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Confusión entre las mejoras sociales con una revolución socialista; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

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«Como ya hemos visto, hasta el momento del triunfo de la Revolución Popular Sandinista de 1979, el Frente Sandinista de Liberación Nacional actúa como frente de liberación y antiimperialista, y a pesar de carecer de una vanguardia proletaria ha hecho una correcta lectura de las condiciones objetivas y subjetivas al interior de la sociedad nicaragüense, lo que le permitió atraer a todos los sectores antisomocistas e incorporarlos a la lucha y concluir con acierto en la etapa de liberación nacional. Esto además les daba crédito ante las masas, de una promesa de una vida mejor, e incluso del socialismo y el fin de la explotación capitalista-feudal.

Al mismo tiempo, al concluirse esta etapa, que por mucho que quisieran sus líderes oportunistas, no podían prolongarse eternamente, ni demorar por más tiempo a resolver las cuestiones del país, supone el punto de inflexión que pone de relieve la ausencia de una fuerza marxista-leninista como vanguardia del proceso, saltaba a la vista que el FSLN jamás iría hacia el socialismo, incluso: lejos de ello, el FSLN ni siquiera sería capaz de completar las tareas de la revolución democrático-burguesa que el conservadurismo, el liberalismo y el somocismo no concluyeron por obvios motivos. Precisamente después del triunfo los resultados de que tomara el poder una organización como el FSLN serían el restablecimiento del sistema democrático burgués como expresión de la dictadura de la burguesía, estando esta en el mismo espectro político-ideológico que el sistema empleado por el somocismo, es decir un régimen de defensa y crecimiento de la burguesía, aunque el régimen somocista utilizara otros métodos para ejercer la dictadura de la burguesía, abiertamente coercitivos y fascistas.

Todo ello –el nuevo sistema democrático-burgués del 1979– nace resultante del pacto entre el FSLN –su dirigencia– y otros sectores burgueses y pequeño burgueses que habían participado en la lucha contra el dictador. Es decir el FSLN inmediatamente después del triunfo ya no puede asumir ni desarrollar las tareas de construcción del socialismo que se planteaban necesariamente tras la victoria contra el somocismo, debido en lo fundamental a que no es una fuerza de clase, no tenía una ideología clara, estaba dominada por la lógica unitarista entre explotados y explotadores, bajo funcionalidad organizativa de un frente o de una organización socialdemócrata si se quiere, y era en efecto una estructura multiclasista y pluralista, ecléctica, en lo ideológico, bajo una organización de tipología militar-guerrillero. Es decir: para colmo, el FSLN pese a convertirse en partido político dentro del sistema parlamentario electoral, y en aras de una legalidad innegable de un gobierno que el mismo lideraba, no abandonó los método de organización guerrillero-militar –mando centralizado en la dirigencia– lo que dejó sin efecto toda posibilidad de organización del partido acorde al proclamado centralismo democrático como organización de partido, del ejercicio de la crítica y autocrítica bolchevique y demás normas marxista-leninistas sobre el partido, quedando estas relegadas a una mera declaración estatutarias.

La no destrucción de las clases explotadoras daría un deshonroso punto final al «Programa histórico» de 1969; en cuyas líneas se puede leer:

«El poder popular forjará una Nicaragua sin explotación, sin opresión, sin atraso». (Frente Sandinista de Liberación Nacional; Programa Histórico, 1969)

El programa histórico del FSLN se asume en un momento histórico concreto, en la Etapa de Liberación Nacional, en donde el conflicto dialéctico al interior del país se desarrollaba entre las fuerzas retardatarias –dictadura somocista e imperialismo- y las fuerzas revolucionarias –el llamado antisomocismo antiimperialista–. Desde el punto de vista del marxismo-leninismo, en esta etapa –bajo condiciones concretas– los revolucionarios pueden valerse de la unidad con la burguesía nacionalista que en esta etapa se presume posee características revolucionarias, pero una vez acabada la revolución antisomocista, la alianza pierde su razón de ser, pues la burguesía nacional deseará consolidarse en el nuevo régimen y amarrar el nuevo Estado en su favor, y el proletariado deseara amarrar el nuevo Estado y acabar con todo tipo de explotación incluyendo la que ejerce la burguesía nacional. Finalmente el Programa Histórico fue bastardeado, y no solo no se cumplió sino que ya en los 80 sufrió sus primeras modificaciones so pretexto de que ya estaba agotado cuando en realidad: la sociedad «sin explotación, sin opresión, sin atraso» fueron tareas que nunca se cumplieron.

Sin la destrucción de las clases explotadoras, incluyendo a las que se habían opuesto a Somoza el FSLN no podía hablar de construcción económica del socialismo, e indirectamente tampoco podía escapar a las contradicciones de la sociedad capitalista que construyó, como le acabaría pasando hasta llegar a 1990 en que deja el poder en manos de la vieja burguesía compradora reunificada –somocista y anti somocista– en el objetivo de sacarle del poder.

Pero ¿por qué es sobre todo tras el triunfo de 1979 que se marca con toda evidencia las desviaciones ideológicas de la dirigencias del FSLN, así como la baja preparación ideológica de la dirigencia y en consecuencia de la militancia de base de la organización?:

«Por la sencilla razón de que a los oportunistas y vacilantes les es mucho más fácil camuflar su pelaje revisionista, o su debilidad teórica, en periodos «defensivos» como puede ser la lucha antiimperialista o la lucha antifascista, es decir, cuando las tareas del partido comunista son más generales y generalmente «más sencillas», en las que además se necesita de la alianza con amplias capas de la población y sus organizaciones; ese camuflaje les resulta imposible cuando el partido está a la «ofensiva» como puede ser en la toma de poder y sobre todo en la construcción económica del socialismo, cuando las tareas se tornan más complejas y es necesario tener los conocimientos teóricos concretos que rigen la praxis, cuando ciertas capas de la población y sus organizaciones antes aliadas ahora vacilan o se niegan a avanzar. Por ello, muchos de los revisionistas históricos han podido pasar desapercibidos durante ciertas etapas «defensivas», destapándose poco después en las ofensivas». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Es innegable que el triunfo de la Revolución Popular Sandinista de 1979 se tradujo en un salto de calidad en las condiciones de vida del pueblo nicaragüense en general, y en especial para las grandes masas de marginados y empobrecidos multiplicados a la sombra de la dictadura; la transformación en los aspectos políticos, económicos, sociales, y culturales son fácilmente reconocibles; pero se trataron en todo momento de transformaciones dentro de los límites de la democracia burguesa, del capitalismo en definitiva, en consecuencia la revolución que debía de haber sido socialista se quedaría en un experimento de carácter liberal-pequeño burgués.

No son pocos los que aluden al hecho de que con ciertos gobiernos de carácter reformista o revisionista las masas trabajadoras tengan un mejoramiento en según qué condiciones de vida –ya que como revisionistas al mando de una sociedad capitalista nunca logran satisfacer las demandas sociales en todos los campos–, para ellos es un claro indicador de que allí «indiscutiblemente existe una verdadera sociedad socialista». Si nos guiáramos por tal necio pensamiento, podríamos considerar que en muchos países con pasados o presentes gobiernos, sobre todo de corte socialdemócrata, se ha construido o se está construyendo el «socialismo», ya que han conseguido un nivel de vida mejor que el resto de países de la región o un mejoramiento de las condiciones de vida mayor que sus gobiernos predecesores.

Compréndase que tanto la ampliación de derechos políticos, económicos, laborales y sociales, la alfabetización, el desarrollo de un sistema de educación público en todos los segmentos de la enseñanza, el desarrollo del sistema de salud, la reforma agraria, y todos los logros revolucionarios del sandinismo en los 80, no pasan de ser meros elementos propios de una revolución liberal, que además fueron incompletos como se demostrará.

Sépase que todos estos elementos son asumido por el marxismo-leninismo como propios en los países atrasados con el objeto de desarrollar la base material –objetiva y subjetiva– de la que partir hacia la edificación del socialismo; pero este periodo debe de cumplir una condición indispensable para servir a la causa del marxismo-leninismo y el socialismo, esa condición es que el poder debe de estar en manos del proletariado organizado como vanguardia de todas las clases trabajadoras, sin aminorar ni por un segundo la lucha de clases en todos los campos: político, económico y cultural. Dicho de otro modo, las medidas progresistas que introdujo el FSLN en la Nicaragua de los 80 sólo sirven para la construcción del socialismo si se dan bajo la dictadura revolucionaria del proletariado en alianza con el campesinado, y si van ligadas a una transformación económica real y total del país, si se priva a los explotadores de su poder económico y político; de lo contrario solo servirán para afianzar el poder de la burguesía en tiempos más o menos turbulentos, ya que seguirá dominando el poder económico, político y por extensión también el cultural. Esto es algo que los revisionistas nunca llegaron a comprender por su desconocimiento del marxismo.

Llegados a este punto, donde se evidencian lo realmente lejos que estuvo la dirigencia de poder tener una noción correcta para construir el socialismo. Podemos afirmar, como ya expresamos, que los dirigentes del FSLN no estaban capacitados, y tampoco tenían la intención, de construir el socialismo; estos se esforzaron continuamente en su propaganda en hacer creer al pueblo nicaragüense, a la militancia del FSLN, que las alianzas de la etapa antisomocista continuaba y eran válidas en los 80, y que no había porqué precipitar el proceso al socialismo o acabar con la burguesía nacional ni vigilar el descarado crecimiento de la propiedad privada pues se estarían cayendo en «errores izquierdistas-dogmáticos» que Nicaragua y que su economía no resistirían. Años después, ya en una lucha por el poder completamente electoralista, el mismo programa de la economía mixta, la pluralidad política o la propia alianza con la burguesía nacional que antes reconocían que no era socialista, pasarían a calificarlo como programa socialista con el propósito de intentar silenciar a las críticas que indicaban que el FSLN era un administrador de la sociedad capitalista; evidentemente: sólo los alienados por la propaganda del FSLN creyeron tal embuste». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

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