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Los monopolios alemanes escarban en las entrañas de Mongolia para llevarse las materias primas

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Hace cinco años que Alemania trabaja duro en Mongolia, un país exhuberante en materias primas como pocos. Sólo tiene dos fronteras, con Rusia y con China, pero Berlín ha llevado otra a través del BGR, su servicio geológico.

Es un caso de manual de eso que llaman “expansión” o “zonas de influencia” traídos al siglo XXI. El BGR ha elaborado una especie de “guía Michelín” de 322 páginas con los planos del tesoro: estaño, tungsteno, tántalo…

Los geólogos son la avanzadilla de las multinacionales mineras y petroleras. El BGR trabaja a pleno rendimiento en la región de los Grandes Lagos, en el corazón de África, donde su presencia no llama la atención tanto como las bandas paramilitares. Sin embargo, una cosa no se puede entender sin la otra.

Aunque el BGR depende del Ministerio de Economía y Energía, tiene otro pie en el de Asuntos Exteriores, al que ahora los imperialistas les gusta añadir, como en España, otra de sus etiquetas: Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. Es la “ayuda al desarrollo” de los países más pobres, como Mongolia, sin ir más lejos.

El instituto alemán de “cooperación internacional” se llama GIZ y sus inversiones tampoco se consideran como exportación de capital sino como esos fondos que generosamente se entregan “a fondo perdido”, o sea, que es un dinero que no se recupera.

Pero quien dirige la orquesta en Mongolia son otras siglas más reconocibles, el BDI, la patronal alemana, y otros grupos monopolistas que se agrupan en la “Allianz zur Rohstoffsicherung” (Alianza para Garantizar el Aprovisionamiento de Materias Primas), entre ellos nombres tan sonoros de la industria alemana como BASF / Bayer, Aurubis (antes Norddeutsche Affinerie), Chemetall, BMW / Daimler, Bosch y Thyssen Krupp.

Las visitas de los monopolistas van precedidas y seguidas de las de los políticos, como Merkel (2011) y el mismísimo Presidente Gauck (2015) para ponerlo todo por escrito: pactos, protocolos, contratos, memorándums, tratados… Tras la visita de Gauck, Aurubis firmó un contrato de suministro durante 15 años de concentrados de cobre con la empresa mongola MAK garantizado por un préstamo del gobierno alemán.

En 2014 se abrió la Nailakh Engineering School, el centro de ingeniería más moderno de Mongolia con la tarea de “expandir la educación alemana” en el país asiático. Alemania se encarga de la parte educativa y Oyu Tolgoi, la mayor empresa minera de oro y cobre de Mongolia, pone la pasta.

Un 66 por ciento del capital de Oyu Tolgoi es del grupo monopolista minero Río Tinto, número dos del mundo; el resto es de Mongolia. En mayo del año pasado Río Tinto volvió a invertir otros 5.300 millones de dólares en la vasta cantera de Oyu Tolgoi que está a punto de convertirse en una mina subterránea.

En las minas se aprecia que los camiones T264 son alemanes, de la marca Liebherr, la competencia de los estadounidesnes Caterpillar y los japoneses Koimatsu. Su patrón,  Willi Liebherr, es un hombre cercano al Presidente de Mongolia. Hay más de 350 gigantescos camiones Liebherr circulando por las rutas desérticas de Mongolia y cada uno de ellos lleva sobre su espalda 240 toneladas de mineral.

Naturalmente que la Unión Europea respalda este saqueo a través de otra obra de caridad: el BERD (Banco para la Reconstrucción y el Desarrollo), convertido en el inversor extranjero más importante de Mongolia, o sea, en las minas de Mongolia.

El BERD ha prestado 1.200 millones de dólares a Río Tinto para que intensifique las extracciones en Oyu Tolgoi, todas ellas dedicadas íntegramente a la exportación porque en Mongolia todo llega de fuera y se va para afuera.

Naturalmente que Alemania no ha esperado la llegada de la Ruta de la Seda, pero su presencia en Mongolia forma parte del mismo plan. Está en Mongolia con el aval de Rusia y China. Un ramal del ferrocarril transiberiano ya enlaza Berlín con Ulan Bator, la capital mongola. Otro ramal saca las materias primas por los puertos costeros de China en el Pacífico.

El año pasado Deutsche Bahn, la Renfe alemana, transportó más de 40.000 contenedores por el transiberiano y quiere multiplicar el tonelaje para 2020. Uno de sus clientes es BMW, que funciona al revés de como creen muchos: envía piezas fabricadas en Alemania a su fábrica china de Shenyang.

http://gresea.be/spip.php?article1646

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