Coincidiendo con el quinto aniversario de la masacre de Odessa, la misión de observación de Naciones Unidas en Ucrania ha hecho pública su evaluación de la investigación y la actitud de las autoridades ucranianas ante los hechos. En ese sentido, Fiona Fraser, directora de la misión en Ucrania, afirmó que “las muertes en Maidan y la tragedia del 2 de mayo en Odessa, que causó 48 víctimas mortales, son dos casos ilustrativos en los que la falta de efectividad de la investigación y la falta de responsabilidad reflejan las carencias de la administración de justicia en Ucrania”.

Más allá de lo evidente de esas declaraciones, que pasan por alto la total falta de voluntad por pretender siquiera investigar las muertes en la Casa de los Sindicatos de Odessa, parte, en realidad, de la versión ucraniana de los hechos. Es la misma versión que dio la prensa extranjera que, culpando a víctimas y agresores, calificó los hechos como “enfrentamientos” o “choques”. En la versión de Fraser, dos bandos -partidarios de la unidad de Ucrania y partidarios de la federalización- se enfrentaron en la cuidad y posteriormente, en la Casa de los Sindicatos, ambos bandos lanzaron cócteles Molotov. Esta versión, muy útil para Ucrania y para quienes tratan de culpar a las víctimas, ignora que los nacionalistas lanzaron cócteles Molotov al interior de un edificio cerrado (y lo hicieron también después de que fuera evidente que en el vestíbulo había ya un incendio), mientras que los cócteles Molotov lanzados desde el tejado de la Casa de los Sindicatos caían en la calle, en terreno abierto.

En este contexto de absoluto desinterés de Ucrania -roto únicamente por Yury Boyko, primera figura relevante de la política nacional que acude a Kulikovo tras su intento fallido de 2016, cuando solo llegó hasta el aeropuerto-, familias, amigos y ciudadanos de Odessa colocaron flores y siguieron exigiendo justicia en el lugar en el que 42 personas perdieron la vida sin ante la impasible mirada de las autoridades locales, que no hicieron nada por salvar a las decenas de personas atrapadas en el edificio en llamas. Por la tarde, la extrema derecha celebró su “Marcha por el orden ucraniano”, convocada por el Corpus Nacional, vinculado al regimiento Azov de Andriy Biletsky, para conmemorar “el día que el orden ucraniano se estableció en Odessa”.

El 2 de mayo de 2014 fue un punto de inflexión para Ucrania y para los ucranianos. El número de víctimas, la forma en que la extrema derecha actuó con impunidad contra sus oponentes ideológicos y el inmediato intento de Kiev de culpar a las víctimas y exculpar a la extrema derecha -que desde entonces ve lo ocurrido aquel día como una victoria- supusieron para los detractores de Euromaidan un antes y un después, el punto de no retorno para toda una parte de la población.

Consecuencias políticas de una masacre que quedó impune

Artículo Original: Colonel Cassad

Hace cinco años, en Odessa ardió la vieja Ucrania. Con ella ardieron las últimas ilusiones sobre el sangriento golpe de Kiev, que no sería como pasó con Yuschenko, esta vez no sería posible esperar y dejar que pasara el tiempo. Todo ardió junto a personas que se habían atrevido a llamar a las cosas por su nombre: llamaron golpe de Estado al golpe de Estado y fascismo ucraniano al fascismo ucraniano.

Como ocurre cuando llega la “democracia moderna” impuesta por Estados Unidos, el asesinato cruel y salvaje lanzó el mensaje para dejar claro lo que pasaría si alguien osaba levantarse contra la junta de Kiev. Demostraron su capacidad para matar a aquellos que se opongan a la agresión y golpes de Estado sancionados por la democracia occidental en otros países.

Hablaban de la libertad y la dignidad que traería Euromaidan, pero lo que llegó en realidad fue miedo, sangre y muerte. Y Odessa hizo que muchos tuvieran que tomar una decisión.

Pese a las historias sobre la “agresión rusa”, es un hecho conocido que quienes murieron en Odessa eran ciudadanos ucranianos. De forma brutal y ante la cínica risa y los aplausos de la prensa ucraniana.

Lo que ocurrió en Odessa abrió el camino para el masivo derramamiento de sangre en Donbass, donde el fascismo ucraniano fue repelido, porque el fascismo solo entiende el lenguaje de la fuerza y miles de tumbas en lugares que se extienden desde Donbass hasta los pueblos y ciudades de Ucrania son el mejor reflejo de lo que Euromaidan ha supuesto para Ucrania.

No es ninguna coincidencia que el alistamiento masivo en las milicias de Donbass ocurriera tras Odessa y Mariupol, cuando ya estaba claro que había llegado la guerra, esa que estaba en ciernes desde el invierno de 2014.

En cinco años, la “nueva Ucrania libre”, llena de historias sobre la “dignidad”, no se ha molestado en investigar el crimen y ha preferido borrarlo de la memoria colectiva bajo el tolerante silencio de los patrocinadores occidentales del golpe de Estado. Lo mismo han hecho con los constantes bombardeos de ciudades de Donbass, ignorándolos en favor de risas sobre explosiones de aire acondicionado que en realidad eran bombardeos. Lo que queda de Ucrania lleva cinco años viviendo en ese estado.

Pero el pueblo recuerda y, por eso, cada 2 de mayo llegan a Odessa refuerzos policiales para mantener la memoria bajo control.

¡No olvidemos la masacre de Odessa!

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