Integrantes del grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe) en Afganistán.

El portavoz de los Talibán, Zabihulá Muyahid, ha denunciado que EE.UU. expresa, por un lado, su “preocupación” por la creciente “amenaza” que representan los extremistas takfiríes de Daesh desplegados en la provincia afgana de Nangarhar (este), y por el otro, les ofrece todo tipo de apoyo logístico.

Daesh, de hecho, se ha convertido en un mero “pretexto” para que EE.UU. pueda prolongar su presencia en Afganistán, de acuerdo con el vocero del grupo armado, quien también ha apuntado a que las fuerzas estadounidenses “bombardean las posiciones de Talibán”, en un intento por salvar a los extremistas takfiríes.

“El grupo terrorista Daesh goza del apoyo de la Fuerza Aérea y de Inteligencia de EE.UU. en las zonas orientales de Afganistán (…) Si no fuera por el apoyo de EE.UU., hubiéramos limpiado la provincia de Nangarhar de su presencia”, ha señalado Muyahid, citado este sábado por los medios.

Sin embargo, pese a todo el respaldo que reciben los integrantes de Daesh de Washington, Muyahid ha descartado que la banda terrorista supusiera, tal y como alega la Casa Blanca, “una verdadera amenaza” para EE.UU., ya que, ha añadido, los estadounidenses han allanado el terreno para el surgimiento del grupo en Afganistán.

Las declaraciones de Muyahid llegan después de que el jefe del Estado Mayor de EE.UU., el teniente general Kenneth McKenzie, indicara que Daesh en Afganistán supusiera “una amenaza muy preocupante” para “los esfuerzos antiterroristas” de Estados Unidos.

En declaraciones ofrecidas el miércoles en la Base Aérea alemana de Ramstein, que es, de hecho, el cuartel general de las Fuerzas Aéreas de EE.UU. en Europa, McKenzie prometió aplastar a los integrantes de Daesh, que según el alto mando castrense, contempla “atacar” el territorio estadounidense.

Estados Unidos que lidera la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), conforme informes, ha facilitado el ingreso de Daesh en Afganistán, grupo que creó para incendiar las regiones del oeste y del centro de Asia.

Con la estrategia, Washington buscaba vender, por un lado, más armas a países regionales, y por el otro, justificar su presencia militar en países como Afganistán, que ocupó en 2001, bajo el pretexto de luchar contra los insurgentes de Talibán.

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