Sobre el tipo de personas que necesita el comunismo para que triunfe su causa

«A esto una demostración:

«La desgracia del movimiento comunista internacional fue que el apego al comunismo era a menudo más sentimental que doctrinal, incluso en vida de Stalin. Y es esta religiosidad la que usan los revisionistas para combatir la teoría y práctica del socialismo científico. Cuando se consideró urgente hacer frente a estas debilidades y aumentar la comprensión del marxismo-leninismo a un alto nivel científico, se encontraron con una gran resistencia pasiva –la indiferencia y la inacción– y activa –con hostilidad– de muchos ejecutivos del aparato del partido, el Estado y la economía. En el resto del movimiento obrero internacional, las desviaciones a menudo también se fueron fraguando poco a poco, ya sea en los partidos comunistas de los países imperialistas –con el socialchovinismo– o de los países dependientes –con el nacionalismo tercermundista–. En la Unión Soviética, los elementos hostiles como los jruschovistas eran ciertamente una minoría, pero estos elementos gozaron del apoyo de muchos elementos inertes. Viacheslav Mólotov fue el tipo de figura con la naturaleza característica de estos elementos inertes cuya comprensión de los nuevos acontecimientos era superficial y por lo tanto eran propensos a mostrarse inestables». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

El comunismo no necesita de gente bien intencionada pero pasiva, cobarde y conformista como Mólotov que obstaculizan la lucha contra oportunistas como Jruschov, sino que necesita de gente formada ideológicamente, fiel, valiente, y comprometida hasta sus últimos días como Hoxha.

Mientras un movimiento o un individuo marxista-leninista no comprenda la máxima básica de que debe pertrecharse del materialismo dialéctico como método para analizar los fenómenos sociales y que esto incluye una exclusión del sentimentalismo para analizar las cuestiones, dicho movimiento o dicho será un revolucionario que simpatiza con el marxismo-leninismo y aplica ciertas cosas de él que le gusta y acepta, pero jamás un marxista-leninista». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 28 de agosto de 2016)

Los países subdesarrollados y la cuestión económica

«La transformación de la estructura económica en los países subdesarrollados a fin de preparar la transición al socialismo, requiere la solución de algunos problemas específicos propios de estos países. Estos son, por ejemplo, la liquidación de la dependencia económica respecto al capital extranjero y al imperialismo; la eliminación de las relaciones precapitalistas; la transformación de las relaciones agrarias en interés del campesinado trabajador; la liquidación del carácter unilateral de la economía nacional, garantizar el empleo para la población que crece rápidamente, etc. La historia ha demostrado que para eliminar la dependencia económica respecto al capital extranjero y al imperialismo, para conseguir la verdadera independencia política es necesario nacionalizar tanto la propiedad de los monopolios extranjeros como la de la burguesía compradora. Debe ser creado el sector estatal de la economía con los medios nacionalizados. Desde el punto de vista de las relaciones socioeconómicas, de la organización y dirección del trabajo y la producción, las características del socialismo deben prevalecer en este sector que debe representar el embrión de la base económica socialista y dar un poderoso apoyo para preparar la transición en todo el país de las viejas relaciones económicas al establecimiento de las relaciones socialistas.

Por supuesto, esta cuestión no puede ser solucionada mecánicamente a través de la realización de cualquier tipo de nacionalización, ni a través de la creación de cualquier tipo de sector estatal, como afirman los revisionistas modernos. Todo depende del carácter de clase del poder político y de a quien sirve el sector estatal: a la limitación del capital privado o a su extensión; a la transformación de las viejas relaciones o a su preservación; al enriquecimiento de las clases explotadoras o a los intereses de las masas trabajadoras, al logro de su bienestar. En estas alternativas depende el destino de la evolución de este sector: ¿será un sector socialista o un sector estatal-capitalista convencional? La lucha entre estas dos tendencias en este sector es una lucha de clases entre el camino capitalista del desarrollo y el camino socialista, entre las masas trabajadoras y las clases explotadoras.

La proporción de fuerzas de clase en el propio poder político y el fortalecimiento de la posición de la clase obrera en él definen el resultado de esta lucha, su marcha en beneficio del socialismo y en perjuicio del capitalismo en este y en todos los sectores de la economía nacional.

No cabe duda de que el sector estatal efectivamente creado en los países subdesarrollados es un fenómeno progresivo, en comparación con las otras formas económicas primitivas (naturales o semi-feudales). Pero es dañino, verdaderamente dañino, y es una ilusión igualar cualquier tipo de sector estatal y el socialismo, independientemente del carácter de clase del poder político. Tal posición lleva el agua al molino de la burguesía y del imperialismo, del capitalismo y la contrarrevolución.

El problema agrario es de vital importancia para el destino del socialismo en los países subdesarrollados. Aquí el campesinado constituye la mayoría de la población, y las viejas relaciones precapitalistas y la explotación colonial se encuentran más profundamente arraigadas y aparecen en formas más brutales en el campo. El éxito, tiempo y ritmo de la transición en el camino de desarrollo socialista del campo y de todo el país, depende enormemente del camino y los métodos utilizados para solucionar este problema. Tanto la teoría como la práctica revolucionaria enseñan que la solución del problema agrario es una compleja, que debe transformar todos los aspectos de la vida en el campo – los aspectos ideológico-políticos, económicos, sociales, culturales, técnicos, organizativos, y otros. En otras palabras, en el campo es necesario realizar una verdadera revolución en las relaciones socioeconómicas que cambiará radicalmente toda la fisonomía del mismo. Esta se debe llevar a cabo paso a paso, de acuerdo con la maduración de las condiciones subjetivas y objetivas dentro del campo y a escala nacional. La realización inicial de la reforma agraria revolucionaria en interés del campesinado trabajador, según el principio de «la tierra para quien la trabaja» sirve a este objetivo. La cooperación de los campesinos trabajadores es absolutamente esencial a fin de poner al campo en el camino del socialismo y desarrollar rápidamente las fuerzas productivas en la agricultura. Tanto la aceleración artificial de la revolución agraria como la vacilación para realizarla, desacreditan igualmente la idea del socialismo a los ojos del campesinado. Toda solución incompleta del problema agrario da más probabilidad a que el campo se desarrolle en el camino capitalista, en vez del camino socialista. Pero también cualquier esfuerzo para una solución radical prematura del problema agrario, saltando arbitrariamente las etapas, conduce al aventurerismo y puede dañar irreparablemente la causa del socialismo.

En oposición diametral al marxismo-leninismo, los revisionistas modernos declaran que en la edificación del socialismo en los países subdesarrollados no se debe dirigir el esfuerzo principal a la transformación de las relaciones socioeconómicas, sino al desarrollo de las fuerzas productivas porque este desarrollo conducirá, según se afirma, de un modo natural hacia la construcción socialista. Esta es la misma tesis del oportunista Kautsky quien dijo que el desarrollo de las fuerzas productivas «automáticamente» transforma las viejas relaciones de producción en su contrario. Tal análisis de la cuestión conduce a la actitud contrarrevolucionaria que sostiene que la causa del socialismo se debe posponer indefinidamente en los países subdesarrollados, hasta que las condiciones materiales estén maduras.

No puede haber ninguna duda de que el rápido desarrollo de las fuerzas productivas es una cuestión vital para el destino del socialismo en los países subdesarrollados. Las preguntas que surgen claramente en estos países son: ¿De qué modo se solucionará este problema? ¿Con el viejo modo tradicional de desarrollo, especializando la economía en la producción de materias primas dependiendo así del mercado imperialista? Brevemente, con una economía unilateral, no pueden ser garantizadas las altas tasas de desarrollo de las fuerzas productivas. Este modelo no contiene en sí mismo un mecanismo efectivo necesario para la reproducción ampliada. El impulso para el desarrollo de este modelo proviene del extranjero, causado por el aumento de la demanda de materias primas en el mercado mundial. Por ello es esencial crear otro nuevo modelo que debe su impulso al desarrollo interno, a la extensión del mercado doméstico. En este sentido, la construcción del socialismo en los países subdesarrollados exige el reemplazo de la economía unilateral con una economía diversificada que debe pararse en dos pies –la agricultura y la industria–. Sólo una economía con semejantes características puede asegurar un desarrollo rápido y complejo de las fuerzas productivas, consolidar la independencia económica y poner la riqueza de todo el país al servicio de la edificación del socialismo. La industrialización del país a través de auténticos métodos socialistas es un factor decisivo para solucionar este problema en el más breve período histórico posible. Una rasgo fundamental de esta industrialización debe ser el desarrollo de las industrias de extracción y transformación y también de la industria ligera y pesada, dando prioridad a la industria pesada.

Bajo el pretexto de la carencia de medios financieros, cuadros y experiencia, y de evitar los sacrificios innecesarios, con el pretexto de la división internacional del trabajo y la cooperación con los países «socialistas», etc., los revisionistas modernos persiguen una política que tiene por objeto desviar a los países subdesarrollados de la industrialización, mantenerlos como un apéndice de materias primas o material agrario de la metrópoli. El objetivo es el mismo que tienen el viejo y el nuevo colonialismo: el pillaje y la explotación, el establecimiento de la esclavitud económica y política de los países subdesarrollados.

Las victorias históricas alcanzadas en la edificación del socialismo en los países que fueron una vez subdesarrollados han demostrado que para solucionar los numerosos problemas de la edificación socialista se debe adherir al principio revolucionario de la independencia. Tanto en la revolución como en la edificación socialista es decisivo el factor interno y el pueblo, en cada actividad, debe confiar en sus propias fuerzas». (Hekuran Mara; Posibilidades de construir el socialismo sin pasar por la etapa del capitalismo desarrollado, 1973)

TIEMPOS OSCUROS DE CONFUSIÓN IDEOLÓGICA

Por Marat

1.-Rotura del eje articulador del sistema-mundo capitalista

Imagínense que el mundo en el que vivimos fuera un cubo de Rubik. Imaginen que a ese cubo se le hubiera roto el eje principal (la cruceta) y que, como consecuencia, las piezas que lo componen fueran a su aire, incapaces de componer caras del mismo color y de resolver el juego en ninguna circunstancia. Posiblemente las caras acabasen desprendiéndose y las piezas saltando por los aires

El mundo jamás ha sido perfecto: enfrentamientos entre clases sociales, antagonismos entre las naciones, luchas por su cuota de poder dentro de la clase dominante, tensiones ideológicas que expresan las contradicciones anteriores,…

Pero pocas veces que no sean un fin de ciclo, una etapa agonizante hemos visto tal descoyuntamiento del orden social.

Miremos un momento a nuestro alrededor.

Una crisis capitalista que anuncia nuevas acometidas dentro de una situación económica que no sólo no remonta sino que da signos de que al estancamiento mundial le sucederá una nueva caída.

Unos Estados nacionales del primer mundo incapaces de atender al creciente empobrecimiento de sus clases trabajadoras. Su condición de Estados de la burguesía se ha plasmado al desproveer a las clases subalternas de la gran mayoría de sus conquistas históricas, amenazando con rematar la faena.

Un mundo árabe o islámico, según el caso, que se desangraen guerras causadas por un terrorismo financiado por el imperialismo; guerras queno parecen importar a casi nadie, salvo cuando esas guerras hacen que cientos de miles de sus víctimas huyan hacia Occidente y se convierten entonces en un problema. El derribo por la violencia de gobiernos laicos y la destrucción de países en estas zonas está causando un desastre tan grande que las “soluciones militares posteriores” tienen un efecto boomerang contra los países que previamente les han armado.

En América Latina, un reformismo mal disfrazado de revolucionariorepite el mismo camino que en los años 20 del pasado siglointentó en Europa la socialdemocracia. Sin radicalizar sus procesos de transformación no ha cambia ni la naturaleza del poder económico ni la de sus Estados, por mucho que sus gobiernos sean progresistas.En unos casos su proyecto se está agotando porque dependía de la suficiente capacidad económica para subvencionar a las clases populares de sus países. Mientras el dinero de la venta de sus materias primas fluyó en abundancia fue posible lograrlo. Pero eso ocurría sin que realmente se produjese un ascenso de las clases populares al poder popular, que sólo puede venir de la socialización de los medios de producción. Hoy, cuando la venta de sus materias primas (petroleo y gas) ha caído en los mercados internacionales, la presión de los sectores oligárquicos a los que se permitió organizarse y del imperialismo ha sido capaz de lanzar a una parte de los apoyos sociales de dichos gobiernos contra ellos, al descender la capacidad de sufragar el gasto social.

En Europa, el supraestado de la UE se descompone a marchas forzadas, mientras el presidente de la Comisión Europa, Junker, se presenta a sus socios carente de soluciones mágicas en medio de la mayor crisis de su historia. Una crisis de múltiples cabezas: económica, política, de identidad (Brexit, euroescépticos), de refugiados, de repliegue nacionalista,…

Las contradicciones interimperialistas entre las grandes superpotencias se dirimen en luchas por influencia económica, alianzas estratégicas variables con otras potencias de entidad menor, guerras por los recursos naturales de terceros países y amplia manipulación mundial de la opinión pública a través de sus áreas y entornos de influencia.

La presión de la propaganda, expresada en su sentido más vulgar, exigiendo alineamientos acríticos y lealtades cerradas hacia cada actor imperial es tal que sólo el palmero más entusiasta es digno de respeto dentro de cada ámbito de verdades eternas inducidas.

Llamativamente las tres superpotencias son sistemas de uno y otro modo capitalistas y forman parte del sistema-mundo capitalista. Ello no debe obviar en absoluto el hecho de que, de las tres, es con mucho EEUU la potencia más peligrosa, agresiva y provocadora tanto en lo económico, como en lo político, y en lo militar.

Asumir esto y denunciarlo no debiera nunca convertir a una parte de quienes se reclaman marxistas en voceros de las otras dos superpotencias. Esa no fue nunca la posición del sector que rompió con la socialdemocracia oponiéndose a la I GM porque comprendía que aquella era una manifestación exacerbada de las luchas dentro del imperialismo global.

Es necesario denunciar sistemáticamente la violencia terrorista del imperialismo norteamericano. El papel de Rusia y China es muchísimo menos agresivo, y sí fundamentalmente defensivo, pero eso no significa convertirse en corresponsales de dos países capitalistas que también tienen sus propios intereses económicos. Esto no debiera ser difícil de comprender desde una perspectiva comunista.

Un sentimiento de temor al futuro, de inestabilidad en el presente y de vuelta de viejos fantasmas del pasado -guerra, pobreza, fascismo, terrorismo viejo y nuevo, incluido el cibernético,…- se ha instalado en las sociedades capitalistas. El malestar social se combina con un pesimismo ante el mañana, una pasividad ante lo que ocurre, y una rabia cuya dirección puede seguir un camino muy adverso para la clase trabajadora, si ésta no toma en sus manos su propio destino y se organiza autónomamente al margen de los intereses de otras clases sociales en una estrategia de clase contra clase, de trabajo frente a capital.

El eje político ya no se alinea correctamente con el económico pero tampoco lo hace con el ideológico ni con el social.

La homeostasis del sistema-mundo capitalista (capacidad de autorregularse y mantener su equilibrio interno)consistía en una aceptable articulación de los elementos económico, social, político e ideológico.

Dentro del primer mundo, el crecimiento económico y las políticas redistributivas garantizaban altos índices de empleo, un cierto bienestar de amplios sectores de la clase trabajadora y un salario indirecto basado en los servicios públicos. El pacto capital-trabajogarantizaba la paz social, donde sindicatos y patronal, partidos conservadores y socialdemócratas eran factores clave de dicha estabilidad. En lo ideológico, el capitalismo abría ante sí un horizonte de felicidad y futuro para amplias capas de trabajadores que paulatinamente iban entrando en una cultura de consumo, simulacro de democracia social y medio de autoadscripción a una clase media a la que en realidad no pertenecían pero a la que aspiraban y con la que soñaban. La idea de ascenso social de unas generaciones a otras daba una fuerte legitimación social al sistema. El eje central que permitía que funcionara de manera armónica todo el sistema era una positiva tasa de ganancia del capital. Mientras esto se mantuviera , todo el edificio estaría sólidamente asentado.

Pero en los años 60 del pasado siglo el capital empezó a detectar problemas con el mantenimiento de su tasa de ganancia. Su capacidad productiva se había elevado mucho con equipos cada vez más sofisticados y la competencia obligaba a una innovación permanente con períodos de amortización cada vez más cortos, lo que afectaba a su rentabilidad. Algunos mercados de demanda apuntaban ya signos de madurez, al menos en los países económicamente más desarrollados.

El resto supongo que ustedes lo conocen. En los años 70comienzan los experimentos neoliberales de los Chicago Boys, aunque para ello necesitaran hacerlo primero en la dictadura chilena, con el desmantelamiento de las pensiones públicas. Luego llegarían Thatchery Reagan, la desregulación financiera, el desvío de parte de las ganancias de la economía productiva a la especulativa, un proceso imparable hacia la financiarización de la economía, la crisis de las punto com como antecedente de la madre de todas las crisis del capitalismo que se inició en el último trimestre del 2007 y que aún hoy arrastra el mundo, a pesar del cacareo de los apologetas del sistema que tratan de hacernos creer que lo peor ya ha pasado.

Por en medio, el hundimiento de la Unión Soviética en 1991 y antes la desaparición de la RDA irían abriendo una dinámica cuyas consecuencias no han dejado de actuar durante todo este tiempo: la desaparición de una de las federaciones de repúblicas más grandes del mundo, con la consiguiente aparición de fuertes tensiones dentro de una parte de las antiguas repúblicas; guerras internas dentro del territorio de algunas de esas repúblicas; la aparición de movimientos fundamentalistas islámicos; conflictos bélicos interétnicos que desmembraron la antigua Yugoslavia, en una dinámica que fue estimulada exteriormente por grupos terroristas financiados por fundaciones globalistas y por potencias como Alemania;movimientos nacionalistas, racistas, de extrema derecha y xenófobos en varios países del este de Europa, incluso bastante antes de la crisis de los refugiados; la unificación alemana, que pocos vieron con temor en su día pero que hoy empieza a preocupar no sólo por la fuerza con la que impone sus tesis en la UE sino por el exitoso rebrote de alternativas fascistas en el país.

Aunque el capitalismo globalizado, con la extensión de sus lacras de paro, pobreza, crimen en los negocios, parece haber ganado la partida sobre la clase trabajadora, lo ha hecho dejando un efecto de creciente deslegitimación de sus estructuras políticas

Crece la abstención en las elecciones generales , regionales y municipales en muchos países, ha crecido también en las elecciones al Parlamento Europeo en en los países que se incorporaron a la UE en 2003, 2007 y 2013.

Los Estados experimentan en los países de la UE un doble efecto, producto de dos corrientes antagónicas entre sí.

A) Desde los países, una efervescencia nacionalista que rechaza la pérdida de soberanía de los Estados, derivada del incremento de competencias por parte de las instituciones europeas.

Hasta hoy esas tensiones explican una parte importante del euroescepticismo que cuestiona el futuro de la UE -aunque éste no recoge la condenade la UE desde posiciones de clase y a la izquierda de la izquierda- y que descarga en la burocracia de Bruselas una crítica que se queda sólo a medio camino. La negación a la Unión Europea no señala que el origen de la pérdida de soberanía está en el propio sistema capitalista, que es el que se malesconde tras las instituciones políticas de la Unión. La disminución de la autoridad de los Estados da alas a los movimientos secesionistas en territorios como el de España o el Reino Unido.

B) A su vez, en la UE se producen tensiones interestatales (Norte-Sur y este de Europa vs eje alemán). Estastensiones reflejan intereses encontrados entrealgunos sectores de las burguesías de unos países frente a otros, que sus medios de comunicación azuzan. El conflicto de intereses intercapitalista hace luz de gas sobre el rechazo de clase a la Europa comunitaria. Este tipo de crítica es aún muy débil por la fragilidad, minoría y deficiencias en el análisis de la cuestión por parte las organizaciones “izquierdistas”. Muchas de esas organizaciones rechazan el euro pero no a su creadora, la UE. Otras se quedan en la superficie de la crítica, impugnando sólo a las instituciones políticas sin entrar en un análisis en profundidad del marco económico-social que las dio origen y que las sostienen, así como de sus transformaciones y su inserción en el capitalismo mundial.

Los partidos que protagonizaron durante décadas la representación política han entrado en una crisis que no están en condiciones de resolver y que amenaza con llevárselos por delante.

Los partidos comunistas fueron los primeros en sufriresa crisis tras la implosión de la Unión Soviética. Dónde aún mantenían cierta representación (Italia, Francia, España,…) desaparecieron o están en trance de hacerlo, en algún caso mediante una metabolización postsocialdemócrata, ya que hacía tiempo que habían dejado de ser comunistas para convertirse a un parlamentarismo socialdemócrata de “izquierdas” (la socialdemocracia oficial se había vuelto ya derecha). Por muy excomunistas que fuesen ya por entonces, su raíz histórica golpeó sobre sus propias identidades y proyectos, si tenían alguno que no fuera la supervivencia de sus organizaciones y profesionales de sus aparatos. Han sobrevivido en Portugal y Grecia por su fuerte implantación militante y su trayectoria muy insertada en las luchas sociales de sus clases trabajadoras.

Las dos corrientes políticas hegemónicas en Europa, conservadores y socialdemócratas nominales, han visto laminadas sus bases sociales y políticas de una forma que amenaza su supervivencia.

En el caso de los “socialdemócratas” porque una parte de su base trabajadora ha visto su futuro y condiciones de vidaamenazados y se ha a refugiado en opciones más “radicales” a un lado y otro del espectro político y porque, en la práctica son casi indistinguibles de los partidos conservadores.

En el de la derecha conservadora por la irrupción del populismo próximo a la extrema derecha (antiinmigración, xenofobia, seguridad, nacionalismo,…) o abiertamente fascista.

Esa crisis de representación, que ya no se reconoce en las organizaciones clásicas, más allá de las particularidades que afectan a cada partido, hunde sus raíces en la propia utilidad de la representación.

La crisis capitalista, y la absoluta independencia del capital respecto a la capacidad de los Estados para aparentar una mediación entre intereses sociales y económicos antagónicos, ha desnudado el auténtico carácter de clase de dichos Estados y puesto en evidencia lo que los marxistas ya sabíamos desde hace mucho tiempo: que cualquier gobierno que ejerza su mandato dentro de un aparato burocrático y legal burgués será un gobierno del capital.

Por este motivo se delatan como formas políticas inútiles para resolver las necesidades de la clases trabajadora golpeada por la crisis capitalista y como “curanderos” que aplican recetas que ahondan en el empobrecimiento de dichas clases.

2.-Viejos productos con nuevas marcas, envases y etiquetados

Los intentos de salvar a la socialdemocracia mediante formas que aparentan renovarla -Syriza, Podemos,…- están abocadas al mismo fracaso que el reformismo tradicional porque se han mostrado como instrumentos dóciles del capital, más allá de su chácharaútil para captar el voto de sectores populares con bajo nivel de conciencia sobre la ausencia de salida de la crisis dentro del marco capitalista.

Mientras el sistema necesite de la ficción democrática, requerirá del simulacro de la representación. Por este motivo necesita refrescar esa apariencia de representación a través de nuevos formatos de partidos que, en esencia, siguen vendiendo las más viejas ideologías pero con nuevos envoltorios. En Europa esa “renovación” de actores va a venir principalmente desde dos líneas políticas distintas.

-Una que hunde sus raíces en el viejo liberalismo pero que ha dado un salto más allá del grosero neoliberalismo y entra en nuevas formas de expresión política que tratan de aparentar ciertas raíces libertarias que sólo tiene en apariencia.

-Otra que supone un intento de dotar de atractivo a un fascismo que todavía no puede presentarse en su aspecto matonesco y criminal, salvo parcialmente en Grecia y en Hungría.

El liberalismo está jugando desde hace algunos años ciertas bazas de “modernización ideológica” de su deriva neoliberal, dada la mala prensa de esta última.

Aunque el capitalismo no es capaz de salir de esta crisis, que no es una crisis más, los segmentos sociales y político-ideológicas que lo ponen en tela de juicio son reducidos. Apenas se discute la “economía de mercado”, “el derecho a la libre empresa” y menos aún la sociedad de consumo, fuera de algunas condenas puramente moralistas.

Es mucho mayor el repudio al neoliberalismo. Grupos políticos, economistas, “opinadores” oficiales, etc. condenan el neoliberalismo, que es hijo del capitalismo, y no el capitalismo en sí mismo. El oportunismo político de quienes rebajan su ideología hasta el saldo por fin de existencias para que sus partidos pasen el corte parlamentario no necesita de la censura que pueda tildarles de anticomunistas. Ya se ofrecen ellos mismos como tales. Prefieren hablar en un lenguaje de cura de pueblo de avaricia, de estafa, de capitalismo salvaje y de majaderías similares para ocultar que la lógica del beneficio capitalista, que explica mucho más que la moralina beata de la crítica al neoliberalismo, se basa en la explotación del trabajador y que ésta nace de la extracción de la plusvalía al mismo.

Puesto que el neoliberalismo está desacreditado, la vía de renovación de una oferta dentro del supermercado de marcas electorales que evite la idea de igualdad material ente los seres humanos está siendo la que sigue el discurso de la “democracia participativa”, el “agorismo”, los “wikipartidos”, “la wikidemocracia”, la “democracia 4.0” o la “transparencia”. Pero lo cierto es que esos no son los enunciados que se oponen a los recortes sociales y retroceso de derechos de los trabajadores, a menos que se esté actuando como la columna del capital. Este tipo de organizaciones no pueden plantear la cuestión de la desaparición de lo público de un modo directo y lanzarán sus sospechas contra el Estado, deseando un “Estado líquido” en la línea de las teorías de Bauman sobre la modernidad líquida. Este enfoque que parece conectar, aparentemente con el anarquismo, en realidad lo hace con el más rancio liberalismo de origen y complementa el papel de los neoliberales con la voladura de lo público y su privatización completa. Para borrar la sospecha de neoliberalismo modernizado reclaman la enseñanza y la sanidad públicas. Pero es sabido que las declaraciones de principios significan muy poco. También las proclama el PP mientras las destruye. Lo relevante es ocupar una parte del discurso supuestamente alternativo con contenidos ideológicos que, lejos de enfrentarse al capitalismo, lo refuerzan con la patraña de la filosofía y la “economía del bien común”, que se sustenta en la idea de un capitalismo ético, como si eso fuese posible.

Su modelo social fue el 15M en España y los movimientos Occupy en USA como disidencias controladas. Uno de sus experimentos previos fue la revolución ciudadana islandesa que nunca existió pero que tantos creyeron que había hecho algo memorable. Hoy en Islandia son muchos los desencantados con aquello como con el 15M o con los Occupy.

Sin embargo en lo político sí que han tenido algunos éxitos, sobre todo en la Europa nórdica y en algún momento en Alemania. Son los “partidos piratas”, que hacen bandera de cuestiones como el software libre, el copyleft (ley Sinde), el fomento de Internet y el libre acceso a la red, el ciberactivismo,… Son partidos que han calado fundamentalmente en los sectores jóvenes universitarios y postuniversitarios de la pequeña y mediana burguesías. Son lo que podríamos llamar la generación Erasmus, un segmento cuyos líderes no han tenido la oportunidad de ser explotados en el trabajo y de sentirse tales, bien porque han vivido de encadenar proyecto de investigación tras proyecto de investigación bien porque han vivido de negocietes asociados con las tecnologías de la información y la comunicación, en muchos casos subvencionados. En España, aunque no es miembro de ningún partido pirata, un caso muy representativo de esa generación es el concejal de Ahora Madrid Pablo Soto, un tipo que se forró creando un sistema P2P para compartir archivos (que servían para bajarse gratis películas y música) y que luego se volvió forrar con varias subvenciones por un total de 1.600.000 euros para varios negocios que resultaron ruinosos excepto para él mismo.

En España, como los “piratas”eran pocos, estaban divididos y su plan no salía adelante, se lanzó la frikada del Partido X, los de “Democracia y Punto”, apoyados por el panfleto “Público” y el digital de referencia de Sorosen España, “El Diario”. Dicho “partido”estaba integradopor componentes del engendro formado en su día por liberales, anticomunistas y sectores de la extrema derecha, llamado Asociación DRY.

El ciberactivismo de la llamada “democracia participativa” no es otra cosa que la estabulización (de establo) de amplios sectores sociales en la red con el fin de lograr dos objetivos:

1) Reorientar el debate político hacia el simulacro de la “realización” de las libertades individuales en el mercado tecnológico, en una cacofonía inútil para la transformación social. La realidad es que los discursos se conforman por ghettos opináticos, excepto cuando hay una masiva inversión económica para profesionalizar community managers con el fin de lanzar un nuevo invento político, como sucedió con el 15M, DRY y Podemos en su día. En ese caso se busca crear “estados de opinión” muy amplios dentro de la red a través de una masiva repetición de mensajes muy sencillos, de modo que genere la sensación de amplio consenso.

2) Mantener una pseudoguerrilla comunicacional que, en realidad, está compuesta por ludópatas atrapados en las redes sociales y profesionales del asunto.El fin es contribuir a vaciar las calles, tras llevarles hacia proyectos (15M, 25S, el propio Podemos,…) que son callejones sin salidas.

En la actualidad, como temática que ha impactado con fuerza enEspaña, nos encontramos la “oportuna” emergencia de los antitaurinos, animalistas, especistas y veganos con una base social muy similar a la de los piratas. Cuenta con un impresionante apoyo mediático, sobre todo en el caso de antitaurinos y animalistas y no les falta abundante financiación. El especismo se ha convertido en la ideología con pretensión hegemónica amplias capas juveniles y no tan jóvenes, lanzado por parte de quienes pretenden que se reclamen los derechos de todas las especies menos la humana a la que el capitalismo la está llevando a la destrucción. Pero hablar de esto no es moderno para este tipo de ideologías cómplices de un sistema que se niega a que se hable de sus crímenes y usacomo señuelos a sus títeres tan fácilmente manipulables y tan carentes de escrúpulos que no sean respecto al maltrato animal, como si quienes no hacemos de dicha cuestión el eje central de nuestra posición política fuésemos torturadores del resto de las especies. El fanatismo del que hacen gala ha logrado convertirse en moda hasta el punto en el que personas que se dicen comunistas, patanegras M-L (línea política de la que se reclaman pero de la que desconocen todo) se definen animalistas, antitaurinos y otras simplezas semejantes. La ausencia total de formación política, la ignorancia plena de lo que significa ser comunista, unida a una frivolidad absoluta y a una devoción supina por “lo nuevo” explican este tipo de aberraciones ideológicas.

La otra línea de refresco de la oferta política del sistema capitalista es la de la renovación ideológica del fascismo, como señalábamos antes.

Bajo el paraguas del término fascista se amparan organizaciones muy variopintas.

En el caso de Francia, el fascismo intenta dotarse de una respetabilidad “republicana y moderada”, en la misma línea del experimento de Gianfranco Fini de llevar el antiguo Movimiento Social Italiano (mussoliniano) hacia la respetabilidad amable de un fascismo blando en zapatillas de andar por casa.

Un caso distinto es el de Alternativa para Alemania (AfD). Se trata deun grupo de origen euroescéptico, favorable a la salida de Alemania de la UE que en los últimos tiempos ha acentuado su carácter xenófobo y antiinmigrantes. Ha ido pasando de una defensa del liberalismo económico e incluso el ultraconsdervadurismo a posiciones abiertamente de extrema derecha. Este cambio se ha producido mediante el triunfo interno de su corriente más derechistaque lo ha llegado a conectar con sectores del movimiento social racista y xenófobo PEGIDA. Pero a su vez este partido tiene el sentido de la oportunidad de enfatizar un programa social y económico de defensa del resquebrajado Estado del Bienestar alemán. Sigue la estela del nazismo cuando en la brutal crisis económica de la república de Weimar amagó por la izquierda para golpear por la derecha más criminal. Su caladero de votos no proviene solamente de liberales y CDU sino también de antiguos votantes de izquierda. Tiene una base social importante entre trabajadores precarios (minijobs), parados, autónomos, funcionarios y jubilados, los grupos más afectados por las consecuencias populares de la crisis capitalista en forma de recortes sociales, salariales y de condiciones de contratación. Baste decir que el 40% de los alemanes carece de capacidad de ahorro. Allá donde los ex comunistas se convierten en ala izquierda del sistema, fascistas y prefascistas recogen la antorcha de la protesta que acabarán proyectando sobre las bases sociales que les aúpan porque son la avanzadilla de la alternativa represora que se da a sí mismo el capital.

Si descartamos al NPD alemán y Amanecer dorado, más clásicamente nazis, el perfil del prefascismo en auge oscila entre el intento de institucionalizar su imagen, buscando un aura de respetabilidad y el de radicalizarla, “equilibrando” un discurso que enfatiza uno de los rasgos típicos del nazismo (el odio al otro) con rasgos sociales de defensa de los golpeados por la crisis, junto con un rechazo más o menos pronunciado hacia la UE y el euro. En los dos últimos aspectos, han recogido lo que las “izquierdas” han ido abandonando al pringarse en gobiernos que aplican las mismas recetas que la derecha, si no peores (Tsipras en Grecia).

Hasta ahora hemos hecho un análisis sintético de las primeras oleadas de signo neofascista y prefascista y de camuflaje remozado de un neoliberalismo cibernético porque el de aplicación práctica sufre un fuerte cuestionamiento.

Pero estoy convencido de que a esas primeras oleadas les sucederán nuevas mutaciones de los mismos discursos puesto que, profundamente adentrados en un marketing de entretenimiento a las víctimas de la crisis por parte de quienes crean y de quienes difunden las nuevas formas de alienación políticadel sistema capitalista, es necesario renovar la oferta hasta dar con la fórmula final que mejor les funcione.

Desconozco cuáles serán las nuevas fórmulas con las que se disfrazarán en lo sucesivo los nuevos liberales. Pero es obvio que el mando a distancia (E. Dans, R. Galli, L. Abadía,M.Varsavsky, Fundación Everis,.. ) seguirá funcionando, aunque en el caso de España serán seguramente otras caras las que les sustituyan puesto que sus conexiones con las plazas fueron ya probadas en su día.

El único punto del que tengo casi certeza es en que el componente friki para la idiotización de mentes continuará. Al fin y al cabo el frikismo está de moda y se ha revalorizado, el 4.0 es su partitura como el 15M con sus extravagancias, el Partido X primero y Podemos después, con su falta de sentido del ridículo, han sido sus melodías.

En cuanto a los fascismos de nuevo cuño, viejo producto con nuevo etiquetado, seguirán avanzando imparables penetrando ya con fuerza en campospolíticos en los que no tendrían porqué entrar, si la realidad del “progresismo” y de las corrientes políticas a su izquierda no estuvieran en el estado de indigencia ideológica en el que se encuentran.

El discurso peronista de movimiento y patria del errejonismo y que es parte del código genético de Podemos convive con la reivindicación socialdemócrata hecha por Pablo Iglesias.

Quien pretenda negar la faceta peronista de Podemos debiera comprobar cuál es el discurso de Chantal Mouffe y de Ernesto Laclau de quienes Iñigo Errejón toma sus excéntricas teorías.

Quién dude de cuál era la ideología de Perón sólo debe informarse sobre las similitudes casi absolutas entre la legislación peronista de entidades gremiales de 1945 y la Carta del Lavoro mussoliniana de 1927. La representación del movimiento obrero fue “integrada” dentro de ambos proyectos políticos para un mejor control de la clase trabajadora, en el clásico esquema organicista del fascismo. Quien busque supuestos izquierdismos de Perón en los años 60 debiera analizar antessu figura en el contexto de los difíciles equilibrios políticos nacionales e internacionales de aquella época así como el peculiar potaje ideológico de la izquierda latinoamericana durante tantas décadas; potaje que aún persiste.

Es entendiendo esos dos elementos como se comprende la abundancia de casos, algunos de ellos citados incluso en medios, de ex miembros de Falange y de otros grupos ultras que se han ido incorporando a Podemos o mostrado su simpatía hacia este partido que, al fin y al cabo, como José Antonio Primo de Rivera dijo de Falange en su día, afirma no ser de derechas ni de izquierdas.

Pero mi preocupación mayor no la representa ya un partido que pierde votos en términos absolutos elección tras eleccióny que intenta hacer pasar sus broncas y guerras intestinas por debate abierto y fraternal. Las razones para la protesta, la lucha y la resistencia no sólo no han disminuido sino que se incrementarán pero esa “gente” no estará en ellas ni se la espera porque su dirección está compuesta por arribistas sin escrúpulos cuyos únicos objetivos son sus carreras políticas profesionales. Podemos, al vender ungüentos frente a las medidas antisociales que la burguesía ordena a los gobiernos y usar a las víctimas de las mismas de modo meramente instrumental, decepcionará y acabará por ser pasado.

3.-Penetrando con fuerza en campo enemigo

Lo que de verdad me preocupa es la penetración ideológica de la extrema derecha dentro del entorno social y político comunista.

Hace casi 9 años escribí un artículo en mi primer blog ya desaparecido, que otro blog amigotuvo a bien recoger, titulado De Gustavo Bueno a los nazbol, pasando por todo lo que arrastran sus «discípulos»”. En dicho artículo ya denunciaba estas infiltraciones fascistas en entornos digitales de la izquierda marxista y revolucionaria. Quien leyese en su día dicho artículo, largo, como tantos míos, se encontraría con multitud de enlaces que iban desde las publicaciones de la extrema derecha a las publicaciones comunistas y similares.

Cuando un blog o una web recibe visitas, el gestor de contenidos que maneja la persona/s que lo edita/n permite ver la procedencia de esas visitas. Éste es un sutil modo por el que las páginas fascistas de aquella época captaban la atención de bloguerosde izquierda. Para ello contaban con la curiosidad de la persona que administraba el blog o web de línea marxista. En muchos casos,el despistado “izquierdista” no siempre se percataba de la orientación política fascista del medio que lo enlazaba, que solía camuflarse bajo una ideología de tipo nazbol (nacionalbolchevique), en ocasiones definido como tercerposicionista o de la tercera vía. Esta ideología engañaba y sigue engañando al militante poco formado ideológica y políticamente pues no era raro que encontrase en sus publicaciones menciones a Marx, Lenin y, por supuesto, Stalin, mezcladas con otros teóricos de ideología opuesta (Ramiro Ledesma Ramos, Ezra Pound, León Degrelle, Oswald Mosley, Francis Parker Yockey, Corneliu Codreanu,…). Evidentemente no iban a citar a Adolf Hitler o a Benito Mussolini, demasiado conocidos, demasiado evidentes como nazis y fascistas y por, desgracia, los únicos referentes de esas ideologías criminales que conocen muchas personas que se identifican como comunistas.

Llegados a este punto es sencillo comprender de qué modo la persona que se dice de ideas comunistas, si carece de una sólida formación marxista, es fácilmente contaminado de conceptos y categorías de pensamiento ajenas y opuestas al marxismo y de procedencia fascista. Si además, los elementos contaminantes se los aderezaban con términos atractivos para cualquier comunista como “Antiimperialimo” (el manejo que hacen del concepto nada tiene que ver con el significado que le otorgan Lenin, Hilferding o la propia Rosa Luxemburg), o con términos evocadores como “Eurasia”, la píldora ideológica entra más fácilmente. Para los menos formados, los nacionalblocheviques y los tercerposicionistas en general empleaban imágenes y dibujos que integraban símbolos de apariencia comunistas mezclados con otros de tipo fascista o nazi. Les podré un par de ejemplos.

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El término nacionalbolchevique no es nuevo. Tiene su origen en los años 20 en la URSS y alcanzó cierto relieve en la Alemania previa al ascenso de Hitler al poder. Pero se revitalizó a partir de la caída de la Unión Soviética con políticos, a la vez que intelectuales, como Eduard Limonov y Alexander Dugin, del que les hablaré más tarde.

Lo que los nazbol y tercerposicionistas hacían para penetrar en el pensamiento de los militantes comunistas lo hizo con mucha mayor destreza Gustavo Bueno Martínez, recientemente fallecido. De hecho sugiero que se lean las conexiones de pensamiento, lenguaje y hasta nombres entre Gustavo Bueno y sectores nazbol, que expuse en su día en el citado artículo.

Bueno, un hombre que empezó siendo marxista y próximo al PCE acabó siendo miembro de la Fundación Defensa de la Nación Española (DNAES), grupo ultranacionalista español. Se declaró tomista no creyente (del filósofo y teólogo Tomás de Aquino), ateo católico y nacionalista español. Sus teorías en los últimos tiempos eran un refrito reaccionario, con alguna expresión pseumarxista despojada de su significado real. Fue un protector, desde su revista El Catoblepas, de católicos, monárquicos, liberales, algunos comunistas despistados, como el ya fallecido como José María Laso, y un buen elenco de falangistas y reaccionarios.

Ligada al Catoblepas estaba un grupo de poder interno llamado “nódulo materialista”, auténtico núcleo de devotos de la teoría del “materialismo filosófico” (no confundir con el materialismo histórico ni con materialismo dialéctico marxistas) de G. Bueno. En ella estaba por aquél entonces un tipo excéntrico llamado Santiago Armesilla que editaba una publicación digital llamada “Izquierda Hispánica” (por aquello de la “Hispanidad”), un refrito de teoría bolivariana, paridas de Bueno, populismo reaccionario y neolenguaje que quería parecer marxista pero no se acercaba a este pensamiento ni de lejos.

Pues bien, el tal Armesilla hoy es militante del PCE, colabora con la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), ligada al PCE, se las da de formado en el marxismo, cosa de la que no tiene ni repajolera idea, y ha escrito un vomitivo texto en una web ligada a militantes del PCE, Crónica Popular, en la que presenta a Bueno como un renovador del pensamiento marxista. Que gente como dicho sujeto esté llegando lejos en la Universidad española, y posiblemente acabe haciéndolo en la política, indica el nivel de pudrimiento intelectual y moral de ambas.

Quiero volver a Alexander Dugin, un teórico y político que empezó militando en el movimiento ultranacionalista ortodoxo y antisemita ruso Pamyat, movimiento que tuvo una deriva hacia una mezcla de elementos teóricos de la monarquía de los Romanov y el fascismo, para pasar posteriormente a ser consejero externo del Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), lo que no es disonante con el fuerte componente nacionalista de dicho partido heredado del estalinismo, y acabar siendo un teórico del Partido Nacional Bolchevique. Dugin rompería después con este partido y crearía el suyo propio, Eurasia.

Dugin, frente a la tercera vía o tercerposicionismo clásico del los nazbol, sostiene una nueva teoría neofascista, la llamada Cuarta Teoría Política (superación de capitalismo, marxismo y fascismo/nazismo). Es necesario aclarar que tanto el tercerposicionismo como la Cuarta Teoría Política dicen rechazar al fascismo y el nazismo clásicos por capitalistas, lo que no es sino un modo de intentar legitimar sus ramas particulares de neofascismo o neonazismo desde una aparente izquierdización. A esta baza ya jugaron sectores del NSDAP (nazis alemanes) como el ala izquierda de Otto Strasser.

Entre ciertos sectores de la izquierda comunista española están empezando a calar las ideas de Dugin y de otros políticos y pensadores neofascistas y neonazis. La vía empleada es a través de publicaciones aún muy minoritarias en cuanto a seguimiento y lecturas pero que aplican el anzuelo de lo ruso para quienes aún se niegan a ver que este país juega su propia baza como país capitalista en la geoestrategia y la geopolítica mundiales. Es el tipo de gente capaz de considerar recomendables a Trump -Hillary Clinton me parece igual de peligrosa- y a Erdogan sencillamente porque apuestan por mejorar sus relaciones con Rusia, sin inmutarse ni tomar conciencia del carácter profundamente reaccionario y hasta criminal de los dos personajes que acabo de citar.

Una de esas publicaciones es Katehon, una web en la que basta ver la sección de vídeos para notar la presencia de Dugin o incluso la de Marine Le Pen. No falta tampoco un artículo de alabanzas al líder del partido de ultraderecha Alternativa para Alemania porque propone mejorar las relaciones con Rusia. Prefiero no seguir con las entradas que tiene esta web y que las comprueben ustedes. Entre sus autores destaca de nuevo Alexander Dugin, por encima de todos, el ultra Alain de Benoist y la publicación de extrema derecha, con colaboradores progres, El Espía Digital. Para despistar algún autor de izquierda radical. Puede que la recolección de artículos se haya hecho a partir de la libre publicación y que Katehon los haya recolectado, lo sepan sus autores o no. Pero Dugin destaca por encima de todos por el número de artículos publicados en esta web. Por último, por si quedaban dudas, en el quiénes somos las aclaran: Dugin aparece de nuevo y hay dos miembros ligados a instituciones de la iglesia ortodoxa rusa. Para dar empaque a la publicación, el resto de miembros del Consejo de la publicación aparecen muy ligados a la oficialidad institucional rusa.

En cuanto a la publicación El Espía Digital es una de esas publicaciones de la extrema derecha más extrema que anda aún enganchada con el rancio y cuartelero ¡Gibraltar español!, tal y como vemos en su petición de firmas en change.org, una de esas plataformas que hacen negocio con el ciberactivismo.

El Jano Andaluz, en un largo artículo publicado en su blog, desvela quiénes están detrás de la publicación El Espía Digital. El número de ultraderechistas en dicha publicación es inmenso, algunos como su propio director con un pasado en organizaciones nazis y neonazis violentas (Bases Autónomas, MSR,…), algo que se ha difundido ya en varios medios, hasta el punto de que ha decidido simplificar su nombre de Juan Antonio Aguilar a Juan Aguilar, en un intento por “camuflar” ese pasado. Ello no impidió que Juan Carlos Monedero le invitase en su día como tertuliano en su programa La Tuerka. ¿Responde la razón de esta entrevista a una colaboración La Tuerka-El Espía Digital por aquello de que ésta última página tiene conexiones con Hispan TV, en la que Pablo Iglesias presenta su programa Fort Apache? Lo ignoro. Juan Antonio Aguilar es también un colaborador habitual de Russia Today

No faltan militares golpistas o hijas de militares que participaron en el 23-F. Como tampoco faltan artículos, a mansalva de Alexander Dugin (112 entradas con este nombre) como tampoco del falangista y analista militar Gustavo Morales, colaborador habitual de la casa , de Hispan TV, de Russia Today (RT) y de Página Transversal, una publicación digital ligada al pensamiento nazbol, en la que tampoco falta Alexander Dugin. Los sitios recomendados por esta página son El Espía Digital, Katehon y La Cuarta Teoría Política (en español). Así uno no se pierde.

Conviene señalar que Gustavo Morales fue miembro creador de la Asociación DRY, escisión muy por la derecha de su entidad de origen, Democracia Real Ya, que era bastante de derechas. La Asociación DRY llegó a pedir relaciones políticas al Nudo Patriota Español (fascistas). Victor García, otro de los fundadores de ADRY, es o ha sido miembro de Podemos.

No quiero olvidarme tampoco, dentro de los colaboradores de El Espía Digital, Fernando J. Muniesa, Presidente del Consejo Editorial de dicha publicación.

A Fernando J. Muniesa hay quienes le acusan de ser un ex colaborador del CNI-CESID implicado en las escuchas a políticos de la Comunidad de Madrid por Encargo de Esperanza Aguirre. Igualmente diversas fuentes le vinculan también con Xavier Anglada, líder de la ultraderechista Plataforma por Cataluña (PxC), muy centrada en el rechazo hacia los inmigrantes extranjeros en ese territorio.

Puede que lo anterior no sea cierto pero sí lo es su vinculación con los servicios secretos españoles, que el mismo ha señalado en varios libros. También lo es que es el Presidente del Consejo Editorial de El Espía Digital en cuyo newsletter colabora habitualmente.

Me resulta sorprendente y preocupante que esos artículos aparezcan también publicados en un digital que se dice progresista, Diario 16. 50 artículos lleva publicados ya en él. Pero cuando se acude a ver las entradas que publica en el newsletter de El Espía Digital no aparece un enlace a Diario 16, ni siquiera la mención de que ha sido publicado en dicho medio, lo que nos lleva a pensar que el mismo artículo aparece en ambos a la vez y no es consecuencia de que un medio copie los contenidos del otro.

Con el currículo de Muniesa como espía, con las acusaciones que se han vertido sobre él, con su condición de Presidente del Consejo Editorial de El Espía Digital, no puedo menos que preguntarme qué hace este señor en Diario 16 y si este diario desconocía dicha trayectoria. Admito que yo tampoco sabía nada sobre quién era Fernando J. Muniesa hasta que me puse a escribir este largo artículo pero yo soy uno y en el diario son unos cuantos más, además de que no se empieza a escribir en un medio sin que se busquen referencias acerca de un posible colaborador. La búsqueda de datos personales en Internet de alguien que se va a incorporar a una plantilla es algo que hace cualquier empresa que se precie de ser tal desde un tamaño pequeño en adelante.

Dicho todo lo anterior, quiero explicar porqué funciona la penetración del pensamiento nazbol y reaccionario tanto de Katehon como de El Espía Digital entre un sector de personas que se consideran a sí mismas comunistas.

La histórica tradición del internacionalismo proletario sufrió tras la revolución de octubre, más marcadamente tras la muerte de Lenin, una mutación consistente en la subordinación de las organizaciones de la III Internacional a los intereses de Estado de la URSS, comprensible por el acoso externo a la revolución y por la situación posterior al ser atacado dicho paíspor la Alemania nazi, pero que tuvo sus efectos perniciosos en cuanto a que los objetivos internacionales de clase se identificaron con los de Estado. Habrá quien intente justificarlo en base a que dicho Estado era el primero obrero de la historia y a que su supervivencia era la base que garantizaba la expansión del socialismo en otros lugares del mundo. Pero es una tesis como mínimo falaz ya que Yalta demostró que no era así y que se pactaban repartos de influencia en Europa y la posterior doctrina de la Coexistencia Pacífica intentó pactar esto a nivel mundial, aunque algunos episodíos internacionales la rompieron ocasionalmente. Todo ello tuvo sus consecuencias sobre las organizaciones comunistas en el mundo y las posibilidades del socialismo internacional. Y si no que le pregunten al KKE (Partido Comunista de Grecia) por el rechazo de la URSS a apoyar a su organización guerrillera ELAS tras la II G.M., en cumplimiento delos acuerdos de Yalta que contrajo dicho Estado con USA y el resto de potencias vencedoras.

Esta pauta se ha mantenido mimética y acríticamente tras las desaparición de la URSS. Para muchos comunistas Rusia y sus intereses siguen representando algo parecido, a pesar de que esa visión sólo se dé en su cabeza y de que la Rusia de hoy proteja los intereses internacionales de sus oligarquías económicas a las que Putin sirve, siempre que le sustenten su concepción geostratégica mundial que, como dije anteriormente, es mucho menos agresiva que la de USA pero no por ello es progresista. Al respecto no estaría de más que quienes actúan de voceros acríticos de los intereses rusos desde una posición pretendidamente comunista conociesen cuál es la categorización que hace el KKE de este país, sus burguesías y su gobierno en el contexto de la posibilidad de una guerra, producto de las contradicciones interimperialistas.

Meta usted en las dos publicaciones digitales muchos contenidos que tengan que ver con Rusia, con sus intereses estratégicos a nivel internacional, ponga enlaces a sus publicaciones y de sus aliados y el reflejo condicionadopavloviano hará el resto. Si a ello le añade usted algún colaborador progresista o incluso marxista el resultado funcionará. Cabe preguntarse si los progresistas o los “marxistas” que colaboran en publicaciones de este tipo lo hacen a sabiendas de lo que en realidad son políticamente esos medios o no.

Toda esta infiltración de conceptos, contenidos e ideas ajenas y hasta opuestas al pensamiento marxista se hace posible por la debacle que ha sufrido el movimiento comunista internacional al menos desde el hundimiento de la Unión Soviética, cuyo efecto ha sido devastador para nosotros, independientemente de en qué corriente nos situemos. La debilidad teórica y organizativa ha hecho el resto. Comunistas políticamente muy poco formados, ideológicamente involucionados, ajenos a los fundamentos del marxismo y con un profundo sentimiento de orfandad que les ha llevado a encontrar referentes internacionales en países con gobiernos que hace 25 años sería impensable para un comunista, están siendo abducidos por el pensamiento más reaccionario. La última trinchera que necesitaba derrotar el capital a través de un refrescamiento de sus ideologías de enfrentamiento éramos nosotros y nos están destrozando y no por nuestra debilidad sino por el riesgo de que nos metabolicen, convirtiéndonos en lo que nunca hemos sido: otra cosa.

¿Alternativas frente a ello ? Creo que la denuncia de estos hechos es ya, en sí misma, una alternativa necesaria, por reducido que sea su eco receptor. En otros textos que he escrito anteriormente he planteado también algunos ejes necesarios para la recuperación del marxismo y de la identidad comunista.

Aún así, creo que sería necesario desarrollar propuestas frente a este terrible desafío; respuestas que deben ser también tarea de más comunistas que hayan detectado este riesgo tangible de involución política dentro de nuestro campo ideológico.

En cualquier caso, no descarto un segundo artículo con contenido propositivo frente a la amenaza aquí analizada.

marat-asaltarloscielos.blogspot.co.uk

El endemismo recurrente de la censura en Rebelion.org

 

El término distopía fue acuñado a finales del siglo XIX por John Stuart Mill en contraposición al término eutopía o utopía de Thomas More y sería “una utopía negativa donde la realidad transcurre en términos antagónicos a los de una sociedad ideal”. Las distopías se ubican en ambientes cerrados o claustrofóbicos enmarcados en sistemas seudo-democráticos donde la élite gobernante (establishment) se cree investida del derecho a invadir todos los ámbitos de la realidad en sus planos físico y virtual , no dudando en restringir los derechos básicos de la ciudadanía y estigmatizar a todos los sectores refractarios a la doctrina oficial del establishment con un anatema recurrente, de lo que sería un peligroso paradigma la implementación de la censura en la web Rebelion.org.

Así, la persistencia de la censura sistemática de autores como el que suscribe la presente en Rebelion.org, una web que en su carta de presentación afirma que “pretende ser un medio de información alternativa que publique las noticias que no son consideradas importantes por los medios de comunicación tradicionales” al tiempo que proclama su voluntad de “contar con la participación y colaboración de todos vosotros para que Rebelión sea un espacio serio, riguroso y actualizado en la difusión de noticias”, me obliga a constatar que sus actuales directores se han adelantado a las medidas regresivas del Gobierno de Rajoy , actuando de facto como meros “ comisarios políticos”.

Supongo que el encefalograma plano de su hipotálamo ideológico les impedirá llevar a acabo una autocrítica sobre su deriva involucionista que se ha traducido en la implementación de la censura en un medio digital fundado en 1996 y convertido en “referente de los movimientos sociales de izquierdas” al ser uno de los portales más consultados en la red en aquella época (4 millones de visitas anuales según alexa.com) pero que adolece de un paulatino descenso hasta los actuales 3,5 millones de visitas anuales según urlm.es

Sin embargo, aunque se consideran los guardianes de la ortodoxia de la información alternativa, por contagio mimético de la miopía intelectual e ideológica del establishment oficial han acabado estableciendo muros virtuales e impermeables a toda suerte de opinión ajena a “ los dictados de la voz de su amo”, quedando reducida a un cortijo pseudointelectual en el que sólo tienen cabida los artículos de Salvador López Arnal y demás adláteres que se han autoimpuesto como filosofía vital impedir la aparición de artículos de opinión alternativos a “la línea editorial impuesta en Junio de 2011 por el filósofo trotskista Santiago Alba Rico” en palabras de Carlos Tena, otro ilustre defenestrado al igual que Jorge Beinstein cuyo artículo “El Regreso del Fascismo; A propósito de Charlie Hebdo” fue censurado de la web debido a que Beinstein expresaba una discrepancia con lo expuesto en otro artículo por Alba Rico.

Ya sé que estas líneas nunca saldrán a la luz en las páginas de una web distópica como Rebelión.org, pero todavía quedan medios digitales como último reducto de una libertad de expresión que agoniza ante la nueva ola involucionista que se avecina y de la que sería paradigma el cierre decretado por la AN de la web “Ateak Ireki”, lo que aunado con la inhabilitación de Otegi como candidato a la Lehendakaritza y la prohibición de la celebración del anunciado referéndum sobre la independencia catalana, supondrán el finiquito a la más larga experiencia seudodemocrática del Estado español.

Mientras, Rebelión, ( siguiendo el atavismo de la servidumbre a los poderes fácticos del momento), seguirá ignorando la gravedad de la aplicación de dichas medidas regresivas en la creencia de que no serán los siguientes, pero para que no puedan alegar como atenuante ante el juicio de la Historia el desconocimiento por miopía intelectual, me permito parafrasear el poema “Cuando los nazis vinieron” del pastor protestante alemán Martin Niemöller (1.892-1.984): “Primero vinieron a buscar a los filoterroristas y yo no hablé porque no era filoterrorista. Después, vinieron por los separatistas y yo no hablé porque no era separatista. Después, vinieron por los indignados y antisistema y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Finalmente, vinieron por mí y los demás trotskistas y ya para ese momento no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”.

GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ-Analista

La música como trinchera en Corea del Norte

Bien es sabido que la República Popular Democrática de Corea debe mostrarse sólida y sin fisuras en todos los frentes que se le presenten para asegurar su independencia y soberanía ante el voraz apetito imperialista y la desaparición hace décadas de un Bloque Socialista en el que apoyarse. Toda defensa es poca teniendo en cuenta la suerte que han corrido otras naciones que no estuvieron lo suficientemente prevenidas ante “El Tío Sam” y sus secuaces. En esa tesitura, hasta la música supone una herramienta nada desdeñable para tal empresa. Estas son 4 canciones del Coro Popular del Ejército de Corea alentando al Pueblo, al Partido y a la Patria a defender sin reservas su tierra y el socialismo juche de cualquier amenaza o injerencia externa.

El partido; Stalin, 1924

En el período prerrevolucionario, en el período de desarrollo más o menos pacífico, cuando los partidos de la II Internacional eran la fuerza predominante en el movimiento obrero y las formas parlamentarias de lucha se consideraban las fundamentales, en esas condiciones, el partido no tenía ni podía tener una importancia tan grande y tan decisiva como la que adquirió más tarde, en las condiciones de choques revolucionarios abiertos. Kautsky, defendiendo a la II Internacional contra los que la atacan, dice que los partidos de la II Internacional son instrumentos de paz, y no de guerra, y que precisamente por eso se mostraron impotentes para hacer nada serio durante la guerra, en el período de las acciones revolucionarias del proletariado. Y así es, en efecto. Pero ¿qué significa esto? Significa que los partidos de la II Internacional son inservibles para la lucha revolucionaria del proletariado, que no son partidos combativos del proletariado y que conduzcan a los obreros al poder, sino máquinas electorales, apropiadas para las elecciones al parlamento y para la lucha parlamentaria. Ello, precisamente, explica que, durante el período de predominio de los oportunistas de la II Internacional, la organización política fundamental del proletariado no fuese el partido, sino la minoría parlamentaria. Es sabido que en ese período el partido era, en realidad, un apéndice de la minoría parlamentaria y un elemento puesto a su servicio. No creo que sea necesario demostrar que, en tales condiciones y con semejante partido al frente, no se podía ni hablar de preparar al proletariado para la revolución.

Pero las cosas cambiaron radicalmente al llegar el nuevo período. El nuevo período es el de los choques abiertos entre las clases, el período de las acciones revolucionarias del proletariado, el período de la revolución proletaria, el período de la preparación directa de las fuerzas para el derrocamiento del imperialismo y la conquista del poder por el proletariado. Este período plantea ante el proletariado nuevas tareas: la reorganización de toda la labor del partido en un sentido nuevo, revolucionario, la educación de los obreros en el espíritu de la lucha revolucionaria por el poder, la preparación y la concentración de reservas, la alianza con los proletarios de los países vecinos, el establecimiento de sólidos vínculos con el movimiento de liberación de las colonias y de los países dependientes, etc., etc. Creer que estas tareas nuevas pueden resolverse con las fuerzas de los viejos partidos socialdemócratas, educados bajo las condiciones pacíficas del parlamentarismo, equivale a condenarse a una desesperación sin remedio, a una derrota inevitable. Hacer frente a estas tareas con los viejos partidos a la cabeza, significa verse completamente desarmado. Huelga demostrar que el proletariado no podía resignarse a semejante situación.

He aquí la necesidad de un nuevo partido, de un partido combativo, de un partido revolucionario, lo bastante intrépido como para conducir a los proletarios a la lucha por el poder, lo bastante experto para orientarse en las condiciones complejas de la situación revolucionaria y lo bastante flexible para sortear todos y cada uno de los escollos, que se interponen en el camino hacia sus fines.

Sin un partido así, no se puede ni pensar en el derrocamiento del imperialismo, en la conquista de la dictadura del proletariado.

Este nuevo partido es el partido del leninismo.

¿Cuáles son las particularidades de este nuevo partido?

El partido como destacamento de vanguardia de la clase obrera

El partido tiene que ser, ante todo, el destacamento de vanguardia de la clase obrera. El partido tiene que incorporar a sus filas a todos los mejores elementos de la clase obrera, asimilar su experiencia, su espíritu revolucionario, su devoción infinita a la causa del proletariado. Ahora bien, para ser un verdadero destacamento de vanguardia, el partido tiene que estar pertrechado con una teoría revolucionaria, con el conocimiento de las leyes del movimiento, con el conocimiento de las leyes de la revolución. De otra manera, no puede dirigir la lucha del proletariado, no puede llevar al proletariado tras de sí. El partido no puede ser un verdadero partido si se limita simplemente a registrar lo que siente y piensa la masa de la clase obrera, si se arrastra a la zaga del movimiento espontáneo de ésta, si no sabe vencer la inercia y la indiferencia política del movimiento espontáneo, si no sabe situarse por encima de los intereses momentáneos del proletariado, si no sabe elevar a las masas hasta la comprensión de los intereses de clase del proletariado. El partido tiene que marchar al frente de la clase obrera, tiene que ver más lejos que la clase obrera, tiene que conducir tras de sí al proletariado y no arrastrarse a la zaga del movimiento espontáneo. Esos partidos de la II Internacional, que predican el «seguidismo», son vehículos de la política burguesa, que condena al proletariado al papel de instrumento de la burguesía. Sólo un partido que se sitúe en el punto de vista del destacamento de vanguardia del proletariado y sea capaz de elevar a las masas hasta la comprensión de los intereses de clase del proletariado, sólo un partido así es capaz de apartar a la clase obrera de la senda del tradeunionismo y hacer de ella una fuerza política independiente.

El partido es el jefe político de la clase obrera.

He hablado más arriba de las dificultades de la lucha de la complejidad de las condiciones de la lucha, de la estrategia y de la táctica, de las reservas y de las maniobras, de la ofensiva y de la retirada. Estas condiciones son tan complejas, si no más, que las de la guerra. ¿Quién puede orientarse en estas condiciones?, ¿quién puede dar una orientación acertada a las masas de millones y millones de proletarios? Ningún ejército en guerra puede prescindir de un Estado Mayor experto, si no quiere verse condenado a la derrota. ¿Acaso no está claro que el proletariado tampoco puede, con mayor razón, prescindir de este Estado Mayor, si no quiere entregarse a merced de sus enemigos jurados? Pero ¿dónde encontrar ese Estado Mayor? Sólo el partido revolucionario del proletariado puede ser ese Estado Mayor. Sin un partido revolucionario, la clase obrera es como un ejército sin Estado Mayor.

El partido es el Estado Mayor de combate del proletariado.

Pero el partido no puede ser tan sólo un destacamento de vanguardia, sino que tiene que ser, al mismo tiempo, un destacamento de la clase, una parte de la clase, íntimamente vinculada a ésta con todas las raíces de su existencia. La diferencia entre el destacamento de vanguardia y el resto de la masa de la clase obrera, entre los afiliados al partido y los sin-partido, no puede desaparecer mientras no desaparezcan las clases, mientras el proletariado vea engrosar sus filas con elementos procedentes de otras clases, mientras la clase obrera, en su conjunto, no pueda elevarse hasta el nivel del destacamento de vanguardia. Pero el partido dejaría de ser el partido si esta diferencia se convirtiera en divorcio, si el partido se encerrara en sí mismo y se apartase de las masas sin-partido. El partido no puede dirigir a la clase si no está ligado a las masas sin-partido, si no hay vínculos entre el partido y las masas sin-partido, si estas masas no aceptan su dirección, si el partido no goza de crédito moral y político entre las masas.

Hace poco se dio ingreso en nuestro partido a doscientos mil obreros. Lo notable aquí es la circunstancia de que estos obreros, más bien que venir ellos mismos al partido, han sido enviados a el por toda la masa de los sin-partido, que ha intervenido activamente en la admisión de los nuevos afiliados, que no eran admitidos sin su aprobación. Este hecho demuestra que las grandes masas de obreros sin-partido ven en nuestro partido su partido, un partido entrañable y querido, en cuyo desarrollo y fortalecimiento se hallan profundamente interesados y a cuya dirección confían de buen grado su suerte. No creo que sea necesario demostrar que sin estos hilos morales imperceptibles que lo unen con las masas sin-partido, el partido no habría podido llegar a ser la fuerza decisiva de su clase.

El partido es parte inseparable de la clase obrera.

«Nosotros somos el partido de la clase, y, por ello, casi toda la clase –y en tiempo de guerra, en época de guerra civil, la clase entera– debe actuar bajo la dirección de nuestro partido, debe tener con nuestro partido la ligazón más estrecha posible; pero sería manilovismo y «seguidismo» creer que casi toda la clase o la clase entera pueda algún día, bajo el capitalismo, elevarse hasta el punto de alcanzar el grado de conciencia y de actividad de su destacamento de vanguardia, de su partido socialdemócrata. Ningún socialdemócrata juicioso ha puesto nunca en duda que, bajo el capitalismo, ni aun la organización sindical –más rudimentaria, más asequible al grado de conciencia de las capas menos desarrolladas– esté en condiciones de englobar a toda o a casi toda la clase obrera. Olvidar la diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia y toda la masa que gravita hacia él, olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a capas cada vez más amplias a su avanzado nivel, sería únicamente engañarse a sí mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas, restringir nuestras tareas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Un paso adelante, dos pasos atrás, 1904)

El partido como destacamento organizado de la clase obrera

El partido no es sólo el destacamento de vanguardia de la clase obrera. Si quiere dirigir realmente la lucha de su clase, tiene que ser, al mismo tiempo, un destacamento organizado de la misma. Las tareas del partido en el capitalismo son extraordinariamente grandes y diversas. El partido debe dirigir la lucha del proletariado en condiciones extraordinariamente difíciles de desarrollo interior y exterior; debe llevar al proletariado a la ofensiva cuando la situación exija la ofensiva; debe sustraer al proletariado de los golpes de un enemigo fuerte cuando la situación exija la retirada; debe inculcar en las masas de millones y millones de obreros sin-partido e inorganizados el espíritu de disciplina y el método en la lucha, el espíritu de organización y la firmeza. Pero el partido no puede cumplir estas tareas si el mismo no es la personificación de la disciplina y de la organización, si el mismo no es un destacamento organizado del proletariado. Sin estas condiciones, ni hablar se puede de que el partido dirija verdaderamente a masas de millones y millones de proletarios.

El partido es el destacamento organizado de la clase obrera.

La idea del partido como un todo organizado está expresada en la conocida fórmula, expuesta por Lenin en el artículo primero de los estatutos de nuestro partido, donde se considera al partido suma de sus organizaciones, y a sus miembros, afiliados a una de las organizaciones del partido. Los mencheviques, que ya en 1903 rechazaban esta fórmula, proponían, en su lugar, el «sistema», de autoadhesión al partido, el «sistema» de extender el «título» de afiliado al partido a cualquier «profesor» y a cualquier «estudiante», a cualquier «simpatizante» y a cualquier «huelguista» que apoyara al partido de un modo u otro, aunque no formara ni desease formar parte de ninguna de sus organizaciones. No creo que sea necesario demostrar que este original «sistema», de haber arraigado en nuestro partido, habría llevado inevitablemente a inundarlo de profesores y estudiantes y a su degeneración en una «entidad» vaga, amorfa, desorganizada, que se hubiera perdido en el mar de los «simpatizantes», habría borrado los límites entre el partido y la clase y malogrado la tarea del partido de elevar a las masas inorganizadas al nivel del destacamento de vanguardia. Huelga decir que, con un «sistema» oportunista como ése, nuestro partido no habría podido desempeñar el papel de núcleo organizador de la clase obrera en el curso de nuestra revolución.

«Desde el punto de vista del camarada Mártov las fronteras del partido quedan absolutamente indeterminadas, porque «cualquier huelguista» puede «declararse miembro del partido». ¿Cuál es el provecho de semejante vaguedad? La gran difusión del «título». Lo que tiene de nocivo consiste en que origina la idea desorganizadora de la confusión de la clase con el partido». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Un paso adelante, dos pasos atrás, 1904)

Pero el partido no es sólo la suma de sus organizaciones. El partido es, al mismo tiempo, el sistema único de estas organizaciones, su fusión formal en un todo único, con organismos superiores e inferiores de dirección, con la subordinación de la minoría a la mayoría, con resoluciones prácticas, obligatorias para todos los miembros del partido. Sin estas condiciones, el partido no podría formar un todo único y organizado, capaz de ejercer la dirección sistemática y organizada de la lucha de la clase obrera.

«Antes, nuestro partido no era un todo formalmente organizado, sino, simplemente, una suma de diversos grupos, razón por la cual no podía de ningún modo existir entre ellos más relación que la de la influencia ideológica. Ahora somos ya un partido organizado, y esto entraña la creación de una autoridad, la transformación del prestigio de las ideas en el prestigio de la autoridad, la sumisión de las instancias inferiores a las instancias superiores del partido». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Un paso adelante, dos pasos atrás, 1904)

El principio de la subordinación de la minoría a la mayoría, el principio de la dirección de la labor del partido por un organismo central suscita con frecuencia ataques de los elementos inestables, acusaciones de «burocratismo», de «formalismo», etc. No creo que sea necesario demostrar que la labor sistemática del partido como un todo y la dirección de la lucha de la clase obrera no serían posibles sin la aplicación de estos principios. El leninismo en materia de organización es la aplicación indefectible de estos principios. Lenin califica la lucha contra estos principios de «nihilismo ruso» y de «anarquismo señorial», digno de ser puesto en ridículo y repudiado.

He aquí lo que dice Lenin, en su libro: «Un paso adelante, dos pasos atrás» de 1904 a propósito de estos elementos inestables:

«Este anarquismo señorial es algo muy peculiar del nihilista ruso. La organización del partido se le antoja una «fábrica» monstruosa; la sumisión de la parte al todo y de la minoría a la mayoría le parece un «avasallamiento». (…) La división del trabajo bajo la dirección de un organismo central le hace proferir alaridos tragicómicos contra la transformación de los hombres en «ruedas y tornillos». (…) La sola mención de los estatutos de organización del partido suscita en él un gesto de desprecio y la desdeñosa (…) Observación de que se podría vivir sin estatutos. (…) Está claro, me parece, que los clamores contra el famoso burocratismo no son más que un medio de encubrir el descontento por la composición de los organismos centrales, no son más que una hoja de parra. (…) ¡Eres un burócrata, porque has sido designado por el congreso sin mi voluntad y contra ella! Eres un formalista, porque te apoyas en los acuerdos formales del congreso, y no en mi consentimiento. Obras de un modo brutalmente mecánico, porque te remites a la mayoría «mecánica» del congreso del partido y no prestas atención a mi deseo de ser cooptado. Eres un autócrata, porque no quieres poner el poder en manos de la vieja tertulia de buenos compadres!». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Un paso adelante, dos pasos atrás, 1904)

El partido como forma superior de organización de clase del proletariado

El partido es el destacamento organizado de la clase obrera. Pero el partido no es la única organización de la clase obrera. El proletariado cuenta con muchas otras organizaciones, sin las cuales no podría luchar con éxito contra el capital: sindicatos, cooperativas, organizaciones fabriles, minorías parlamentarias, organizaciones femeninas sin-partido, prensa, organizaciones culturales y educativas, uniones de la juventud, organizaciones revolucionarias de combate –durante las acciones revolucionarias abiertas–, soviets de diputados como forma de organización del Estado –si el proletariado se halla en el poder–, etc. La inmensa mayoría de estas organizaciones son organizaciones sin-partido, y sólo unas cuantas están directamente vinculadas al partido o son ramificaciones suyas. En determinadas circunstancias, todas estas organizaciones son absolutamente necesarias para la clase obrera, pues sin ellas no sería posible consolidar las posiciones de clase del proletariado en los diversos terrenos de la lucha, ni sería posible templar al proletariado como la fuerza llamada a sustituir el orden de cosas burgués por el orden de cosas socialista. Pero ¿cómo llevar a cabo la dirección única, con tal abundancia de organizaciones? ¿Qué garantía hay de que esta multiplicidad de organizaciones no lleve a incoherencias en la dirección? Cada una de estas organizaciones, pueden decirnos, actúa en su propia órbita y por ello no pueden entorpecerse las unas a las otras. Esto, naturalmente es cierto. Pero también lo es que todas estas organizaciones tienen que desplegar su actividad en una misma dirección, pues sirven a una sola clase, a la clase de los proletarios. ¿Quién –cabe preguntarse– determina la línea, la orientación general que todas estas organizaciones deben seguir en su trabajo? ¿Dónde está la organización central que no sólo sea capaz, por tener la experiencia necesaria, de trazar dicha línea general, sino que, además, pueda, por tener el prestigio necesario para ello, mover a todas estas organizaciones a aplicar esa línea, con el fin de lograr la unidad en la dirección y excluir toda posibilidad de intermitencias?

Esta organización es el partido del proletariado.

El partido posee todas las condiciones necesarias para lo primero, porque el partido es el punto de concentración de los mejores elementos de la clase obrera, directamente vinculados a las organizaciones sin-partido del proletariado y que con frecuencia las dirigen; segundo, porque el partido, como punto de concentración de los mejores elementos de la clase obrera, es la mejor escuela de formación de jefes de la clase obrera, capaces de dirigir todas las formas de organización de su clase; tercero, porque el partido, como la mejor escuela para la formación de jefes de la clase obrera, es, por su experiencia y su prestigio, la única organización capaz de centralizar la dirección de la lucha del proletariado, haciendo así de todas y cada una de las organizaciones sin-partido de la clase obrera organismos auxiliares y correas de transmisión que unen al partido con la clase.

El partido es la forma superior de organización de clase del proletariado.

Esto no quiere decir, naturalmente, que las organizaciones sin-partido, los sindicatos, las cooperativas, etc., deban estar formalmente subordinadas a la dirección del partido. Lo que hace falta es simplemente, que los miembros del partido que integran estas organizaciones, en las que gozan de indudable influencia, empleen todos los medios de persuasión para que las organizaciones sin-partido se acerquen en el curso de su trabajo al partido del proletariado y acepten voluntariamente la dirección política de éste.

Por eso, Lenin dice que el partido es:

«La forma superior de unión de clase de los proletarios, cuya dirección política debe extenderse a todas las demás formas de organización del proletariado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

Por eso, la teoría oportunista de la «independencia» y de la «neutralidad» de las organizaciones sin-partido, que produce parlamentarios independientes y publicistas desligados del partido, funcionarios sindicales de mentalidad estrecha y cooperativistas imbuidos de espíritu pequeño burgués, es completamente incompatible con la teoría y la práctica del leninismo.

El partido como instrumento de la dictadura del proletariado

El partido es la forma superior de organización del proletariado. El partido es el factor esencial de dirección en el seno de la clase de los proletarios y entre las organizaciones de esta clase. Pero de aquí no se desprende, ni mucho menos, que el partido pueda ser considerado como un fin en sí, como una fuerza que se baste a sí misma. El partido no sólo es la forma superior de unión de clase de los proletarios, sino que es, al mismo tiempo, un instrumento del proletariado para la conquista de su dictadura, cuando ésta no ha sido todavía conquistada, y para la consolidación y ampliación de la dictadura, cuando ya está conquistada. El partido no podría elevar a tal altura su importancia, ni ser la fuerza rectora de todas las demás formas de organización del proletariado, si éste no tuviera planteado el problema del poder, si las condiciones creadas por el imperialismo, la inevitabilidad de las guerras y la existencia de las crisis no exigieran la concentración de todas las fuerzas del proletariado en un solo lugar, la convergencia de todos los hilos del movimiento revolucionario en un solo punto, a fin de derrocar a la burguesía y conquistar la dictadura del proletariado. El proletariado necesita del partido, ante todo, como Estado Mayor de combate, indispensable para la conquista victoriosa del poder. No creo que sea necesario demostrar que, sin un partido capaz de reunir en torno suyo a las organizaciones de masas del proletariado y de centralizar, en el curso de la lucha, la dirección de todo el movimiento, el proletariado de Rusia no hubiera podido implantar su dictadura revolucionaria.

Pero el proletariado no necesita del partido solamente para conquistar la dictadura; aún le es más necesario para mantenerla, consolidarla y extenderla, para asegurar la victoria completa del socialismo.

«Seguramente, hoy casi todo el mundo ve ya que los bolcheviques no se hubieran mantenido en el poder, no digo dos años y medio, sino ni siquiera dos meses y medio, sin la disciplina rigurosísima, verdaderamente férrea, de nuestro partido, sin el apoyo total e indefectible prestado a el por toda la masa de la clase obrera, es decir, por todo lo que ella tiene de consciente, honrado, abnegado, influyente y capaz de conducir tras de sí o de arrastrar a las capas atrasadas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

Pero ¿qué significa «mantener» y «extender» la dictadura? Significa inculcar a las masas de millones y millones de proletarios el espíritu de disciplina y de organización; significa dar a las masas proletarias cohesión y proporcionarles un baluarte contra la influencia corrosiva del elemento pequeño burgués y de los hábitos pequeño burgueses; reforzar la labor de organización de los proletarios para reeducar y transformar a las capas pequeño burguesas; ayudar a las masas proletarias a forjarse como fuerza capaz de destruir las clases y de preparar las condiciones para organizar la producción socialista. Pero todo esto sería imposible hacerlo sin un partido fuerte por su cohesión y su disciplina.

«La dictadura del proletariado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad. La fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones de hombres es la fuerza más terrible. Sin un partido férreo y templado en la lucha, sin un partido que goce de la confianza de todo lo que haya de honrado dentro de la clase, sin un partido que sepa pulsar el estado de espíritu de las masas e influir sobre él, es imposible llevar a cabo con éxito esta lucha». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin;La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

El proletariado necesita del Partido para conquistar y mantener la dictadura. El Partido es un instrumento de la dictadura del proletariado.

Pero de esto se deduce que, con la desaparición de las clases, con la extinción de la dictadura del proletariado, deberá desaparecer también el Partido.

El partido como unidad de voluntad incompatible con la existencia de fracciones

La conquista y el mantenimiento de la dictadura del proletariado son imposibles sin un partido fuerte por su cohesión y su disciplina férrea. Pero la disciplina férrea del partido es inconcebible sin la unidad de voluntad, sin la unidad de acción, completa y absoluta, de todos los miembros del partido. Esto no significa, naturalmente, que por ello quede excluida la posibilidad de una lucha de opiniones dentro del partido. Al revés: la disciplina férrea no excluye, sino que presupone la crítica y la lucha de opiniones dentro del partido. Tampoco significa esto, con mayor razón, que la disciplina debe ser «ciega». Al contrario, la disciplina férrea no excluye, sino que presupone la subordinación consciente y voluntaria, pues sólo una disciplina consciente puede ser una disciplina verdaderamente férrea. Pero, una vez terminada la lucha de opiniones, agotada la crítica y adoptado un acuerdo, la unidad de voluntad y la unidad de acción de todos los miembros del partido es condición indispensable sin la cual no se concibe ni un partido unido ni una disciplina férrea dentro del partido.

«En la actual época de cruenta guerra civil, el partido comunista sólo podrá cumplir con su deber si se halla organizado del modo más centralizado, si reina dentro de él una disciplina férrea, rayando en la disciplina militar; y si su organismo central es un organismo que goza de gran prestigio y autoridad, está investido de amplios poderes y cuenta con la confianza general de los afiliados al Partido». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Los términos de admisión en la Komintern, 1919)

Así está planteada la cuestión de la disciplina del partido en las condiciones de la lucha precedente a la conquista de la dictadura.

Otro tanto hay que decir, pero en grado todavía mayor, respecto a la disciplina del partido después de la conquista de la dictadura:

«El que debilita, por poco que sea, la disciplina férrea del partido del proletariado –sobre todo en la época de su dictadura–, ayuda de hecho a la burguesía contra el proletariado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

Pero de aquí se desprende que la existencia de fracciones es incompatible con la unidad del partido y con su férrea disciplina. No creo que sea necesario demostrar que la existencia de fracciones lleva a la existencia de diversos organismos centrales y que la existencia de diversas organismos centrales significa la ausencia de un organismo central común en el partido, el quebrantamiento de la unidad de voluntad, el debilitamiento y la descomposición de la disciplina, el debilitamiento y la descomposición de la dictadura. Naturalmente, los partidos de la II Internacional, que combaten la dictadura del proletariado y no quieren llevar a los proletarios a la conquista del poder, pueden permitirse un liberalismo como la libertad de fracciones, porque no necesitan, en absoluto, una disciplina de hierro. Pero los partidos de la Komintern –Internacional Comunista–, que organizan su labor partiendo de las tareas de conquistar y fortalecer la dictadura del proletariado, no pueden admitir ni el «liberalismo» ni la libertad de fracciones.

El partido es la unidad de voluntad, que excluye todo fraccionalismo y toda división del poder dentro del partido.

De aquí, que Lenin hablara del:

«Peligro del fraccionalismo para la unidad del partido y para la realización de la unidad de voluntad de la vanguardia del proletariado, condición fundamental del éxito de la dictadura del proletariado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informes en el Xº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, 8 al 16 de marzo de 1921)

Esta idea fue fijada en la resolución especial del Xº Congreso de nuestro partido «Sobre la Unidad del Partido».

De aquí, que Lenin exigiera:

«La supresión completa de todo fraccionalismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informes en el Xº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, 8 al 16 de marzo de 1921)

Y:

«La disolución inmediata de todos los grupos, sin excepción, formados sobre tal o cual plataforma». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informes en el Xº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, 8 al 16 de marzo de 1921)

So pena de:

«Expulsión incondicional e inmediata del partido». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informes en el Xº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, 8 al 16 de marzo de 1921)

El partido se fortalece depurándose de los elementos oportunistas

El fraccionalismo dentro del partido nace de sus elementos oportunistas. El proletariado no es una clase cerrada. A él afluyen continuamente elementos de origen campesino, pequeño burgués e intelectual, proletarizados por el desarrollo del capitalismo. Al mismo tiempo, en la cúspide del proletariado compuesta principalmente de funcionarios sindicales y parlamentarios cebados por la burguesía a expensas de los superbeneficios coloniales, se opera un proceso de descomposición:

«Esa capa de obreros aburguesados o de «aristocracia obrera», enteramente pequeño burgueses por su género de vida, por sus emolumentos y por toda su concepción del mundo, es el principal apoyo de la II Internacional, y, hoy en día, el principal apoyo social –no militar– de la burguesía. Porque son verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero, lugartenientes obreros de la clase de los capitalistas, verdaderos vehículos del reformismo y del chovinismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916: Prefacio para las ediciones en francés y alemán; 1920)

Todos estos grupos pequeño burgueses penetran de un modo o de otro en el partido, llevando a éste el espíritu de vacilación y de oportunismo, el espíritu de desmoralización y de incertidumbre. Son ellos, principalmente, quienes constituyen la fuente del fraccionalismo y de la disgregación, la fuente de la desorganización y de la labor de destrucción del partido desde dentro. Hacer la guerra al imperialismo teniendo en la retaguardia tales «aliados», es verse en la situación de gente que se halla entre dos fuegos, tiroteada por el frente y por la retaguardia. Por eso, la lucha implacable contra estos elementos, su expulsión del partido es la condición previa para luchar con éxito contra el imperialismo.

La teoría de «vencer» a los elementos oportunistas mediante la lucha ideológica dentro del partido, la teoría de «acabar» con estos elementos dentro del marco de un partido único es una teoría podrida y peligrosa, que amenaza con condenar al partido a la parálisis y a una dolencia crónica, que amenaza con entregar al partido a merced del oportunismo, que amenaza con dejar al proletariado sin partido revolucionario, que amenaza con despojar al proletariado de su arma principal en la lucha contra el imperialismo. Nuestro partido no hubiera podido salir a su anchuroso camino, no hubiera podido tomar el poder y organizar la dictadura del proletariado, no hubiera podido salir victorioso de la guerra civil, si hubiese tenido en sus filas a los Mártov y a los Dan, a los Potrésov y a los Axelrod. Si nuestro partido ha conseguido forjar dentro de sus filas una unidad interior y una cohesión nunca vista, se debe, ante todo, a que supo librarse a tiempo de la escoria del oportunismo y arrojar del partido a los liquidadores y a los mencheviques. Para desarrollar y fortalecer los partidos proletarios, hay que depurar sus filas de oportunistas y reformistas, de social-imperialistas y social-chovinistas, de social-patriotas y social-pacifistas.

El partido se fortalece depurándose de los elementos oportunistas.

«Teniendo en las propias filas a los reformistas, a los mencheviques, no es posible triunfar en la revolución proletaria, no es posible defenderla. Esto es evidente desde el punto de vista de los principios. Esto lo confirman con toda claridad la experiencia de Rusia y la de Hungría. (…) En Rusia, hemos atravesado muchas veces por situaciones difíciles, en que el régimen soviético habría sido irremediablemente derrotado si hubiesen quedado mencheviques, reformistas, demócratas pequeño burgueses dentro de nuestro partido. (…) En Italia, donde, según la opinión general, las cosas marchan hacia batallas decisivas entre el proletariado y la burguesía por la conquista del poder del Estado. En tales momentos, no sólo es absolutamente necesario expulsar del partido a los mencheviques, a los reformistas, a los turatistas, sino que puede incluso resultar útil apartar de todos los puestos de responsabilidad a quienes, siendo excelentes comunistas, sean susceptibles de vacilaciones y manifiesten inclinación hacia la «unidad» con los reformistas. (…) En vísperas de la revolución y en los momentos de la lucha más encarnizada por su triunfo, la más leve vacilación dentro del partido puede echarlo todo a perder, hacer fracasar la revolución, arrancar el poder de manos del proletariado, porque este poder no está todavía consolidado, porque las arremetidas contra el son todavía demasiado fuertes. Si en tal momento, los dirigentes vacilantes se apartan, eso no debilita al partido, sino que fortalece al partido, al movimiento obrero, a la revolución». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre la lucha del Partido Socialista Italiano, 1920) (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, StalinLos fundamentos del leninismo, 1924)

Los países subdesarrollados y la cuestión del poder político para la clase obrera

«La posibilidad de que los países subdesarrollados pasen directamente al socialismo, evitando la etapa del capitalismo desarrollado, ya no constituye un dilema. El marxismo-leninismo lo ha resuelto en el plano teórico, mientras que en la vida, el establecimiento en el camino del desarrollo socialista de una serie de antiguos países subdesarrollados, ha confirmado la verdad de esta posibilidad, ha enriquecido la teoría y la práctica de la revolución socialista y de la revolución democrático-popular de liberación nacional.

Todo en el mundo tiene una historia. La idea de la transición directa de los países subdesarrollados al socialismo también tiene su propia historia. Tiene su origen en la época en que se creó la teoría del socialismo científico, basándose en el detallado análisis del desarrollo de los principales países capitalistas.

Pero cuando esta teoría se creó también existían países que estaban en la etapa del desarrollo precapitalista. Con respecto éstos con las perspectivas históricas de aquéllos países, Marx expresó por primera vez la idea de la posibilidad de su transición directa al socialismo, evitando el camino capitalista de «pobreza, sangre, miseria y humillación».

Esta transición de ningún modo excluye el funcionamiento de las leyes generales del desarrollo de la historia mundial, la continuidad del reemplazo de las formaciones socioeconómicas. Al contrario, muestra que el camino del desarrollo de varios pueblos es más rico y más diversificado que la línea universal del desarrollo de la historia mundial. Y si echamos un vistazo retrospectivo a este desarrollo notaremos seguramente que los pueblos individuales han sido capaces de pasar de una formación económica y social a la otra, sin pasar por un intermediario que ha sido inevitable para la humanidad en general [2].

A principios del siglo XX, cuando la revolución socialista ya no era un lejano horizonte de la historia, sino un tema al orden del día del movimiento obrero, la aplicación de la doctrina de Marx al futuro, estableció como un importante problema teórico y práctico la transición de los países subdesarrollados al socialismo. Al mismo tiempo, los oportunistas de la Segunda Internacional, bajo la máscara del «desarrollo creativo» y de la «revisión» teórica de la nueva experiencia histórica, pusieron en duda en primera instancia, y luego dejaron a un lado la concepción de Marx sobre la posibilidad de transición de los países subdesarrollados al socialismo. [3]

En estas circunstancias se volvió necesario restablecer la correcta concepción de Marx sobre esta cuestión. Y lo más importante era enriquecerla y desarrollarla aún más en conformidad con la nueva experiencia de la época del imperialismo y la revolución proletaria. Esta tarea fue enfrentada con éxito por V. I. Lenin.

Lenin relacionó la transición de los países subdesarrollados al socialismo con la teoría del imperialismo, de la transformación de la revolución democrático-popular en la revolución socialista, de la realización de la revolución política y de la toma del poder estatal como una condición decisiva para allanar el camino a la creación de las premisas socioeconómicas del socialismo. Destruyó el concepto determinista-mecanicista de Kautsky que proclamó como un dogma: “Si no se ha alcanzado la madurez económica la revolución política no se debería llevar a cabo».

La exitosa realización de la revolución democrático-popular exige que sea liderada por la clase obrera y su partido, que el poder político pase a las manos de las masas trabajadoras. Este es un axioma para una auténtica revolución democrática del pueblo, de modo que no debiera permanecer a mitad del camino, sino que debe continuar ininterrumpidamente hasta que se transforme en una revolución socialista mediante profundas transformaciones políticas, económicas, sociales, ideológicas, culturales y otras. Esta tarea fue abordada por Lenin, que al mismo tiempo mostró el camino hacia su solución.

Las enseñanzas leninistas sobre la transición de los países subdesarrollados directamente al socialismo han sido traicionadas, han sido puestas patas para arriba por los revisionistas modernos. Han sido sustituidas por el descubrimiento de una «nueva teoría», sobre la llamada «vía no capitalista de desarrollo» [4]. Este camino es presentado por los revisionistas como una formación de transición, que, según afirman, debe preparar las condiciones materiales y subjetivas preliminares para el socialismo en los países subdesarrollados, así como el capitalismo prepara estas condiciones en los países desarrollados. Asignándole tal papel, esta formación es presentada como una amalgama, un equilibrio inerte de fuerzas políticas, ideológicas, de clase y económicas opuestas. En esencia, el camino no capitalista de los revisionistas representa el desarrollo capitalista convencional revestido con una falsa cáscara socialista.

Es cierto que los países atrasados están en diferentes etapas del desarrollo social, se enfrentan a tareas diferentes y su propia práctica histórica tiene sus rasgos específicos. Abarcan muy diferentes relaciones socioeconómicas, que van desde los restos del orden tribal y la economía natural, a las relaciones feudales o semifeudales y terminan con la economía y las relaciones capitalistas. Esta situación resulta en una gran diversidad de fuerzas sociales y de clase en estos países. También da lugar a los más diversos antagonismos socio-políticos.

Por otra parte, es sabido que se han necesitado siglos enteros para el establecimiento, en el marco del capitalismo, de las condiciones materiales y subjetivas para la revolución socialista y para la edificación del socialismo. En este punto surgen varias preguntas: ¿Se pueden crear estas condiciones en un país subdesarrollado donde el capitalismo todavía se encuentra en su etapa inicial o en un bajo nivel de desarrollo? ¿Existe allí algún otro camino aparte del capitalista para crear de estas condiciones? ¿Cómo puede un país subdesarrollado emprender directamente el camino de la edificación socialista sin pasar por la etapa del capitalismo desarrollado?

La transición directa al socialismo de los países subdesarrollados representa hoy la única posibilidad de llenar lo más rápida y menos dolorosamente posible el gran vacío que se ha creado en su desarrollo histórico. Aunque sea difícil prever o definir todas las formas concretas de esta transición, para su inicio hay un camino, un medio universal – la necesaria realización de una auténtica revolución popular. «La idea de que la revolución es el único medio para transformar el mundo, el único camino de salvación del yugo nacional y social, ha conquistado las mentes de millones de seres en todos los continentes» [5]. La cuestión central y más importante de esta revolución es la conquista absoluta del poder político por las masas trabajadoras conducidas por un partido marxista-leninista y el establecimiento de una dictadura democrática de las fuerzas más revolucionarias –la clase obrera y el campesinado.

Una revolución democrático-burguesa convencional, incluso en su forma específica para los países subdesarrollados, no puede servir de base para la transición al socialismo. La historia de las tres décadas pasadas ha proporcionado la prueba indiscutible de que varios países de Asia y África, que consiguieron la independencia estatal después de la Segunda Guerra Mundial, pero donde el poder político no pasó a las manos de las masas trabajadoras conducidas por su partido marxista-leninista, no sólo no emprendieron el camino del desarrollo socialista, sino que también permanecieron económicamente dependientes al imperialismo en su forma neocolonialista.

En oposición flagrante al marxismo-leninismo y a la experiencia histórica, los revisionistas modernos han reducido toda la teoría y práctica de la revolución a las reformas dentro del orden social existente. Propagan la idea de que incluso hasta el llamado «estado de transición» [6] que también puede tener a la cabeza a los líderes de las clases explotadoras, a los propietarios y la burguesía [7], pueden servir como un medio para la transición al socialismo de los países subdesarrollados. Y tienen el descaro de describir un estado con tal contenido de clase como el poder popular y declararlo capaz de construir el socialismo. ¿No es este un engaño ostensible?

En las condiciones de los países subdesarrollados, cuando no existe ningún partido revolucionario de la clase obrera, la creación de las premisas subjetivas para la victoria de una verdadera revolución debería comenzar con la formación del partido marxista-leninista, la dirección política indispensable de la revolución. Sin este liderazgo no es posible hablar de la conquista del poder por las masas trabajadoras o del desarrollo ininterrumpido de la revolución con el objetivo de preparar la transición al camino del desarrollo socialista.

La usual pequeña proporción de la clase obrera en los países subdesarrollados, su comparativamente bajo nivel ideológico y cultural, su limitada experiencia de organización y lucha de clases política no pueden servir como argumento para negar la necesidad y la posibilidad de la creación del partido de la clase obrera. Como lo demuestra, por ejemplo, la experiencia de nuestro país, el partido de la clase obrera se debe crear y puede surgir a la cabeza de la lucha revolucionaria aún cuando la clase obrera es pequeña en número y no se encuentra organizada. En este caso los comunistas son los representantes más leales de la clase obrera y su personificación; luchan resuelta y consecuentemente por los intereses de la clase obrera, por su ideología y política, por los intereses más radicales de todas las masas trabajadoras y de la nación entera.

Algunos revisionistas modernos afirman que la existencia del partido marxista-leninista y el liderazgo de la revolución y el poder político por este partido para la transición de los países subdesarrollados al socialismo conforman un dogma obsoleto, reemplazado por el tiempo. En su opinión, si este ha sido el caso en algunos países, esto ha ocurrido no por motivos de principio y necesidad universal, sino simplemente por motivos históricos específicos o por casualidad [8]. Otros públicamente afirman que el papel de vanguardia y el liderazgo en el llamado desarrollo no capitalista de los países atrasados puede ser desempeñado por cualquier partido u organización política, incluso por los sindicatos, independientemente de su ideología y composición de la clase [9]. Esta es otra traición de los revisionistas a la revolución socialista y la edificación del socialismo, es una caricatura de la idea del rol de vanguardia en la transformación socialista de la sociedad.

La conquista del poder político por las masas trabajadoras sólo marca el punto de partida necesario para preparar los países subdesarrollados para la transición al socialismo. La propia transición es un proceso histórico completo, a veces más largo y a veces más corto, según las condiciones concretas de cada país. El contenido principal de este proceso debe ser la transformación revolucionaria ininterrumpida de la superestructura y la estructura económica de la sociedad, el continuo cambio de la proporción de fuerzas de clase en beneficio del socialismo, la lucha contra el imperialismo y todas las fuerzas reaccionarias internas.

La transformación de la vida política y social requiere en primer lugar del quebrantamiento de la vieja máquina estatal burocrática creada por los colonialistas y basada en los intereses de las clases explotadoras locales, divorciada de las masas trabajadoras y contrapuesta a ellas como un medio de violencia para conservar la opresión y la explotación. En su lugar se debe crear una nueva máquina estatal, basada en nuevos líderes, surgidos del seno de los trabajadores que sean conscientes de sus necesidades y defiendan sus intereses, purgada de los elementos reaccionarios colaboradores de los colonialistas, de los partidarios del imperialismo y de los enemigos del socialismo. En la transformación de la vida política y social, las características esenciales son la puesta de los trabajadores en la gestión del país, el crecimiento numérico y la educación de la clase obrera, la emancipación de las mujeres y su participación en las actividades sociales y la mejora sistemática de las condiciones materiales de los trabajadores». (Hekuran Mara; Posibilidades de construir el socialismo sin pasar por la etapa del capitalismo desarrollado, 1973)

Anotaciones de Hekuran Mara:

[1] Enver Hoxha, Informe ante el VIº Congreso del PTA de 1971.

[2] Es sabido, por ejemplo, que el pueblo ruso fue capaz de pasar del orden de la comunidad campesina directamente al feudalismo sin pasar por la formación socioeconómica esclavista.

[3] La teoría de mala fama de las «fuerzas productivas» de Kautsky excluyó completamente la posibilidad de la transición directa de los países subdesarrollados al socialismo.

[4] «Problems of peace and socialism» 1960, Nr. 7, p. 74-80 Sudarev Nauchnie doklladi vishei shkolli 1972, Nr. 11 p. 69-78. V. Solodovnikov Mezhdunarodnaja Zhiznj. 1973. Nr. 5 p. 59-60.

[5] Enver Hoxha, Informe ante el VIº Congreso del PTA de 1971.

[6] «Problems of peace and socialism» 1963. Nr. 2, p. 39-48.

[7] En este caso se toman como ejemplos a India, Birmania y algunos otros países.

[8] Roger Garaudy. Pour un modèle français du socialisme. 1968, page 114.

[9] Entre los entusiastas partidarios de esta opinión se encuentran los revisionistas yugoslavos.

La lucha por el triunfo de la ideología socialista, es la lucha por el triunfo del socialismo y el comunismo

«En nuestro país la ideología socialista proletaria es la ideología en el poder; ella es la que da hoy el tono general a toda la vida y la actividad de nuestros trabajadores. Pero, a pesar de los éxitos alcanzados, somos conscientes de que la lucha en este campo es larga y difícil. Lenin ha dicho:

«Nuestra tarea reside en vencer la resistencia capitalista, no sólo la militar y política, sino también la ideológica, más profunda y potente». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso pronunciado en la conferencia de toda Rusia de los organismos de educación política, 1920)

La vieja ideología idealista de la sociedad explotadora tiene aún profundas raíces y ejerce una influencia poderosa y permanente. Y, cuando hablamos de esta influencia, no se trata únicamente de «algunos residuos y algunas manifestaciones extrañas que se ven aquí y allá», como se dice a menudo erróneamente en nuestra propaganda, sino de la influencia de toda una ideología extraña que se manifiesta en diferentes conceptos, costumbres y actitudes extrañas, los cuales se mantienen durante un largo tiempo como herencia del pasado, tienen su apoyo social en las ex clases exploradoras y sus restos, en las tendencias a la espontaneidad pequeño burguesa y son alimentadas en diferentes formas por el mundo capitalista y revisionista que nos rodea.

Mientras no esté garantizada, la victoria total de la revolución socialista en el terreno de la ideología y de la cultura, no pueden estar aseguradas y garantizadas tampoco las victorias de la revolución socialista en los terrenos político y económico. Por eso, la lucha en el frente ideológico por la derrota total de la ideología burguesa y revisionista, está relacionada en resumidas cuentas, con la cuestión de si se construirá el socialismo y el comunismo y se evitará la restauración del capitalismo, o se le abrirán las puertas a la difusión de la ideología burguesa y revisionista y se permitirá el retroceso al capitalismo.

La revolución ideológica y cultural se encuadra en la lucha de clases general dirigida a llevar hasta el fin la revolución socialista en todos los campos. En contradicción con los puntos de vista de los revisionistas modernos, quienes han proclamado la lucha de clases en el socialismo como algo anticuado y superado, nuestro Partido piensa que la lucha de clases, incluso después de la liquidación de las clases explotadoras, continúa siendo una de las principales fuerzas motrices de la sociedad. Esta lucha abarca todos los aspectos de la vida. Se desarrolla con oleadas y zigzags; unas veces asciende y otras desciende; unas veces se agudiza y otras se «atenúa», pero nunca se interrumpe ni se apaga.

Esta lucha es en el socialismo, como demuestra la experiencia de nuestro país, un fenómeno objetivo e inevitable. Se desarrolla tanto contra los residuos de las clases explotadoras derrocadas y expropiadas, pero que siguen resistiendo y ejerciendo presión por todos los medios y, en primer lugar, mediante su ideología reaccionaria, así como contra los nuevos elementos burgueses, los elementos degenerados revisionistas y antipartido, que surgen de manera inevitable en el seno de nuestra sociedad. Se desarrolla también contra la ideología burguesa y revisionista, que se mantiene y se manifiesta en diferentes formas e intensidades, así como contra la presión exterior del imperialismo.

De este modo se entrelazan el frente interior y el frente exterior de la lucha de clases, que unas veces se funden en un único frente, otras actúan por separado, pero siempre están ligados por el mismo objetivo: el derrocamiento de la dictadura del, proletariado, la restauración del capitalismo.

Aceptar o no la lucha de clases en el socialismo es una cuestión de principios; constituye una línea de demarcación entre los marxista-leninistas y los revisionistas, entre los revolucionarios y los traidores a la revolución. Todo alejamiento de la lucha de clases tiene consecuencias fatales para la suerte del socialismo. Por eso, simultáneamente a la lucha por el aumento de la producción, por el desarrollo de la enseñanza y de la cultura, simultáneamente a la lucha contra los enemigos: externos (los imperialistas y los revisionistas), no debemos descuidar, no debemos olvidar jamás la lucha de clases en el interior del país; en caso contrario la historia nos condenaría severamente.

El deber del Partido es no cerrar los ojos frente, a esta necesidad, es no adormecer la vigilancia revolucionaria de los comunistas y de las masas, sino desarrollar esta lucha de clases resuelta e indoblegablemente hasta la victoria final. El progreso de nuestra sociedad y la educación revolucionaria de los trabajadores son inconcebibles e irrealizables al margen de la lucha de clases.

A menudo nos encontramos en la práctica, frente a un concepto estrecho de la lucha de clases y de los enemigos de clase, como cuando sólo son considerados como; tales o el kulak y otros elementos de las ex clases explotadoras, o los imperialistas y revisionistas titoistas y jruschovistas fuera del país, y como cuando se considera lucha de clases únicamente la lucha contra su actividad antisocialista. La lucha, contra estos enemigos es permanentemente la tarea primordial del Partido, del Estado y de nuestros trabajadores. Ahora bien, debemos ver la lucha de clases de manera más amplia. Esta es una lucha multilateral; hoy es, en primer lugar, una lucha ideológica, una lucha por el pensamiento y el corazón de los hombres; una lucha contra la degeneración burguesa y revisionista, contra todos los residuos y las manifestaciones extrañas que se conservan y se manifiestan, en mayor o menor grado, en todos nuestros: hombres, es la lucha por el triunfo de nuestra ideología y de nuestra moral comunistas.

Es lucha de clases la lucha contra los robos y los abusos de la propiedad socialista, contra las tendencias parasitarias y especuladoras de tomar el máximo de la sociedad y darle lo menos posible, contra la tendencia a colocar la comodidad, el interés y la gloria personal por encima del interés general, contra las manifestaciones y las deformaciones burocráticas, contra la ideología religiosa, los prejuicios, las supersticiones y las costumbres retrógradas, contra la subestimación de la mujer y la falta de respeto a sus derechos iguales en la sociedad, contra la moda y el modo de vida burgueses, contra el idealismo y la metafísica, contra los «ismos» del arte y la cultura decadentes burgueses y revisionistas, contra la influencia política e ideológica de los enemigos externos, etc., etc.

Así pues, la lucha de clases se dirige no sólo contra los enemigos internos y externos, sino también se desarrolla en el seno del pueblo trabajador, contra cualquier manifestación extraña que se percibe en la conciencia, en el pensamiento, en la conducta y las actitudes de cada persona. Nadie debe pensar que está inmunizado contra cualquier mal y que no tiene nada que combatir en su propia persona. En la conciencia de cada individuo se desarrolla una aguda lucha entre la ideología socialista y la ideología burguesa. Cada cual tiene que verse a sí mismo como en un espejo y, así como diariamente se lava la cara, debe limpiarse su conciencia, adoptando una actitud comunista ante sí mismo.

La lucha de clases se refleja también en el seno del Partido, ya que, por un lado, en éste ingresan personas provenientes de diferentes capas de la población, que traen consigo toda clase de residuos y manifestaciones extrañas, y, por otro lado, los comunistas, al igual que todos los trabajadores, se encuentran bajo la presión del enemigo de clase, sobre todo de su ideología, dentro y fuera del país.

Por consiguiente, tanto de entre las filas de los trabajadores como de entre las del Partido, pueden surgir y surgen personas que degeneran y que se pasan a posiciones extrañas antipartido y antisocialistas. En efecto, nuestros enemigos dan una especial importancia en su actividad a la degeneración de los miembros del Partido con el fin de lograr la degeneración del partido en general, ya que sólo así se le puede abrir el camino a la restauración del capitalismo. Hay que tener presente que, sin contradicciones de distinto carácter y sin lucha para superarlas, no sería posible la vida del Partido y su desarrollo. No se debe encubrir esta lucha so pretexto de salvaguardar la unidad, sino que se la debe desarrollar y llevar hasta el fin, fortaleciendo así la verdadera unidad del Partido, su espíritu revolucionario, su combatividad, la dictadura del proletariado.

Una tarea de primer orden de todo el trabajo ideológico del Partido es formar en los comunistas y en todos los trabajadores una correcta concepción de la lucha de clases en nuestro país, educarlos el espíritu de la lucha irreconciliable de clases, arraigar en ellos el método del análisis de clase, el único método que permite conocer y resolver correctamente todos los problemas, enseñarles a que no sólo acepten de palabra la necesidad de la lucha de clases, sino que la pongan en práctica cada día y en todos los terrenos de la vida. Esto no es algo nuevo. El Partido ha subrayado continuamente la necesidad del desarrollo de la lucha de clases y de la educación de clase, y ha realizado un gran trabajo en este sentido.

Debemos combatir el indiferentismo y el formalismo en nuestro trabajo político de educación del Partido y de las masas, enlazarlo siempre y debidamente con la viva lucha de clases. Hay que luchar resueltamente contra los conceptos y las manifestaciones extrañas que están en contradicción con la línea del Partido, con los intereses del pueblo y del socialismo, contra la tendencia a no llamar a las cosas por su nombre, sino atenuarlas y limarlas, ocultando su esencia de clase y su peligrosidad social.

Estas deficiencias del trabajo de las organizaciones del Partido explican el que algunos cuadros y comunistas no pongan siempre en primer plano los intereses comunes representados por la política del Partido, sino que vean frecuentemente las cosas bajo el prisma de los intereses personales o locales y departamentales, aborden los diferentes problemas con el ojo del tecnócrata y del «oficinista», con el ojo del especialista obtuso y dejen a un lado su aspecto político e ideológico. Esta gente no comprende que existe política en todas partes, en cada trabajo y en cada sector, que no hay cuadros ni actividades económicas, administrativas, culturales y militares desprendidas de la política y al margen de la política de la dictadura del proletariado. Todas las actividades están entrelazadas y son interdependientes, y en esta unidad, la política ocupa el lugar principal; de igual modo todos nuestros cuadros, en cualquier sector en que trabajen deben ser, antes que nada, hombres políticos, situar en primer plano la política del Partido y orientarse siempre por ella.

A nuestro Partido siempre le ha caracterizado la severidad y la intransigencia con los enemigos del pueblo, del socialismo y del marxismo-leninismo, el amor y la fidelidad ilimitada hacia los trabajadores y su causa revolucionaria, la prudencia y la paciencia con todos los que yerran, pero que son susceptibles de corregirse. Para él han sido y son extrañas las actitudes estrechas y sectarias. Por eso las organizaciones del Partido deben luchar resueltamente contra cualquier manifestación de sectarismo en su trabajo, ya que tales manifestaciones dañan los lazos del Partido con las masas, confunden la frontera entre nosotros y nuestros enemigos, conducen, al empleo de métodos erróneos en la solución de las contradicciones en el seno del pueblo, que perjudican a los mismos trabajadores.

El trabajo ideológico del Partido debe dejar bien claro el carácter de las contradicciones en la sociedad socialista y los caminos para su justa solución. Toda confusión de los dos tipos de contradicción es conduce a errores oportunistas o sectarios.

Debemos tener siempre presente que no sólo los elementos de las ex clases explotadoras son portadores y difusores de la ideología burguesa, sino también nuestros hombres, que están trabajando por la causa del socialismo. En estos casos, al luchar despiadadamente contra la enfermedad, la ideología extraña, debemos luchar con todas nuestras fuerzas por curar al enfermo, el portador de esa ideología. Sólo cuando el portador y el difusor de la ideología extraño, es o se transformar en nuestro enemigo consciente, sólo entonces la contradicción debe tratarse y solucionarse como una contradicción antagónica y sustituirse el método de persuasión por el de la coerción. El Partido debe realizar un gran trabajo profiláctico, educativo y político, paciente y sistemático para no permitir que nadie incurra en errores graves, que pase del error al delito y después al crimen contra el Estado y contra la sociedad socialista, que la dictadura del proletariado condena con el máximo rigor.

Otra dirección muy importante del trabajo ideológico del Partido es la educación en la nueva actitud socialista ante el trabajo, con objeto de que nuestros hombres trabajen como revolucionarios y luchen resueltamente para hacer realidad los ideales revolucionarios. Sólo en el trabajo y mediante el trabajo se educa y se templa el hombre nuevo, porque el trabajo es la mayor escuela de educación comunista.

En la atmósfera del gran trabajo creador lleno de abnegación y entusiasmo revolucionarios, que está transformando la propia naturaleza y la conciencia de los hombres, se aprecia aún con mayor claridad cuán extrañas e insoportables son las actitudes de aquellas personas que eluden el trabajo, que temen a las dificultades y los sacrificios, que no quieren alterar su tranquilidad y su comodidad personal, que se esfuerzan por conservar u ocupar algún «rincón confortable», que hacen un trabajo superficial, que intentan obtener lo más posible de la sociedad, que en todo parten del interés personal y el provecho material y, con mil pretextos y justificaciones, eluden el deber de trabajar allí donde lo necesiten el pueblo y la patria. Todas estas son actitudes burguesas.

Las organizaciones del Partido deben desarrollar una lucha resuelta contra estas manifestaciones extrañas, incompatibles con la moral comunista. La lucha, contra estas manifestaciones debe ser considerada por ellas como un aspecto de la lucha de clases, como una lucha contra la semilla de la degeneración burguesa y revisionista de la gente. Deben arraigar en todos los trabajadores del campo y la ciudad la concepción y la actitud socialistas y revolucionarias hacia el trabajo, de forma que cada uno considere el trabajo como una cuestión de honor y de gloria, como un alto deber patriótico, como una cuestión sin la cual la vida no puede existir. Nuestros hombres, en primer lugar los cuadros y los comunistas, deben trabajar con disciplina, con elevada conciencia, con ímpetu y ritmo militar, deben superar con audacia cualquier obstáculo o dificultad, marchar siempre adelante, situar por encima de todo los intereses del pueblo, de la patria y el socialismo, no escatimar nada ante estos intereses, estar dispuestos a entregar, en su nombre, incluso la vida. Un hijo sencillo de nuestro pueblo, hijo de una familia ayer oprimida y explotada por los beyes y los agás fue el soldado Hekuran Zenuni de Tozhari, Berat, quien, para cumplir la tarea que le habían encomendado, no retrocedió ni ante las dificultades, ni los sacrificios, sino que entregó sin vacilar su joven vida, del mismo modo que ayer la ofrendaron por la patria los 28.000 mártires de la Lucha de Liberación Nacional. Tales son los nuevos hombres que ha, educado y forjado el Partido.

Cuando hablamos de la actitud socialista ante el trabajo, tiene una importancia trascendental la justa concepción del trabajo manual, del trabajo en la producción. Se trata de una gran cuestión de principios a la que las organizaciones del Partido, en su trabajo educativo, deben dedicarle una atención especial. Los conceptos aristocráticos sobre el trabajo en la producción son completamente extraños al socialismo y están preñados de peligrosas consecuencias. Cualquier subestimación o menosprecio del trabajo manual debe ser condenado como subestimación y menosprecio de los obreros y los campesinos, de las amplias masas del pueblo, que conduce al divorcio del pueblo, de su trabajo y de su vida, y este divorcio es la fuente de muchos males. Esto lo deben tener presente particularmente las personas que desarrollan actividades intelectuales, los cuadros, los empleados, la intelectualidad técnica y artística, los alumnos y los estudiantes. Ellos, en su inmensa mayoría, se han formado después de la liberación del país, han salido del seno de las masas trabajadoras, están estrechamente ligados con el pueblo y el Partido y han demostrado y demuestran una elevada conciencia patriótica y socialista. Pero estas características no deben hacemos menospreciar el peligro de que se contagien con la ideología burguesa, y particularmente con los puntos de vista revisionistas. Este peligro no es imaginario, tiene una base real. Está ligado a la propia naturaleza y condiciones del trabajo y de la vida de las personas que desarrollan actividades intelectuales y especialmente de la intelectualidad creadora, artística, y científica, que está todavía muy desprendida del trabajo físico y, en muchos casos, de las masas trabajadoras y de su vida. En esta capa pueden encontrar y encuentran un terreno más favorable la difusión del individualismo y el carrerismo, la presunción y la petulancia, de las pretensiones, exageradas y la vida cómoda, el intelectualismo y el menosprecio de las masas.

Nuestra intelectualidad popular debe ligarse lo más estrechamente posible con el pueblo, trabajar y vivir junto con los obreros y los campesinos, fundirse y encarnarse con ellos. Debe rechazar la idea burguesa heredada del pasado y que tiene profundas raíces, de que el intelectual lo sabe todo y únicamente él está en condicionéis de dirigir, de orientar, de enseñar y aleccionar a los demás, lo que, de hecho, expresa la negación del papel de las masas. Debe quedar claro que el papel decisivo en todos los terrenos de la vida, incluso en el terreno de la vida espiritual, no les pertenece a las personas individuales por muy destacadas que sean, sino a las amplias masas del pueblo. Las ciencias no caen, del cielo. Todas las ciencias tienen su origen en la vida, en la práctica, son el producto de la lucha de las masas por la transformación de la naturaleza y la sociedad. Por eso, los hombres de la ciencia, del arte y la cultura deben escuchar con atención y profundo respeto el parecer de las masas, generalizar su experiencia, deben ser siempre alumnos respetuosos del grande e infalible maestro que es el pueblo, convertir en criterio fundamental de toda su obra el juicio del pueblo. Algunos cuadros de nuestras instituciones científicas se han vuelto altaneros y creen que la suya es la última palabra de la ciencia, que cualquier pensamiento opuesto al suyo no sirve, es injusto, debe ser rechazado. ¡No! Semejantes conceptos en las filas de nuestros científicos deben ser fustigados severamente. Como en cualquier otro tiempo, en la ciencia no hay desarrollo sin lucha, sin lucha de opiniones, sin lucha de clases, sin debates basados en los principios marxista-leninistas, en la ideología proletaria para descubrir la verdad. La idea del desarrolla y del progreso de la ciencia y no la gloria personal, deba orientar en su trabajo a todos nuestros científicos.

Los intelectuales deben ligar lo más estrechamente posible su trabajo intelectual con el trabajo manual de los trabajadores y los campesinos, hacer constantemente y en proporciones determinadas trabajo directo en la producción. Esta tarea, que ha comenzado a ser puesta en práctica ampliamente para todos los cuadros, la intelectualidad, los alumnos y los estudiantes, tiene una gran importancia teórica y práctica, ayudará a conocer mejor la vida, a despojarse de los residuos y manifestaciones extrañas y forjarse como verdaderos revolucionarios. Este es un paso importante para reducir las diferencias entre el trabajo intelectual y el manual, que junto con la reducción de las diferencias entre la ciudad y el campo, entre la clase obrera y el campesinado, constituye un gran problema, estrechamente relacionado con la perspectiva de nuestro desarrollo hacia el comunismo. Si desde ahora no tomamos medidas para reducir estas diferencias y, voluntariamente o no, permitimos que se profundicen, nuestro país no sólo no se desarrollará por el camino que conduce a nuestro objetivo final, sino que aquéllas se convertirán en causa de numerosos males, de relaciones incorrectas entre los trabajadores intelectuales y manuales, entre la ciudad y el campo, entre la clase obrera y el campesinado.

Incumben también grandes tareas al trabajo del Partido en lo que respecta a la educación en los conceptos correctos sobre la vida, de modo que la figura moral de los comunistas y de todos nuestros trabajadores sea una, e indivisible, no sólo en el trabajo y en la sociedad, sino también en la vida personal y familiar. Los cuadros y los comunistas, todo trabajador, deben vivir como revolucionarios, llevar una vida sencilla y desarrollar una dura lucha, deben ser los primeros en los sacrificios y los últimos en las pretensiones. Tal como se afirma en la Carta Abierta:

«No la comodidad vacía y el interés para uno mismo, sino el ideal del socialismo, la lucha, por construir y hacer florecer la patria socialista con nuestras propias manos, el placer del trabajo creador, por el bien y al servicio del pueblo, la continua elevación del nivel de vida de las masas trabajadoras, deben constituir el objetivo principal de la vida, y de la lucha, su principal preocupación». (Partido del Trabajo de Albania; Documentos principales del PTA, t. V, pag. 38, ed. albanés)

Para nuestros hombres es completamente extraña la concepción burguesa y revisionista sobre la vida que consiste en situar por encima de todo el dinero, los placeres, el lujo, la comodidad, la tranquilidad y el bienestar personal. Las consecuencias de esta concepción en los países donde dominan los revisionistas son catastróficas. La degeneración política, la corrupción moral, el afán de dinero y de ganancia, el egoísmo y el individualismo desenfrenado, la moda y el modo de vida burgueses, el vagabundeo y el gamberrismo, son hoy las características de la vida de estos países, que prácticamente no se distingue en nada de la vida en los países capitalistas occidentales.

Estas manifestaciones extrañas sobre la vida pueden insinuarse y se insinúan también en algunos individuos de nuestro país que se encuentran bajo la fuerte influencia de la ideología y la moral burguesas. Las organizaciones del Partido debe estar siempre vigilantes y llevar a cabo un trabajo educativo y una lucha tenaz para crear en el Partido, en el colectivo, en la familia y por doquier, una atmósfera sofocante para tales concepciones decadentes del modo y el objetivo de la vida condenando severamente las actitudes liberales y las concesiones en este sentido. Con su trabajo, el Partido debe arraigar, particularmente en la nueva generación, nuestra concepción revolucionaria sobre la vida, que se inspira en los grandes ideales del socialismo y el comunismo.

Todo el trabajo ideológico del Partido, la propaganda y la agitación deben tener como objetivo, en primer lugar y por encima de todo, la educación ideológica y política, la formación y el temple de las personas como verdaderos revolucionarios y comunistas, de modo que se comprenda y se ponga en práctica la gran consigna del Partido «pensemos, trabajemos y vivamos como revolucionarios», consigna que constituye la esencia de la educación comunista, el contenido fundamental del trabajo educativo del Partido». (Enver Hoxha; Informe en el Vº Congreso del Partido del Trabajo de Albania 1 de noviembre de 1966)

Mi experiencia como columnista de Diario 16. Hasta aquí hemos llegado

Toda colaboración periodística en un medio llega un día a su final. En este caso ha sucedido por decisión propia.

Antes de adentrarme en la explicación del fin de mi colaboración con Diario 16 quiero dejar claras algunas cuestiones:

  • La primera de ellas es que jamás se me censuró una coma. Es la única promesa que ha cumplido la interlocutora que se puso en contacto conmigo para ofrecerme que escribiera en el periódico.
  • La segunda es que escribir en el diario me ha permitido conectar con algunos lectores que no me conocían anteriormente. Ha sido un placer escribir también para ellos.
  • La tercera es que redactar semanalmente buscando el hilo conductor de mi ideología comunista en relación con el momento que estamos viviendo me ayudó a ir creando un discurso que se articulaba, si no de capítulo a capítulo, sí entre muchos de ellos.
  • La cuarta, ayudar a difundir las posiciones de mi organización -el Espacio de Encuentro Comunista– ya que no he escrito como articulista al margen de un pensamiento y debate ajenos sino como voz de un colectivo que iba más allá de un particular modo de ver el mundo.

En este sentido mi tarea como columnista de opinión- y algunas semanas de la sección que en cada momento me adjudicasen- no ha sido inútil ni he dejado de apreciar lo que significaba la oportunidad de ir más allá de mi blog. Estoy agradecido a aquella oportunidad, a pesar de que ha significado sobreexplotarme, engañarme y algo que explicaré más tarde, tomarme por tonto intentando hacerme comulgar con ruedas de molino.

Dicho esto, dos han sido las razones para cortar mi relación con este medio:

Me referiré a continuación a los dos puntos anteriores:

A) Trabajando gratis durante 4 meses y medio

Inicié mi andadura en Diario 16 el 21 de Mayo del presente mes, con un artículo titulado “La izquierda, desaparecida sin combate”. Una semana antes me llamaron de este periódico para ofrecerme colaborar como redactor de opinión. Según ellos, yo era un bloguero muy conocido y mi blog tenías muchas visitas. Entendí rápidamente que lo que buscaban era dar a conocer un medio que por entonces era muy desconocido y lograr incrementar el número de visitas, que es lo que atrae la publicidad a un diario de estas características, fuente de la que viven, salvo los que apuestan por la suscripción digital.

Les pregunté si pagaban por la colaboración, a lo que me aclararon que, de momento no, pero que en Julio estaba previsto revisar la situación económica del diario y empezar a pagarnos a todos los colaboradores.

De otro modo no hubiera aceptado escribir una columna semanal para éste ni para ningún otro medio de comunicación oficial y ello por variadas razones.

En primer lugar porque soy un parado de 54 años y no me puedo permitir el lujo de regalar mi esfuerzo y mi trabajo a quien se beneficiará económicamente de él. Mi condición de parado es algo que la vida me ha enseñado a guardarme ante un posible contrato porque sé por experiencia que, si no lo haces intentarán aprovecharse aún más de ti, soltándote caritativamente la calderilla que la parte contratante -en este caso, no contratante- lleva en el bolsillo para pagarse los cafés.

En segundo lugar porque creo que toda persona tiene el derecho a ser remunerado por su trabajo.

En tercero porque hacer un artículo que no se limite al tópico habitual de contar lo que ya sabe todo el mundo y analizar la realidad yendo más allá de lo aparente conlleva una labor mental que no se resuelve en media hora, soltando la primera simpleza que a uno se le ocurre.

En cuarto lugar, y me da igual que a ustedes les parezca pretencioso por mi parte, porque quien te llama para colaborar ya sabe de tu valía como articulista y no soy un meritorio que esté empezando y deba rogar que me permitan hacer currículo y aprender a juntar letras.

Pero pasaba el tiempo y lo que iba a ser en julio luego me contaron -cuando preguntaba- que iba a ser en Agosto, después en Septiembre y luego en Octubre. Cuando ves que pasan los meses, tienes que andar preguntando y, o no hay voluntad o no hay parné, es el momento en el que debes decir bon voyage. Cierto que aguanté tanto tiempo porque, al fin y al cabo, escribir allí me permitía difundir mis ideas políticas y las de mi organización, el Espacio de Encuentro Comunista, como dejaba claro en mi perfil público de Diario 16. Pero la realidad se impone: “primum vivere deinde philosophari” (“primero vivir, después filosofar”).

Cuando en la última conversación por whatsapp se me dice que esperaban tenerlo pero que “no ha habido dinero en todo este tiempo” me dije “ya está bien de hacer el canelo” y di un ultimatum que se agotaba este lunes 19 de Septiembre para que se me hiciese un contrato comercial, desvinculándome de entregar un solo artículo más si no se producía una oferta en firme. Un día después esa oferta no se ha producido. Pues bien señores, en mi hambre mando yo. Espero que nadie de Diario 16 se atreva a negarme los datos que a lo largo de este texto expongo y no me obligue a tirar de capturas de pantalla y correos, ya que por lo que no paso es porque se pretenda, además de torearme, tomarme por mentiroso.

Que si no fue posible el contrato “porque no se cerró la publicidad” en su momento, que si “no se enviaron los e-mails de contratos porque me pilló el parto” -¡Qué parto más largo! Ni que fuera la construcción e la pirámide de Keops- Hay comodines que se usan en exceso y mi interlocutora los había agotado todos, dedicada a hacer de parapeto de mis exigencias y de las que de cualquier otro que pensara que ya estaba bien de regalar su esfuerzo.

B) Tampoco es cosa de tratar una “exclusiva” como una exclusiva

“Así que vamos a dar esta info en exclusiva”. Eso me respondió la aludida por whatsapp. Porque de eso se trataba: de contar lo que otros medios no estaban contando sobre el mismo escándalo y de llegar mucho más lejos que ellos, que apenas arañaban la superficie del mismo.

La parte no contratante me dijo que podía colocarlo en “actualidad” y yo no caí en aquél momento en la trampa.

Al verlo publicado supe que me la estaban colando porque se había desplazado la noticia del primer plano a un segundo. Había una opción mucho mejor que “actualidad” y se llamaba “nacional”. Me refiero a la parte de nacional que sitúa las noticias arriba del todo.

Les explico este concepto con unos sencillos ejemplos.

Si ustedes entran en nacional se encontrarán algo así como esto

cabecera

Esto es una cabecera y esto es poner en primer lugar un artículo.

Esto no lo es

actualidad

 

Como ven, la desproporción de protagonismo de unas y otras noticias es evidente.

Cuando al día siguiente pedí que se desplazase a cabecera, la persona a la que le hice la petición me dijo que eso no dependía de ella. Aún insistiría en ello otra vez ¿De quién dependía? ¿Acaso no entendió la importancia que podía tener la noticia para el propio medio si este escándalo se destacaba al lugar correspondiente? No sé si hizo o no la gestión. Algunos pensarán que ya poco importa pero lo cierto es que, de aquél modo, a los lectores acostumbrados a ir solo a los primeros titulares de cabecera se les estaba escamoteando el derecho a conocer la amplia trama de supuesta corruptela que aún continúa dentro de la Agencia de la Vivienda Social de la Comunidad de Madrid, antes Instituto de la Vivienda de Madrid ¿No les parece que merecía un lugar más destacado? Si usted, lector, fuera director/a del periódico ¿no cree que este texto era una oportunidad para dar a conocer su medio a una población que apenas sabe de la existencia del mismo? ¿No le parece que el artículo hubiera podido darle un empujón como medio de comunicación que no se limita a contar lo que los demás estaban contando por esos días y que era ya de sobra conocido por muchos?

Cuando un medio está empezando, tener una exclusiva es algo fundamental. Iniciarse dando a entender que vas a ir hasta el final es un modo de decir “aquí estamos quienes hacemos un periodismo sin mordazas ni cobardía” y dice mucho de cuál será tu evolución futura. Tratarla como una noticia más también dice mucho de ese mismo diario. Estamos hablando de un escándalo de miles de millones saqueados al vender a los fondos buitre propiedad pública.

Si fuera el director de un diario tan desconocido, que casi todo el mundo cree que no ha vuelto a la vida, aprovecharía la ocasión de una exclusiva para sacar la cabeza por encima de la mediocre medianía del resto de la prensa. Intentaría que mi nueva directora lo diera a conocer en los medios televisivos en los que aparece habitualmente y haría que todo mi entorno apoyara la posibilidad de dar a conocer una denuncia que aportara notoriedad a mi medio.

Y por supuesto destacaría la noticia en mi diario, situándola en cabecera y fijándola durante días mientras la explotaba al máximo.

No fue así. El artículo fue decayendo rápidamente, con una velocidad sospechosa, a pesar de que se defendía bien en visitas. Pasó de un lugar secundario y descendiendo en posiciones dentro del digital, desplazada por la la siguiente noticia que entraba y la otra y la otra hasta desaparecer de la portada. Ya sólo quedaban como únicos medios de descubrirla las orlas de los principales colaboradores, que se encuentran a la mitad de la misma y los tuits y entradas de facebook que, a pesar de todo este “eclipsamiento” eran muchas.

Esto último es algo bastante curioso. Si comparan ustedes el número que aparece junto a la red social y el número de visitas que ahora mismo tiene el artículo verán que el primero es elevado para una cantidad de visitas modesta. Sí, ya sé que mucha gente comparte entradas sin leerlas pero lo cierto es que el titular invitaba mucho a la lectura.

visitas-y-compartidos

Les sugiero que vean ustedes otros de mis artículos, si es que antes no desaparecen del medio, cosa que ignoro. Verán que esa proporción entre redes sociales y número de lecturas existe y que, en la mayoría de los casos, a mayor difusión por redes, mayor número de lecturas. En ocasiones algunos de mis textos han estado menos presentes en redes y tuvieron más visitas. Esto es algo que le indiqué a mi interlocutora del diario mientras me juraba y perjuraba que el periódico en general había caído mucho en lecturas en verano. Mis textos, no obstante, habían tenido una buena acogida también en ese período. ¿Qué pasa, que de repente, sin que se notaran signos sociales de tal comportamiento, los lectores habíamos perdido el sentido del morbo ante un titular?

El caso es que ante mis quejas por el tratamiento dado a la exclusiva, mi interlocutora afirma que ella lo mandó a un periódico digital de la sierra madrileña, titulando la entrada del siguiente modo Diario 16 destapa un pasteleo corrupto del Instituto de la Vivienda de Madrid con Goldman Sachs”. No sé si el término “destapa” es el más adecuado. Y allí hubiera continuado sin pena ni gloria si no es porque al día siguiente (sábado 18) uno de mis lectores metió esa entrada en el agregador de noticias Menéame, convirtiéndose en la noticia más leída del domingo 19. La paradoja es que poco le faltó al Diario de la Sierra para alcanzar las visitas (4348), que son los clics del menéame, que en el momento en que escribo estas líneas tiene el artículo en Diario 16 (4768). Ironía poética de que el gran beneficiado de un texto que no promocionas sea un medio distinto al tuyo.

Por no mover, no lo movió ni siquiera el community manager que hasta el domingo 18 (cuatro días después de su publicación), a las 11 y media de la noche no lo difundió con un único tuit en toda la semana, y eso porque era la segunda noticia más leída en ese mismo período. Ello sucedió gracias no sólo a la gran difusión de mis lectores en redes sino también al periódico serrano, que ponía un enlace al lugar de publicación original. Cierto que lo tuitearon elogiosamente -no me gusta ser injusto- su directora y la directora de opinión, entre otras personas del entorno, la misma que intentó convencerme de que “Actualidad Nacional” era lo mismo que “Nacional”. Pero para halagos en lugar de salario estoy ya muy mayor.

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En definitiva cuando te tiras 18 semanas sin ver ni un maravedí por tu trabajo, compruebas que lo que tu interlocutora durante todo este tiempo califica como “exclusiva” se trata como una noticia más, te intenta convencer de que es una noticia que quizá no se haya leído lo esperado porque es larga y no tiene “tu formato habitual”, como si una investigación de este tipo se hubiera de limitar a 140 caracteres, estás en un medio en el que todos trabajamos gratis, según ella y, por no tener, no tiene siquiera una línea editorial identificable, es el momento de decir “bon voyage mes amis”.

Fuente original de la noticia:

Lecciones históricas sobre la contrarrevolución armada y la contrarrevolución «pacífica» revisionista

«El Partido del Trabajo de Albania (PTA) y el camarada Enver Hoxha han hecho hincapié en que es posible preservar, fortalecer y perfeccionar la dictadura del proletariado solamente cuando se mantiene la lucha de clases, cuando se lleva a cabo correctamente, sin vacilaciones y con determinación. En esta cuestión vital es importante definir que la dictadura del proletariado debe ser defendida tanto de la contrarrevolución armada como de la contrarrevolución «pacífica» revisionista.

El peligro de la contrarrevolución armada ha sido reconocido desde hace mucho tiempo. Ella se utilizó para aplastar la Comuna de París en 1871, y más tarde para aplastar tras la Primera Guerra Mundial, los Estados proletarios que se establecieron en Alemania y Hungría. Pero en otros casos, esta contrarrevolución ha sido derrotada por los golpes de la revolución. Tal es la experiencia del poder estatal soviético de la época de Lenin y Stalin, que derrotó a la contrarrevolución armada tras una lucha prolongada. La experiencia de nuestro país así mismo demuestra que es posible cortar de raíz cualquier intento de contrarrevolución armada.

Por lo tanto, repeler y destruir por completo la contrarrevolución se plantea ante el proletariado victorioso como una tarea indispensable y completamente posible. De ello se requiere en esta dirección un constante mantenimiento de la aguda vigilancia hacia el enemigo externo e interno y la extensión de golpes rápidos y decisivos en su actividad. El PTA y el Estado de Albania siempre han tenido en cuenta la lucha contra el enemigo de clase como:

«Una tarea de primera importancia para nuestro Partido, el Estado y las masas trabajadoras». (Enver Hoxha; Informe en el Vº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1966)