El 19 de marzo de 2011, hace más de 7 años, EEUU comenzaba una nueva guerra, esta vez contra Libia. La administración de Obama lanzaba su tormenta de fuego sobre el país más rico de África, laico y que lideraba la creación de muchas instituciones africanas para hacer frente a la neocolonización occidental.

Los belicistas Barack Obama y Hillary Clinton recurrieron al AfriCom y luego a la OTAN para destruir al completo Libia y quedarse con sus ricos recursos en petróleo y gas.

En 7 meses hubo 10.000 misiones aéreas de ataque lanzando decenas de miles de bombas y misiles, las empresas de armas de EEUU volvían a crecer en bolsa.

Francia y el Reino Unido, los de siempre, apoyaron esta nueva guerra con el apoyo de bases aéreas y aviones de toda la OTAN, en especial de Italia y España.

Había que destruir y matar, y para ello, se financió a grupos hostiles islamistas y a diferentes tribus para convertir, el estado laico con mayores reservas de petróleo de África, en un yermo a merced de los islamistas, los esclavistas y las ricas compañías petroleras occidentales.

Qatar hizo su parte y mandó sus fuerzas especiales. Libia con “altos niveles de crecimiento económico y elevados indicadores de desarrollo humano” según el Banco Mundial en 2010 había sido destruida.

Antes, dos millones de migrantes trabajaban en Libia y el país laico promovía la Unión Africana, el Fondo Monetario Africano, el Banco Central Africana y el Banco Africano de Inversión.

EEUU y Francia, como demuestran los correos destapados de Hillary Clinton, bloquearon el proyecto de Gadhafi de crear una moneda africana alternativa al dólar y al franco CFA, que Francia impone a sus ex colonias.

Una vez asesinado Gadhafi se quedaron con las mayores reservas de petróleo de África y de gas natural, así como un inmenso manto de agua oculta bajo el desierto que Libia posee.

A su vez el Estado libio tenía 150.000 millones de dólares invertidos en el exterior. De los 16.000 millones de euros bloqueados en Bélgica en la Euroclear Bank, han desaparecido curiosamente 10.000 millones sin que haya habido ninguna autorización para su retirada, y este proceso se está repitiendo en bancos estadounidenses y europeos.

Libia ingresaba 47.000 millones en 2012 por la exportación de petróleo y gas. En 2017 esta cifra ha caído a 14.000 millones que se reparten las empresas multinacionales y las distintas facciones que dominan el país.

Gracias a la OTAN los libios son pobres, sin servicios esenciales, sin seguridad ni justicia y en sus cárceles se tortura a los fieles de Gadhafi.

A su vez, se ha instaurado un rico comercio de esclavos que manda miles de personas a morir al Mediterráneo.

En Tawerga, las milicias islamistas de Misurata, que asesinaron a Gadhafi, y que están respaldadas por la OTAN, emprendieron una campaña de purificación étnica, torturando, violando y matando.

Los aterrorizados 40.000 sobrevivientes huyeron de esa ciudad libia. La izquierda europea, que hace 7 años clamaba por una guerra en Libia en nombre de una supuesta agresión a los Derechos Humanos, se ha quedado muda. ¿Qué pasa? ¿A quién temen?

Los proyectos de Gadhafi de Unión entre árabes y negros en África se han ido al traste. El capital gana y saquea, los medios mienten y todos contentos. Curiosamente, el mismo año de la guerra en Libia comenzaba la guerra en Siria, la otra gran matanza, con la OTAN metida hasta las narices en ella, sobre todo los de siempre, EEUU, Reino Unido y Francia.

Las consecuencias de ambas guerras se traducen en centenares de miles de muertos, heridos, desaparecidos, desplazados, refugiados y ahogados en el Mediterráneo, pero al parecer no hay dinero para aplacar todo esto. ¿Qué curioso no?

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