La lucha por el triunfo de la ideología socialista, es la lucha por el triunfo del socialismo y el comunismo

«En nuestro país la ideología socialista proletaria es la ideología en el poder; ella es la que da hoy el tono general a toda la vida y la actividad de nuestros trabajadores. Pero, a pesar de los éxitos alcanzados, somos conscientes de que la lucha en este campo es larga y difícil. Lenin ha dicho:

«Nuestra tarea reside en vencer la resistencia capitalista, no sólo la militar y política, sino también la ideológica, más profunda y potente». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso pronunciado en la conferencia de toda Rusia de los organismos de educación política, 1920)

La vieja ideología idealista de la sociedad explotadora tiene aún profundas raíces y ejerce una influencia poderosa y permanente. Y, cuando hablamos de esta influencia, no se trata únicamente de «algunos residuos y algunas manifestaciones extrañas que se ven aquí y allá», como se dice a menudo erróneamente en nuestra propaganda, sino de la influencia de toda una ideología extraña que se manifiesta en diferentes conceptos, costumbres y actitudes extrañas, los cuales se mantienen durante un largo tiempo como herencia del pasado, tienen su apoyo social en las ex clases exploradoras y sus restos, en las tendencias a la espontaneidad pequeño burguesa y son alimentadas en diferentes formas por el mundo capitalista y revisionista que nos rodea.

Mientras no esté garantizada, la victoria total de la revolución socialista en el terreno de la ideología y de la cultura, no pueden estar aseguradas y garantizadas tampoco las victorias de la revolución socialista en los terrenos político y económico. Por eso, la lucha en el frente ideológico por la derrota total de la ideología burguesa y revisionista, está relacionada en resumidas cuentas, con la cuestión de si se construirá el socialismo y el comunismo y se evitará la restauración del capitalismo, o se le abrirán las puertas a la difusión de la ideología burguesa y revisionista y se permitirá el retroceso al capitalismo.

La revolución ideológica y cultural se encuadra en la lucha de clases general dirigida a llevar hasta el fin la revolución socialista en todos los campos. En contradicción con los puntos de vista de los revisionistas modernos, quienes han proclamado la lucha de clases en el socialismo como algo anticuado y superado, nuestro Partido piensa que la lucha de clases, incluso después de la liquidación de las clases explotadoras, continúa siendo una de las principales fuerzas motrices de la sociedad. Esta lucha abarca todos los aspectos de la vida. Se desarrolla con oleadas y zigzags; unas veces asciende y otras desciende; unas veces se agudiza y otras se «atenúa», pero nunca se interrumpe ni se apaga.

Esta lucha es en el socialismo, como demuestra la experiencia de nuestro país, un fenómeno objetivo e inevitable. Se desarrolla tanto contra los residuos de las clases explotadoras derrocadas y expropiadas, pero que siguen resistiendo y ejerciendo presión por todos los medios y, en primer lugar, mediante su ideología reaccionaria, así como contra los nuevos elementos burgueses, los elementos degenerados revisionistas y antipartido, que surgen de manera inevitable en el seno de nuestra sociedad. Se desarrolla también contra la ideología burguesa y revisionista, que se mantiene y se manifiesta en diferentes formas e intensidades, así como contra la presión exterior del imperialismo.

De este modo se entrelazan el frente interior y el frente exterior de la lucha de clases, que unas veces se funden en un único frente, otras actúan por separado, pero siempre están ligados por el mismo objetivo: el derrocamiento de la dictadura del, proletariado, la restauración del capitalismo.

Aceptar o no la lucha de clases en el socialismo es una cuestión de principios; constituye una línea de demarcación entre los marxista-leninistas y los revisionistas, entre los revolucionarios y los traidores a la revolución. Todo alejamiento de la lucha de clases tiene consecuencias fatales para la suerte del socialismo. Por eso, simultáneamente a la lucha por el aumento de la producción, por el desarrollo de la enseñanza y de la cultura, simultáneamente a la lucha contra los enemigos: externos (los imperialistas y los revisionistas), no debemos descuidar, no debemos olvidar jamás la lucha de clases en el interior del país; en caso contrario la historia nos condenaría severamente.

El deber del Partido es no cerrar los ojos frente, a esta necesidad, es no adormecer la vigilancia revolucionaria de los comunistas y de las masas, sino desarrollar esta lucha de clases resuelta e indoblegablemente hasta la victoria final. El progreso de nuestra sociedad y la educación revolucionaria de los trabajadores son inconcebibles e irrealizables al margen de la lucha de clases.

A menudo nos encontramos en la práctica, frente a un concepto estrecho de la lucha de clases y de los enemigos de clase, como cuando sólo son considerados como; tales o el kulak y otros elementos de las ex clases explotadoras, o los imperialistas y revisionistas titoistas y jruschovistas fuera del país, y como cuando se considera lucha de clases únicamente la lucha contra su actividad antisocialista. La lucha, contra estos enemigos es permanentemente la tarea primordial del Partido, del Estado y de nuestros trabajadores. Ahora bien, debemos ver la lucha de clases de manera más amplia. Esta es una lucha multilateral; hoy es, en primer lugar, una lucha ideológica, una lucha por el pensamiento y el corazón de los hombres; una lucha contra la degeneración burguesa y revisionista, contra todos los residuos y las manifestaciones extrañas que se conservan y se manifiestan, en mayor o menor grado, en todos nuestros: hombres, es la lucha por el triunfo de nuestra ideología y de nuestra moral comunistas.

Es lucha de clases la lucha contra los robos y los abusos de la propiedad socialista, contra las tendencias parasitarias y especuladoras de tomar el máximo de la sociedad y darle lo menos posible, contra la tendencia a colocar la comodidad, el interés y la gloria personal por encima del interés general, contra las manifestaciones y las deformaciones burocráticas, contra la ideología religiosa, los prejuicios, las supersticiones y las costumbres retrógradas, contra la subestimación de la mujer y la falta de respeto a sus derechos iguales en la sociedad, contra la moda y el modo de vida burgueses, contra el idealismo y la metafísica, contra los «ismos» del arte y la cultura decadentes burgueses y revisionistas, contra la influencia política e ideológica de los enemigos externos, etc., etc.

Así pues, la lucha de clases se dirige no sólo contra los enemigos internos y externos, sino también se desarrolla en el seno del pueblo trabajador, contra cualquier manifestación extraña que se percibe en la conciencia, en el pensamiento, en la conducta y las actitudes de cada persona. Nadie debe pensar que está inmunizado contra cualquier mal y que no tiene nada que combatir en su propia persona. En la conciencia de cada individuo se desarrolla una aguda lucha entre la ideología socialista y la ideología burguesa. Cada cual tiene que verse a sí mismo como en un espejo y, así como diariamente se lava la cara, debe limpiarse su conciencia, adoptando una actitud comunista ante sí mismo.

La lucha de clases se refleja también en el seno del Partido, ya que, por un lado, en éste ingresan personas provenientes de diferentes capas de la población, que traen consigo toda clase de residuos y manifestaciones extrañas, y, por otro lado, los comunistas, al igual que todos los trabajadores, se encuentran bajo la presión del enemigo de clase, sobre todo de su ideología, dentro y fuera del país.

Por consiguiente, tanto de entre las filas de los trabajadores como de entre las del Partido, pueden surgir y surgen personas que degeneran y que se pasan a posiciones extrañas antipartido y antisocialistas. En efecto, nuestros enemigos dan una especial importancia en su actividad a la degeneración de los miembros del Partido con el fin de lograr la degeneración del partido en general, ya que sólo así se le puede abrir el camino a la restauración del capitalismo. Hay que tener presente que, sin contradicciones de distinto carácter y sin lucha para superarlas, no sería posible la vida del Partido y su desarrollo. No se debe encubrir esta lucha so pretexto de salvaguardar la unidad, sino que se la debe desarrollar y llevar hasta el fin, fortaleciendo así la verdadera unidad del Partido, su espíritu revolucionario, su combatividad, la dictadura del proletariado.

Una tarea de primer orden de todo el trabajo ideológico del Partido es formar en los comunistas y en todos los trabajadores una correcta concepción de la lucha de clases en nuestro país, educarlos el espíritu de la lucha irreconciliable de clases, arraigar en ellos el método del análisis de clase, el único método que permite conocer y resolver correctamente todos los problemas, enseñarles a que no sólo acepten de palabra la necesidad de la lucha de clases, sino que la pongan en práctica cada día y en todos los terrenos de la vida. Esto no es algo nuevo. El Partido ha subrayado continuamente la necesidad del desarrollo de la lucha de clases y de la educación de clase, y ha realizado un gran trabajo en este sentido.

Debemos combatir el indiferentismo y el formalismo en nuestro trabajo político de educación del Partido y de las masas, enlazarlo siempre y debidamente con la viva lucha de clases. Hay que luchar resueltamente contra los conceptos y las manifestaciones extrañas que están en contradicción con la línea del Partido, con los intereses del pueblo y del socialismo, contra la tendencia a no llamar a las cosas por su nombre, sino atenuarlas y limarlas, ocultando su esencia de clase y su peligrosidad social.

Estas deficiencias del trabajo de las organizaciones del Partido explican el que algunos cuadros y comunistas no pongan siempre en primer plano los intereses comunes representados por la política del Partido, sino que vean frecuentemente las cosas bajo el prisma de los intereses personales o locales y departamentales, aborden los diferentes problemas con el ojo del tecnócrata y del «oficinista», con el ojo del especialista obtuso y dejen a un lado su aspecto político e ideológico. Esta gente no comprende que existe política en todas partes, en cada trabajo y en cada sector, que no hay cuadros ni actividades económicas, administrativas, culturales y militares desprendidas de la política y al margen de la política de la dictadura del proletariado. Todas las actividades están entrelazadas y son interdependientes, y en esta unidad, la política ocupa el lugar principal; de igual modo todos nuestros cuadros, en cualquier sector en que trabajen deben ser, antes que nada, hombres políticos, situar en primer plano la política del Partido y orientarse siempre por ella.

A nuestro Partido siempre le ha caracterizado la severidad y la intransigencia con los enemigos del pueblo, del socialismo y del marxismo-leninismo, el amor y la fidelidad ilimitada hacia los trabajadores y su causa revolucionaria, la prudencia y la paciencia con todos los que yerran, pero que son susceptibles de corregirse. Para él han sido y son extrañas las actitudes estrechas y sectarias. Por eso las organizaciones del Partido deben luchar resueltamente contra cualquier manifestación de sectarismo en su trabajo, ya que tales manifestaciones dañan los lazos del Partido con las masas, confunden la frontera entre nosotros y nuestros enemigos, conducen, al empleo de métodos erróneos en la solución de las contradicciones en el seno del pueblo, que perjudican a los mismos trabajadores.

El trabajo ideológico del Partido debe dejar bien claro el carácter de las contradicciones en la sociedad socialista y los caminos para su justa solución. Toda confusión de los dos tipos de contradicción es conduce a errores oportunistas o sectarios.

Debemos tener siempre presente que no sólo los elementos de las ex clases explotadoras son portadores y difusores de la ideología burguesa, sino también nuestros hombres, que están trabajando por la causa del socialismo. En estos casos, al luchar despiadadamente contra la enfermedad, la ideología extraña, debemos luchar con todas nuestras fuerzas por curar al enfermo, el portador de esa ideología. Sólo cuando el portador y el difusor de la ideología extraño, es o se transformar en nuestro enemigo consciente, sólo entonces la contradicción debe tratarse y solucionarse como una contradicción antagónica y sustituirse el método de persuasión por el de la coerción. El Partido debe realizar un gran trabajo profiláctico, educativo y político, paciente y sistemático para no permitir que nadie incurra en errores graves, que pase del error al delito y después al crimen contra el Estado y contra la sociedad socialista, que la dictadura del proletariado condena con el máximo rigor.

Otra dirección muy importante del trabajo ideológico del Partido es la educación en la nueva actitud socialista ante el trabajo, con objeto de que nuestros hombres trabajen como revolucionarios y luchen resueltamente para hacer realidad los ideales revolucionarios. Sólo en el trabajo y mediante el trabajo se educa y se templa el hombre nuevo, porque el trabajo es la mayor escuela de educación comunista.

En la atmósfera del gran trabajo creador lleno de abnegación y entusiasmo revolucionarios, que está transformando la propia naturaleza y la conciencia de los hombres, se aprecia aún con mayor claridad cuán extrañas e insoportables son las actitudes de aquellas personas que eluden el trabajo, que temen a las dificultades y los sacrificios, que no quieren alterar su tranquilidad y su comodidad personal, que se esfuerzan por conservar u ocupar algún «rincón confortable», que hacen un trabajo superficial, que intentan obtener lo más posible de la sociedad, que en todo parten del interés personal y el provecho material y, con mil pretextos y justificaciones, eluden el deber de trabajar allí donde lo necesiten el pueblo y la patria. Todas estas son actitudes burguesas.

Las organizaciones del Partido deben desarrollar una lucha resuelta contra estas manifestaciones extrañas, incompatibles con la moral comunista. La lucha, contra estas manifestaciones debe ser considerada por ellas como un aspecto de la lucha de clases, como una lucha contra la semilla de la degeneración burguesa y revisionista de la gente. Deben arraigar en todos los trabajadores del campo y la ciudad la concepción y la actitud socialistas y revolucionarias hacia el trabajo, de forma que cada uno considere el trabajo como una cuestión de honor y de gloria, como un alto deber patriótico, como una cuestión sin la cual la vida no puede existir. Nuestros hombres, en primer lugar los cuadros y los comunistas, deben trabajar con disciplina, con elevada conciencia, con ímpetu y ritmo militar, deben superar con audacia cualquier obstáculo o dificultad, marchar siempre adelante, situar por encima de todo los intereses del pueblo, de la patria y el socialismo, no escatimar nada ante estos intereses, estar dispuestos a entregar, en su nombre, incluso la vida. Un hijo sencillo de nuestro pueblo, hijo de una familia ayer oprimida y explotada por los beyes y los agás fue el soldado Hekuran Zenuni de Tozhari, Berat, quien, para cumplir la tarea que le habían encomendado, no retrocedió ni ante las dificultades, ni los sacrificios, sino que entregó sin vacilar su joven vida, del mismo modo que ayer la ofrendaron por la patria los 28.000 mártires de la Lucha de Liberación Nacional. Tales son los nuevos hombres que ha, educado y forjado el Partido.

Cuando hablamos de la actitud socialista ante el trabajo, tiene una importancia trascendental la justa concepción del trabajo manual, del trabajo en la producción. Se trata de una gran cuestión de principios a la que las organizaciones del Partido, en su trabajo educativo, deben dedicarle una atención especial. Los conceptos aristocráticos sobre el trabajo en la producción son completamente extraños al socialismo y están preñados de peligrosas consecuencias. Cualquier subestimación o menosprecio del trabajo manual debe ser condenado como subestimación y menosprecio de los obreros y los campesinos, de las amplias masas del pueblo, que conduce al divorcio del pueblo, de su trabajo y de su vida, y este divorcio es la fuente de muchos males. Esto lo deben tener presente particularmente las personas que desarrollan actividades intelectuales, los cuadros, los empleados, la intelectualidad técnica y artística, los alumnos y los estudiantes. Ellos, en su inmensa mayoría, se han formado después de la liberación del país, han salido del seno de las masas trabajadoras, están estrechamente ligados con el pueblo y el Partido y han demostrado y demuestran una elevada conciencia patriótica y socialista. Pero estas características no deben hacemos menospreciar el peligro de que se contagien con la ideología burguesa, y particularmente con los puntos de vista revisionistas. Este peligro no es imaginario, tiene una base real. Está ligado a la propia naturaleza y condiciones del trabajo y de la vida de las personas que desarrollan actividades intelectuales y especialmente de la intelectualidad creadora, artística, y científica, que está todavía muy desprendida del trabajo físico y, en muchos casos, de las masas trabajadoras y de su vida. En esta capa pueden encontrar y encuentran un terreno más favorable la difusión del individualismo y el carrerismo, la presunción y la petulancia, de las pretensiones, exageradas y la vida cómoda, el intelectualismo y el menosprecio de las masas.

Nuestra intelectualidad popular debe ligarse lo más estrechamente posible con el pueblo, trabajar y vivir junto con los obreros y los campesinos, fundirse y encarnarse con ellos. Debe rechazar la idea burguesa heredada del pasado y que tiene profundas raíces, de que el intelectual lo sabe todo y únicamente él está en condicionéis de dirigir, de orientar, de enseñar y aleccionar a los demás, lo que, de hecho, expresa la negación del papel de las masas. Debe quedar claro que el papel decisivo en todos los terrenos de la vida, incluso en el terreno de la vida espiritual, no les pertenece a las personas individuales por muy destacadas que sean, sino a las amplias masas del pueblo. Las ciencias no caen, del cielo. Todas las ciencias tienen su origen en la vida, en la práctica, son el producto de la lucha de las masas por la transformación de la naturaleza y la sociedad. Por eso, los hombres de la ciencia, del arte y la cultura deben escuchar con atención y profundo respeto el parecer de las masas, generalizar su experiencia, deben ser siempre alumnos respetuosos del grande e infalible maestro que es el pueblo, convertir en criterio fundamental de toda su obra el juicio del pueblo. Algunos cuadros de nuestras instituciones científicas se han vuelto altaneros y creen que la suya es la última palabra de la ciencia, que cualquier pensamiento opuesto al suyo no sirve, es injusto, debe ser rechazado. ¡No! Semejantes conceptos en las filas de nuestros científicos deben ser fustigados severamente. Como en cualquier otro tiempo, en la ciencia no hay desarrollo sin lucha, sin lucha de opiniones, sin lucha de clases, sin debates basados en los principios marxista-leninistas, en la ideología proletaria para descubrir la verdad. La idea del desarrolla y del progreso de la ciencia y no la gloria personal, deba orientar en su trabajo a todos nuestros científicos.

Los intelectuales deben ligar lo más estrechamente posible su trabajo intelectual con el trabajo manual de los trabajadores y los campesinos, hacer constantemente y en proporciones determinadas trabajo directo en la producción. Esta tarea, que ha comenzado a ser puesta en práctica ampliamente para todos los cuadros, la intelectualidad, los alumnos y los estudiantes, tiene una gran importancia teórica y práctica, ayudará a conocer mejor la vida, a despojarse de los residuos y manifestaciones extrañas y forjarse como verdaderos revolucionarios. Este es un paso importante para reducir las diferencias entre el trabajo intelectual y el manual, que junto con la reducción de las diferencias entre la ciudad y el campo, entre la clase obrera y el campesinado, constituye un gran problema, estrechamente relacionado con la perspectiva de nuestro desarrollo hacia el comunismo. Si desde ahora no tomamos medidas para reducir estas diferencias y, voluntariamente o no, permitimos que se profundicen, nuestro país no sólo no se desarrollará por el camino que conduce a nuestro objetivo final, sino que aquéllas se convertirán en causa de numerosos males, de relaciones incorrectas entre los trabajadores intelectuales y manuales, entre la ciudad y el campo, entre la clase obrera y el campesinado.

Incumben también grandes tareas al trabajo del Partido en lo que respecta a la educación en los conceptos correctos sobre la vida, de modo que la figura moral de los comunistas y de todos nuestros trabajadores sea una, e indivisible, no sólo en el trabajo y en la sociedad, sino también en la vida personal y familiar. Los cuadros y los comunistas, todo trabajador, deben vivir como revolucionarios, llevar una vida sencilla y desarrollar una dura lucha, deben ser los primeros en los sacrificios y los últimos en las pretensiones. Tal como se afirma en la Carta Abierta:

«No la comodidad vacía y el interés para uno mismo, sino el ideal del socialismo, la lucha, por construir y hacer florecer la patria socialista con nuestras propias manos, el placer del trabajo creador, por el bien y al servicio del pueblo, la continua elevación del nivel de vida de las masas trabajadoras, deben constituir el objetivo principal de la vida, y de la lucha, su principal preocupación». (Partido del Trabajo de Albania; Documentos principales del PTA, t. V, pag. 38, ed. albanés)

Para nuestros hombres es completamente extraña la concepción burguesa y revisionista sobre la vida que consiste en situar por encima de todo el dinero, los placeres, el lujo, la comodidad, la tranquilidad y el bienestar personal. Las consecuencias de esta concepción en los países donde dominan los revisionistas son catastróficas. La degeneración política, la corrupción moral, el afán de dinero y de ganancia, el egoísmo y el individualismo desenfrenado, la moda y el modo de vida burgueses, el vagabundeo y el gamberrismo, son hoy las características de la vida de estos países, que prácticamente no se distingue en nada de la vida en los países capitalistas occidentales.

Estas manifestaciones extrañas sobre la vida pueden insinuarse y se insinúan también en algunos individuos de nuestro país que se encuentran bajo la fuerte influencia de la ideología y la moral burguesas. Las organizaciones del Partido debe estar siempre vigilantes y llevar a cabo un trabajo educativo y una lucha tenaz para crear en el Partido, en el colectivo, en la familia y por doquier, una atmósfera sofocante para tales concepciones decadentes del modo y el objetivo de la vida condenando severamente las actitudes liberales y las concesiones en este sentido. Con su trabajo, el Partido debe arraigar, particularmente en la nueva generación, nuestra concepción revolucionaria sobre la vida, que se inspira en los grandes ideales del socialismo y el comunismo.

Todo el trabajo ideológico del Partido, la propaganda y la agitación deben tener como objetivo, en primer lugar y por encima de todo, la educación ideológica y política, la formación y el temple de las personas como verdaderos revolucionarios y comunistas, de modo que se comprenda y se ponga en práctica la gran consigna del Partido «pensemos, trabajemos y vivamos como revolucionarios», consigna que constituye la esencia de la educación comunista, el contenido fundamental del trabajo educativo del Partido». (Enver Hoxha; Informe en el Vº Congreso del Partido del Trabajo de Albania 1 de noviembre de 1966)

Mi experiencia como columnista de Diario 16. Hasta aquí hemos llegado

Toda colaboración periodística en un medio llega un día a su final. En este caso ha sucedido por decisión propia.

Antes de adentrarme en la explicación del fin de mi colaboración con Diario 16 quiero dejar claras algunas cuestiones:

  • La primera de ellas es que jamás se me censuró una coma. Es la única promesa que ha cumplido la interlocutora que se puso en contacto conmigo para ofrecerme que escribiera en el periódico.
  • La segunda es que escribir en el diario me ha permitido conectar con algunos lectores que no me conocían anteriormente. Ha sido un placer escribir también para ellos.
  • La tercera es que redactar semanalmente buscando el hilo conductor de mi ideología comunista en relación con el momento que estamos viviendo me ayudó a ir creando un discurso que se articulaba, si no de capítulo a capítulo, sí entre muchos de ellos.
  • La cuarta, ayudar a difundir las posiciones de mi organización -el Espacio de Encuentro Comunista– ya que no he escrito como articulista al margen de un pensamiento y debate ajenos sino como voz de un colectivo que iba más allá de un particular modo de ver el mundo.

En este sentido mi tarea como columnista de opinión- y algunas semanas de la sección que en cada momento me adjudicasen- no ha sido inútil ni he dejado de apreciar lo que significaba la oportunidad de ir más allá de mi blog. Estoy agradecido a aquella oportunidad, a pesar de que ha significado sobreexplotarme, engañarme y algo que explicaré más tarde, tomarme por tonto intentando hacerme comulgar con ruedas de molino.

Dicho esto, dos han sido las razones para cortar mi relación con este medio:

Me referiré a continuación a los dos puntos anteriores:

A) Trabajando gratis durante 4 meses y medio

Inicié mi andadura en Diario 16 el 21 de Mayo del presente mes, con un artículo titulado “La izquierda, desaparecida sin combate”. Una semana antes me llamaron de este periódico para ofrecerme colaborar como redactor de opinión. Según ellos, yo era un bloguero muy conocido y mi blog tenías muchas visitas. Entendí rápidamente que lo que buscaban era dar a conocer un medio que por entonces era muy desconocido y lograr incrementar el número de visitas, que es lo que atrae la publicidad a un diario de estas características, fuente de la que viven, salvo los que apuestan por la suscripción digital.

Les pregunté si pagaban por la colaboración, a lo que me aclararon que, de momento no, pero que en Julio estaba previsto revisar la situación económica del diario y empezar a pagarnos a todos los colaboradores.

De otro modo no hubiera aceptado escribir una columna semanal para éste ni para ningún otro medio de comunicación oficial y ello por variadas razones.

En primer lugar porque soy un parado de 54 años y no me puedo permitir el lujo de regalar mi esfuerzo y mi trabajo a quien se beneficiará económicamente de él. Mi condición de parado es algo que la vida me ha enseñado a guardarme ante un posible contrato porque sé por experiencia que, si no lo haces intentarán aprovecharse aún más de ti, soltándote caritativamente la calderilla que la parte contratante -en este caso, no contratante- lleva en el bolsillo para pagarse los cafés.

En segundo lugar porque creo que toda persona tiene el derecho a ser remunerado por su trabajo.

En tercero porque hacer un artículo que no se limite al tópico habitual de contar lo que ya sabe todo el mundo y analizar la realidad yendo más allá de lo aparente conlleva una labor mental que no se resuelve en media hora, soltando la primera simpleza que a uno se le ocurre.

En cuarto lugar, y me da igual que a ustedes les parezca pretencioso por mi parte, porque quien te llama para colaborar ya sabe de tu valía como articulista y no soy un meritorio que esté empezando y deba rogar que me permitan hacer currículo y aprender a juntar letras.

Pero pasaba el tiempo y lo que iba a ser en julio luego me contaron -cuando preguntaba- que iba a ser en Agosto, después en Septiembre y luego en Octubre. Cuando ves que pasan los meses, tienes que andar preguntando y, o no hay voluntad o no hay parné, es el momento en el que debes decir bon voyage. Cierto que aguanté tanto tiempo porque, al fin y al cabo, escribir allí me permitía difundir mis ideas políticas y las de mi organización, el Espacio de Encuentro Comunista, como dejaba claro en mi perfil público de Diario 16. Pero la realidad se impone: “primum vivere deinde philosophari” (“primero vivir, después filosofar”).

Cuando en la última conversación por whatsapp se me dice que esperaban tenerlo pero que “no ha habido dinero en todo este tiempo” me dije “ya está bien de hacer el canelo” y di un ultimatum que se agotaba este lunes 19 de Septiembre para que se me hiciese un contrato comercial, desvinculándome de entregar un solo artículo más si no se producía una oferta en firme. Un día después esa oferta no se ha producido. Pues bien señores, en mi hambre mando yo. Espero que nadie de Diario 16 se atreva a negarme los datos que a lo largo de este texto expongo y no me obligue a tirar de capturas de pantalla y correos, ya que por lo que no paso es porque se pretenda, además de torearme, tomarme por mentiroso.

Que si no fue posible el contrato “porque no se cerró la publicidad” en su momento, que si “no se enviaron los e-mails de contratos porque me pilló el parto” -¡Qué parto más largo! Ni que fuera la construcción e la pirámide de Keops- Hay comodines que se usan en exceso y mi interlocutora los había agotado todos, dedicada a hacer de parapeto de mis exigencias y de las que de cualquier otro que pensara que ya estaba bien de regalar su esfuerzo.

B) Tampoco es cosa de tratar una “exclusiva” como una exclusiva

“Así que vamos a dar esta info en exclusiva”. Eso me respondió la aludida por whatsapp. Porque de eso se trataba: de contar lo que otros medios no estaban contando sobre el mismo escándalo y de llegar mucho más lejos que ellos, que apenas arañaban la superficie del mismo.

La parte no contratante me dijo que podía colocarlo en “actualidad” y yo no caí en aquél momento en la trampa.

Al verlo publicado supe que me la estaban colando porque se había desplazado la noticia del primer plano a un segundo. Había una opción mucho mejor que “actualidad” y se llamaba “nacional”. Me refiero a la parte de nacional que sitúa las noticias arriba del todo.

Les explico este concepto con unos sencillos ejemplos.

Si ustedes entran en nacional se encontrarán algo así como esto

cabecera

Esto es una cabecera y esto es poner en primer lugar un artículo.

Esto no lo es

actualidad

 

Como ven, la desproporción de protagonismo de unas y otras noticias es evidente.

Cuando al día siguiente pedí que se desplazase a cabecera, la persona a la que le hice la petición me dijo que eso no dependía de ella. Aún insistiría en ello otra vez ¿De quién dependía? ¿Acaso no entendió la importancia que podía tener la noticia para el propio medio si este escándalo se destacaba al lugar correspondiente? No sé si hizo o no la gestión. Algunos pensarán que ya poco importa pero lo cierto es que, de aquél modo, a los lectores acostumbrados a ir solo a los primeros titulares de cabecera se les estaba escamoteando el derecho a conocer la amplia trama de supuesta corruptela que aún continúa dentro de la Agencia de la Vivienda Social de la Comunidad de Madrid, antes Instituto de la Vivienda de Madrid ¿No les parece que merecía un lugar más destacado? Si usted, lector, fuera director/a del periódico ¿no cree que este texto era una oportunidad para dar a conocer su medio a una población que apenas sabe de la existencia del mismo? ¿No le parece que el artículo hubiera podido darle un empujón como medio de comunicación que no se limita a contar lo que los demás estaban contando por esos días y que era ya de sobra conocido por muchos?

Cuando un medio está empezando, tener una exclusiva es algo fundamental. Iniciarse dando a entender que vas a ir hasta el final es un modo de decir “aquí estamos quienes hacemos un periodismo sin mordazas ni cobardía” y dice mucho de cuál será tu evolución futura. Tratarla como una noticia más también dice mucho de ese mismo diario. Estamos hablando de un escándalo de miles de millones saqueados al vender a los fondos buitre propiedad pública.

Si fuera el director de un diario tan desconocido, que casi todo el mundo cree que no ha vuelto a la vida, aprovecharía la ocasión de una exclusiva para sacar la cabeza por encima de la mediocre medianía del resto de la prensa. Intentaría que mi nueva directora lo diera a conocer en los medios televisivos en los que aparece habitualmente y haría que todo mi entorno apoyara la posibilidad de dar a conocer una denuncia que aportara notoriedad a mi medio.

Y por supuesto destacaría la noticia en mi diario, situándola en cabecera y fijándola durante días mientras la explotaba al máximo.

No fue así. El artículo fue decayendo rápidamente, con una velocidad sospechosa, a pesar de que se defendía bien en visitas. Pasó de un lugar secundario y descendiendo en posiciones dentro del digital, desplazada por la la siguiente noticia que entraba y la otra y la otra hasta desaparecer de la portada. Ya sólo quedaban como únicos medios de descubrirla las orlas de los principales colaboradores, que se encuentran a la mitad de la misma y los tuits y entradas de facebook que, a pesar de todo este “eclipsamiento” eran muchas.

Esto último es algo bastante curioso. Si comparan ustedes el número que aparece junto a la red social y el número de visitas que ahora mismo tiene el artículo verán que el primero es elevado para una cantidad de visitas modesta. Sí, ya sé que mucha gente comparte entradas sin leerlas pero lo cierto es que el titular invitaba mucho a la lectura.

visitas-y-compartidos

Les sugiero que vean ustedes otros de mis artículos, si es que antes no desaparecen del medio, cosa que ignoro. Verán que esa proporción entre redes sociales y número de lecturas existe y que, en la mayoría de los casos, a mayor difusión por redes, mayor número de lecturas. En ocasiones algunos de mis textos han estado menos presentes en redes y tuvieron más visitas. Esto es algo que le indiqué a mi interlocutora del diario mientras me juraba y perjuraba que el periódico en general había caído mucho en lecturas en verano. Mis textos, no obstante, habían tenido una buena acogida también en ese período. ¿Qué pasa, que de repente, sin que se notaran signos sociales de tal comportamiento, los lectores habíamos perdido el sentido del morbo ante un titular?

El caso es que ante mis quejas por el tratamiento dado a la exclusiva, mi interlocutora afirma que ella lo mandó a un periódico digital de la sierra madrileña, titulando la entrada del siguiente modo Diario 16 destapa un pasteleo corrupto del Instituto de la Vivienda de Madrid con Goldman Sachs”. No sé si el término “destapa” es el más adecuado. Y allí hubiera continuado sin pena ni gloria si no es porque al día siguiente (sábado 18) uno de mis lectores metió esa entrada en el agregador de noticias Menéame, convirtiéndose en la noticia más leída del domingo 19. La paradoja es que poco le faltó al Diario de la Sierra para alcanzar las visitas (4348), que son los clics del menéame, que en el momento en que escribo estas líneas tiene el artículo en Diario 16 (4768). Ironía poética de que el gran beneficiado de un texto que no promocionas sea un medio distinto al tuyo.

Por no mover, no lo movió ni siquiera el community manager que hasta el domingo 18 (cuatro días después de su publicación), a las 11 y media de la noche no lo difundió con un único tuit en toda la semana, y eso porque era la segunda noticia más leída en ese mismo período. Ello sucedió gracias no sólo a la gran difusión de mis lectores en redes sino también al periódico serrano, que ponía un enlace al lugar de publicación original. Cierto que lo tuitearon elogiosamente -no me gusta ser injusto- su directora y la directora de opinión, entre otras personas del entorno, la misma que intentó convencerme de que “Actualidad Nacional” era lo mismo que “Nacional”. Pero para halagos en lugar de salario estoy ya muy mayor.

tuit-sobre-mi-articulo

lo-mas-visto-de-la-semana-en-el-diario-16

En definitiva cuando te tiras 18 semanas sin ver ni un maravedí por tu trabajo, compruebas que lo que tu interlocutora durante todo este tiempo califica como “exclusiva” se trata como una noticia más, te intenta convencer de que es una noticia que quizá no se haya leído lo esperado porque es larga y no tiene “tu formato habitual”, como si una investigación de este tipo se hubiera de limitar a 140 caracteres, estás en un medio en el que todos trabajamos gratis, según ella y, por no tener, no tiene siquiera una línea editorial identificable, es el momento de decir “bon voyage mes amis”.

Fuente original de la noticia:

Lecciones históricas sobre la contrarrevolución armada y la contrarrevolución «pacífica» revisionista

«El Partido del Trabajo de Albania (PTA) y el camarada Enver Hoxha han hecho hincapié en que es posible preservar, fortalecer y perfeccionar la dictadura del proletariado solamente cuando se mantiene la lucha de clases, cuando se lleva a cabo correctamente, sin vacilaciones y con determinación. En esta cuestión vital es importante definir que la dictadura del proletariado debe ser defendida tanto de la contrarrevolución armada como de la contrarrevolución «pacífica» revisionista.

El peligro de la contrarrevolución armada ha sido reconocido desde hace mucho tiempo. Ella se utilizó para aplastar la Comuna de París en 1871, y más tarde para aplastar tras la Primera Guerra Mundial, los Estados proletarios que se establecieron en Alemania y Hungría. Pero en otros casos, esta contrarrevolución ha sido derrotada por los golpes de la revolución. Tal es la experiencia del poder estatal soviético de la época de Lenin y Stalin, que derrotó a la contrarrevolución armada tras una lucha prolongada. La experiencia de nuestro país así mismo demuestra que es posible cortar de raíz cualquier intento de contrarrevolución armada.

Por lo tanto, repeler y destruir por completo la contrarrevolución se plantea ante el proletariado victorioso como una tarea indispensable y completamente posible. De ello se requiere en esta dirección un constante mantenimiento de la aguda vigilancia hacia el enemigo externo e interno y la extensión de golpes rápidos y decisivos en su actividad. El PTA y el Estado de Albania siempre han tenido en cuenta la lucha contra el enemigo de clase como:

«Una tarea de primera importancia para nuestro Partido, el Estado y las masas trabajadoras». (Enver Hoxha; Informe en el Vº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1966)