Imagen ilustrativa.
Imagen ilustrativa. Yuya Shino / Reuters

El aditivo alimentario E171, compuesto de nanopartículas de dióxido de titanio, que se usa comúnmente en algunos medicamentos y en una gran variedad de alimentos (se encuentra en más de 900 productos alimentarios, desde chicle hasta mayonesa), puede dañar la microbiota intestinal, revela un nuevo estudio publicado en la revista científica Frontiers in Nutrition.

Un equipo de científicos de Australia estudió en ratones el impacto que tiene el E171 en la salud, y resultó que puede conducir al desarrollo de enfermedades inflamatorias intestinales y de cáncer colorrectal.

De acuerdo con Laurence Macia, profesora de la Universidad de Sídney y quien se cuenta entre los autores del estudio, el dióxido de titanio no cambia la composición de la microbiota intestinal, pero sí afecta la actividad de las bacterias que la componen y promueve su crecimiento en una forma no deseada.

«Nuestra investigación mostró que el dióxido de titanio interactúa con las bacterias en el intestino y perjudica algunas de sus funciones, lo que puede provocar el desarrollo de enfermedades. Estamos diciendo que su consumo tendría que ser mejor regulado por las autoridades alimentarias», precisó en un comunicado publicado por la universidad.

Aunque esas nanopartículas son comúnmente usadas en ropa, medicamentos y alimentos, todavía se sabe poco sobre sus efectos a largo plazo. Según los autores del estudio, se conoce mal el papel de los aditivos alimentarios; sin embargo, hay cada vez más pruebas del impacto de las nanopartículas en la salud.

«El objetivo de esta investigación es estimular discusiones sobre nuevos estándares y regulaciones para el uso seguro de las nanopartículas en Australia y en todo el mundo», explicó otro autor del estudio, Wojciech Chrzanowski.

2 COMENTARIOS

  1. Con permiso, copio y pego aquí tres comentarios que he realizado tiempo atrás. Creo que vale la pena ver en qué consiste esa propuesta de futuro. El primero a continuación, después otro, para finalizar con el tercero:

    *Vivir en régimen de alta hostelería*
    Deberíamos llegar a vivir en régimen de alta hostelería, en apartamentos insonorizados con sus respectivos sanitarios, ropero y vestidor, estudio con conexión a la Internet por cable ethernet, un amplio dormitorio y la opción de poder comunicarlos entre sí cuando fuese necesario en caso de familias, etc. La comunicación entre apartamentos se podría realizar preferentemente por balcones o en su defecto por pasillos que no fuesen el de uso general (balcones o pasillos que se pudiesen dividir con mamparas o cerrando puertas a conveniencia). Sin salones ni cocinillas familiares al modo actual se aprovecharía mucho mejor el espacio habitacional.

    El restaurante debería ser espacioso, con la opción de establecer reservados a base de mamparas movibles, opacas en la parte inferior y traslúcidas por arriba: a fin de tener cierta intimidad las familias, grupos o individuos y al tiempo evitar la sensación de claustrofobia por el hecho de tener a la vista la sala en la que se está y sus comensales. Para las comidas tipo casero muy bien elaboradas, preferentemente con productos locales de época, estarían indicados bufés autoservicio abastecidos por restauradores gastronómicos de alta escuela.

    *Ventajas*
    – Llevando los residuos orgánicos hasta lombricomposteras desde el puerto de embarque de cada hotel, se obtendría abono orgánico en forma de humus y lixiviados y lombrices para las aves, sin necesidad de tratarlos en las pestilentes plantas de tratamiento de residuos fecales al uso (estaciones depuradoras de aguas residuales).
    – Además de obtener del campo productos naturales bioecológicos, estos se transportarían desde el campo directamente hasta los puertos de embarque de cada hotel y desde los respectivos puertos a los almacenes y frigoríficos a disposición de las cocinas.
    – Se evitaría el tener que fabricar tantas cocinillas y demás electrodomésticos: incluido lavadoras, ya que la ropa sucia se podría recoger y restituir una vez lavada en los apartamentos.
    – No serían necesarias las superficies comerciales al uso en forma de supermercados, ni se generaría tanta basura inorgánica en forma de plásticos, latas, etc.
    – Se generaría una grande libertad para millones de mujercitas esclavas del hogar, teniendo en consideración aunque nada más sea el tiempo que supone ir de compras, almacenarlas, elaborarlas, lavar los “cacharros” y volverlos a colocar.
    – Aunque de forma resumida y un tanto incompleta les estoy hablando de una economía real, tanto de los recursos como de los medios. De menos trabajo y de más tiempo libre para todos. De mejor salud y de un grande bienestar debidos a gestionar todo al por mayor de la forma más señorial y racional posibles. De restituir en lo posible el equilibrio ecológico y por tanto preservando la naturaleza en vez de seguir envenenándola y destruyéndola.

  2. Una forma de acabar con la esclavitud que supone ir de compras, almacenarlas, elaborar las comidas y volver a recoger los utensilios sería vivir en régimen de alta hostelería, lo que además sería mucho más señorial.

    En vez de construir edificios para viviendas familiares, cabría reformar estos mediante los proyectos más adecuados por arquitectos para la reconversión y, en adelante, construir hoteles con apartamentos insonorizados con su respectivo dormitorio ¿matrimonial?, sanitarios, ropero y vestidor, y estudio (conectado a la Internet por cable para evitar las radiaciones wifi); apartamentos que se podrían comunicar por la parte exterior o balcones a fin de mantener unidas las familias y posibilitar que la gente más joven y sana pueda cuidar de sus niños y mayores, ya que así se podrían aislar apartamentos o grupos de estos como mejor proceda mediante mamparas móviles.

    Por otra parte decir que sería innecesaria la fabricación de tantos electrodomésticos ˗frigoríficos, cocinas, lavadoras, etc.-, implementando en dichos hoteles lavandería industrial y comiendo en bufé autoservicio abastecido por restauradores gastronómicos de alta escuela mediante preferentemente productos locales de época, en amplios restaurantes con mamparas móviles (a efectos de crear reservados no claustrofóbicos porque fuesen opacos en su parte inferior y traslúcidos en la superior, a fin de proporcionar así suficiente intimidad a individuos, familias, o grupos por ejemplo con motivo de banquetes).

    Pero es que además mediante sanitarios con váter seco se podría reciclar toda materia orgánica en lombricomposteras para la obtención de humus y lixiviados con los que abonar de forma orgánica, así como enorme cantidad de lombrices para saneamiento del suelo y alimento sumamente indicado para las aves (pollos, ponedoras etc.) y en consecuencia evitar la pestilencia de las depuradoras.

    Pero en esa señorial economía de tiempo y medios habría que tener en consideración que los supermercados dejarían de ser en enorme medida o totalmente innecesarios y que incluso si alguno fuese necesario se podría sustituir por plazas de abasto igualmente surtidas por productos locales de época y ecológicos, en vez de tanta porquería con la que surten los actuales supermercados e inherentes transportes innecesarios. En vez de vivir en una economía de la deuda (al BM, FMI, BCE, etc.), deberíamos vivir en una economía productiva debidamente planificada con la que superar esta falsa libertad tan antieconómica y esclavista.

    Me paro en breve sin llegar a exponer en detalle cómo debería de ser la producción agropecuaria que nos permitiera comer sano y equilibrado, al tiempo de recuperar incluso áreas desérticas o en proceso de desertificación, sin más que vivir como preconizo: servirse en el bufé, etc. y como mucho acercar las bandejas a los carritos que las llevarían al office para su nueva puesta en servicio.

    Esto otro que vivimos supone demasiada esclavitud, de la que nos deberíamos liberar para un ocio educativo y divertente (mejor incluso que el que ya existió en los buenos tiempos antiguos); un ocio que nos posibilitase ver en el estadio un poco todos los días a nuestro jóvenes en bellas confrontaciones artísticas y deportivas de todo tipo; y en el teatro las comedias, dramas y tragedias con las que educar a la humanidad futura (las comedias para estigmatizar con sus risas aquellos comportamientos ridículos en lo que no deba de incurrir el ser humano a fin de no convertirse de cara a los demás en un ser irrisible, los dramas para no fracasar en nuestras vidas sentimentales en tan alto porcentaje, y las tragedias para volver a ser aquellos leones que fuimos en los buenos tiempos antiguos educados por la buena ética antigua que enseñaba que hay que respetar o en su defecto atenerse a las consecuencias: sin necesidad de delegar excesivamente en poderes corruptos: Y ello debería de ser así, en vez de moralizados por milenios mediante las religiones o más actualmente por el poder mediático al uso con que se nos amansa a fin de poder trasquilarnos impunemente como a ovejas y a borregos.

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