Con la ‘invasión soviética’ los afganos también vivían mejor

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Una de las leyendas políticas e históricas más persistentes de finales del pasado siglo concierne a Afganistán, empezando por la intervención de la URSS, la derrota militar a manos de los talibanes y la posterior caída del gobierno afgano e incluso de la URSS a causa de ello. Como en la Guerra de Troya, la leyenda siguió posteriormente con el mito de los talibanes, de Al-Qaeda, el derribo de las Torres Gemelas en 2001 y la intervención militar estadounidense.

Prácticamente todo lo que creemos conocer de Afganistán es tan falso como la propia URSS, o los talibanes, o Al-Qaeda. Realmente lo que deberíamos preguntarnos es si sabemos lo que es una guerra, o si creemos que la de Afganistán fue algo parecido a la Guerra Civil española o a la Segunda Guerra Mundial, a la que conocemos más que nada a través del cine o de canales de televisión infames.

El ejército soviético no fue a Afganistán a una guerra, tal y como nosotros creemos entenderla. Quizá sería mejor explicar que a Afganistán la URSS no sólo envió a un ejército, lo mismo que hoy a Siria. Si no sólo envías tropas porque no vas exclusivamente a una guerra, tampoco puedes ganar ni perder.

El ejército soviético no entró en Afganistán en 1979 para cambiar un gobierno; dicho gobierno tampoco cayó porque los soviéticos se marcharan del país diez años después.

El general que dirigió el 40 cuerpo del ejército soviético, Boris Gromov, sostiene que nunca esperó ninguna victoria. A lo largo de la campaña sus fuerzas controlaron la mayor parte de Afganistán y los muyahidines nunca lograron ocupar ningún puesto militar, a pesar del creciente apoyo del imperialismo.

“En el punto álgido del conflicto, el 40 ejército contaba con 108.800 soldados, lo que demuestra que nadie quería una victoria clásica en Afganistán”, dice Gromov, subrayando que el objetivo era sólo el control efectivo del país. Estados Unidos tuvo cinco veces más tropas en Vietnam en un territorio cinco veces más pequeño, y sin embargo se vieron obligados a abandonar el país.

A mediados de los años ochenta, los muyahidines se vieron muy cerca de ser aplastados. En 1997 Morton Abramowitz, director de la Oficina de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado en aquella época, dijo: “En 1985, existía un temor real de que los [muyahidines] perdieran, de que se debilitaran y descompusieran de alguna manera. Las pérdidas fueron altas y su impacto en los soviéticos no fue muy grande”.

La leyenda también dice que el suministro de misiles stinger a los muyahidines por parte de Estados Unidos inclinó la balanza a favor de las fuerzas antisoviéticas. La Fuerza Aérea Soviética perdió más helicópteros y personal debido a ello, lo cual es cierto, si bien nunca fue un factor decisivo en el resultado de las operaciones.

Como no podía ser de otra forma, la prensa imperialista señala que la URSS logró mantenerse en Afganistán gracias a la crueldad de sus métodos. Esta leyenda tan fértil la crearon los talibanes inicialmente para su consumo interno, para reclutar “héroes”, revalorizar su propio papel y, de esa manera, reclamar más apoyo por parte de los imperialistas.

Lo mismo que hoy hace Rusia en Siria, en Afganistán la URSS llevó a cabo muchos programas civiles, económicos y políticos destinados a mejorar la vida de la población. Por ejemplo, sólo en 1982, recuerda Gromov, el 40 ejército soviico llevó a cabo 127 operaciones civiles que incluyeron la reparación de casas, la construcción de carreteras, la distribución de alimentos y medicinas e incluso la organización de ciertos eventos culturales.

En una entrevista dedicada a la publicación de su libro “Afgantsy”, aparecido en 2011, Rodric Braithwaite, un antiguo diplomático británico, admite que la URSS creó hospitales y escuelas para mejorar el nivel de vida, e intentó reducir la represión que ejercía el gobierno afgano contra la población.

El diplomático se sorprendió mucho cuando vió los vínculos entre los soviéticos y la población local. “Los soldados [soviéticos] estaban en estrecho contacto con la población local: campesinos, comerciantes, mulás. Fui a Afganistán y le pregunté a la gente cuándo vivían mejor: ¿ahora o cuando los rusos estaban allí? Es interesante observar que todos los afganos consideraban que la cuestión en sí era estúpida. Cada uno de ellos dijo: por supuesto, era mejor bajo los rusos”.

Del mismo que en Siria los altavoces imperialistas pintaron a guerra como un “conflicto interior” entre el gobierno ya la oposición, en Afganistán la pintaron como un “conflicto exterior” entre la URSS y Afganistán. Por eso hablan de “invasión”, un termino que utilizan de manera muy selectiva, pero que siempre va por delante: lo que crea el movimiento talibán es “la invasión” soviética.

Lo mismo que en Siria, en Afganistán “la oposición” tenía el apoyo de fuerzas externas, como Pakistán y Arabia saudí, además de los imperialistas, lo cual no es una “invasión” sino un apoyo contra la invasión previa. La propaganda imperialista critica la “invasión soviética” y jutifica una invasión con otra.

Son las cosas que tienen las leyendas modernas, a diferencia de las antiguas.

Fuente: MPR

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