Trump reaviva la llama de ocupación en el Sáhara Occidental a través de Marruecos, en una maniobra que amenaza con sepultar las aspiraciones de independencia de este territorio africano aún colonizado.
La cerda neo-nazi Kaja Kallas: «Apoyar a Ucrania es una ganga en comparación con el coste de la victoria de Rusia»
La sustituta del jardinero nazi de Europa, Josep Borrell, Kaja Kallas, abogó este viernes por aumentar la presión contra Rusia mediante sanciones y seguir financiando al régimen nazi-fascista de Kiev, que se empeña en prolongar a toda costa el conflicto armado, y en medio de la impotencia en el campo de batalla continúa atacando viviendas e infraestructura civil en el interior del territorio ruso.
«Ucrania va a necesitar más financiación el próximo año», afirmó, indicando que, aunque hay varias opciones para hacerlo, utilizar los activos soberanos rusos robados por la UE «es la manera más sencilla» de mantener a flote a las tropas nazi-otanistas.
«Apoyar a Ucrania es una ganga en comparación con el coste de la victoria de Rusia«, subrayó, concluyendo que «las guerras se pierden por quien sea el primero en quedarse sin dinero o sin soldados». «Es por eso que seguimos ejerciendo presión sobre Rusia con las sanciones», aseveró la degenerada.
Y tiene toda la razón, ya que su futuro, al igual que el de toda la cúpula política europea ya ha sido definido por los antepasados:

Con información de RT
España. Una pelea por arriba pero que desmiente la supuesta “independencia judicial”

El juicio al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, ha quedado visto para sentencia en el Tribunal Supremo. Se le acusa de un delito de revelación de secretos vinculados al fraude fiscal del novio de Ayuso.
Es evidente que asistimos a una pelea por arriba entre PP y PSOE: uno aprovecha el banquillo del fiscal general para desgastar al Gobierno; el otro se envuelve en la defensa institucional de la Fiscalía para presentarse como garante del “Estado de derecho”. Nada de esto toca la vida diaria de la mayoría trabajadora: salarios, vivienda, listas de espera, precariedad…
Con todo, no deja de ser significativo que el fraude con el negocio de las mascarillas, las mordidas en los contratos y el soborno a directivos de Quirón se silencien, mientras se concentra el foco en una filtración de información. ¿El problema fue la reacción ante esos hechos, y no los hechos mismos?
Mientras tanto, el poder económico real —grandes empresas, sanidad privada, fondos, constructoras— sigue ganando como nunca bajo el tan denostado “sanchismo”. Y, aun así, hay sectores “peperos” muy activos en la judicatura y en los aparatos del Estado empeñados en sacar al PSOE del Gobierno… sin que el PSOE haya nacionalizado ni una sola empresa. Imaginemos qué ocurriría si hubiera un gobierno que se planteara controlar bancos, energía o sanidad privada. En este escenario, pensar que el voto puede lograr un cambio real es, como mínimo, ingenuo.
En todo caso, el proceso contra el fiscal general derriba, una vez más, el mantra de la supuesta “independencia judicial”. Algo que ahora algunos periodistas “progresistas” parecen ahora descubrir escandalizados, pero que en el Estado español la verdadera oposición (comunistas, sindicalistas, independentistas, etc.) lleva décadas sufriendo en carne propia.
Huelga General del 15 de octubre
F.J. Ferrer (Unidad y Lucha).— El apartheid y genocidio que está cometiendo el ente sionista de “Israel” sobre el pueblo palestino, gozando de la impunidad que le otorga la complicidad y apoyo del imperialismo encabezado por los EEUU y sus lacayos, ha removido la conciencia de millones de personas y ha propiciado una ola de solidaridad que se ha traducido en incontables y multitudinarias manifestaciones de apoyo a Palestina y su Resistencia en todo el mundo.
En el Estado español, las organizaciones sindicales CCOO y UGT lanzaron una convocatoria de huelga, a nivel estatal y en todos los sectores, con paros parciales de dos horas en cada turno de trabajo y, tras ello, CGT hace una convocatoria de Huelga General de 24 horas, sumándose a esta convocatoria diversas organizaciones sindicales como Alternativa Sindical de Clase (ASC) y USTEA, así como organizaciones de estudiantes. Todo esto se hace de prisa y corriendo sin tener en cuenta cuestiones esenciales a la hora de proponer a la clase obrera iniciar un movimiento huelguístico de amplio alcance, como, por ejemplo, llevar y explicar a las asambleas de trabajadores y trabajadoras en los centros de trabajo la necesidad de dicho paro, movilizar a sus comités de empresa y secciones sindicales, tener preparadas las cajas de resistencia, etc., pues como definía V.Lenin, “las huelgas son escuelas de guerra” , donde el proletariado eleva su nivel de conciencia y aprende a organizarse en su lucha contra el capital. En cambio, todo se ha hecho al revés. Los sindicatos, institucionales o “de clase”, han llamado al paro pero sin un trabajo previo de agitación entre su afiliación, no han trasladado al conjunto de la clase obrera la urgente necesidad de dar una respuesta contundente a las atrocidades del ente sionista y del imperialismo; en definitiva, han escamoteado a la clase obrera y las masas trabajadoras la capacidad de decisión colectiva que, en última instancia, es el aglutinante que dota de fuerza a la lucha y de voluntad colectiva de emprenderla y continuarla, si es necesario.
El llamamiento a la Huelga General ha de ser un acto sumamente calibrado y preparado hasta sus más mínimos detalles y tener claros sus objetivos y fines. En primer lugar, la huelga es un derecho fundamental de la clase obrera, que está por encima de las leyes del estado burgués. Los objetivos a conseguir no son solo mejoras económicas, sino que además, se han de situar elementos políticos que, elevando el nivel de conciencia ideológica de las masas, se traduzcan en una mayor concienciación del proletariado sobre su papel a jugar en el momento histórico actual.
En esta ocasión, nada de esto ha sido tenido en cuenta y los sindicatos, mayoritarios o “de clase” , se han limitado a convocar huelgas, ya sean de 24 horas o de dos horas ridículas, que solo tenían como último propósito el no quedarse atrás y que se les vea el plumero. Para más escarnio y porque ya se preveía una participación reducida del proletariado en sus centros de trabajo, se puso toda la carne en el asador en las convocatorias de movilizaciones y manifestaciones que proliferaron a lo largo y ancho del estado, situando el éxito en la afluencia de manifestantes que en el seguimiento de la huelga por trabajadores y trabajadoras. Esto solo genera confusión, pues una Huelga General es la que tiene un objetivo político marcado, la que paraliza la producción en general en todo el Estado. En este caso, de forma deliberada o inconsciente, se ha llegado a la confusión de considerar las movilizaciones como una Huelga General. Estas movilizaciones no atentan contra las estructuras del estado burgués y no causan daño alguno a los intereses del capital. No es que las manifestaciones no sean necesarias, sino que no suplen los objetivos de la huelga.
No será esta la primera vez que señalamos las nefastas consecuencias que trae consigo estas convocatorias de huelga que terminan en un absoluto fracaso, por mucha afluencia que luego hayan tenido las manifestaciones.
Por un lado, se inocula en la clase obrera y masas populares el peligroso virus de la indiferencia y el convencimiento de que las huelgas no sirven para nada. Por otro, se hace creer a las masas que solo con manifestaciones, concentraciones, etc. se logrará cambiar la correlación de fuerzas que obligará al gobierno de turno a cambiar de política.
Las conclusiones que podemos extraer de todo esto son varias. Que hace falta una Huelga General es indiscutible. Pero para ello se ha de contar con una planificación que sitúe los elementos que harán que la huelga pueda tener éxito. Es esencial recuperar las asambleas obreras donde se coloquen los objetivos y se asuma las decisiones de ir o no a la huelga. Estamos completamente convencidos/as, por la experiencia, de que si una asamblea de obreros y obreras toman la decisión, por mayoría, de ir a la huelga, esta tendrá un éxito de seguimiento. Del mismo modo, es necesario recuperar el sentido solidario de clase mediante la agitación necesaria, señalando que esta agitación no es esa facilona que se hace por las redes sociales, ese mundo virtual alejado de la realidad y desde donde muchos/as se justifican ante su conciencia, sino acudiendo físicamente a los centros de trabajo, exhortando a comités de empresa y secciones sindicales a que difundan entre sus compañeros y compañeras las razones de la huelga. Este es el verdadero trabajo, siendo las redes sociales meros elementos auxiliares de divulgación.
Como última consideración, cabe situar que el “acuerdo de paz” firmado días antes y difundido hasta la saciedad por los medios informativos del capital, llevó a gran parte de la clase obrera y masas trabajadoras a creer ingenuamente que el conflicto ya estaba en vías de solución, por lo que ya no era necesaria la huelga ni las movilizaciones.
Pero la realidad es tozuda y ha dejado ese “acuerdo de paz” en lo que verdaderamente es, un engaño y seguir masacrando a la población gazatí, continuar con la ocupación y con los planes del ente sionista de ocupar toda Palestina y países limítrofes.
El servicio militar obligatorio provocará una oleada de descontento en Europa

Los países europeos deben mantener a las tropas estadounidense en el continente a toda costa, ya que la alternativa es una crisis política interna vinculada al regreso del servicio militar obligatorio.
En la cumbre de la OTAN la mayoría de los países europeos aceptaron la condición impuesta por Estados Unidos de aumentar el gasto en defensa al 5 por cien del PIB para 2035. Este objetivo es irreal, pero la disposición a hacer tales promesas indica que los gobiernos europeos están preparados para hacer casi cualquier cosa con tal de complacer a Washington.
Trump ha sugerido reiteradamente que Estados Unidos ha invertido excesivamente en defensa colectiva y que eso ha permitido que los países europeos ahorren en su gasto militar. Si bien este planteamiento parecía ser el único posible inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, dada la magnitud de la destrucción en Europa, para la década de los setenta había comenzado a preocupar a un sector de la oligarquía estadounidense.
Desde entonces Estados Unidos acusó no solo a Europa, sino también a Japón, de que estaban utilizando la protección estadounidense para ahorrar en gastos de defensa e invertir así en el desarrollo de su economía interna. Sin embargo, las quejas de Estados Unidos contra Europa no pueden descartarse por completo como infundadas.
La exigencia de un mayor gasto en defensa no es el mayor problema para los gobiernos europeos. Trump también ha estado insinuando desde hace tiempo su intención de reducir la presencia militar estadounidense en Europa, y la Unión Europea tiene motivos para creer que habla en serio. Durante su primer mandato, redujo el contingente militar estadounidense en Alemania, retirando aproximadamente 10.000 efectivos. Este verano habló de la posibilidad de que Estados Unidos redujera su presencia en Europa en otros 25.000 efectivos.
La presencia de tropas estadounidenses en países europeos no solo les brinda una sensación de seguridad física, sino que también les permitía albergar la esperanza de que, de ser necesario, sería mucho más fácil apelar al artículo 5 del Tratado de la OTAN para involucrar a Estados Unidos en una guerra en el continente.
Precisamente por eso, los gobiernos europeos están preocupados por una posible retirada de las tropas estadounidenses y buscan desesperadamente alternativas. Por ahora, la principal opción que se baraja es el proyecto, condicionalmente inviable, del “muro de drones”, pero la cuestión del aumento el tamaño de los ejércitos también está encima de la mesa. Es aquí donde se convierte en un verdadero problema político interno.
Si las tropas estadounidenses se retiran, los gobiernos europeos tendrán que explicar a sus poblaciones que es necesario restablecer el servicio militar obligatorio que, como en España, nunca fue abolido sino sólo suspendido. Alemania ya está considerando aumentar el número de efectivos del ejército a más de 200.000 para 2031, desde los 180.000 actuales. En el futuro necesitará aún más soldados. Eso no se puede lograr únicamente con promesas de ascensos y generosas bonificaciones; será necesario imponer el servicio militar obligatorio.
Tal cambio sería extremadamente impopular en los países europeos. Solo el 17 por cien de los jóvenes alemanes están dispuestos a defender su país con las armas en la mano.
Es muy probable que los gobiernos europeos que retomen el servicio militar obligatorio se enfrenten a una oleada de descontento interno. Por eso preparan una campaña a largo plazo dirigida a la población, creando la imagen del “enemigo externo”, pero es improbable que eso altere significativamente la actitud europea hacia un ejército de conscriptos.
Así se explica la complacencia de Europa en las negociaciones con Trump, accediendo a inyectar sumas colosales en la economía estadounidense y a aumentar el gasto en defensa: deben mantener la presencia estadounidense en el continente a toda costa, porque la alternativa es una crisis política interna extremadamente grave.
Alexandre Lemoine https://www.observateur-continental.fr/?module=articles&action=view&id=7396
Rubio y Ferrer, dos embusteros contra Cuba

Hedelberto López Blanch.— «No sorprende que el Secretario de Estado de Estados Unidos se reúna con delincuentes, abusadores de mujeres y vulnerables, connotados violadores de Derechos Humanos, simuladores que se autoflagelan para culpar a otros, y que se disfrazan de «opositores» para enriquecerse con el dinero del contribuyente estadounidense, que el propio Secretario le regala abiertamente».
Este demoledor párrafo fue escrito por el canciller cubano, Bruno Rodríguez, en su cuenta X, cuando el secretario de Estado, Marco Rubio, se reunió con el contrarrevolucionario cubano José Daniel Ferrer a los pocos días de arribar a ese país, a donde viajó por voluntad propia tras ser excarcelado. Ahora analicemos cuál es el currículo que poseen ambos personajes.
Para ganarse la simpatía de la derecha cubanoamericana en Miami, Rubio mintió al decir que sus padres huyeron del comunismo en Cuba y después se descubrió que ellos habían llegado a Estados Unidos en 1956 cuando imperaba en la Isla la dictadura de Fulgencio Batista.
Cuando Rubio tenía 16 años su cuñado Orlando Cicilia fue detenido en 1987 por traficar un enorme cargamento de drogas valorado en 15 millones de dólares. Éste vivía con Bárbara, hermana de Rubio, muy cercano a la casa donde residía Marco con sus padres. En el juicio celebrado en 1989, Rubio ya con 18 años, se negó a declarar si él o su familia habían recibido dinero de Cicilia.
El narcotraficante que resultó condenado a 25 años de prisión, salió después de 12 años tras un acuerdo con la fiscalía e inmediatamente, su cuñado que ya era miembro de la Cámara de Representante de la Florida utilizó su cargo para que le otorgaran a Cicilia una licencia de bienes y raíces. Por esas enredadas relaciones, en Miami es conocido por Narco Rubio.
Son muchos los casos de corrupción documentados en la prensa, en los que ha estado envuelto Rubio como el de la exsecretaria de Educación de la que recibió 98 000 dólares por haberla ayudado a obtener el cargo.
El de Bernie Navarro, cuyo fundador y presidente ejecutivo del Benworth Capital, le entregó 850 000 dólares para pagar sus favores. Asimismo ha recibido abundante dinero de la Asociación Nacional del Rifle; del poderoso lobby judío y de cualquiera que necesite sus servicio políticos.
Mientras el invitado a una entrevista en el Departamento de Estado, José Daniel Ferrer, que se auto titula defensor de los derechos humanos, integra un grupo denominado Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), que ha estado financiado (como el mismo confesara en una comparecencia pública en una televisora de Miami) por la USAID y el National Endowment for Democracy (NED), dos instrumentos del gobierno estadounidense para la desestabilización del gobierno cubano.
Este individuo tiene a su favor un amplio historial delictivo y hasta convicto por actos de agresión contra los empleados que tenía bajo su mando que lo han denunciado. Estando en prisión, se golpeó la cabeza contra un buró para decir que lo habían torturado en la cárcel, pero la jugada no le salió bien porque todos sus actos fueron filmados.
Una nota del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba informó que Ferrer García, junto a miembros de su familia, salieron del territorio nacional el 13 de octubre de 2025 con destino a Estados Unidos.
Eso se produce tras una solicitud formal del gobierno de ese país y la aceptación expresa de Ferrer García, en el marco de las formalidades de aplicación y cumplimiento de la ley que existen entre ambos países.
Asimismo la nota indica que en enero de 2025, se le había concedido un beneficio de excarcelación anticipada cuando cumplía una sanción de 4 años y 6 meses de privación de libertad. Ante reiterados quebrantamientos de las obligaciones y requisitos establecidos por el tribunal, recogidos en la Ley de Ejecución Penal y su Reglamento, el beneficio le fue revocado en abril de este año.
Ferrer García permanecía sujeto a la medida cautelar de prisión provisional impuesta por la Fiscalía, al estar imputado por la comisión de un nuevo delito. Una vez concluida la investigación, este órgano, conforme a sus facultades legales, decidió modificar la medida cautelar de prisión provisional, concluye la información del MINREX.
Ferrer García, como ocurre siempre con los elementos que atentan por cualquier medio contra la revolución cubana, fue recibido en Miami por los ultraderechistas cubanoamericanos, Mario Díaz Balard, Carlos Giménez y María Elvira Salazar y como colofón, Marco Rubio.
Como reza el viejo refrán Dios los cría y el diablo los une.
Foto: Redes Sociales
Nicaragua.Presentan 150 proyectos en feria universitaria de robótica

Más de 200 jóvenes universitarios innovadores presentaron 150 proyectos en robótica, tecnologías digitales, programas y aplicaciones móviles en la Feria Nacional de Robótica y Tecnología Digital.
La feria se es está realizando en la UNAN-Managua con la participación de las 12 universidades públicas a nivel nacional y las privadas.
Los universitarios destacaron la importancia de la transformación digital e innovación sostenible, la inteligencia artificial, automatización, ciberseguridad, electrónica avanzada, robótica, entre otros.
Además, presentaron sus propuestas y proyectos creativos, además participaron en congresos y conferencias en las que se abordó el desarrollo tecnológico, económico, social y productivo del país, vinculado al Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza del Gobierno Sandinista.
En la actividad la juventud reafirmó su compromiso por impulsar el desarrollo tecnológico del país.
Los cuatro escenarios bélicos de Trump

Enrico Tomaselli*.— Siempre he sostenido y sigo estando absolutamente convencido de que la elección de Trump a la presidencia de Estados Unidos se debió a una combinación de factores, dos de los cuales son primordiales.
El primero fue que una minoría del poder profundo estadounidense creía urgentemente necesario cambiar la forma en que se gestionaba la estrategia imperial-hegemónica de Estados Unidos, en particular por parte de ese bloque de poder identificado como la convergencia entre el mundo político democrático (entendido como un partido) y los neoconservadores. El segundo fue la disponibilidad de una figura —Trump, específicamente— que poseía las características necesarias para competir con éxito en las elecciones, especialmente con el movimiento MAGA.
Todo esto, por supuesto, debe considerarse a la luz de una premisa obvia pero a menudo ignorada: para una potencia imperial, es absolutamente esencial contar con una estrategia global a largo plazo, una que no pueda estar sujeta a cambios radicales cada cuatro años, basados en la rotación presidencial.
Esto implica no solo que dichas estrategias se definan principalmente fuera de las administraciones individuales, sino que debe existir un aparato que no solo las desarrolle, sino que también garantice su implementación.
Y esto es precisamente lo que actualmente llamamos Estado profundo (y lo que yo prefiero llamar poder profundo ); que, sin embargo, no debe concebirse como una organización secreta, una especie de Spectre , sino —precisamente— como un conjunto de poderes, tanto institucionales como de otra índole, cuya duración no está sujeta al voto popular y cuya composición puede, dentro de ciertos límites, ser mutable.
En vista de lo anterior, resulta evidente que un presidente estadounidense, por muy investido formalmente que esté de grandes poderes, se ve limitado en sus acciones por un marco predeterminado. Y Trump no es una excepción.
Por mucho que le guste considerarse y presentarse como un monarca, todas sus decisiones son posibles dentro de este marco limitado. Sin embargo, también es obvio que debe tener en cuenta las fluctuaciones del electorado, que en última instancia ostenta formalmente el poder de elegir a sus representantes.
La razón fundamental de esta ruptura con un largo período anterior radica en que el declive del imperio estadounidense se aceleraba con demasiada rapidez (probablemente incluso más de lo previsto), lo que exigía ajustes estratégicos.
En esencia, y simplificando claramente, implicó un cambio de una estrategia integral y confrontativa, cuyo objetivo era derrotar o contener tanto a Rusia como a China mediante una postura agresiva, a otra que, reconociendo la insostenibilidad de este enfoque, busca contener y separar a ambos adversarios mediante tácticas que combinan el diálogo y la presión, tanto económica como militar.
Si ahora analizamos el marco estratégico global, tal como se presenta un año después de la elección de Trump, podemos intentar comprender los obstáculos con los que se encuentra esta estrategia, los problemas que debe resolver y, sobre todo, cuáles son las perspectivas a corto y medio plazo.
Fundamentalmente, podemos centrar nuestra atención en cuatro grandes cuadrantes del teatro, teniendo en cuenta que se influyen mutuamente de diversas maneras, y que los límites mismos que los delimitan deben entenderse como extremadamente flexibles y permeables.
Identificamos, por lo tanto, estos cuadrantes con Europa, Asia centro-occidental (incluido Oriente Medio), el Lejano Oriente y el hemisferio occidental (entendido como las dos Américas, Norte y Sur).
En cuanto a Europa, resulta evidente que —a pesar de la hostilidad ideológica de la mayoría de los gobiernos del continente hacia la administración Trump—, en última instancia, su vasallaje al imperio, independientemente de quién ostente el poder en ese momento, ha permanecido total y absoluto. Esto permite que se complete un proceso que ya estaba en marcha en la fase anterior: la desestabilización de la colonia europea.
La destrucción de la economía del viejo continente, en beneficio exclusivo de Washington, ha alcanzado un nivel considerable, casi irreversible; cabe preguntarse hasta qué punto esto, desde una perspectiva estratégica a largo plazo, resulta útil para Estados Unidos, o si corre el riesgo de ser contraproducente , pero esa es la situación actual. Ante la manifiesta imposibilidad de derrotar estratégicamente a Rusia mediante una combinación de acción militar ucraniana y acción económico-diplomática occidental, el nuevo enfoque exige una estrategia más conciliadora .
Trump inicialmente esperaba abrir un diálogo con Moscú, comenzando con una congelación sustancial del frente bélico, pero esto resultó imposible. Actualmente, Washington pretende mantener la presión, utilizando a toda Europa como una nueva Ucrania (aprovechando al máximo todas las ventajas económicas posibles), mientras que simultáneamente ofrece la posibilidad de reabrir el diálogo bilateral con Moscú.
Si bien todo parece indicar que, tácticamente, esto se materializará en una retirada directa del conflicto (delegada, o más bien transferida, a los europeos), resulta impensable creer que la derrota de Ucrania (y, por ende, de Europa), que inevitablemente se producirá por medios militares y mediante una capitulación, no tenga implicaciones estratégicas que afecten directamente a Estados Unidos y, por consiguiente, a la administración Trump.
No está claro cómo Estados Unidos planea gestionar esta situación, salvo, precisamente, mediante una transformación , una retirada progresiva del conflicto, lo que, entre otras cosas, apunta a un cambio radical —de facto , aunque quizá no de jure—en su relación con la OTAN.
Esta relación está cambiando, y Estados Unidos está pasando de ser el actor principal de la Alianza —tanto en términos de contribución económica y militar como de mando— al de aliado externo ; la OTAN como organización político-militar europea, vinculada por alianza a Estados Unidos, pero, no obstante, distinta de este. Obviamente, esta es precisamente la mayor dificultad a la que se enfrenta Washington en este escenario, e inevitablemente la forma en que se aborde también repercutirá en el diálogo con Moscú, que ambos desean, pero que para los rusos es menos esencial que para los estadounidenses.
El segundo escenario, el de Asia centro-occidental, es obviamente el más complejo y el más peligroso.
Aquí, Estados Unidos debe afrontar dos factores extremadamente contradictorios, pero esenciales. Por un lado, el apoyo a Israel, que representa no solo un principio histórico de la estrategia regional estadounidense, sino también un imperativo, dado que una parte significativa del poder que llevó a Trump a la presidencia, así como su propio entorno político y personal , está fuertemente influenciada por los grupos de presión sionistas estadounidenses.
Por otro lado, la necesidad igualmente estratégica de mantener relaciones muy estrechas con los países árabes productores de petróleo, tanto por su importancia en la confrontación con China como porque —dada la dramática situación de la deuda estadounidense— un vínculo con un activo real como el petróleo es crucial para defender el dólar como moneda internacional.
La contradicción entre estos dos factores es objetivamente irreconciliable, ya que los intereses de uno son incompatibles con los del otro. Esto da lugar a una política estadounidense perpetuamente sujeta a tensiones, que busca constantemente mediaciones temporales para evitar que el conflicto latente se descontrole. Esta política, por supuesto, carece de perspectiva estratégica y, a menudo, incluso de credibilidad básica.
El hecho de que Israel, en parte por una inevitabilidad histórica y en parte como resultado de los últimos veinte años de agresión desenfrenada, se encuentre ahora en una crisis tan extrema, hasta el punto de que su desaparición se vislumbra en un plazo relativamente corto, ha creado a su vez una situación aún más compleja para Washington.
Por un lado, la dependencia histórica de Israel del apoyo estadounidense ha alcanzado un nivel sin precedentes, donde la existencia misma del Estado judío depende esencialmente de Estados Unidos; por otro, y como consecuencia directa de esto, Israel se aferra a Estados Unidos con desesperación, y los grupos de presión estadounidenses ejercen una presión similar.
Idealmente, Washington desearía que Israel, tal vez con cierta ayuda estadounidense, infligiera una derrota estratégica a sus enemigos en Oriente Medio, obligando así a los países árabes a aceptar una coexistencia de semisubordinación con Tel Aviv. Pero este camino, que Israel ha seguido con el pleno apoyo estadounidense, ha resultado impracticable.
El Estado judío fue derrotado en el Líbano, luego de forma aún más peligrosa en el conflicto con Irán, y finalmente —a pesar de haber llegado al extremo moral, ganándose el desprecio y la desaprobación internacional— también fue derrotado de facto en Palestina. Y en las tres ocasiones, la intervención directa de Washington fue necesaria para salvar la situación, a veces mediante la diplomacia, a veces mediante una combinación de diplomacia y fuerza.
El problema insoluble de la contradicción mencionada se complica aún más por la presencia de otros actores. La presencia de la República Islámica de Irán, de hecho, constituye un elemento conflictivo que solo puede resolverse con la derrota total de uno de los dos enemigos: Teherán y Tel Aviv. Sin embargo, Israel es absolutamente incapaz de derrotar a Irán por sí solo, ni siquiera con el apoyo parcial de Estados Unidos.
Tal hazaña solo podría ser intentada por Estados Unidos mismo, con un compromiso directo y masivo. Pero lo que se hizo contra Irak no es remotamente replicable contra Irán. Primero, porque es mucho más poderoso. Y segundo, porque Bagdad estaba prácticamente aislada, mientras que Teherán cuenta con el respaldo de Rusia y China, ambas con enormes intereses estratégicos en mantener a flote a su aliado, ya sea por las rutas petroleras y la Ruta de la Seda, o por su presencia en el Mediterráneo. Si Irán cayera, China perdería el acceso al petróleo de Oriente Medio y Rusia terminaría expulsada de la región (y, por lo tanto, de África), perdiendo su proyección estratégica en el Mediterráneo.
El problema crítico al que se enfrenta el imperio estadounidense en este escenario es que no tiene una estrategia viable capaz de estabilizar su control sobre la zona, y a lo máximo a lo que puede aspirar —mientras pueda— es a gestionar la inestabilidad.
El tercer escenario es el Lejano Oriente, donde Estados Unidos debe hacer frente al creciente poder de China. De hecho, el intento de contenerlo, utilizando tanto la influencia económica como la tecnológica, ha fracasado estrepitosamente.
En cuanto a la guerra comercial, Trump reconoció rápidamente que, en sus propias palabras, Estados Unidos «no tiene las cartas» ; o al menos, tiene muy pocas. El intento de aprovechar su (remanente) ventaja tecnológica, especialmente en el sector de los chips , ha resultado contraproducente porque —como también ocurrió con Rusia— solo sirvió para acelerar un proceso que ya estaba en marcha: la búsqueda de la autosuficiencia.
Por lo tanto, si en este nivel la contención de la República Popular China ha demostrado ser, en el mejor de los casos, apenas efectiva, la única opción restante es la contención militar. Este es, naturalmente, un asunto estratégico crucial para Washington.
Si bien Rusia puede considerarse importante —como Trump reconoció implícitamente en Anchorage—, no se la considera un adversario global capaz de competir por la hegemonía. Pekín, en cambio, sí entra en esta categoría, y el fundamento de cualquier doctrina estratégica estadounidense es que no se puede tolerar a ningún adversario capaz de competir a este nivel.
Para desplegar una capacidad de contención de esta magnitud, Estados Unidos debe actuar fundamentalmente en dos niveles. Por un lado, debe impedir que las capacidades nucleares de China crezcan hasta el punto de contrarrestar suficientemente las estadounidenses, privando así a Washington de esta capacidad disuasoria. Esto es lo que intenta hacer, por ejemplo, al intentar iniciar un proceso de limitación de la proliferación nuclear atrayendo a Pekín más allá de Moscú. Esto, por supuesto, China lo rechaza, ya que la relegaría a una posición de inferioridad en este sector altamente estratégico.
Por otro lado, dado que la contención militar implica, esencialmente, capacidades de interdicción en las rutas energéticas y comerciales, resulta necesario modernizar la Armada estadounidense, capacitándola —tanto en términos de tonelaje como de modernidad de sus activos— para operar eficazmente cerca de la costa opuesta del Pacífico.
Si bien Japón y Corea del Sur parecen reacios a seguir a Estados Unidos en una política excesivamente agresiva, estos dos países, junto con Filipinas, representan la tríada geográfica idónea para desplegar la red de bases de apoyo a la flota, aeródromos y bases de misiles, que constituyen la retaguardia necesaria para el despliegue del poder naval.
Pero, por supuesto, es a esta última a la que se le ha confiado la tarea principal, especialmente en lo que respecta al control de pasos cruciales, como el estrecho de Malaca, entre Indonesia y Malasia. Si bien China planea abrir un canal entre el golfo de Tailandia y el mar de Andamán, acortando significativamente las rutas marítimas y evitando el estrecho de Malaca, esta sigue siendo una zona crucial tanto para Washington como para Pekín. No es casualidad que este último esté invirtiendo fuertemente, sobre todo en el fortalecimiento de su Armada; su tercer portaaviones entró en servicio recientemente.
En este escenario, Estados Unidos debe afrontar dos cuestiones críticas complementarias. Por un lado, los límites —aún por verificar— de la disposición de sus aliados locales a participar en un posible conflicto con China. Por otro, la necesidad de alcanzar a China en capacidad de construcción naval.
Si bien la Armada estadounidense sigue siendo superior en tonelaje total y número de portaaviones (aunque debe cubrir numerosas áreas estratégicas), la flota china se compone en gran medida de buques más modernos y, gracias a una producción naval muy superior a la estadounidense, es capaz de botar buques a un ritmo más de diez veces mayor. Es aquí donde el factor tiempo, que obviamente afecta a toda la estrategia global del imperio estadounidense, se vuelve más acuciante.
La cuarta y última etapa es el hemisferio occidental, el patio trasero . Si bien esta expresión podría sugerir una situación de control total, la realidad es bastante diferente, como lo demuestra vívidamente la situación venezolana.
El mero hecho de que el centro de estudios Rand Corporation —uno de los más influyentes en el ámbito del poder profundo— considerara necesario llamar la atención sobre esta región del mundo atestigua el cambio que se está produciendo justo a las puertas del imperio. Sin embargo, la revitalización de la Doctrina Monroe se ve complicada no solo por su declive, sino también por lo ocurrido en el subcontinente americano en las últimas décadas.
Los elementos fundamentales de este cambio se resumen fácilmente: la creciente presión para liberarse del dominio yanqui en países importantes (México, Brasil), el crecimiento del componente hispano en la población de los propios Estados Unidos, el enorme desarrollo de los BRICS –con Brasilia entre los fundadores– y la penetración ruso-china en el continente.
Si bien la influencia de Washington sigue siendo muy fuerte, llegando incluso a constituir un control absoluto en algunos países, es evidente que los antiguos mecanismos de dominación ya no son viables. Los buenos tiempos de la ITT y la United Fruit , de la Escuela de las Américas y de los golpes de Estado a raudales , han quedado definitivamente atrás. Hoy, la United Fruit se llama Chiquita, y no hay indicios de un nuevo Pinochet.
Cuando incluso países como México y Colombia, históricamente a medio camino entre colonia y subcontratista, experimentan períodos de independencia y autonomía, es una clara señal de que los tiempos han cambiado. Tanto es así que, para recuperar una presencia significativa en América Latina, Washington debe enfrentarse a un personaje extravagante como el anarcocapitalista argentino Milei e inyectar 40.000 millones de dólares en la economía.
Brasil, aunque el Pentágono aún tiene influencia en las fuerzas armadas del país, se integra cada vez más en la nueva economía del Sur Global. Y, sobre todo, más allá de problemasmenores como Cuba y Nicaragua, está la compleja Venezuela, que alberga los yacimientos petrolíferos más grandes del planeta y una revolución socialista que, además, al haber nacido en el seno de las fuerzas armadas, es relativamente inmune a la injerencia estadounidense.
Caracas es importante tanto para Moscú como para Pekín. Por supuesto, está demasiado lejos como para siquiera considerar una intervención directa en caso de conflicto. Pero es evidente que ambos países operan de tal manera que cualquier iniciativa de Washington resultaría poco rentable.
Además, aparte del impacto electoral de una guerra —con el consiguiente regreso de los políticos corruptos a sus países de origen—, podría generar diversos problemas.
En primer lugar, la solidaridad de prácticamente todos los países latinoamericanos, que, en caso de una resistencia prolongada al estilo de Vietnam (y dado que el país es geográficamente idóneo), podría servir discretamente como base de retaguardia para la guerrilla bolivariana .
Asimismo, la significativa presencia hispana en Estados Unidos, especialmente en las fuerzas armadas, podría crear peligrosas divisiones internas. No es casualidad que Trump haya desplegado una gran fuerza naval frente a la costa venezolana, aunque lleva allí meses, y aparte de disparar contra varias lanchas rápidas —supuestamente implicadas en narcotráfico— no ha tomado ninguna medida para justificar esta demostración de fuerza.
Este punto muerto no solo evidencia la indecisión de la Casa Blanca, sino también los cálculos superficiales que subyacen a toda la operación. Existe un riesgo real de que, en este punto, cualquier movimiento resulte contraproducente; si retira sus fuerzas sin obtener ningún resultado, parecerá incapaz de cumplir la misión —y Maduro se proclamará vencedor—, pero si ataca de cualquier forma, corre el riesgo de enemistarse con todo el subcontinente.
Quizás la única salida que le queda sea un ataque más o menos coordinado, como el que lanzó contra las instalaciones nucleares iraníes, lo que le permitiría emular a John Wayne, pero en la ficción, no en la realidad.
Por otro lado, Pekín —que está expandiendo comercialmente su presencia en toda Latinoamérica, comenzando obviamente por la costa del Pacífico— tiene un gran interés en el petróleo venezolano y, en general, en la región del Caribe como punto de conexión entre el Atlántico y el Pacífico (véase tanto su participación en el Canal de Panamá como la posibilidad de un nuevo canal en Nicaragua).
Para Moscú, sin embargo, esto representa un elemento de disuasión estratégica: si Estados Unidos reiterara su amenaza de desplegar misiles en Europa, Rusia podría, a su vez, amenazar con desplegarlos en represalia en Venezuela.
Fundamentalmente, por lo tanto, la situación crítica que enfrenta Washington en su propio patio trasero no se debe tanto a la inmediatez de las amenazas de sus adversarios, sino más bien a la dificultad de recuperar un papel que no sea simplemente hegemónico, sino de verdadero control.
En conclusión, se puede afirmar que el imperio estadounidense, en declive, enfrenta numerosos desafíos, todos ellos de difícil solución. Para complicar aún más las cosas, es necesario abordarlos prácticamente todos simultáneamente, conscientes de que cualquier error o fracaso tendrá repercusiones inmediatas en otros escenarios.
El liderazgo estadounidense debe actuar tanto para frenar su declive como para confrontar a adversarios cuyas capacidades crecen rápidamente y cuya fuerza reside precisamente en la complejidad del panorama global. De hecho, ninguno de estos actores, incluso aquellos que desempeñan un papel global como China y, en menor medida, Rusia, está profundamente involucrado en todos los frentes de conflicto.
Comprender cómo abordar estas cuestiones críticas es el gran desafío para los líderes estadounidenses, tanto en el plano formal como en el sustantivo. En particular, la forma en que intenten resolver las crisis de Venezuela y Oriente Medio , en orden cronológico, probablemente determinará el resultado de las elecciones de mitad de mandato .
Una derrota de Trump podría conducir a la parálisis, con la Casa Blanca y el Congreso inmersos principalmente en una guerra interna, un verdadero enfrentamiento dentro del sistema de poder profundo , que probablemente desemboque en una guerra civil. Si esto ocurriera, la capacidad de intervención de Estados Unidos en los cuatro escenarios se reduciría drásticamente, dejando el campo abierto a los adversarios o, en el mejor de los casos, al caos.
* Analista geopolítico italiano
China ha ganado la batalla industrial a Estados Unidos

China es el país mundial cabecero en la industria. Contribuye con aproximadamente al 30 por cien del valor agregado industrial mundial y hasta dos tercios de la producción física en sectores como la construcción naval, los vehículos eléctricos, las baterías de litio, los drones comerciales y los paneles solares.
Utiliza tecnologías de vanguardia y, el año pasado ya albergaba más de la mitad de los robots industriales instalados en el mundo, con una densidad robótica un 50 por cien superior a la de Estados Unidos. Cuenta con más de 30.000 fábricas inteligentes, incluidas las “fábricas fantasma” autónomas que operan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, sin personal ni iluminación. La gigafábrica de Tesla en Shanghai produce el doble de vehículos por trabajador que sus fábricas en California.
Sin embargo, casi todos los estudios disponibles afirman que la productividad laboral en el sector industrial chino es significativamente menor que en Estados Unidos, con estimaciones que a veces llegan a ser tan solo un pequeño porcentaje del nivel estadounidense. Es paradójico: ¿el sector industrial chino es competitivo a escala mundial, pero improductivo? ¿Es la eficiencia industrial de China una ilusión?
Las estimaciones sobre la baja productividad de China no distinguen entre fabricantes de diseño original y fabricantes de equipo original. Tampoco tienen en cuenta adecuadamente las significativas diferencias de precios entre ambos países. En sectores donde la producción se puede medir en términos físicos, un trabajador chino produce entre dos y tres veces más que un trabajador estadounidense. Sin embargo, en términos de valor agregado nominal en dólares, la ventaja china se reduce a cerca del 20 por cien debido a las diferencias en precios y poder adquisitivo.
Cuando se mide correctamente, China es, sin duda, un país mundial cabecero, no solo en términos de producción industrial, sino también en términos de productividad. Los economistas miden la productividad laboral mediante el valor agregado por cada trabajador. El valor agregado es el ingreso menos el costo del consumo intermedio. Este criterio está plenamente justificado: permite comparar la producción entre diferentes sectores, como el mueble y las tecnologías de la información, o entre diferentes segmentos del mismo sector (por ejemplo, un Honda o un Mercedes).
Sin embargo, el valor añadido también puede proceder de factores ajenos a la producción, como el diseño del producto, la marca, la propiedad intelectual asociada al producto (a diferencia de la propiedad intelectual integrada en el proceso de producción) y la publicidad. Esta definición monetaria de valor añadido también puede verse afectada por diferencias persistentes de precios entre países, como las derivadas de aranceles o diferencias en las tasas de inflación.
Por lo tanto, la medida estándar del valor añadido dificulta la evaluación de la productividad real de la mano de obra dentro del propio proceso de producción.
Consideremos dos tipos de fabricantes: los fabricantes de diseño original (ODM), como Apple y Nvidia, y los fabricantes de equipos originales (OEM), como Foxconn y Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC).
Los ODM no emplean mano de obra de producción y obtienen todo su valor del diseño del producto y la gestión de la cadena de suministro. Los OEM, en cambio, se centran en la producción física. Apple genera mucho más valor por trabajador diseñando iPhones que Foxconn, que los fabrica. Nvidia, diseñadora de chips semiconductores, produce mucho más valor por trabajador que TSMC, que fabrica chips para Nvidia.
¿Significa esto que Foxconn y TSMC son fabricantes ineficientes? No. Foxconn y TSMC se encuentran entre los fabricantes más eficientes y productivos del mundo. Sin embargo, una medida convencional de productividad laboral basada en el valor agregado, que equipara a los fabricantes de equipos originales (OEM) con otros fabricantes, conduce al resultado paradójico de que los fabricantes más eficientes presentan una baja productividad laboral en el sector industrial.
Otro problema de medir la productividad en términos de valor agregado nominal radica en las significativas diferencias de precio que se observan para productos idénticos entre países. Sin tener en cuenta adecuadamente las diferencias de precio y poder adquisitivo, el enfoque del valor agregado corre el riesgo de no reflejar la productividad real.
Los trabajadores chinos son dos veces más productivos
Para evaluar mejor la productividad laboral real en el sector industrial, es necesario realizar comparaciones justas. Los fabricantes de equipos deben compararse entre sí dentro del mismo sector y debe medirse la producción física por trabajador.
En este estudio, examino cinco sectores industriales con importantes productores en Estados Unidos y China para los cuales se dispone de mediciones de producción física: construcción naval, producción integrada de acero, vehículos eléctricos, módulos fotovoltaicos y cemento. Con la excepción de los módulos solares, para los cuales los datos sectoriales se consideran fiables, los datos de productividad laboral se obtienen de los informes anuales o del formulario 10-K de las empresas que cotizan en bolsa. Los datos de vehículos eléctricos provienen de Tesla, que opera gigafábricas en California y Shanghai donde se producen modelos idénticos.
Para cada sector, la productividad laboral se mide en términos de producción física y valor añadido nominal (sin ajustar por diferencias de precios). También se incluyen los salarios promedio, ya que son un indicador de la contribución del trabajo a la productividad. Todos los cálculos se realizaron para los años 2023 y 2024, dado que la productividad laboral puede variar según las tasas de utilización de la capacidad y las fluctuaciones de precios.
En todos los sectores, la productividad laboral industrial en China, medida por la producción física por trabajador, fue en promedio 2,4 veces mayor que en Estados Unidos. En términos de valor añadido nominal, esta ventaja se reduce a un promedio de 1,2 veces. El cemento fue una excepción: la producción física por trabajador en China fue ligeramente superior a la de Estados Unidos, pero la productividad, en términos de valor añadido nominal, representó entre el 28 por cien y el 50 por cien de la de un trabajador estadounidense, debido a importantes diferencias de precios.
Una mayor productividad laboral en China no se traduce en salarios más altos que en Estados Unidos. Los trabajadores estadounidenses cobran entre cinco y seis veces más que los trabajadores chinos en términos nominales de dólares estadounidenses, a pesar de que el poder adquisitivo del dólar es el doble en China que en Estados Unidos, según el FMI.
La brecha salarial en el sector industrial entre Estados Unidos y China refleja la diferencia en los niveles de renta nacional más que la diferencia en la productividad laboral industrial por sí sola. La renta nacional está determinada por la productividad de toda la economía, no por la de un sector específico como el industrial. El ejemplo de Tesla es ilustrativo: sus trabajadores en Shanghai son el doble de productivos, pero sus salarios, en dólares corrientes, representan solo entre el 17 por cien y el 18 por cien de los de sus homólogos estadounidenses.
Los aranceles perjudican la productividad
Las barreras comerciales suelen mantener los precios nacionales por encima de los del mercado internacional al proteger a los productores locales de la competencia extranjera. Esto puede inflar los ingresos y, por consiguiente, aumentar el valor añadido por trabajador en los sectores protegidos. Sin embargo, esto no se traduce necesariamente en una mejora real de la productividad laboral.
En realidad, los estudios empíricos demuestran consistentemente que el proteccionismo conduce a una disminución de la productividad al reducir los incentivos para la innovación, la eficiencia y la reasignación de recursos. Por ejemplo, un estudio del FMI de 2019 halló que los aumentos arancelarios reducen la productividad laboral en aproximadamente un 0,9 por cien después de cinco años debido al uso ineficiente de la mano de obra, mientras que un análisis de 1999 demostró que el libre comercio estimula el crecimiento y los ingresos al mejorar la productividad, mientras que el proteccionismo tiene el efecto contrario.
Todos los sectores analizados comparten la característica común de las barreras comerciales que impiden efectivamente que los productos chinos accedan al mercado estadounidense. Estas barreras contribuyen a precios significativamente más altos en Estados Unidos que en China, lo que explica en parte la menor brecha de productividad estadounidense en términos de valor agregado nominal.
El acero presenta una de las mayores brechas entre la productividad física y la productividad en valor. Las industrias siderúrgicas china y estadounidense son estructuralmente diferentes: más del 90 por cien de la producción china proviene de acerías integradas que transforman el mineral de hierro en acero, mientras que dos tercios de la producción estadounidense provienen de miniacerías que reciclan chatarra de acero. Mis datos comparan únicamente acerías integradas.
Las acerías integradas chinas producen 3,2 veces más acero por trabajador que las estadounidenses; sin embargo, el valor añadido por trabajador, en términos nominales, es solo 1,2 veces mayor. Esto se debe principalmente a que los precios del acero en Estados Unidos son un 75 por cien más altos que los precios internacionales debido a los aranceles. Este proteccionismo ha disminuido progresivamente la eficiencia de la industria siderúrgica estadounidense: la producción de acero por hora trabajada en Estados Unidos ha disminuido un 32 por cien desde 2017. La situación es similar para el cemento, cuyo precio en Estados Unidos es de 148 dólares por tonelada, en comparación con los 55 dólares en China.
No sólo los aranceles impulsan el alza de los precios en Estados Unidos
Los vehículos eléctricos ofrecen un punto de comparación claro, ya que las gigafábricas de Tesla en Shanghai y California producen vehículos idénticos. El año pasado Shanghai había producido un millón de vehículos con 20.000 trabajadores, mientras que California había producido 464.000 con 22.000 trabajadores. Incluso en términos de valor añadido nominal, los trabajadores de Tesla en Shanghai eran el doble de productivos que sus homólogos estadounidenses. Esto a pesar de que los precios del Model 3 son entre un 24 por cien y un 32 por cien más bajos en China debido a la competencia de numerosos fabricantes de vehículos eléctricos, mientras que los vehículos eléctricos chinos están prácticamente prohibidos en el mercado estadounidense.
En el sector de los módulos solares, donde China domina el mercado mundial con una cuota de mercado del 80 por cien y una producción de energía 70 veces mayor que la de Estados Unidos, se proyectaba que la producción de energía por trabajador en China sería el doble que la de Estados Unidos el año pasado, en comparación con aproximadamente el triple en 2023. Sin embargo, el valor añadido nominal por trabajador disminuyó, pasando de ser aproximadamente 1,8 veces mayor en China a casi la paridad en 2024, lo que refleja una caída de precios del 60 por cien en China desde 2020 debido a la intensa competencia y la reducción de costes, y los altos precios en Estados Unidos debido a los aranceles y las subvenciones en virtud de la Ley de Reducción de la Inflación.
Además de los aranceles, otros factores estructurales de precios acentúan aún más la prima nominal de la producción industrial estadounidense. Las diferencias de precios de los productos manufacturados entre ambos países superan con creces el ajuste promedio del FMI para la paridad del poder adquisitivo, que estima que un dólar tiene el doble de poder adquisitivo en China que en Estados Unidos.
En Estados Unidos, por ejemplo, los precios de los medicamentos suelen ser entre 3 y 10 veces más altos que en otros países, y en algunos casos, la diferencia es aún mayor. Loqtorzi, un fármaco contra el cáncer desarrollado por Shanghai Junshi Biosciences, cuesta 280 dólares por dosis en China, en comparación con los 8.892 dólares en Estados Unidos: una diferencia de 30 veces. El distribuidor estadounidense, Coherus, considerado fabricante, recibe el 80 por cien de esta diferencia, tras deducir un 20 por cien en concepto de licencia.
Los fabricantes sin fábricas
Otra fuente de confusión radica en que Apple y Nvidia, junto con muchas otras empresas estadounidenses, son “fabricantes de mercancías sin fábrica” (PGF), clasificadas como “fabricantes” por las estadísticas estadounidenses desde aproximadamente 2013. Entre el 30 por cien y el 40 por cien del valor añadido de la producción industrial estadounidense —entre 700 y 1 billón de dólares de un total de 2,9 billones en 2023— se subcontrata en el extranjero, y las PGF representan entre el 12 por cien y el 15 por cien de este valor añadido, es decir, entre 348.000 y 435.000 millones de dólares. En contraste, menos del 5 por cien del valor añadido de la producción industrial china —entre 200.000 y 300.000 millones de dólares de un total de 4,7 billones en 2023— se subcontrata en el extranjero.
Mientras Estados Unidos clasifica a las empresas industrials estadounidenses (PGF) como fabricantes, China no lo hace. La Oficina Nacional de Estadística de China prioriza la producción física en sus datos de manufactura, categorizando a las empresas según su producción tangible en las instalaciones que poseen u operan. Antes de 2013, las empresas industrials estadounidenses se clasificaban en los sectores mayorista o de servicios. Si Estados Unidos clasificara a sus empresas industrials del mismo modo que China, considerando únicamente la producción física nacional, el valor agregado del sector industrial estadounidense disminuiría entre un 30 por cien y un 40 por cien.
Es una de las principales razones por las que comparar el valor agregado total de la manufactura estadounidense, dividido por el número de trabajadores, con el de China es como comparar peras con manzanas. Simplemente, no son comparables.
La ventaja industrial de China es muy real
La eficiencia industrial de China no es una ilusión: en muchos sectores, sus trabajadores producen entre dos y tres veces más que sus homólogos estadounidenses. El hecho de que los salarios en el sector industrial chino sean un 80 por cien inferiores a los de Estados Unidos no refleja una menor productividad laboral. La confusión entre las actividades industriales y no industriaes, así como una consideración inadecuada de las diferencias de precios, explican los resultados contradictorios de los estudios anteriores.
La combinación de una mayor productividad industrial en China y salarios más altos en Estados Unidos incentiva a las empresas estadounidenses a trasladar su producción a China. Centrarse en el diseño, la propiedad intelectual, la marca y la publicidad, a la vez que se subcontrata la producción a los fabricantes más eficaces, representa una ventaja para Estados Unidos, no una debilidad.
Es improbable que las políticas de reindustrialización estadounidenses, como la presión ejercida sobre Apple para que ensamble los iPhones en Estados Unidos, tengan éxito, ya que contradicen poderosos factores económicos. De implementarse, estas políticas reducirían el ingreso nacional al relegar a los trabajadores estadounidenses a empleos menos productivos, generando así menos valor agregado que sus contrapartes extranjeras.
China está ascendiendo en la cadena de valor industrial, trasladando su producción de bajo valor agregado a países con salarios bajos, al igual que economías avanzadas como Estados Unidos y Japón. China ya produce más que Estados Unidos en sectores de alto valor agregado, lo cual sería imposible si su productividad industrial fuera baja. Está mejorando su eficiencia productiva mediante la adopción de la automatización y la industria 4.0, gracias a la inteligencia artificial.
Ambos países aspiran a mejores perspectivas para sus economías industriales. La perspectiva de China se basa en su fortaleza industrial. La reindustrialización estadounidense solo puede tener éxito a largo plazo si se centra en una producción de alto valor añadido y tecnología punta que no requiera proteccionismo comercial. La mundialización permite a ambos países maximizar sus ventajas comparativas. Una disociación conlleva el riesgo de obtener resultados económicos subóptimos para ambos, especialmente para Estados Unidos, que ha perdido la ventaja competitiva que antes ostentaba en el sector industrial.
Weijian Shan https://research.gavekal.com/article/unraveling-chinas-productivity-paradox/
Pablo Hasél – Adelanto | Real (Poemas)
Poemas de Pablo Hasél del poemario «El arte de resistir» , escrito en prisión y autoeditado en 2025. Recitados por Charly Efe y Teko, (Puedes adquirirlo en: poemarioelartederesistir@gmail.com)














