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Bianchi.— Decía Fidel Castro que «dentro de la Revolución, todo; fuera de ella, nada». Translitera como loro Mariano Rajoy que «dentro de la legalidad, todo; fuera de ella, nada». ¿Algún parecido? El mismo que pueda haber entre un huevo y una castaña.

Y donde se dice «legalidad» se dice, por supuesto, Constitución pensada como corsé contra Catalunya. O, en su día, contra el «Plan Ibarretxe» (con la connivencia de su propio Partido, el PNV). Es Catalunya, el pueblo catalán, quien no cabe dentro de la Constitución española, que, por cierto, vino como vino, que esa es otra.

Si una nación no cabe dentro de la «norma» -de la «legalidad» marianesca que es «paralegalidad» rajoyana por venir de donde vino y con fórceps, que esa es también otra-, lo que habrá que cambiar será la norma, la «legalidad» (a la que se agarran desesperadamente como náufragos a una tabla de salvación), no la nación, que no puede dejar de ser lo que es, esto es: una nación, ¿no es cierto? Sugiero al Gobierno que cambie de pueblo. Hasta Jesucristo debió decir -le hicieron decir pues no existió nunca (*)- que no se hizo el hombre para la ley (y menos romana como judío rebelde que era), sino al revés. O, de otra manera, no se hizo el hombre para el jueves, sino al revés.

Sucede que el Tribunal Constitucional, esa tercera cámara legislativa, es el oráculo que le dice a la Generalitat que, como Dante a las puertas del infierno en «La Divina Comedia», abandone toda esperanza y veleidad contraproducente que vaya contra el tingladillo de la antigua farsa de este Régimen filofranquista.

Y sucede, también, que España no es una nación -o lo es fallida- y Catalunya sí lo es. España es un Estado y Catalunya es una nación sin Estado (como Vasconia y Galicia). El Estado español no ha podido resolver nunca el llamado «problema nacional» porque es un Estado fascista -como se ve estos días- no importa quien lo gobierne, neofalangistas del PP y C’s o socialfascistas del PsoE o podemitas recauchutados, aparte de ser ladrones, cuatreros y arrebatacapas. Todo «atado y bien atado». Hasta el día menos pensado.

Bona tarda.

Fuente: MPR

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