
Los maestros son definidos como «radicales» para justificar de manera sibilina el crimen policial
Perrodistas…

Los maestros son definidos como «radicales» para justificar de manera sibilina el crimen policial
Perrodistas…
Y ya que todos cerráis el pico ante la masacre que se está cometiendo concretamente en Oaxaca, este blog informa lo que calláis y de paso os llama caraduras. Seis asesinados y 50 heridos por la «democrática» policía mexicana… y algo más.
Seis muertos y 50 heridos es el saldo que ha dejado hasta el momento el enfrentamiento entre policías federales y simpatizantes de la sección 22 de la CNTE en la localidad de Nochixtlán, ubicada al norte de Oaxaca.
De acuerdo con reportes de Proceso y The Associated Press, el enfrentamiento comenzó a primeras horas de la mañana del domingo 19 de junio, cuando elementos de la Policía Federal comenzaron un violento desalojo del bloqueo magisterial que se mantenía en la Mixteca.
Armas, disparos y gases lacrimógenos provocaron que maestros, padres de familia y población en general comenzaran a atrincherarse, recurriendo a piedras, palos, barricadas y quema de vehículos para impedir el avance de las fuerzas federales.
Así transportaron a los maestros y padres heridos. Como si fueran ganado, nada de ambulancias.

No somos los únicos en darnos cuenta. Está todo amañado y si por un casual ganara Trump, tan jodido es enero como febrero. Pero no lo tendrán fácil porque siempre habrán «Orientes Medios», «Cubas» y «Vietnams».¡Que viva la resistencia armada contra el imperialismo!
Ivan Eland, Director del Centro de Paz y Libertad del Instituto Independiente de Oakland, ha explicado en un artículo para The National Interest que el intervencionismo beligerante de Hillary Clinton hace que la posibilidad de guerra, incluso la nuclear, sea mucho mayor que con Trump.
Según el experto, la matanza ocurrida en Orlando ha sacado a relucir la necesidad de que los dos candidatos a la presidencia de EEUU- Trump y Clinton- hablen de la dirección que tomará EEUU en materia de asuntos exteriores y del papel que jugará este país en el mundo en caso de ser elegidos.
La candidata demócrata, ya había calificado las declaraciones de Trump como peligrosas, especialmente su llamado a que países como Japón y Corea del Sur se defiendan por su cuenta y no dependan de EEUU, incluso si esto abre la puerta al posible uso de armas nucleares por parte de esos países.
«Esta no es la clase de persona que debería tener los códigos nucleares, porque no es difícil imaginarse a Donald Trump llevándonos a una guerra solo porque alguien lo ha sacado de quicio», declaró Clinton, según recoge el artículo.
Pero según Eland, las políticas de Trump, incluso si implican una posible guerra nuclear, asustan menos que las de Clinton, quien vende un intervencionismo agresivo bajo el nombre del «liderazgo mundial norteamericano».
sputniknews.com
«¿Cómo se debe luchar contra el peligro de derecha en el Partido Comunista Checoslovaco? Esta cuestión nos lleva a la raíz misma de las discrepancias. Diríase que la lucha contra ese peligro debería ser lo más enérgica e implacable. Pero los comunistas checos proceden al revés. ¿Combate el camarada Smeral el peligro de derecha? Sí, lo combate. Pero de tal modo que, en vez de liquidar a los derechistas, en resumidas cuentas cultiva, apoya y protege a la derecha contra los golpes de la izquierda. Es un tanto peregrino, pero así es, camaradas. Ese es el segundo y principal error del camarada Smeral.
Juzgad vosotros mismos.
1. Es un hecho que existe el artículo del camarada Kreibich en favor del trotskismo. Es un hecho que este documento se conoce en los medios del Partido y que circula de mano en mano. Se hubiera debido sacarlo a la luz y pulverizar a su autor, pulverizarlo en el terreno ideológico ante los ojos de los obreros, para dar al Partido la posibilidad de comprender los peligros del trotskismo y educar a los cuadros en el espíritu del bolchevismo. Pues ¿qué es el trotskismo, si no el ala derecha del comunismo, el peligro de derecha? ¿Qué hizo en este caso el camarada Smeral? En vez de poner en conocimiento de todo el Partido el problema del trotskismo del camarada Kreibich, echó tierra al asunto, lo encubrió, lo metió entre los bastidores del Partido y allí lo «resolvió» a la chita callando, como uno de tantos «malentendidos». Con ello salieron ganando el trotskismo y el camarada Kreibich y salió perdiendo el Partido. En vez de combatir a los derechistas, se les protegió.
2. Se sabe que ciertos líderes de tres sindicatos –del transporte, de la madera y de la construcción– publicaron un documento pidiendo la independencia completa de los sindicatos respecto del Partido. Se sabe que este documento es un índice de que dentro de los sindicatos de Checoslovaquia hay numerosos elementos de derecha. Se hubiera debido analizar este documento ante los ojos del Partido y prevenir a éste contra el riesgo de que los sindicatos podían apartarse de él. ¿Qué hizo en este caso el camarada Smeral? Encubrió el asunto, retiró de la circulación el documento y lo ocultó así a las masas del Partido. Los derechistas quedaron intactos y el «prestigio del Partido», a salvo. ¡Y a eso se le llama combatir a los derechistas!
3. Se sabe que entre la minoría comunista del parlamento hay elementos derechistas. Se sabe que esos elementos suelen escapar a la dirección del Partido, tratando de contraponerse al Comité Central. del Partido. La lucha contra esos elementos es una necesidad imperiosa, particularmente ahora, particularmente en estas condiciones de calma. ¿Cómo combate el camarada Smeral este peligro? En vez de desenmascarar a los elementos derechistas de la minoría comunista, los toma bajo su defensa y los salva con una moción elástica sobre el reconocimiento de la dirección del Partido, aprobada tras una lucha interna, entre bastidores, al cuarto año de existencia del Partido. Y de nuevo salieron ganando los derechistas y salió perdiendo el Partido.
4. Por fin, el asunto de Bubnik. Debo decir, camaradas, que el período de calma no es un período sin acción alguna. El período de calma es un período de formación e instrucción de los ejércitos proletarios, el período en que se los prepara para la revolución. Pero los ejércitos proletarios sólo pueden ser instruidos en el curso de las acciones. La carestía de la vida, que últimamente se observa en Checoslovaquia, es una condición favorable para acciones de esa naturaleza. Se sabe que el Partido Comunista de Checoslovaquia hay aprovechado el momento: hace poco celebró varias manifestaciones contra la carestía. Se sabe que el comunista de derecha Bubnik, ahora expulsado del Partido, aprovechó también la ocasión y trató de malograr la acción de los obreros, golpeando al Partido por la retaguardia. ¿Que hizo el camarada Smeral para proteger al Partido del golpe que los derechistas le asestaban por la retaguardia? En vez de aprovechar caso» de Bubnik para desenmascarar implacablemente ante los ojos del Partido a todo el grupo de derecha, el camarada Smeral redujo la cuestión de principio referente a los derechistas al asunto individual de Bubnik, aunque todo el mundo sabe que Bubnik no está solo, que tiene partidarios, tanto en los sindicatos como en la minoría parlamentaria comunista y en la prensa. Al precio de un pequeño sacrificio –la expulsión de Dubnik–, salvó de la derrota al grupo de derecha en perjuicio de los intereses vitales del Partido Comunista de Checoslovaquia. ¡Y el camarada Smeral llama a eso táctica de lucha contra los derechistas!
El camarada Smeral califica esa táctica de «fina», de «delicada». Puede que efectivamente sea fina, pero no tiene nada que ver con la táctica bolchevique de lucha intransigente contra los derechistas; de eso no puede haber la menor duda. El camarada Smeral olvida que el proverbio dice: «la cuerda se rompe por lo más fino».
Ha olvidado que la fineza no puede ser garantía contra el fracaso. Y así ha ocurrido, como se sabe, pues esta «fina» táctica con la derecha ha reventado y se ha venido abajo a la primera prueba, cuando el grupo de Bubnik, alentado por esa táctica, estuvo a punto de hacer fracasar la reciente acción del proletariado checo. El fortalecimiento de los derechistas y la traición de Bubnik: tal es el balance de la táctica «fina» del camarada Smeral. Por eso opino que la táctica «fina» del camarada Smeral es una táctica de salvamento de los derechistas, una táctica de acentuación de la crisis, una táctica preñada del peligro de hundimiento del Partido.
¿Por qué se hundió la vieja socialdemocracia como partido revolucionario? Entre otras cosas porque Kautsky y Cía. emplearon de hecho la táctica «fina» de encubrir y salvar a los derechistas, la táctica «delicada» de «unidad y paz» con E. Bernstein y Cía. ¿Qué resultó de ello en resumidas cuentas? Resultó que en el momento crítico, en la víspera misma de la guerra, los socialdemócratas de derecha traicionaron a los obreros, los «ortodoxos» se convirtieron en prisioneros de la derecha y la socialdemocracia, en su conjunto, en un «cadáver viviente». Me parece que con el tiempo le puede ocurrir lo mismo al Partido Comunista de Checoslovaquia, si no substituís con rapidez y energía la táctica «fina» del camarada Smeral por la táctica bolchevique de lucha intransigente contra los grupos de derecha en el comunismo. No es que yo quiera poner en el mismo plano al camarada Smeral y a los socialdemócratas. Ni mucho menos. El es comunista, indudablemente; incluso puede que sea un comunista magnífico. Pero yo quiero decir que si no abandona su táctica «fina», caerá irremisiblemente en la socialdemocracia.
¿Cuál es la tarea inmediata del Partido Comunista de Checoslovaquia?
Su tarea inmediata es, al tiempo que combate las desviaciones «ultraizquierdistas», luchar enérgicamente contra el peligro de derecha, para aislar por completo a los derechistas y lograr su liquidación definitiva. La tarea del Partido y la salida de la crisis consisten en la unificación de todos los elementos del Partido verdaderamente revolucionarios, para acabar de una vez con los grupos de derecha. De otra manera, es imposible pensar en la bolchevización del Partido Comunista de Checoslovaquia.
Esto no significa todavía, naturalmente, la expulsión obligatoria de todos los elementos de derecha, del primero al último. La expulsión no es el medio decisivo en la lucha con la derecha. Lo principal consiste en pulverizar ideológica y moralmente a los grupos de derecha en el curso de una lucha de principios, incorporando a esa lucha a las amplias masas del Partido. Este es uno de los medios principales e importantes de educación del Partido en el espíritu del bolchevismo. A la expulsión debe llegarse, si realmente es necesaria, como consecuencia, natural de la derrota ideológica del adversario. En este sentido, los izquierdistas han cometido en Checoslovaquia un serio error, al apresurarse a expulsar a Bubnik. En vez de utilizar a fondo el «caso» de Bubnik y de ligarlo a los principios en que basan los derechistas su posición respecto de las acciones de masas, para desenmascarar la verdadera fisonomía de los derechistas, se dieron prisa a expulsarlo, cerrándose así todos los caminos para seguir en este terreno la ofensiva contra la derecha.
En cuanto a los derechos de la Komintern –Internacional Comunista– y a su intervención en los asuntos de los Partidos nacionales, estoy en completo desacuerdo con ciertos camaradas, que se pronuncian por la limitación de esos derechos. Se quiere que la Komintern se convierta en una organización supraestelar, que contemple impasible lo que ocurra en los distintos Partidos y que registre pacientemente los acontecimientos. No, camaradas, la Komintern no puede ser una organización supraestelar. La Komintern es una organización combativa del proletariado, está ligada al movimiento obrero con todas las raíces de su existencia y no puede por menos de intervenir en los asuntos de los distintos Partidos, apoyando a los elementos revolucionarios y combatiendo a sus adversarios. Naturalmente, los Partidos tienen su autonomía interna, los congresos de los Partidos deben ser libres y los comités centrales, elegidos en los congresos. Pero concluir de esto que se debe negar a la Komintern el derecho a dirigir y, por tanto, a intervenir, significa trabajar para los enemigos del comunismo.
Finalmente, acerca del camarada Kreibich. Me parece que todo su discurso encierra el designio de asustar a alguien con la amenaza de escisión. No toquéis –ha dicho– a los derechistas de Brünn, si no queréis que las cosas vayan mal; no los combatáis o habrá escisión. Eso ya lo veremos. Pero que el camarada Kreibich no trate de asustarnos, porque de ningún modo lo conseguirá. Debe saber que somos gente fogueada y que la amenaza de escisión no nos intimida. Y si se le ocurre pasar de las amenazas a los hechos, me atrevo a asegurarle que el único en sufrir las consecuencias será él y nadie más que él.
Resumo. Hay crisis en el Partido: Las causas de la crisis no despiertan dudas. El peligro principal viene de la derecha. La tarea consiste en sostener contra ese peligro una lucha enérgica e intransigente. La salida de la crisis está en la unificación de todos los elementos revolucionarios del Partido para acabar por completo con los derechistas.
Hay que utilizar el período de calma para fortalecer el Partido, bolchevizarlo y lograr que esté «siempre preparado» para hacer frente a toda clase de posibles «complicaciones» pues «no se sabe el día ni la hora» en que «vendrá el esposo», abriendo el camino a un nuevo ascenso revolucionario». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Sobre el Partido Comunista de Cheoslovaquia; Discurso en la Comisión Checoslovaca del Comité Ejecutivo de la Komintern, 27 de marzo de 1925)
«He dicho más arriba que entre Marx y Engels, de una parte, y Lenin, de otra, media todo un período de dominio del oportunismo de la II Internacional. Para ser exacto, debo añadir que no se trata aquí de un predominio formal del oportunismo, sino de un dominio efectivo. En apariencia, al frente de la II Internacional se encontraban marxistas «fieles», «ortodoxos»: Kautsky y otros. Sin embargo, la labor fundamental de la II Internacional seguía, en la práctica, la línea del oportunismo. Los oportunistas, por su innato espíritu de adaptación y su naturaleza pequeñoburguesa, se amoldaban a la burguesía; los «ortodoxos», a su vez, se adaptaban a los oportunistas, para «mantener la unidad» con ellos, en aras de la «paz en el partido». Resultaba de todo esto el dominio del oportunismo, pues la política de la burguesía y la de los «ortodoxos» eran eslabones de una misma cadena.
Fue ése un período de desarrollo relativamente pacífico del capitalismo, el período de anteguerra, por decirlo así, en que las contradicciones catastróficas del imperialismo no habían llegado aún a revelarse en toda su evidencia; un período en que las huelgas económicas de los obreros y los sindicatos se desenvolvían más o menos «normalmente»; en que se obtenían triunfos «vertiginosos» en la lucha electoral y en la actuación de las fracciones parlamentarias; en que las formas legales de lucha se ponían por las nubes y se creía «matar» al capitalismo con la legalidad; en una palabra, un período en el que los partidos de la II Internacional iban echando grasa y no querían pensar seriamente en la revolución, en la dictadura del proletariado, en la educación revolucionaria de las masas.
En vez de una teoría revolucionaria coherente, tesis teóricas contradictorias y fragmentos de teorías divorciadas de la lucha revolucionaria viva de las masas y convertidas en dogmas caducos. Naturalmente, para guardar las formas se invocaba la teoría de Marx, pero con el fin de despojarla de su espíritu revolucionario vivo.
En vez de una política revolucionaria un filisteísmo fláccido y una politiquería de practicismo mezquino, diplomacia parlamentaria y combinaciones parlamentarias. Naturalmente, para guardar las formas se adoptaban resoluciones y consignas «revolucionarias», pero con el único fin de meterlas bajo el tapete.
En vez de educar al partido y de enseñarle una táctica revolucionaria acertada, a base del análisis de sus propios errores, se eludían meticulosamente los problemas candentes, se los velaba y encubría. Naturalmente, para guardar las formas hablaban a veces de los problemas candentes, pero era con el fin de terminar el asunto con cualquier resolución «elástica».
He ahí cuáles eran la fisonomía, los métodos de trabajo y el arsenal de la II Internacional.
Entretanto, se acercaba un nuevo período de guerras imperialistas y de batallas revolucionarias del proletariado. Los antiguos métodos de lucha resultaban, a todas luces, insuficientes y precarios ante la omnipotencia del capital financiero.
Se imponía revisar toda la labor de la II Internacional, todo su método de trabajo, desarraigando el filisteísmo, la estrechez mental, la politiquería, la apostasía, el socialchovinismo y el socialpacifismo. Se imponía revisar todo el arsenal de la II Internacional, arrojar todo lo herrumbroso y todo lo caduco y forjar nuevas armas. Sin esta labor previa, no había que pensar en lanzarse a la guerra contra el capitalismo. Sin esto, el proletariado corría el riesgo de encontrarse, ante nuevas batallas revolucionarias, mal armado o, incluso, inerme.
El honor de llevar a cabo la revisión general y la limpieza general de los establos de Augías de la II Internacional correspondió al leninismo.
Tales fueron las circunstancias en que nació y se forjó el método del leninismo.
¿Cuáles son las exigencias de este método?
Primera: comprobar los dogmas teóricos de la II Internacional en el fuego de la lucha revolucionaria de las masas, en el fuego de la práctica viva; es decir, restablecer la unidad, rota, entre la teoría y la práctica, terminar con el divorcio entre ellas, porque sólo así se puede crear un partido verdaderamente proletario, pertrechado de una teoría revolucionaria.
Segunda: comprobar la política de los partidos de la II Internacional, no por sus consignas y sus resoluciones –a las que no se puede conceder ningún crédito–, sino por sus hechos, por sus acciones, pues sólo así se puede conquistar y merecer la confianza de las masas proletarias.
Tercera: reorganizar toda la labor de partido, dándole una orientación nueva, revolucionaria, con el fin de educar y preparar a las masas para la lucha revolucionaria, pues sólo así se puede preparar a las masas para la revolución proletaria.
Cuarta: la autocrítica de los partidos proletarios, su instrucción y educación mediante el análisis de los propios errores, pues sólo así se pueden formar verdaderos cuadros y verdaderos dirigentes de partido.
Tales son los fundamentos y la esencia del método del leninismo.
¿Cómo se ha aplicado este método en la práctica?
Los oportunistas de la II Internacional tienen varios dogmas teóricos, de los cuales arrancan siempre. He aquí algunos de ellos.
Primer dogma: sobre las condiciones de la toma del poder por el proletariado. Los oportunistas afirman que el proletariado no puede ni debe tomar el poder si no constituye la mayoría dentro del país. No se aduce ninguna prueba, pues no hay forma de justificar, ni teórica ni prácticamente, esta absurda tesis. Admitamos que sea así, contesta Lenin a los señores de la II Internacional. Pero, si se produce una situación histórica –guerra, crisis agraria, etc.–, en la cual el proletariado, siendo una minoría de la población, tiene la posibilidad de agrupar en torno suyo a la inmensa mayoría de las masas trabajadoras, ¿por qué no ha de tomar el poder? ¿Por qué el proletariado no ha de aprovechar una situación internacional e interior favorable, para romper el frente del capital y acelerar el desenlace general? ¿Acaso no dijo ya Marx, en la década del 50 del siglo pasado, que la revolución proletaria en Alemania podría marchar «magníficamente» si fuera posible apoyarla, digámoslo así, con una «segunda edición de la guerra campesina»? ¿No sabe, acaso, todo el mundo que en Alemania había en aquel entonces relativamente menos proletarios que, por ejemplo, en Rusia en 1917? ¿Acaso la experiencia de la revolución proletaria rusa no ha puesto de manifiesto que este dogma predilecto de los héroes de la II Internacional no tiene la menor significación vital para el proletariado? ¿Acaso no es evidente que la experiencia de la lucha revolucionaria de las masas rebate y deshace ese dogma caduco?
Segundo dogma: el proletariado no puede mantenerse en el poder si no dispone de suficientes cuadros, de hombres ilustrados y de administradores ya hechos, capaces de organizar la gobernación del país. Primero hay que preparar estos cuadros bajo el capitalismo, y luego, tomar el poder. Admitámoslo, contesta Lenin. Pero ¿por qué no se pueden hacer las cosas de modo que primero se tome el poder, se creen las condiciones favorables para el desarrollo del proletariado, y luego se avance a pasos agigantados para elevar el nivel cultural de las masas trabajadoras, para preparar numerosos cuadros dirigentes y administrativos de procedencia obrera? ¿Acaso la experiencia de Rusia no ha demostrado que bajo el poder proletario los dirigentes de procedencia obrera se forman de un modo cien veces más rápido y mejor que bajo el poder del capital? ¿Acaso no es evidente que la experiencia de la lucha revolucionaria de las masas también deshace implacablemente este dogma teórico de los oportunistas?
Tercer dogma: el método de la huelga general política es inaceptable para el proletariado, ya que resulta teóricamente inconsistente –ver la crítica de Engels–, prácticamente peligroso –puede desorganizar la marcha normal de la vida económica del país y puede dejar vacías las cajas de los sindicatos– y no puede sustituir a las formas parlamentarias de lucha, que constituyen la forma principal de la lucha de clase del proletariado. Bien, contestan los leninistas. Pero, en primer lugar, Engels no criticó toda huelga general, sino un determinado tipo de huelga general: la huelga general económica de los anarquistas, preconizada por éstos en sustitución de la lucha política del proletariado. ¿Qué tiene que ver con eso el método de la huelga general política? En segundo lugar, ¿quién ha demostrado, y dónde, que la forma parlamentaria de lucha sea la forma principal de lucha del proletariado? ¿Acaso la historia del movimiento revolucionario no demuestra que la lucha parlamentaria no es más que una escuela y una ayuda para la organización de la lucha extraparlamentaria del proletariado, y que, bajo el capitalismo, las cuestiones fundamentales del movimiento obrero se dirimen por la fuerza, por la lucha directa de las masas proletarias, por su huelga general, por su insurrección? En tercer lugar, ¿de dónde se ha tomado eso de la sustitución de la lucha parlamentaria por el método de la huelga general política? ¿Dónde y cuándo han intentado los partidarios de la huelga general política sustituir las formas parlamentarias de lucha por las formas extraparlamentarias? En cuarto lugar, ¿acaso la revolución rusa no ha demostrado que la huelga general política es una gran escuela de la revolución proletaria y un medio insustituible para movilizar y organizar a las más amplias masas del proletariado en vísperas del asalto a la fortaleza del capitalismo? ¿A qué vienen esas lamentaciones de filisteo sobre la desorganización de la marcha normal de la vida económica y sobre las cajas de los sindicatos? ¿Acaso no es evidente que la experiencia de la lucha revolucionaría destruye también este dogma de los oportunistas?
Y así sucesivamente.
Por eso Lenin decía que:
«La teoría revolucionaria no es un dogma». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)
Y que:
«Sólo se forma definitivamente en estrecha relación con la experiencia práctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)
Porque la teoría debe servir a la práctica, porque:
«La teoría debe dar respuesta a las cuestiones planteadas por la práctica». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Quienes son los «amigos del pueblo» y como luchan contra los socialdemócratas, 1894)
Porque debe contrastarse con hechos de la práctica.
En cuanto a las consignas políticas y a los acuerdos políticos de los partidos de la II Internacional, basta recordar la historia de la consigna de «guerra a la guerra» para comprender toda la falsedad y toda la podredumbre de la práctica política de estos partidos, que encubren su obra antirrevolucionaria con pomposas consignas y resoluciones revolucionarias. Todo el mundo recuerda las aparatosas manifestaciones hechas por la II Internacional en el Congreso de Basilea, en las que se amenazaba a los imperialistas con todos los horrores de la insurrección, si se decidían a desencadenar la guerra, y en las que se lanzó la temible consigna de «guerra a la guerra». Pero ¿quién no recuerda que, poco tiempo después, ante el comienzo mismo de la guerra, la resolución de Basilea fue metida bajo el tapete, dándose a los obreros una nueva consigna: la de exterminarse mutuamente para mayor gloria de la patria capitalista? ¿Acaso no es evidente que las resoluciones y las consignas revolucionarias no valen nada si no son respaldadas por los hechos? No hay más que comparar la política leninista de transformación de la guerra imperialista en guerra civil con la política de traición de la II Internacional durante la guerra, para comprender toda la trivialidad de los politicastros del oportunismo y toda la grandeza del método del leninismo.
No puedo por menos de reproducir aquí un pasaje del libro de Lenin: «La revolución proletaria y el renegado Kautsky», en el que Lenin fustiga duramente la tentativa oportunista del líder de la II Internacional Karl Kautsky de no juzgar a los partidos por sus hechos, sino por sus consignas estampadas sobre el papel y por sus documentos:
«Kautsky lleva a cabo una política típicamente pequeñoburguesa, filistea, imaginándose –e inculcando a las masas esta idea absurda– que con lanzar una consigna cambian las cosas. Toda la historia de la democracia burguesa denuncia esta ilusión: para engañar al pueblo, los demócratas burgueses han lanzado y lanzan siempre todas las «consignas» imaginables. El problema consiste en comprobar su sinceridad, en contraponer las palabras con los hechos, en no contentarse con frases idealistas o charlatanescas, sino en indagar su fondo de clase». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)
No hablo ya del miedo de los partidos de la II Internacional a la autocrítica de su costumbre de ocultar los errores, de velar los problemas espinosos, de disimular los defectos con una ostentación de falsa prosperidad que embota el pensamiento vivo y frena la educación revolucionaria del partido sobre la base del análisis de sus propios errores, costumbre que Lenin ridiculizó y puso en la picota. He aquí lo que en su folleto «La enfermedad infantil» escribía Lenin acerca de la autocrítica en los partidos proletarios:
«La actitud de un partido político ante sus errores es uno de los criterios más importantes y más seguros para juzgar la seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente los errores, poner al descubierto sus causas, analizar la situación que los ha engendrado y discutir atentamente los medios de corregirlos: eso es lo que caracteriza a un partido serio; en eso consiste el cumplimiento de sus deberes; eso es educar e instruir a la clase, y después a las masas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)
Hay quien dice que el poner al descubierto los errores propios y practicar la autocrítica es peligroso para el Partido, pues eso puede aprovecharlo el enemigo contra el Partido del proletariado. Lenin consideraba fútiles y completamente erróneas tales objeciones. He aquí lo que decía al respecto en su folleto «Un paso adelante» ya en 1904, cuando nuestro Partido era aún débil y pequeño:
«Ellos [es decir, los adversarios de los marxistas – Anotación de Stalin] observan con muecas de alegría maligna nuestras discusiones; procurarán, naturalmente, entresacar para sus fines algunos pasajes aislados de mi folleto, consagrado a los defectos y deficiencias de nuestro Partido. Los socialdemócratas rusos están ya lo bastante fogueados en el combate para no dejarse turbar por semejantes alfilerazos y para continuar, pese a ellos, su labor de autocrítica, poniendo despiadadamente al descubierto sus propias deficiencias, que de un modo necesario e inevitable serán enmendadas por el desarrollo del movimiento obrero». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Un paso adelante, dos pasos atrás, 1904)
Tales son, en general, los rasgos característicos del método del leninismo.
Lo que aporta el método de Lenin se encerraba ya, en lo fundamental, en la doctrina de Marx, que, según la expresión de su autor, es, «por su propia esencia, crítica y revolucionaria». Este espíritu crítico y revolucionario, precisamente, impregna desde el principio hasta el fin el método de Lenin. Pero sería erróneo suponer que el método de Lenin no es más que una simple restauración de lo aportado por Marx. En realidad, el método de Lenin no se limita a restaurar sino que, además, concreta y desarrolla el método crítico y revolucionario de Marx, su dialéctica materialista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Los fundamentos del leninismo, 1924)
¿Qué harán ahora los de la COPE y la SER?¿Dirán que son rusos «camuflados»o nos seguirán hablando sobre las excelencias y bondades de los seguidores españoles?
Un grupo de once aficionados españoles fue detenido este viernes en Niza horas antes de la disputa del partido de la Eurocopa que enfrentó a España contra Turquía (3-0) por actos violentos, informó la policía. Dos de ellos habrían golpeado al gerente de una tienda que se negó a venderles alcohol.
Varios de los detenidos exhibían tatuajes, uno de ellos tenía tatuada una esvástica en el gemelo, y podrían pertenecer a un «movimiento de extrema derecha español», informó el jefe de la seguridad de la región Nicolas Hergot.
El grupo entró en un colmado del centro de Niza sobre las 14h30 GMT con la intención de comprar bebidas alcohólicas, pero el gerente se negó cumpliendo con la normativa aplicada en varias ciudades en esta Eurcocopa de no vender alcohol para llevar en las vísperas y los días de partido para prevenir incidentes con los aficionados más violentos. Según los primeros datos de la investigación, dos de los integrantes del grupo habrían propinado golpes al gerente de una tienda.
Los once seguidores fueron detenidos media hora más tarde en una plaza de un barrio cercano. La policía también detuvo a tres seguidores que trataron de acceder al estadio con bengalas, aunque las autoridades no ofrecieron más precisiones por el momento.
Agencias