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Macedonia, entre dos mareas.

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Hará unas dos semanas los medios de comunicación nos mostraban en impactantes fotografías y con conmovedoras imágenes la violencia con la que eran tratados los huidos de la guerra de Siria en la antigua república yugoslava de Macedonia.

Una policía que armada con escudos y gases lacrimógenos reprimía de forma cruel y con una violencia desmesurada a este grupo de miles de “refugiados”. Había una escena de gran dramatismo en la cual  una joven madre musulmana con velo intentaba resguardarse de la lluvia de botes de gas lanzados por  las fuerzas del orden de este “país” balcánico junto a su hija pequeña.

El miedo, la incertidumbre, la desesperación, reflejados en mujeres y niños.

La inseguridad de un viaje en el que muchos tienen un único destino fijado, la Europa Rica.

Muchos se quedarán por el camino, morirán en el trayecto,  serán explotados, robados y asesinados por mafias propias y foráneas y rechazados por Europa.

Una Europa que no ve el tremendo calado de esta ola migratoria. Dividida una vez más, los europeos no pueden ponerse de acuerdo. Y mientras países como España se oponen por simple cumplimiento de los derechos humanos (la convención de Ginebra) a las devoluciones colectivas a Turquía, el gobierno de Grecia, la nueva esperanza blanca de la izquierda, toca palmas y le devuelve la pelota a los turcos, después de haberla arrojado a la cara de sus odiados vecinos ex-yugoslavos macedonios.

Las medidas a tomar ya están encima de la mesa, estudio, análisis individualizados de las demandas de asilo y unas  mejores condiciones para todos. Menos de la mitad de los países europeos están dispuestos siquiera a discutir esta iniciativa. Las medidas que determinaban cupos nacionales se han convertido en un zoco, en un lodazal de grotesca manipulación en la cual se encharcan las más bajas pasiones políticas representadas por las fuerza más zafias y nocivas del espectro representativo político, desde los racistas, fascistas a los humanitarios cuyos fines y conclusiones no distan tanto como pueda parecer.

Bruselas dobla las ayudas a Turquía que cuenta con más de dos millones de refugiados en su suelo, y en una situación  que es de facto de guerra. Pero no logra imponer las cuotas de las que se hablaron en un primer momento.

La integración de la comunidad musulmana es un reto, y el fracaso suele ser patente en muchos casos. Un claro ejemplo es como uno de los cabecillas de la matanza de París, Abdeslam, recibió refugio y apoyo en la Molembeek, auténtico santuario del terrorismo islamista. La policía y las ambulancias fueron recibidas con gritos de allah akbar y lanzamientos de sillas, piedras y cristales rotos.

Los macedonios, al igual que croatas, serbios o griegos no están en condiciones de proporcionar una ayuda que vaya más allá de la provisionalidad y de alejarlos de su territorio con un billete de tren o autobús hasta el  país vecino.

La población serbia, croata, griega, macedonia, se ha comportado con generosidad. Multitud de escenas emotivas que apenas se han visto en los medios, se han sucedido en uno y otro lado de las fronteras de lo que fue un mismo país. Gente que conoce la guerra, el exilio y el abandono de sus hogares. Personas de países pobres, con un paro muy elevado, con sueldos bajísimos, han dado mantas, comida, juguetes a los niños, incluso dejando espacios en sus modestos hogares a estos refugiados. Una empatía que nunca tuvo un croata hacia un serbio, o un esloveno.

La crisis política, económica y étnica en la antigua república yugoslava de Macedonia continúa. La llegada de una ola migratoria musulmana, no ayuda a apaciguar los ánimos de una población eslava y ortodoxa que se siente en el punto de mira tras la reciente masacre cometida por el UÇKy las constantes provocaciones y acciones violentas por parte de los albaneses-musulmanes.

La misma naturaleza de esta antigua república yugoslava denota unos problemas estructurales que sólo explican su constitución como país como freno a Serbia, concesión a la idea de la Gran Albania, y compensación de segunda categoría a la solicita Bulgaria de la UE frente a la siempre imprevisible pero consentida Grecia.

Macedonia es un país independiente en la medida en que la geopolítica occidental exigía que Yugoslavia fuera despedazada y Serbia marginada hasta convertirla en una paria. Un estado fallido que está a punto de ebullición, por tercera vez desde su reconocimiento internacional.

Si nos alejamos un poco de los frentismos y del sensacionalismo, podremos divisar elementos todavía más preocupantes que el sufrimiento de tanta gente, ante el cual resulta muy difícil no emocionarse. Un colosal drama humano, iniciado por una política occidental que perseguía una guerra contra Siria y Al-Assad que acabó fracasando ante la iniciativa rusa, los suministros iraníes y las despiadada estrategia del DAECH, que tiene en este éxodo un arma estratégica devastadora a medio-largo plazo.

La policía macedonia, defendió con  pocos medios y mucha impotencia, la violación de sus fronteras por centenares de jóvenes en edad militar que rompieron la alambrada, la traspasaron y la emprendieron a golpes contra ellos. La imagen que el mundo se hizo, es más bien la contraría. Comprensiva con quienes huyen y reprobadora con quienes hacen uso de la fuerza.

Pero mientras fronteras como la eslovena están cerradas y la croata devuelve a más de 4000 refugiados por día, Macedonia lucha por mantener en píe unas fronteras que se descomponen día a día.

Mientras los ojos del mundo observan este gran fenómeno demográfico, en el interior de Macedonia, los problemas y tensiones se recrudecen. Esta vez con una reedición de la guerra de las estatuas. Hoy no hablamos de un gigantesco mamotreto hortera de un supuesto Alejando Magno que se atribuyen como propio para furia de los griegos. Hablamos de un verdadero acto de odio y de imposición religiosa por parte de la comunidad musulmana (albanesa) en la antigua república yugoslava de Macedonia.

Su intolerancia islamista, les llevó a acudir en tropel, con representación incluso de un ministro del gobierno macedonio, nada menos que el de educación, pero también con presencias destacadas de la oposición a la zona (todos musulmanes albaneses) dónde se había erigido una gran cruz ortodoxa.

Esta escultura es un tributo a la fe  profesada por los habitantes originarios (eslavos) de esta región. Si bien, es también una señal de identificación nacionalista,la iglesia ortodoxa macedonia como única legitima y legal del país, es una reafirmación de la innegable pertenencia cristiana de estas tierras. Que búlgaros, serbios y griegos comparten, y han compartido tras siglos de opresión, esclavismo, saqueo, y  verdaderas campañas de exterminio del ocupante otomano-musulmán durante siglos.

Un gesto de firmeza, de identificación  y de unión nacional que la comunidad albano-musulmana no podía permitir. Y no dieron tregua. Habituados a este tipo de “razias”(grabemos bien esta palabra en nuestras memorias ya que así son reivindicadas, sean de Almanzor o Daech con la última barbarie asesina desatada ayer en Bruselas) miles de albaneses, henchidos de islamismo, nacionalismo, y es de suponer que de otros efluvios, apoyados por excavadoras, armados con barras de hierro, picos y palas, en un acto de sabotaje orquestado a conciencia empezaron a realizar un trabajo que llevan realizando desde hace décadas. La imposición  del islam a sangre y fuego, y socavar la paz, derechos y soberanía de un “país” eslavo, ocupado de facto por ellos.

Muy en línea con lo que hicieron sus protectores turcos en un pasado reciente con los “millet” y wilayets en todos los Balcanes. Las imágenes dan miedo, y lo hacen por varias razones. Por ver con la impunidad con la que  actúan estas columnas del islamismo-etnicistas, por constatar una vez más de la debilidad estructural, la naturaleza de estado fallido y la total inconsistencia nacional de  la pretendida Macedonia independiente, por el total desamparo de la población no- musulmana ante las amenazas, coacción , discriminación y agresiones a manos  del extremismo nacionalista-religioso albanés.

Observando las imágenes de la marcha para el derribo de la gran cruz del milenio, resulta imposible no recordar el pogrom anti serbio desencadenado en Kosovo, hace doce años.

Que fuera la primera, la segunda o tercera cruz, carece de importancia, ellos se justificaran con la retirada de un escudo del  grupo terrorista UÇK , como supuesto desencadenante que salpicarán con otra de las coartadas clásicas del islamismo, la falta de respeto hacia su fe.

La misma que impide expresar en libertad el culto a la religión mayoritaria de dos tercios de la población macedonia.

Mientras esto es ignorado, y la Gran Albania es poco más que una camama de racistas en el mejor de los casos o de “serbios” en el peor, ellos prosiguen su labor con  protección occidental y musulmana.

Un líder del Daech kosovar, entrenado en Bond Steel pone en práctica los conocimientos adquiridos en Siria tras practicarlos contra la población yugoslava desde 1999 en adelante.

Esta misma tarde, la policía alemana ha detenido a tres kosovares, trabajadores de la construcción como sospechosos del intento de cometer un atentado con rumbo a Bélgica, en posesión de unos planos. Uno de ellos estaba en busca y captura por las autoridades serbias.

Incluso empiezan a producirse en el Kosovo semintegrista de elementos descontrolados que pertenecían a las redes de apoyo al Daech.

Que de un territorio tan insignificante como Kosovo hayan salido más de 300 yihadistas, da un botón de muestra de cómo es el lugar, y quien lo rige.

El hermano de un ministro kosovar reside en Alemania tras pedir asilo en una de las oleadas de migrantes del año pasado.  Este hecho da una idea de la falta de control y de la gran variedad de las personas que las integran. Por cierto, la comunidad albanesa es la tercera más numerosa, tras sirios e iraquíes.

Menos amable es que entre mucha gente inocentes, castigada por la guerra, la miseria, la pérdida de todo y todos se encuentren, criminales, asesinos, terroristas. Un reflejo del estado real de sus lugares de origen con la indeleble lacra de la guerra marcada a fuego.

Y victimas por partida doble, como los cristianos o kurdos que han visto a sus verdugos islamistas entre los refugiados. Y los terroristas que el Daech y Alqaeda envía como avanzadilla y elemento desestabilizador , sabedor de la falta de control europeos, de la labor de proselitismo que conseguirá entre otros huidos de la guerra, y de la alarma social y del debate que pueden suscitar entre la oposición política de los países europeos.

Macedonia, se convulsiona, buscando unos equilibrios imposibles, devorada por el avance islamista, y abandonada por unas potencias a las que ya presto servicio, y para las que ya no tiene utilidad.

Aquellos que se negaron a continuar siendo yugoslavos, muchos de los cuales rechazan  sus inequívocos orígenes búlgaros, y que han negado la naturaleza serbia de una buena parte de esta tierra, se ven abocados a ser de nuevo vasallos.

Aunque esta vez sí pudieron elegir.

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