E l jefe del Estado Mayor, Carl-Johan Edström | Puolustusvoimat - Försvarsmakten
Las Fuerzas Armadas de Suecia planean la adquisición de misiles capaces de alcanzar objetivos en el interior de Rusia para así cumplir con los objetivos generales de la OTAN en materia de capacidad militar, indica el canal SVT, citando un informe del Ejército.
El documento menciona misiles balísticos con un alcance de 2.000 kilómetros, que podrían utilizarse contra territorio ruso en caso de un hipotético «ataque de Rusia contra la OTAN», sostiene el jefe del Estado Mayor, Carl-Johan Edström.
«Puede afectar todo, desde sus sistemas de gestión y sensores hasta su infraestructura crítica», aseveró el alto mando.
«¿Qué clase de disparate es ese?»
Moscú ha subrayado en reiteradas ocasiones que no tiene ninguna intención de atacar a los países occidentales. El propio presidente Vladímir Putin calificó el mes pasado de «tontería» pensar que Rusia se plantee atacar a los países de la OTAN. «Cálmense, duerman tranquilos, ocúpense, por fin, de sus propios problemas», expresó.
El mandatario afirmó ya antes, en junio, que «esa leyenda de que Rusia planea atacar a Europa, a los países de la OTAN, es justo la mentira inverosímil que buscan hacer creer a la población de los países de Europa occidental».
«Que vamos a atacar a la OTAN. ¿Qué clase de disparate es ese? Todos entienden que es un disparate y le mienten a su propia población para asegurarse de sacar dinero del presupuesto», criticó.
Asimismo, recordó el líder que el gasto militar de Rusia no se puede comparar con el gasto en defensa de la Alianza Atlántica, y que la población europea prácticamente duplica a la rusa.
El encuentro de Anchorage entre los presidentes de Rusia y de Estados Unidos, realizado el 15 de agosto de 2025, definió los principios del plan de paz para Ucrania.
El encuentro de Anchorage entre los presidentes de Rusia y de Estados Unidos, realizado el 15 de agosto de 2025, definió los principios del plan de paz para Ucrania.
Thierry Meyssan (Red Voltaire).— El conflicto en Ucrania parece estar llegando a su fin. Los presidentes de Rusia y Estados Unidos se pusieron de acuerdo sobre la aplicación de un plan de 28 puntos, siguiendo el modelo del que el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó para poner fin al conflicto entre Israel y el mundo árabe.
Los principios directores de ese plan para Ucrania fueron aprobados personalmente por los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin, el 15 de agosto en Anchorage (Alaska). Los detalles se negociaron en Miami, del 24 al 26 de octubre, entre el estadounidense Steve Wikoff y el ruso Kiril Dimitriev, pero el plan no fue revelado oficialmente hasta el principio de la semana pasada, al secretario del Consejo de Seguridad y Defensa de Ucrania, Rustem Umerov, antes de que ese individuo huyera a Qatar. El cabecilla del régimen de Kiev, Volodimir Zelenski –cuyo mandato presidencial ya está ampliamente expirado– no tuvo conocimiento de ese plan hasta el 20 de noviembre, cuando el secretario de las fuerzas terrestres de Estados Unidos, Dan Driscoll, y los generales Randy George, jefe del estado mayor de las fuerzas terrestres estadounidenses, y Chris Donahue, jefe de las fuerzas militares de Estados Unidos en Europa y África, viajaron a Kiev para presentárselo.
Durante los 3 últimos meses, las fuerzas rusas han bombardeado a las unidades de los nacionalistas integristas (que el Kremlin designa como “banderistas” o “neonazis”) que operan bajo las órdenes de Andriy Biletsky, quien se hace llamar el “fuhrer blanco” y que ya ha perdido una tras otra la batalla de Mariupol (en mayo de 2022), la de Bakmout/Artiomovsk (en diciembre de 2023) y ahora la de Pokrovsk (en noviembre de 2025).
El 11 de noviembre, el Departamento de Estado estadounidense dio la luz verde para se revelara al público la Operación Midas, una gran investigación del Buró de Lucha Anticorrupción de Ucrania (NABU), en la que colaboran 80 inspectores estadounidenses. La Operación Midas ya ha dado lugar a las dimisiones de 2 ministros –el ministro de Justicia Herman Halushchenko y la ministro de Energía Svetlana Grynchuk–, a la huida del ya mencionado Rustem Umerov, actualmente en Qatar, y parece inminente la renuncia del director de la administración presidencial Andriy Yermak. O sea, Volodimir Zelenski va quedándose solo y se ve obligado a aceptar el plan de paz que le envió Donald Trump o huir el también.
Aunque se ha tratado de hacer creer lo contrario, Zelenski no se atrevió a tratar de modificar las condiciones del plan de paz que los estadounidenses le entregaron el 20 de noviembre. Sólo ha intentado agregarle una amnistía, pero no para los crímenes de guerra sino para los casos de corrupción.
Los ucranianos que quedan en Ucrania –un tercio de la población ucraniana ha huido del país, una mitad de esos emigrados ucranianos se ha ido a Rusia y la otra mitad está en la Unión Europea– se han volteado contra Zelenski, ya que lo habían elegido porque prometía poner fin a la corrupción y ahora descubren que la ha incrementado a un nivel nunca visto. En noviembre, se registraron en toda Ucrania verdaderos motines contra los reclutadores del ejército. Hasta los nacionalistas integristas han llegado a la conclusión de que Zelenski ya no puede ayudarlos a hacer realidad el apocalíptico proyecto de acabar con los eslavos –los nacionalistas integristas ucranianos se creen descendientes de los vikingos– y están buscando la manera de derrocarlo.
Los Estados miembros de la Unión Europea, entidad empeñada en mantener la guerra contra Rusia, no pueden aceptar ahora el plan de paz que plantea Washington y que no es otra cosa que una capitulación. Esos Estados de la UE se dan cuenta súbitamente de que su sueño de debilitar a Rusia no está llamado a convertirse en realidad. Ya se hace evidente que el fin del régimen de Kiev será probablemente el preludio de la caída de los responsables europeos que lo han respaldado.
En efecto, ha llegado el momento de revisar las cuentas. La Unión Europea desembolsó inicialmente 1 000 millones de euros en dinero contante y sonante. Su Comité Militar creó después una Cámara de Compensación que permitía al régimen de Kiev escoger el armamento que quería en los arsenales de los países miembros de la Unión Europea. Y finalmente la UE puso a la disposición de Ucrania sus propios medios, como sus satélites. A medida que iba pasando el tiempo, la Unión Europea desembolsaba más y más fondos, hasta llegar a los 3 000 millones de euros que asignó a Kiev este verano.
Y no hay que creer que todo ese gasto es imputable sólo a los funcionarios de la Comisión Europea. El 1º de marzo de 2022, el Parlamento Europeo, cuyos miembros se eligen por sufragio universal, organizó una sesión en la que Volodimir Zelenski habló a los eurodiputados por video conferencia. Y Zelenski les recitó el punto de vista de la OTAN, que ignora los acuerdos de Minsk y cataloga la operación militar especial rusa contra los nacionalistas integristas ucranianos, iniciada en aplicación de la resolución 2202 del Consejo de Seguridad de la ONU, como una «agresión militar ilegal, no provocada e injustificada». Fue el Parlamento Europeo el que adoptó una resolución (P9_TA(2022)0052) que abrió el camino al apoyo total de la UE al régimen de Zelenski.
Cuando el presidente Trump y el vicepresidente Vance zarandearon a Zelenski en la Oficina Oval, el 28 de febrero de 2025, varios gobiernos europeos se concertaron sobre la cuestión de Ucrania. Se multiplicaron las idas y venidas entre París y Londres, que competían entre sí por la dirección de una “coalición de voluntarios”. En definitiva, los británicos ganaron la carrera. El gobierno del Reino Unido formó una alianza militar con los países del Báltico (Dinamarca, Estonia, Finlandia, Islandia, Letonia, Lituania, Noruega, Países Bajos y Suecia) y asoció Ucrania a ese grupo de países, el 5 de noviembre. En realidad se trata de una especie de “OTAN dentro de la OTAN”, bajo la dirección del Reino Unido.
Francia, aunque no participa en esa alianza alrededor del Reino Unido, se mantiene muy presente en el tema de Ucrania. Pero esa presencia francesa se limita al plano de las “posturas” sin llegar al ámbito de la acción. El 17 de noviembre, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y Volodimir Zelenski firmaron en París una “declaración de intención” según la cual Francia fabricará –cuando sea posible– y venderá a Kiev 100 aviones de combate Rafale. Al día siguiente, el 18 de noviembre, el jefe del estado mayor de los ejércitos de Francia, el general Fabien Mandon, dijo ante un congreso de alcaldes que los franceses tienen que aceptar «perder sus hijos» en una guerra contra Rusia, que él considera inminente.
El 21 de noviembre, un Volodimir Zelenski presa del pánico se comunicó por teléfono con sus “padrinos”: el presidente francés Emmanuel Macron, el canciller alemán Friedrich Merz y el primer ministro británico Keir Starmer. Según la presidencia de Francia, estos dirigentes europeos subrayaron, una vez más, que «todas las decisiones con implicaciones para los intereses de Europa y de la OTAN tiene que contar con el apoyo conjunto y el consenso de los socios europeos y de los aliados de la OTAN respectivamente».
Todos se reunieron, el 22 de noviembre, en Johannesburgo (Sudáfrica), al margen de la cumbre del G20, sin la presencia de… Donald Trump y Vladimir Putin. La Declaración Final sólo evocaba la cuestión ucraniana en una frase evasiva: «Guiados por los objetivos y principios de la Carta de la ONU en su totalidad, trabajaremos por una paz justa, completa y duradera en Sudán, en la República Democrática del Congo, en los territorios palestinos ocupados, en Ucrania, al igual que por poner fin a otros conflictos y guerras a través del planeta». Esta afirmación banal no justificaba ese tipo de reunión. Al mismo tiempo, los europeos se concertaron entre bambalinas para elaborar una contrapropuesta.
La prensa europea se limita a presentar el plan ruso-estadounidense como «favorable a Moscú». Pero eso no es cierto ni es el centro de la cuestión. El plan, para quienes se han tomado el trabajo de leerlo [1], prevé que la península de Crimea y las dos Repúblicas de la región de Donbass (Donetsk y Lugansk) sean reconocidas como territorios rusos. ¡Pero ya era así ANTES de la guerra! También prevé que el resto de la Novorossiya se comparta siguiendo la línea del frente. En otras palabras, quedarán en manos de Ucrania la mayor parte de los territorios de Jerson y de Zaporijia, así como el puerto de Odesa, cuya posesión habría permitido a Rusia establecer una continuidad territorial con Transnistria, otro territorio cuya población también ha expresado su voluntad de unirse a la Federación Rusa.
Por otra parte, el plan impone que el ejército ucraniano, que hoy cuenta 800 000 efectivos, se reduzca a 600 000 y que renuncie a la posesión de los misiles de largo alcance, capaces de llegar hasta Moscú –misiles que Ucrania supuestamente no tiene actualmente. En eso consistía el debate sobre los misiles Tomahawk estadounidenses y los misiles Taurus alemanes. Ucrania también renunciaría a ser miembro de la OTAN, pero las potencias europeas de la OTAN podrían estacionar aviones de combate en Polonia.
Desde el punto de Rusia, lo más importante es otra cosa: la desnazificación del régimen de Kiev. Ese es para Rusia un objetivo fundamental que los países de la OTAN siempre han preferido ignorar. La desnazificación supone la aplicación en cada país de un programa educativo sobre la cultura del otro país, como el que se aplicó en Francia y en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial.
Por consiguiente, Moscú alcanza los objetivos por los cuales luchó, aunque sin lograr lo que desde hace mucho tiempo ha venido reclamando: el regreso de la OTAN a sus “fronteras” de 1991. Eso seguirá siendo una fuente de conflicto. La Unión Europea debería estar consciente de ello, y no sorprenderse si el enfrentamiento se mantiene en ese aspecto.
Por el lado estadounidense, Washington se compromete a levantar las “sanciones” contra Rusia y reintegrar esa potencia al G8, hoy convertido en “G7”.
Ciertamente, el presidente Donald Trump está a punto de lograr, finalmente, sacar su país del avispero. Pero lo hace para poner a la Unión Europea ante sus propias responsabilidades.
La reconstrucción de Ucrania, evaluada en 200 000 millones de dólares, sería financiada, en un 50% por la Unión Europea, quedando el otro 50% a cargo de Rusia: cada una de esos dos partes desembolsaría 100 000 millones de dólares. La parte de Rusia saldría de los fondos rusos congelados durante el conflicto. Habría una supervisión por parte de Estados Unidos, que obtendría la mitad de los ingresos generados por esas inversiones.
Como punto final, Ucrania tendría que renovar su compromiso de no fabricar armas nucleares y la electricidad generada en la central nuclear de Zaporijia se compatiría a la mitad entre Ucrania y Rusia.
Pero nadie ha mencionado lo más duro: la Unión Europea (y por consiguiente la OTAN) tendrá que reconocer que la intervención de Rusia en Ucrania no fue una «agresión militar ilegal, no provocada e injustificada»… sino la aplicación legítima de la resolución 2202 del Consejo de Seguridad de la ONU, un acto conforme a la Carta de las Naciones Unidas y al derecho internacional.
Ahora cada cual tendría que proceder a un examen de conciencia. En la Unión Europea, todos alimentaron esta guerra, cuyo número de víctimas ni siquiera se conoce con precisión. Los altos funcionarios de la UE actuaron dejándose llevar por la arrogancia, la altanería, la soberbia y la desmesura; los gobiernos de los países miembros de la UE actuaron como un rebaño de corderos y los pueblos europeos creen ser la encarnación de la paz.
Lo más importante ahora será tomar conciencia de estas verdades y, si eso sucede, esa toma de conciencia podría provocar la caída de los regímenes que quisieron «poner a Rusia de rodillas» y que se obstinaron en tratar de alcanzar ese objetivo espurio.
China es un “socio importante para Alemania y una potencia clave en el orden mundial” afirmó el canciller alemán, Friedrich Merz, desde la cumbre del G20, quien también señaló la ausencia de EEUU como una decisión desacertada.
En declaraciones publicadas por el portal Syria TV, el funcionario reveló que la decisión fue adoptada durante la reciente visita a Pekín de una delegación encabezada por el ministro de Asuntos Exteriores, Assad Hassan Shaybani.
Salibi Calificó el viaje del jefe de la diplomacia siria como el inicio de “una nueva era” en la política exterior de Siria, marcada por el relanzamiento del comercio bilateral y la revitalización de las misiones diplomáticas.
A su juicio, los contactos sostenidos en los últimos meses allanaron el camino para una agenda más amplia con China, quinto miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, cuyo respaldo considera esencial para evitar crisis de veto en torno al dossier sirio.
Salibi recordó que antes de 2011 el intercambio comercial superaba los mil 500 millones de dólares, cifra equivalente a casi el 9 por ciento del presupuesto nacional, y subrayó que el país en reconstrucción necesita con urgencia productos, empresas y tecnología del gigante asiático.
Añadió que Pekín prometió una donación millonaria de ayuda humanitaria y dio instrucciones para acelerar los preparativos administrativos y logísticos de la reapertura de su sede diplomática en Damasco.
En relación con informaciones difundidas por AFP sobre la supuesta entrega de 400 combatientes uigures a China, Salibi desmintió categóricamente la versión y aseguró que “ese asunto no fue discutido ni planteado en ningún momento”.
El subdirector explicó que las empresas interesadas en participar en la reconstrucción requieren conversaciones detalladas con Pekín sobre seguridad, zonas de trabajo y el funcionamiento de la embajada.
Atribuyó asimismo la reciente postura china en el Consejo de Seguridad, sin vetos a resoluciones favorables a Siria, al avance sostenido de los acuerdos bilaterales y al interés de Pekín en garantizar la seguridad de sus ciudadanos e inversiones en territorio sirio.
Finalmente, Salibi reiteró las declaraciones del presidente Ahmed Shara y del canciller Shaybani, según las cuales Siria no representará una amenaza para ningún Estado, incluida China, y su territorio no será utilizado contra terceros.
Fuentes diplomáticas rusas reconocen que el hecho de que Washington haya incorporado a Driscoll, una figura con acceso directo al gabinete de seguridad de Trump, indica que la Casa Blanca está dispuesta a ofrecer concesiones operativas para acercar posiciones. Foto: @Publico.es
Las negociaciones internacionales sobre el conflicto ucraniano entraron esta semana en una fase inesperadamente acelerada y caótica. Tras varios días de reuniones tensas en Ginebra, la Administración de Donald Trump aseguró haber alcanzado con Kiev un “marco de paz actualizado y refinado”, lo que abrió paso a un nuevo movimiento diplomático: el envío del secretario del Ejército, Dan Driscoll, a Abu Dabi para reuniones presenciales con una delegación rusa.
La maniobra marca el intento más directo de Washington por implicar a Moscú en un esquema negociador que pretende ser validado por los tres actores clave.
Driscoll llegó a Emiratos Árabes Unidos el lunes y, según confirmó su portavoz, mantiene desde entonces conversaciones con representantes rusos con el objetivo de “alcanzar una paz duradera”. El encuentro generó sorpresa tanto en Kiev como en Moscú, ya que la ciudad del Golfo estaba inicialmente destinada a una cita entre los jefes de inteligencia militar de Ucrania y Rusia para abordar “otro asunto”.
La irrupción del enviado estadounidense alteró el formato y, de facto, colocó a Washington como mediador central en un proceso que hasta hace poco parecía bloqueado.
La diplomacia estadounidense sostiene que Kiev ha mostrado una postura constructiva ante el documento reformulado en Ginebra, que fue reducido de 28 a 19 puntos tras intensas discusiones. Aunque funcionarios estadounidenses afirmaron que Ucrania “ha acordado el plan de paz”, el régimen que encabeza Volodímir Zelenski ha matizado esa afirmación: existe es un “entendimiento común sobre los términos centrales”, pero quedan detalles sensibles por resolver.
Entre ellos, las concesiones territoriales, que se prevé se discutan directamente entre Zelenski y Trump en una reunión bilateral prevista para noviembre, aunque sin fecha confirmada aún.
En paralelo, ambas partes acordaron retirar del borrador los elementos que no están directamente vinculados al fin del conflicto, como la arquitectura de seguridad europea, la relación futura entre EE.UU. y Rusia o el debate sobre la ampliación de la OTAN. En esencia, el texto busca concentrarse exclusivamente en un cese de hostilidades, garantías de seguridad y mecanismos de verificación.
El canciller Serguéi Lavrov advirtió que Moscú solo considerará aceptable un documento que respete los entendimientos previos alcanzados entre Putin y Trump en Anchorage (Alaska). Para el Kremlin, cualquier desviación del “espíritu y la letra” de aquel encuentro constituye un escenario “fundamentalmente distinto” e inaceptable.
Fuentes diplomáticas rusas reconocen que el hecho de que Washington haya incorporado a Driscoll, una figura con acceso directo al gabinete de seguridad de Trump, indica que la Casa Blanca está dispuesta a ofrecer concesiones operativas para acercar posiciones.
Mientras se suceden las conversaciones, el terreno militar continúa deteriorándose para Ucrania. Horas antes de la llegada de las delegaciones a Abu Dabi, Rusia lanzó un ataque masivo con más de 460 drones y 22 misiles balísticos contra varias ciudades ucranianas, incluida Kiev. Poco después, Ucrania lanzó 250 drones contra objetivos civiles en territorio ruso.
Para la Administración Trump, estos contactos representan una oportunidad de consolidar un triángulo diplomático directo entre Washington, Kiev y Moscú, desplazando parcialmente el papel de Europa en las negociaciones y confirmando que la Casa Blanca aspira a controlar el ritmo y el marco de cualquier acuerdo.
Para Ucrania, en cambio, se abre una ventana ambivalente: un eventual pacto podría estabilizar la situación militar, pero también implicaría aceptar compromisos difíciles bajo la supervisión de un Presidente estadounidense que ha amenazado con reducir la ayuda si Kíev “no coopera”.
El tablero se mueve aceleradamente, y Abu Dabi podría convertirse en el escenario donde se defina si el “entendimiento preliminar” se transforma en un acuerdo político formal o si las tensiones entre Washington y Moscú vuelven a bloquear todo.
El presidente estadounidense, Donald Trump | Evan Vucci / AP
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este martes cambios en su plan de paz.
«El plan de paz original de 28 puntos, que fue redactado por Estados Unidos, ha sido afinado, con aportes adicionales de ambas partes, y solo quedan algunos puntos de desacuerdo», escribió en Truth Social.
Agregó que, con la esperanza de finalizar el acuerdo, ha dirigido a su enviado especial, Steve Witkoff, a reunirse con el presidente ruso, Vladímir Putin, en Moscú, y al secretario del Ejército, Dan Driscoll, a hacer lo mismo con la parte ucraniana.
También expresó su voluntad de reunirse con Putin y Zelenski, «pero solo cuando el acuerdo para poner fin a esta guerra esté cerrado o en sus etapas finales».
El plan de Trump y las reacciones que ha generado
El plan de Trump, revelado la semana pasada, incluye el reconocimiento de Crimea y el Donbass como territorio ruso legítimo, la renuncia de Kiev a varias categorías claves de armamento, y garantías de que Ucrania cederá a Rusia toda la región del Donbass, otorgará a la lengua rusa el estatus de idioma estatal y reconocerá formalmente a la hoy perseguida Iglesia ortodoxa ucraniana canónica (UPTs).
Además, se contempla que Ucrania no entre en la OTAN, el levantamiento gradual de las sanciones impuestas a Rusia y la celebración de elecciones presidenciales en Ucrania 100 días después de que el documento entre en vigor, así como la reducción del número de efectivos del Ejército ucraniano.
El presidente ruso, Vladímir Putin, declaró este lunes que las propuestas de Washington «pueden servir como base para un acuerdo de paz definitivo».
A su vez, CBS News informó este martes con referencia a un funcionario estadounidense con conocimiento del asunto que el régimen de Kiev «aceptó un acuerdo de paz» estadounidense. En este contexto, Zelenski indicó que quiere reunirse con Trump para tratar «cosas sensibles» del plan.
Alfredo Jalife Rahme.— El fétido “asunto Epstein” resultó mucho más que un vulgar erotismo al irrumpir en el máximo nivel de la ciberestrategia.
El caso del pedófilo jázaro Jeffrey Epstein representa el núcleo operativo de una genuina política de la mayor letalidad que epitomiza la tríada eterna del poder integral: sexo/dinero/poder.
Drop Site [1] –con sede en Washington, fundada por ex colaboradores de The Intercept que expone abusos de poder y desinformación–, a raíz de la parcial exhumación de nuevos documentos del House Oversight Committee de Estados Unidos, ata cabos que parecían inconexos e impensables de Jeffrey Epstein con sus correligionarios banqueros Rothschild, las frecuentes y consabidas visitas del ex premier y ex ministro de defensa israelí, el lituano ashkenazi Ehud Barak, y “la industria de ciber-armas israelíes”.[2].
Dejo de lado la forma en que se conectaron Jeffrey Epstein, el jázaro polaco Leon Black de Apollo Global Management, la salvadoreña-alemana Ariane de Rothschild (viuda del banquero Benjamín de Rothschild) y la jázara Cynthia Fanny Renée Tobiano Rozenblum (vicedirectora del Grupo Edmond de Rothschild), para centrarme en las puertas revolventes del eje erotismo/espionaje/chantaje/banca globalista/ciber-armas.
El “soplón” Distributed Denial of Secrets [3]develó las tratativas financieras entre Epstein y Rothschild para «recaudar fondos para el desarrollo de las ciber- armas israelíes» a cargo del ex premier y ex ministro de defensa israelí Ehud Barak y su pupilo Pavel Gurvich, «graduado de la Unidad 81, unidad Tecnológica Secreta del ejército israelí».
También soslayo los lazos crapulosos de Epstein con la jázara Kathryn Ruemmler, asesora legal de Obama, quien fue el pionero de las “ciber-armas”, en especial, el “gusano” Stuxnet [4] que saboteó la planta nuclear de Natanz en Irán, bajo el esquema de “Juegos Olímpicos”.
No fue nada anormal que luego Kathryn Ruemmler haya pasado a servir al banco de origen israelí Goldman Sachs. Tampoco es gratuito que hayan salido a relucir los megabancos globalistas J.P. Morgan y Deutsche Bank en sus lazos metafinancieros con Epstein. Los lucrativos negocios holísticos de Epstein necesitaban el manejo de grandes bancos lubricantes como J.P. Morgan, Goldman Sachs, Deutsche Bank y Rothschild.
Existe apabullante literatura sobre los nexos del Mosad con Epstein y su concubina Ghislaine Maxwell (hija de Robert Maxwell, desaparecido misteriosamente en alta mar) [5].
El portal iraní PressTV titula que «Jeffrey Epstein usó el imperio de la Banca Rothschild para financiar la industria de ciberarmas de Israel» [6].
Por lo que se desprende, la pedofilia y el tráfico sexual constituían la carnada para atraer a la más alta clase política de Estados Unidos (el ex director de la CIA William Burns, el polémico empresario Bill Gates, ex presidentes, etc.) y hasta la realeza de Gran Bretaña (v.gr. el ex príncipe Andrew), donde los instrumentos ciberofensivos «incluyeron la red de vigilancia Tor, el software de piratería informática para teléfonos móviles al estilo-NSO y tecnologías de explotación de routers».
El maridaje de Southern Trust Company, propiedad de Epstein, y Reporty Homeland Security (ahora Carbyne), de Ehud Barak, contó con el apoyo financiero de la banca globalista, en especial de la banca Rothschild.
El compromiso del pedófilo Jeffrey Epstein con el “Gran Israel” llegó hasta operar la Primera Cumbre de Ciberguerra de Israel en la Conferencia Herzliya de 2014 [7], apadrinada por la Fundación Rothschild Caesarea y contó con la conspicua participación del jázaro ex primer ministro y ex ministro de Defensa de Israel, Ehud Barak.
¡La cibermilitarización globalista de la pedofilia!
Las organizaciones denunciaron que una agresión contra Venezuela es una agresión contra quienes defienden la independencia, la justicia y la paz en la región. Foto: EFE
Organizaciones sociales en México denunciaron que el reciente despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe constituye una amenaza directa para la soberanía de los pueblos de la región y un nuevo capítulo del intervencionismo impulsado por la Administración de Donald Trump.
Juan Carlos Tovar, coordinador de la Unión Popular de Vendedores, señaló la víspera que las amenazas de Washington sobre bombardear a grupos del narcotráfico y enviar tropas a territorio mexicano —bajo el argumento de combatir a cárteles que pretende catalogar como organizaciones terroristas— reflejan una injerencia histórica que se mantiene intacta, un intento de resucitar la Doctrina Monroe.
Ante este escenario, las organizaciones convocaron para el jueves 27 de noviembre una jornada nacional de movilización contra el intervencionismo militar estadounidense.
Tovar informó que ese día se realizará un mitin frente a la embajada de Estados Unidos, bajo las consignas: “Paz y justicia para el pueblo mexicano. Paz y justicia para los pueblos del continente y del mundo. Unidad nacional popular frente al imperialismo y el fascismo”.
Por su parte, el Movimiento de Liberación Nacional – Nuevo País sostuvo que cualquier ataque contra Venezuela representa una afrenta a la soberanía de toda América Latina.
Su coordinador, Marcos Tello, afirmó que “una agresión contra Venezuela es una agresión contra quienes defendemos la independencia, la justicia y la paz en la región”. Asimismo, destacó que 18 países latinoamericanos participarán en la jornada continental de protesta contra la política intervencionista de Washington.
Tello explicó que, como parte de esta iniciativa, se impulsará una campaña informativa con el fin de fortalecer la articulación entre movimientos sociales. Este proceso —dijo— se enlaza con los preparativos para el Congreso de Movimientos Sociales en Caracas y el Congreso de la Clase Obrera, espacios que consideran claves para consolidar un frente común en defensa de la soberanía.
Por su parte, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, expresó su respaldo a Venezuela frente a las amenazas estadounidenses y reiteró que su Gobierno sostiene una postura invariable.
“Nosotros siempre vamos a estar a favor de la autodeterminación de los pueblos, de la solución pacífica de cualquier conflicto y de no injerencismo ni intervención. No estamos de acuerdo con ello. Entonces el diálogo y la paz siempre deben guiarnos”, aseguró.
Sheinbaum insistió en que el diálogo y la paz deben prevalecer, al tiempo que llamó a respetar la soberanía de todas las naciones del continente.
Jorge Enrique Jerez Belisario(Granma).— Amaneció en la tierra agramontina con tono gris, como si la naturaleza supiera de la solemnidad del momento, y el pueblo de Camagüey comenzó a congregarse frente al Salón Jimaguayú, en el corazón de la Plaza de la Revolución Ignacio Agramonte y Loynaz. Un sitio que guarda, entre sus silencios, el eco de una noche histórica: la del primero de diciembre de 2016, cuando las cenizas del Comandante Fidel Castro reposaron allí, en su viaje final hacia Santiago de Cuba.
Hoy, el homenaje no era de despedida, sino de permanencia. Desde muy temprano, de manera serena y constante, miles de camagüeyanos llenaron los alrededores de la plaza. No hizo falta convocar con insistencia; la cita era con la memoria. Llegaron familias completas, jóvenes, trabajadores, combatientes de mirada firme y pioneros con pañoletas azules y rojas. Cada rostro contaba una historia ligada a Fidel.
Encabezó este tributo el presidente del Consejo de Defensa Provincial, Walter Simón Noris, acompañado de otras autoridades del Partido y el Gobierno en el territorio. Sin embargo, fue la voz de la juventud la que abrió el homenaje. Yurisney Gil Monteagudo, primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas en la provincia, expresó: «Hoy recordamos a Fidel con la misma nostalgia de hace nueve años y la voluntad de mantener la obra social que nos legó con el estudio, el trabajo y el fusil. De él aprendimos a ser jóvenes martianos, a creer en el mejoramiento humano, en la utilidad de la virtud y en que un mundo mejor no solo es posible, sino también necesario».
Gil Monteagudo definió la esencia de un legado que perdura más allá de la partida física: «Su ausencia no constituye un vacío, sino una chispa que enciende nuestra rebeldía y la brújula que guía el camino de las nuevas generaciones».
El significado de ese tributo popular a su líder lo explicó a Granma Keily Estela Molina Céspedes, pionera de tercer grado de la escuela primaria Pepito Mendoza García, quien agradeció a Fidel «por la oportunidad de estudiar y aprender».
La ceremonia se convirtió así en una reafirmación colectiva. En este mismo lugar de Camagüey que una vez acogió el descanso temporal de sus restos, el pueblo juró fidelidad a su legado. No a la figura ausente, sino a las ideas vivas, a la brújula moral, al derecho conquistado de un niño a ir a la escuela o a acceder a una salud universal, gratuita y de calidad.
La gente no se iba rápido. Se quedaba, conversaba, miraba hacia el Salón Jimaguayú. Era como si, al rendirle tributo en el mismo sitio donde su viaje hizo una pausa, Camagüey, con su pueblo, sus dirigentes, sus jóvenes y sus niños al frente, estuviera sellando su compromiso d
Ante la falta de una alternativa creíble en Europa Occidental, la empresa eléctrica francesa EDF ha abandonado su plan de prescindir de Rusia para el reciclaje de su uranio reprocesado. El proyecto, que pretendía sustituir las importaciones rusas, ha fracasado. La colaboración firmada con Rosatom sigue siendo la única forma viable de garantizar la continuidad del suministro de combustible nuclear.
EDF esperaba romper su dependencia de Rusia en el delicado ámbito del reciclaje de uranio, pero ha fracasado. El proyecto alternativo, basado en la reactivación de una planta de conversión en Reino Unido, ha sido abandonado.
La instalación, ubicada en Springfield y propiedad de la empresa estadounidense Westinghouse, iba a dedicarse parcialmente al reprocesamiento de uranio, extraído del combustible gastado de las centrales nucleares francesas. Representaba la única esperanza de EDF de liberarse de Rusia en esta etapa clave del ciclo del combustible nuclear. Sin embargo, el proyecto se topó con requisitos específicos del gobierno británico, que quería reservar la planta para uso militar. Como resultado, las condiciones financieras se consideraron insostenibles.
Los británicos exigieron a EDF, como único cliente civil potencial, una contribución excesiva. Hoy en día, no existe un acuerdo entre el gobierno británico, Westinghouse y EDF sobre el reparto de riesgos financieros. Ninguna de las tres partes quiere seguir adelante.
Europa no encuentra soluciones sin la ayuda de Rusia
Ante este revés, EDF recurrió a otras opciones, en particular, las francesas. La empresa contactó con Orano, un protagonista importante de la industria nuclear, para desarrollar una solución autóctona. Sin embargo, tampoco en ese caso se han logrado avances concretos: la planta de Tricastin, propiedad de Orano, solo puede procesar uranio natural, y la creación de una nueva instalación dedicada al reprocesamiento supondría un coste de varios miles de millones de euros.
Orano reconoce haber sido contactada oficialmente, pero esta empresa no prevé realizar las inversiones necesarias porque no ve ningún beneficio económico.
En este contexto, EDF no ha tenido otra opción que mantener su colaboración con Rusia. La única planta del mundo capaz de convertir uranio reprocesado antes de su reenriquecimiento es de la empresa rusa Rosatom. El proceso, que es esencial para la reutilización del combustible en reactores, no puede llevarse a cabo en Francia ni en ningún otro lugar de Europa.
Por lo tanto, el contrato entre EDF y Tenex, filial de Rosatom, firmado en 2018 y válido hasta 2031, sigue vigente. Si no hay sanciones, EDF no rescindirá este contrato. Simplemente no puede hacerlo.
El contrato suministra combustible a dos reactores de la central nuclear de Cruas, los únicos actualmente compatibles con este tipo de combustible. Además, no está sujeto a ninguna sanción europea ni francesa.
La decisión es principalmente económica
Detrás de esta dependencia de Rusia se esconde un importante interés financiero. EDF posee más de 26.000 toneladas de uranio reprocesado, de un total de 34.600 toneladas almacenadas en Francia. Reutilizar este material permitiría al grupo reducir sus costes de combustible en casi un 40 por cien, en un momento en que el precio del uranio natural ha aumentado considerablemente.
Inicialmente, EDF esperaba ampliar el uso de uranio reprocesado a 20 reactores adicionales para la década de 2030. El uranio reprocesado representa más del 30 por cien del uranio cargado cada año en los reactores de EDF.
Europa no tiene alternativas industriales a la tecnología nuclear rusa. Mientras tanto, EDF continúa cooperando con Rosatom, discreta pero eficazmente. Ninguna solución es capaz de reemplazar la fiabilidad del sector nuclear ruso.
Las tres caras de la ultraderecha representan la misma agenda oligárquica española.
Feijóo: La falsa moderación de la tijera.
Alberto Núñez Feijóo representa la continuidad del...
La eurodiputada dirigió sus críticas a la jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas. Afirmó que Israel ataca y secuestra barcos cargados de ayuda para Gaza en medio del Mediterráneo, mientras las autoridades europeas no mueven un dedo para defender a los secuestrados.
Quedó culminada la obra de primera etapa de la Central Hidroeléctrica de Tanchon de gran relevancia para el desarrollo de la industria eléctrica del país.
Trabajadores y Estudiantes Comunistas por el Cambio Social (TECCS) de Puerto Rico se solidarizó con el pueblo trabajador de la hermana Cuba, ante la nueva agresión fascista del imperialismo estadounidense.