. pueden abstenerse en la ONU sin que eso signifique el fin del mundo y lo hacen.

Estamos, por tanto, ante el final de una era, no porque Occidente vaya a desaparecer, seguirá siendo rico, innovador y poderoso, sino porque ya no será el centro indiscutido del mundo. La tragedia de las grandes potencias, como decía Tucidides, no es que caigan, es que suelen arrastrar al resto consigo cuando se niegan a aceptar su nuevo lugar.

El profesor Richard Wolf nos ha lanzado una advertencia clara y documentada. No es profecía, es análisis. El viejo orden se derrumba. Queramos o no. La cuestión ya no es si aceptaremos la multipolaridad, es si lo haremos con inteligencia y grandeza, o si por orgullo herido y nostalgia imperial tropezaremos hacia una catástrofe que nadie ganará. El reloj corre, el mundo avanza, con o sin nosotros.

La era del dominio estadounidense incontestado terminó. Ahora toca decidir si el siguiente orden internacional será de cooperación entre iguales o de confrontación entre ruinas. La decisión, por primera vez en décadas, no está solo en manos de Washington y eso, paradójicamente es la mayor esperanza y el mayor peligro de todos.

La voz de Nayirah: la mentira que se usó para la intervención de EE.UU. en Irak

Nayirah Al-Sabah, la adolescente kuwaití que contó ante el congreso de EE.UU. la historia del robo de incubadoras y asesinato de bebés en octubre de 1990. | C-Pan

En 1990 ocurrió lo que todavía se considera uno de los hitos modernos de la propaganda utilizada para justificar un conflicto armado. Todo empezó con el testimonio de una niña kuwaití de 15 años ante el Congreso de EE.UU.

Su declaración se produjo en agosto, tras la invasión de Kuwait por parte de Irak, mientras el presidente estadounidense George H.W. Bush abogaba por una intervención militar e intentaba convencer a la opinión pública y a los legisladores.

El 10 de octubre de ese año, ante un Grupo parlamentario del Congreso sobre Derechos Humanos, la adolescente, entre sollozos, declaró que acababa de salir de Kuwait y que, cuando su familia se marchó del país, ella había decidido quedarse para ayudar como voluntaria en el hospital Al Adan.

 

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«Estando allí, vi a los soldados iraquíes entrar al hospital con sus armas de fuego, sacar a los bebés de las incubadoras, llevarse las incubadoras y dejar a los bebés morir en el frío suelo. Fue horrible», relató.

Sus palabras fueron decisivas. El 17 de enero de 1991, tan solo tres meses después de esas declaraciones, EE.UU. lanzó la Operación Tormenta del Desierto junto a una coalición internacional, lo que dio lugar a la Guerra del Golfo, que concluyó con la retirada iraquí y la liberación de Kuwait el 28 de febrero del mismo año.

La declaración de Nayirah

La joven de 15 años que compareció ante la Cámara se presentó solo por su nombre de pila: Nayirah. En aquel momento se afirmó que no se aportarían su apellido ni otros datos personales como medida de protección para ella y su familia ante posibles represalias iraquíes.

Las declaraciones fueron retransmitidas por todo el país y citadas después, de manera reiterada, por senadores y por el propio presidente Bush en sus alegatos a favor de iniciar un conflicto militar.

La adolescente no era una menor cualquiera. Una vez concluido el conflicto, se supo que su nombre completo era Nayirah Al-Sabah y que era hija del embajador de Kuwait en EE.UU., Saud Nasser Al-Sabah.

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También se descubrió que su testimonio formó parte de una campaña organizada por la asociación Ciudadanos por una Kuwait Libre y dirigida por la firma estadounidense de relaciones públicas Hill & Knowlton, contratada por el Gobierno de Kuwait.

Nadie lo comprobó

El testimonio de Nayirah significó un punto de inflexión para la opinión pública estadounidense sobre su apoyo a la guerra, al convertir a Sadam Hussein en un «monstruo» capaz de llevar a cabo las mayores atrocidades.

En ese entonces, habían pasado solo 15 años del fin de la guerra de Vietnam y los estadounidenses todavía eran muy reacios a la participación en cualquier conflicto en el exterior. Además de una opinión pública contraria, en el Congreso los votos estaban muy divididos y no había certeza de que se pudiera conseguir el apoyo para una intervención armada.

Wally McNamee / Corbis / Gettyimages.ru

En ese escenario, el testimonio de Nayirah fue clave y empujó la balanza a favor de la intervención. Nadie se molestó entonces en averiguar si sus afirmaciones eran ciertas.

No solo los medios nacionales e internacionales validaron la historia, sino que también la dieron por buena organizaciones como Human Rights Watch (HRW) e incluso Amnistía Internacional (AI), que llegó a dar la cifra de 300 bebés asesinados en ese inexistente atentado.

Ni en Kuwait había ese número de incubadoras, ni existía ningún otro testigo o prueba que respaldara las afirmaciones de Nayirah. Pero nadie indagó.

Primera guerra televisada

La Guerra del Golfo se considera como la primera guerra televisada en directo, pero con una cobertura por parte de los medios radicalmente diferente a lo que sucedió en Vietnam. Se inauguró la época de los periodistas empotrados, es decir, grupos de reporteros que se trasladaban con las tropas estadounidenses y que solo veían lo que estas querían mostrar.

Así, a pesar de que el mundo entero contempló imágenes en directo del lanzamiento de misiles, en realidad no había ojos sobre el terreno que pudieran comprobar o refutar las afirmaciones de las autoridades. Y los descubrimientos, como el del falso testimonio de Nayirah, se desvelaron mucho después.

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Con la información totalmente controlada, el Pentágono lanzó mensajes que nadie pudo refutar, como supuesto el uso de bombas teledirigidas que impactaban siempre en el blanco, mostradas en ruedas de prensa, dando una imagen aséptica del conflicto. Sin embargo, la realidad era otra. El 93 % de los explosivos utilizados para atacar Irak eran bombas convencionales no guiadas.

No fue hasta que acabó la intervención militar cuando se realizaron investigaciones en todos los hospitales del país, incluido el citado por Nayirah, que desvelaron que la escena narrada y tan difusamente publicitada nunca existió.

Décadas de presencia estadounidense

La guerra del Golfo dio inicio a décadas de presencia estadounidense, que se afianzaría a partir de 2003 con la guerra del Irak. En la actualidad, miles de soldados y contratistas militares que aún continúan en ese país.

El tipo de propaganda utilizada por Bush padre fue perfeccionada años después por su hijo, George W. Bush, quien esgrimió hasta la saciedad la existencia de armas de destrucción masiva en poder de Hussein, con el único objetivo de respaldar su invasión de Irak.

La operación dejó a Irak sumido en una cruenta guerra civil, mientras nunca se halló rastro de las supuestas armas.

Así, la supuesta defensa del derecho internacional y las denuncias de supuestas violaciones de derechos humanos se revelaron como la carta favorita de EE.UU. para forzar intervenciones y controlar los recursos naturales de un país como Irak, que tiene la quinta mayor reserva probada de petróleo del mundo y cuya reconstrucción posterior reportó ingentes beneficios a multitud de compañías estadounidenses.

Los socorristas de Gaza excavan en busca de otros 10.000 cadáveres más bajo los escombros

Cerca de Al Saha, en el este de la ciudad de Gaza el ejército israelí bombardeó una casa, matando a más de 30 miembros de una familia extensa. La mayoría de sus cuerpos quedaron atrapados bajo los escombros.

 

Un equipo de la fuerza de Defensa Civil de Gaza de Al Shaghnobi sacó a dos jóvenes muertas de la casa bombardeada y siguió excavando, arrastrándose bajo pisos colapsados. “No nos hundimos a menos que alguien esté vivo”, dijo uno de ellos. “De lo contrario, cavamos desde arriba, techo por techo”. Lo que siguió fue un descenso a algo onírico y horrible.

“Caminamos 12 metros bajo los escombros”, dijo. “Cada metro, el aire crecía menos. Me arrastré más allá de las piernas, los brazos, el cuerpo de un niño abrazando a su madre muerta. Sentí que el suelo temblaba de los bombardeos de arriba”. Desde lo más profundo de los restos, el equipo escuchó a una joven llamando: “Estoy aquí. Estoy aquí”.

La Fuerza de Defensa Civil es un grupo de operaciones de emergencia y rescate administrado por el Ministro del Interior palestino. Después de dos años de genocidio israelí, tiene un estimado de 900 personas y ha perdido aproximadamente el 90% de su capacidad operativa, dijeron los trabajadores de Defensa Civil a The Intercept. En ausencia de equipo pesado, los equipos de defensa civil utilizan herramientas simples como martillos, hachas y palas. Sin excavadoras o equipos pesados, una sola recuperación puede tardar días.

Los trabajadores locales de defensa civil estiman que todavía hay 10.000 cuerpos enterrados bajo los escombros. “Lo que nos motiva”, dijo Al Shaghnobi, “es que cuando escuchas una voz, incluso una, sabes que hay vida. Eso es suficiente para hacerte arriesgar la vida para recuperar esta alma viva”.

Cuando Al Shaghnobi finalmente llegó a Malak, estaba inconsciente sin pulso. Sus ojos se abrieron, con las piernas azules, había fallecido. “Traté de despertarla, pero ya era demasiado tarde”, dijo Al Shaghnobi. “Estaba en un momento de absoluta quietud, y no podía oír nada más que mi propio aliento”.

Con 24 años Al Shaghnobi ha pasado ya siete años trabajando para la fuerza de Defensa Civil de Gaza. Como muchos de sus colegas, come y duerme en su lugar de trabajo. La casa de su familia en el área de Tal Al Hawa, en el oeste de la ciudad de Gaza, fue destruida en los últimos días de la guerra, y su familia sigue desplazada en el sur. “La gente piensa que el alto el fuego significa que podemos respirar”, dijo. “Pero para nosotros, el final de la guerra es el comienzo de la verdadera guerra: sacar a los muertos”.

Al Shaghnobi cree que el cadáver de su tía se encuentra entre los 10.000 cuerpos que permanecen sin ser recuperados. Grandes regiones como Shujayaa y partes de Rafah todavía son inaccesibles. Las fuerzas israelíes están estacionadas allí, marcando las áreas como “zonas amarillas”. Los equipos de defensa civil no pueden llegar a ellos. “Apenas recuperamos algunos cuerpos durante este alto el fuego”, dijo Al Shaghnobi. “No tenemos maquinaria. En algunas áreas sabemos que hay cientos bajo los escombros, pero no podemos ir”.

Alaa Khammash, de 25 años, dijo que se siente terrible cuando su equipo de Defensa Civil no puede rescatar a alguien. “Cuando me envían a una misión, siento la responsabilidad de terminarla. Simplemente no puedo parar a mitad de camino”, dijo. Podemos tardar de 10 a 12 horas en recuperar un solo cuerpo si está debajo de un techo o pared colapsado. “A veces no podemos recuperar el cuerpo ya que necesitamos equipo pesado”.

Los años de genocidio han dejado a Al Shaghnobi entumecido. “Al comienzo de la guerra, no podíamos mirar los cuerpos”, dijo Al Shaghnobi. “Cerramos los ojos al recuperarlos. En medio de la guerra, los envolvíamos en sudarios blancos como si fuera una rutina diaria. Al final de la guerra, mis emociones se volvieron más derrotistas. La acumulación de presión hizo difícil tocar los cuerpos”.

“Los cuerpos se encuentran en varios estados: descompuestos, no descompuestos, quemados o incluso evaporados, a veces es solo un cráneo o un esqueleto”, agregó. “La textura del cuerpo es suave y lisa cuando se encuentra”. Los miembros del equipo de defensa civil usan un uniforme especial, guantes y máscaras debido al olor de los cuerpos en descomposición.

Los cuerpos se descomponen rápidamente cuando están en el sol, dice Khammash. “Ocurre cuando están expuestos, sujetos al sol y al aire. La descomposición lenta ocurre cuando el cuerpo está bajo un techo o protegido del aire y la luz solar”.

El olor puede hacer que Al Shaghnobi pierda el apetito durante días. Durante seis meses, ha luchado con problemas digestivos. Una vez, durante el Ramadán, “estuve ayunando”, dice Al Shaghnobi: “Tiramos de un cuerpo que había estado bajo los escombros durante un año en el hospital Al Shifa. Estaba medio descompuesta. El olor me golpeó, mi visión se difuminó, casi me derrumbé”.

“Identificamos la ubicación de los mártires durante el día en función de las manchas de sangre, los huesos y los cráneos”, explica. “Contamos con las familias de los mártires. Llaman a nuestro equipo, a menudo proporcionando su propio costo personal para honrar y enterrar a sus seres queridos”.

Sin pruebas de ADN, los trabajadores identifican cuerpos a partir de ropa, zapatos, anillos, relojes, implantes metálicos, identificaciones y dientes de oro. Los cuerpos desconocidos, a menudo solo cráneos o esqueletos, van a un cementerio para anónimos. Después de recuperar los cuerpos, los trabajadores de la Defensa Civil escriben un documento detallado que describe el área, el ángulo, el edificio, la medición de la altura y la ubicación del entierro, todos escritos en la cubierta para que las familias puedan identificar el cuerpo más tarde.

A veces, las familias insisten en ver los restos para creer que su ser querido se ha ido. “La gente acepta la muerte con más facilidad”, explicó Al Shaghnobi, “cuando ven el cuerpo”.

“Moví a mi amigo de una tumba a otra”, dijo, recordando un nuevo entierro. “Era sólo un cráneo. Seguí pensando, este es el fin de cada persona. Huesos”. Recuperar el cuerpo de una persona implica una extraña paradoja emocional, dijo Mohammad Azzam, de 27 años. “Se siente bien porque los encontraste”, dijo, “pero es malo porque están descompuestos. Un sentimiento que no puedo explicar”.

Las familias a menudo esperan cerca, y cuando el equipo saca el cuerpo, sus reacciones están marcadas por un dolor intenso y abrumador. “Cuando encontramos a alguien, por lo general están medio descompuestos”, dijo Azzam. “La cara es irreconocible. Solo un zapato, una billetera, una pulsera te dice quiénes eran”.

Los trabajadores navegan por estos momentos traumáticos mientras viven los horrores del genocidio en sus propias familias y hogares. Khammash, como Al Shaghnobi, ahora vive en el trabajo: su casa en el este de la ciudad de Gaza se encuentra peligrosamente cerca de la presencia militar israelí.

En el trabajo un día, Khammash relata que recibió una temida llamada de un amigo: “Me dijeron que mi hermano había resultado herido en el sur, cerca del punto de distribución de ayuda estadounidense, y llevado al Hospital Al Awda en Nuseirat. Llamé a un amigo mío que trabaja como enfermero allí, y me dijo que mi hermano había muerto”. Fue insoportable. “Mi hermano no era solo mi hermano, era mi amigo más cercano, solo un año más joven que yo”, comentó. “Compartimos todo, nos entendimos sin hablar. Fuimos a todas partes juntos. Es ese tipo de pérdida que nunca te deja, y la separación es el dolor más duro”.

“La muerte es segura”, dijo Khammash. “Como dijo Allah: toda alma probará la muerte. Y como musulmanes, entendemos que lo que viene después es mucho mejor que lo que soportamos aquí”.

Durante el alto el fuego, los equipos de rescate reciben llamadas constantes: un vecino informa de un olor, una familia pide ayuda para recuperar a su ser querido, un edificio se está derrumbando, una extremidad ha surgido a través de los escombros, las moscas que se reúnen en una esquina revelan lo que se encuentra debajo.

Khammash ha comenzado a sentir la muerte como una presencia, no como un evento. “Nos rodea”, dijo. “Tal vez somos los próximos. Aceptamos el plan de dios, pero aún así, dentro de nosotros, amamos la vida”.

Una de las misiones más difíciles que Khammash ha tenido bajo el alto el fuego fue en una torre bombardeada en el barrio de Al Rimal. Una mujer estaba viva en algún lugar debajo del piso superior derrumbado, gritando, pero los rescatistas no pudieron localizarla. “Estaba ocuro”, recordó. “Seguí moviendo mi luz, tratando de entender de dónde venía su voz”. De repente, estaba debajo de él. “Había puesto mi pie junto a su cabeza sin darme cuenta. La sacamos con vida”.

La recuperación más larga que Khammash haya trabajado tardó un día completo: sacar a Marah Al Haddad, una niña enterrada debajo de varios pisos en el área de Al Daraj hace un mes. “Aún estaba viva cuando la alcanzamos”, dijo. “Había estado respirando polvo y explosivos. Mi colega Abdullah Al Majdalawi y yo seguimos llamando: ‘¿Dónde estás, Marah?’ Y ella respondió: ‘Estoy aquí. Estoy aquí’”.

“Cuando nos vio, la esperanza volvió a su cara”, dijo. “Lo que nos mantiene en marcha es traer a alguien de vuelta de la muerte”.

Huda Skaik https://theintercept.com/2025/11/28/gaza-palestine-ceasefire-rubble-bodies/

Orbán: «La única solución es que Ucrania vuelva a ser un Estado tapón»

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, afirmó que Ucrania debe convertirse en un «Estado tapón» entre la frontera oriental de la OTAN y Rusia para garantizar una paz duradera en el continente europeo.

 

«La única solución duradera posible consiste en que el orden de posguerra se construya sobre el principio fundamental de que Ucrania vuelva a ser el Estado tapón que fue en su día», explicó el líder húngaro en una entrevista al periódico alemán Die Welt, publicada este viernes.

«Todo lo que quede al oeste de esa línea —hasta la frontera oriental de la OTAN— constituiría el territorio del Estado ucraniano, que volvería a existir como Estado tapón», continuó.

En ese sentido, Orbán argumentó que, tras la ampliación de la OTAN en Europa del Este, se fijaron los límites de la Alianza Atlántica en la región, y, en consecuencia, la neutralidad de Kiev. «Eso garantizaba la seguridad militar de Europa y el equilibrio militar que constituía la base de la paz», expresó.

«Abandonar las ilusiones y afrontar la realidad»

Al mismo tiempo, el mandatario aseveró que hay que «abandonar las ilusiones y afrontar la realidad«, que se resume en el plan de paz estadounidense de 28 puntos. Según él, los países europeos deben aceptar que Rusia se reintegrará a la economía global, con las sanciones siendo levantadas gradualmente y los activos congelados rusos utilizados para crear fondos de inversión ruso-estadounidenses.

Asimismo, advirtió a los líderes occidentales de que hay que poner fin al conflicto ucraniano lo más pronto posible, argumentando que «el tiempo juega a favor de Rusia, no de Ucrania».

Israel prolonga agresión con ofensiva militar en Cisjordania

Las fuerzas de ocupación israelíes patrullan las calles de la Gobernación de Tubas bajo un toque de queda impuesto, en la cuarta jornada de agresión militar. Foto: EFE.

La gobernación de Tubas, ubicada en el norte de la Cisjordania ocupada, enfrenta por cuarto día consecutivo una brutal agresión militar por parte de las fuerzas de ocupación israelíes. A pesar de los informes de retiradas parciales en zonas como el campo de refugiados de Al-Far’a y la localidad de Tammun, la ofensiva general persiste, demostrando la escalada de violencia y el castigo colectivo impuesto por el ejército de ocupación contra la población civil palestina.

Medios confirmaron que los ataques militares se concentran en la propia ciudad de Tubas, la ciudad de Aqaba al norte y la aldea de Tayasir al este. La retirada nocturna de Al-Far’a, que se había reportado después de un intenso operativo, no significó el cese de las hostilidades, sino un mero reposicionamiento táctico en un asedio que se mantiene activo en múltiples frentes.

La incursión está marcada por operativos a gran escala de allanamiento de viviendas, especialmente en la ciudad de Tubas, donde se reportó que varias casas fueron forzosamente ocupadas por el ejército israelí para ser convertidas en cuarteles militares temporales. Esta táctica no solo viola la privacidad de los hogares palestinos, sino que también utiliza propiedades civiles como bases de avanzada para la represión en el terreno.

Las cifras de víctimas y detenidos reflejan la magnitud del asalto. Según la Sociedad de Asuntos de Detenidos Palestinos en Tubas, el número de heridos que requirieron atención médica superó las 166 personas, siendo el motivo principal las violentas palizas propinadas por los soldados. De este total, cerca de 60 individuos tuvieron que ser trasladados a hospitales para recibir tratamiento especializado.

En el ámbito de la represión, la Sociedad registró cerca de 200 detenciones a lo largo de los cuatro días de asedio. Aunque la mayoría de los jóvenes fueron liberados poco después, estas detenciones masivas y arbitrarias se utilizan como una herramienta de intimidación y coacción contra la resistencia popular y la población. En el campo de refugiados de Al-Far’a, por ejemplo, fueron detenidos 29 jóvenes, quedando uno bajo custodia militar.

Mientras la agresión militar israelí continúa sin tregua, las fuerzas de ocupación mantienen la imposición de un estricto toque de queda que afecta a la totalidad de la gobernación. Esta medida restringe la movilidad de los habitantes, paraliza la vida diaria y obstaculiza las labores de los equipos médicos y humanitarios, intensificando las dificultades que enfrentan los palestinos bajo el asedio constante.

Gas, guerra y despojo: los intereses energéticos detrás del genocidio en Gaza

Yul Jabour*.— El genocidio en Gaza ejecutado por el Estado sionista de Israel desde el 7 de octubre de 2023 forma parte de la estrategia estadounidense y europea de reconfiguración regional conocida como el «Nuevo Medio Oriente». Su objetivo es debilitar al eje de resistencia antisionista, consolidar a Israel como potencia militar y asegurar el control de las principales fuentes de energía y rutas comerciales para el gran capital.

El sionismo, creado y promovido originalmente por los colonialismos británico y francés en el siglo XIX, y luego financiado por Estados Unidos y sus aliados europeos, ha sostenido un proyecto de limpieza étnica desde la creación del ente sionista en 1948. La ofensiva iniciada en 2023 constituye uno de los episodios más atroces registrados en la historia contemporánea.

La Oficina de Medios del gobierno en Gaza informó que entre octubre de 2023 y octubre de 2025 fueron asesinadas o desaparecidas bajo los escombros más de 76.600 personas, el 60% mujeres y niños. Al menos 2.605 palestinos fueron asesinados y más de 19.000 heridos mientras buscaban ayuda humanitaria.

La destrucción de infraestructura alcanza el 90%, con 80% de la población desplazada, producto de los ataques aéreos, artilleros y terrestres, así como del bloqueo total que cortó electricidad, agua, combustible y bienes básicos. Zonas residenciales, escuelas, hospitales y campamentos de refugiados han sido sistemáticamente bombardeados.

Mientras Gaza es arrasada y sometida a crímenes de guerra y de lesa humanidad —con bombardeos constantes y el corte total de electricidad, agua y combustibles—, el ministro de Energía israelí anunciaba que BP y ENI habían comprometido «inversiones sin precedentes» para la exploración de gas natural. Una vez más, combustibles fósiles, capital y guerra se combinan en la ecuación que caracteriza las intervenciones imperialistas contra los pueblos.

En el año 2000, Yasser Arafat anunció el descubrimiento de los primeros yacimientos frente a la costa de Gaza, denominados Gaza Marine. Esta zona, perteneciente a la cuenca del Levante Mediterráneo, alberga una de las mayores reservas mundiales de gas en aguas marinas, suficiente para abastecer a cien millones de personas durante más de dos décadas. Según un informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU), estos yacimientos se extienden principalmente frente a Palestina e Israel, y en menor medida hacia Líbano y Egipto. El informe subraya que, al tratarse de un sistema subterráneo interconectado, las reservas deben considerarse un recurso compartido, por ello, recomienda una explotación conjunta bajo una fórmula justa de reparto, otorgando a los palestinos una participación mayoritaria tanto en los yacimientos bajo su subsuelo como en la parte correspondiente de las reservas compartidas.

Paralelamente a los hallazgos palestinos, Israel inició sus propias exploraciones junto a la petrolera estadounidense Noble Energy. Entre 2009 y 2010 se confirmó la existencia del enorme yacimiento de gas Tamar. Su desarrollo, valorado en 3.000 millones de dólares, fue financiado por bancos como JP Morgan, Citigroup, Barclays y HSBC. En 2012, Noble Energy y sus socios firmaron un contrato para suministrar gas a Israel por 14.000 millones de dólares durante 15 años, ampliable a 23.000 millones. Luego se suscribió otro acuerdo por 32.000 millones. Estos proyectos transformaron radicalmente la matriz energética israelí: hasta entonces, el país dependía de las importaciones de gas y carbón, y necesitaba adquirir el 70% del gas que consumía (40% proveniente de Egipto). Para 2018, Tamar ya generaba el 60% de la electricidad de Israel. En 2020, Chevron adquirió el 30% del proyecto al comprar Noble Energy. Aunque los yacimientos están mar adentro, la plataforma de procesamiento de Tamar opera a solo 10 kilómetros al norte de Gaza.

Luego llegó un descubrimiento aún mayor: el yacimiento Leviatán, cuyas instalaciones comenzaron a construirse en 2017 al comprobarse que contenía reservas capaces de cubrir el consumo de Israel durante 40 años. Su entrada en funcionamiento en 2020 consolidó el vuelco energético: Israel pasó de ser una isla energética dependiente del exterior a convertirse en exportador neto. Las exportaciones se dirigen principalmente a Egipto y Jordania, fortaleciendo su posición de poder regional y explicando, en parte, la inacción de estos gobiernos frente a la tragedia palestina. En junio de 2022, La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, firmó un acuerdo para importar gas israelí como alternativa al gas ruso, que se transportaría por el gasoducto submarino frente a Gaza hacia Egipto, donde se convertiría en gas natural licuado y luego sería enviado a Europa. Además de los beneficios económicos, esto amplió la capacidad de presión israelí sobre la UE.

En plena catástrofe humanitaria, en noviembre de 2023, la Comisión Europea publicó una nueva lista de proyectos energéticos prioritarios, incluyendo el gasoducto EastMed. Este proyecto, oficialmente llamado EuroAsia Interconnector, pretende conectar la ciudad israelí de Hadera, a 106 kilómetros al norte de Gaza, con Grecia a través de Chipre. El gasoducto será alimentado por los yacimientos chipriotas, por Leviatán y, posiblemente, por Gaza Marine.

Mientras tanto, Gaza Marine permanece intacto bajo las aguas frente a un territorio que hoy no tiene acceso a ningún tipo de combustible. Tras la operación «Plomo Fundido» en 2008, las negociaciones entre Palestina e Israel se rompieron definitivamente y Tel Aviv asumió el control efectivo de las aguas jurisdiccionales palestinas, militarizando la costa y confiscando los yacimientos, en abierta violación del derecho internacional.

Además del gas, en Cisjordania se encuentra el yacimiento petrolero Meged, con reservas estimadas en 1.500 millones de barriles, cuyo valor supera los 100.000 millones de dólares. Aunque el 80% del campo se ubica en territorio palestino, Israel lo explota sin compensación alguna.

A ello se suma el resurgimiento del proyecto israelí del canal Ben Gurión, propuesto en 1956, que conectaría el golfo de Aqaba con el Mediterráneo como alternativa al Canal de Suez. Sería un canal más largo que el egipcio, cuya ruta prevista pasa cerca de la frontera norte de Gaza. Algunos analistas señalan que Israel podría incluso trazar el canal atravesando Gaza. De concretarse, este corredor alteraría las dinámicas del comercio mundial, otorgándole a Israel una importancia estratégica inédita.

El 10 de octubre se anunció un supuesto alto al fuego en Gaza, promovido por Estados Unidos y respaldado por Turquía, Egipto y Qatar. Pero lejos de ser un acuerdo de paz, este mecanismo constituye una extensión del llamado «Plan del Siglo»: pretende transformar la Franja de Gaza en un protectorado estadounidense de facto y dejar intacta la ocupación israelí sobre toda Palestina, en particular sobre un territorio cuya riqueza energética ha sido sistemáticamente confiscada.

Este acuerdo no busca la paz: es parte integral de los proyectos imperialistas para rediseñar «un nuevo Medio Oriente», asegurar el control de las rutas estratégicas y blindar el acceso a los yacimientos de gas del Levante. En esta lógica, el régimen israelí —responsable de la devastación de Gaza y del expolio energético de toda Palestina— queda completamente indemne, protegido por quienes se benefician de su papel como enclave militar y energético en la región.

* Yul Jabour es Secretario General del Comité de Solidaridad Internacional (COSI). Este artículo apareció publicado en la edición de noviembre de Tribuna Popular.

Premios de comunicación en Etiopía reconocen su aporte a la región

Durante dos días esta capital acoge la entrega de los galardones de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD) bajo el lema “Narrativas para la acción climática: por una región segura, resiliente y estable”.

El jefe de la Misión del ente africano aquí, Abebaw Bihonegn, expresó en la ceremonia de inauguración que la selección de Addis Abeba como sede de la edición 2025 destaca sus aportes en el desarrollo verde y regional.

Bihonegn subrayó que las historias podrían contribuir a forjar el futuro del Cuerno de África de maneras sin precedentes.

Como encuentro histórico que reúne a profesionales de los medios de comunicación de los Estados miembros de la IGAD, constituye una celebración excepcional de la excelencia mediática y periodística que inspira la acción colectiva por el clima y la resiliencia en la región, añadió.

Por su parte, el titular de Estado de Medio Ambiente, Cambio Climático, Población y Desarrollo del Ministerio de Planificación y Desarrollo de Etiopía, Seyoum Mekonnen, agradeció a la IGAD por traer un evento mediático tan emblemático en un momento en que el país asume un liderazgo proactivo en la acción climática.

Al respecto, Mekonnen mencionó el programa nacional de reforestación Legado Verde, la Gran Presa del Renacimiento Etíope e importantes inversiones en los sectores de la energía solar, eólica y geotérmica.

Señaló que los medios de comunicación podrían desempeñar un papel crucial en el impulso de la acción climática colectiva, fomentando una sólida concienciación pública mediante la organización de una comunicación activa, estratégica y coherente sobre temas candentes de la agenda.

Asimismo, podrían moldear y promover el compromiso continuo de África y la región con las soluciones basadas en la naturaleza, con la contribución activa de países como Etiopía, esta última considerada un centro regional de energía verde, limpia y renovable con cero emisiones netas, concluyó.

Establecido como parte del compromiso de la IGAD para promover los medios de comunicación éticos, responsables e impactantes, los galardones honran a los periodistas, profesionales de los medios y narradores que contribuyen a la paz, el desarrollo y la integración regionales.

Cada año, destacan un tema apremiante, alineado con las prioridades estratégicas del ente africano, que van desde la paz y la seguridad hasta la resiliencia climática, precisó un comunicado de prensa.

Macron miente sobre Rusia y vuelve a hacer el ridículo

 

Tan solo este año, se han inaugurado más de 1.600 colegios y casi 1.700 guarderías en el país euroasiático, mientras que, en los últimos 6 años, se han puesto en funcionamiento unos 7.000 centros de salud, entre salas de maternidad, clínicas y hospitales. Parte de estas obras se edificaron en los nuevos territorios rusos, constatan Juan Cortez, Veróniсa Lygina y Víctor Ternovsky, presentadores de la última edición de Nicaragua-Rusia: Línea Directa entre Radio Sandino y Sputnik.

Otros temas abordados en el pódcast son los estragos del injusto modelo económico occidental sobre la transición energética verde, el error estratégico de Kiev y sus aliados europeos en oponerse a la paz con Rusia, así como el callejeo por América Latina y el Caribe de representantes del Departamento de Guerra estadounidense.

Nicaragua-Rusia: Línea directa
Abróchate el cinturón para un vuelo exprés sobre el Atlántico. ‘Nicaragua-Rusia: Línea Directa’, es una producción conjunta entre Radio Sandino y Sputnik, recorrido por la actualidad de América y Eurasia, junto a los conductores del programa: Juan Cortez, Veróniсa Lygina y Víctor Ternovsky.

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