«La filosofía de la Edad Media.

I

Sobre los escombros de la formación esclavista comienza a formarse en los siglos V y VI en la Europa Occidental la sociedad feudal. Finaliza en la historia europea el período Antiguo y comienza el de la Edad Media. El régimen feudal alcanzó su florecimiento entre los siglos X y XV.

«Bajo el régimen feudal, la base de las relaciones de producción es la propiedad del señor feudal sobre los medios de producción y su propiedad parcial sobre los productores, sobre los siervos, a quienes ya no puede matar, pero a quienes sí puede comprar y vender. A la par con la propiedad feudal, existe la propiedad personal del campesino y del artesano sobre los instrumentos de producción y sobre su hacienda o su industria privada, basada en el trabajo personal. Estas relaciones de producción se hallan, fundamentalmente, en consonancia con el estado de las fuerzas productivas durante este período. El perfeccionamiento progresivo de la fundición y elaboración de metales, la difusión del arado de hierro y del telar, los progresos de la agricultura, de la horticultura, de la viticultura y de la fabricación de aceite; la aparición de las primeras manufacturas junto a los talleres de los artesanos; tales son los rasgos característicos del estado de las fuerzas productivas durante este período.

Las nuevas fuerzas productivas exigen que se deje al trabajador cierta iniciativa en la producción, que sienta cierta inclinación al trabajo y se halle interesado en él. Por eso, el señor feudal prescinde de los esclavos, qué no sienten ningún interés por su trabajo^ ni ponen en él la menor iniciativa, y prefiere entendérselas con los siervos, que tienen su propia hacienda y sus herramientas y se hallan interesados en cierto grado por el trabajo, en la medida necesaria para trabajar la tierra y pagar al señor en especie, con una parte de la cosecha.

Durante este período, la propiedad privada hace nuevos progresos. La explotación sigue siendo casi tan rapaz como bajo la esclavitud, aunque un poco suavizada. La lucha de clases entre los explotadores y los explotados es el rasgo fundamental del feudalismo». (Stalin. Sobre el materialismo dialéctico e histórico. «Cuestiones del leninismo», versión española, Moscú, 1941, págs. 659 y 660)

El nivel de la cultura, particularmente durante los primeros tiempos de la Edad Media, era extremadamente bajo. Pero la Edad Media no fue, de ningún modo, «una simple interrupción en el curso de la historia». Durante el período de la Edad Media, aunque muy lentamente, avanzó el desarrollo económico y político de la sociedad y, en consonancia con ello, también progresó la cultura. El movimiento ideológico de esta época reflejaba la encarnizada lucha de clases de los campesinos y vecinos contra los feudales eclesiásticos y seculares, y también las contradicciones existentes entre los diversos grupos dentro del propio campo de la clase explotadora.

La religión cristiana fue la ideología dominante del feudalismo europeo. La opresión eclesiástica extendía sobre todo su sello cadavérico. La iglesia católica, en posesión de enormes extensiones de fierra y bienes muebles e inmuebles, desempeñó un papel exclusivo en la economía de la Edad Media. Al Estado feudal desemparejado, oponía su sistema severamente centralizado, con el papa romano a la cabeza. La difícil situación:

«De los pequeños campesinos, aplastados por la miseria, humillados por la dependencia personal y la ignorancia». (Lenin. El desarrollo del capitalismo en Rusia. Obras, tonto III, edición rusa, página 141)

Y la completa inseguridad de la vida medieval, con sus riñas, hambres y epidemias, favorecieron la extensión de la religión.

La iglesia monopolizó también la cultura. En sus manos sé hallaba la enseñanza. Eclesiásticos y monjes fueron los profesores, sabios y filósofos. El movimiento oposicionista e incluso revolucionario se confundía inevitablemente durante la Edad Media con la , rebelión contra las doctrinas eclesiásticas y contra la iglesia, manifestándose en los diversos movimientos heréticos.

II

En el límite de la filosofía antigua y de la medieval, sirviendo de introducción» a la última, está la patrística –siglos II-IV–.

Los primeros filósofos cristianos, los «padres de la iglesia» –patres ecclesiae– elaboran los fundamentos de la dogmática cristiana; su filosofía se confunde por completo con la teología –la ciencia sobre dios–. El cristianismo comenzó por una furiosa persecución de la filosofía y de la ciencia «paganas», a pesar de la gran influencia que sobre la formación de la ideología cristiana ejercían, en unión de la teología judía, las doctrinas filosóficas del período heleno-romano: el estoicismo, el neoplatonismo y el neopitagorismo. La figura más notable de la naciente filosofía cristiana fue el obispo de Hipona –Africa del Norte–, «san» Agustín –años 354-430–, que ejerció más fuerte influencia sobre la ideología medieval. Su actuación tuvo lugar durante el período de la descomposición del imperio mundial romano y de la consolidación simultánea de la iglesia católica, cuyo teórico y práctico más notable fue Agustin. Agustín castigaba con una crueldad sin límites a todos los de «pensamiento distinto» y erigía celosamente el edificio del catolicismo.

Para Agustín, «la verdadera filosofía y la verdadera religión son una y la misma cosa». Trataba de hallar en el platonismo una fundación filosófica para el cristianismo. La Idea de Platón, según afirma Agustín, es «el pensamiento del creador antes del acto de la creación». Dios creó el mundo de la nada. Para la «salvación» del hombre en la vida de ultratumba no son suficientes sus buenos actos y la vida moral, sino que le es necesario pertenecer a la iglesia cristiana; fuera de ella «no hay salvación».

Un papel especial desempeñó la doctrina de Agustín acerca de la iglesia como representante, de la «ciudad de dios» y su semejanza en la tierra. Los visigodos, bajo la jefatura de Alarico, conquistaron y saquearon en el año 410 la «ciudad eterna», Roma, que se creía invencible. Agustín explica teológicamente la caída de Roma. Según él, sólo pereció la «ciudad terrena», el Estado pecador creado por los paganos. Pero ocupa su lugar el eterno reino universal «divino», la «ciudad de dios». Esto, prácticamente, suponía la exigencia de la primacía del Poder eclesiástico sobre el secular y la fundamentación de la aspiración al dominio mundial por parte de la iglesia.

El Estado debe colaborar con la iglesia en su lucha contra los herejes. Es preferible quemarlos vivos a dejar que «se embrutezcan en el error»: El «santo» padre de la iglesia defendía la desigualdad social, la riqueza, la esclavitud.

Agustín predicaba el ascetismo. A la vida temporal y pecadora de la tierra oponía la existencia eterna y santa del «más allá». La naturaleza es digna de desprecio. Ea vida real es sólo la preparación para la de ultratumba, y cuanto antes se emancipe el hombre de los lazos terrenales mejor para él.

Durante los siglos IX y X, en el caos de la descomposición del Estado romano y en medio de los grandes progresos provocados por las «grandes migraciones de los pueblos», se dibujan dos fuerzas dominantes, el papado romano y el «sagrado imperio romano», que durante el período de su florecimiento abarcaba Alemania, Italia y algunas regiones vecinas. En aquel entonces comienza á formarse también la filosofía escolástica, que va floreciendo a medida que la iglesia católica se va consolidando.

La escolástica –del latín, schola=escuela– es la filosofía cristiana de la Edad Media que impera en la enseñanza escolar y que depende íntegramente de la teología: «La filosofía es la sirvienta de la teología»: así definía la iglesia el lugar y el papel de la, filosofía. La tarea fundamental de la escolástica fue la de fundamentar, defender y sistematizar, mediante la lógica abstracta, los inconmovibles dogmas religiosos.

Lo más típico de la escolástica fue lo siguiente: a) la sumisión a la teología; b) el idealismo y el ascetismo hipócrita ligado al reconocimiento de la primacía de la iglesia, del principio «espiritual», sobre la vida secular; c) un método abstractamente lógico, formalista, encaminado, no a descubrir algo nuevo, sino a consolidar y sistematizar la verdad absoluta «revelada por dios»; d) un carácter dependiente y la adaptación a sus fines de las doctrinas.de los antiguos filósofos idealistas, principalmente la de Aristóteles, falsificada y convertida en teología y metafísica.

Al escolástico, en resumidas cuentas, no le interesaba tanto el contenido de la filosofía, como la-construcción artificial y los discursos casuísticos formales. Dedicaban su atención principal a la astucia palabrera y a las discusiones formales. La lógica escolástica estaba completamente desligada de la experiencia. La autoridad de las «sagradas escrituras», de los llamados «padres de la iglesia» y lo alterado de Aristóteles, fue su único punto de partida.

Con una especial aspereza se revelaron estas particularidades durante el período de la descomposición de la escolástica. En aquel entonces, sostenían disputas durante muchos días y escribían prolijos tratados sobre temas como éstos: «¿qué conduce al cerdo a la feria, la mano o la cuerda?», «¿de qué edad era Adán en el momento de su creación?», «¿puede el dios omnipotente crear una piedra que él mismo no pudiera levantar?», ¿duermen los ángeles?», etcétera.

El imperio de la dogmática muerta estaba relacionado con el nivel sumamente bajo de las ciencias naturales y el estancamiento de la producción medieval, de la vida económico-social en general. Claro está que la filosofía medieval no quedó reducida, sin rastro alguno, a semejante vaciedad. Dentro de ella había una enconada lucha entre las diversas tendencias para entonces progresivas y las tendencias reaccionarias. Y, a medida que crecían las fuerzas productivas e iba en aumento la lucha de clases de la burguesía y de las masas populares contra el régimen feudal, se desarrollaba también la lucha contra lo hueco, lo abstracto y la carroña dél método escolástico.

La filosofía escolástica se formó definitivamente durante el siglo XI. Fue éste el período de lucha más encarnizada entre la iglesia católica, que pretendía al dominio universal, y los emperadores germanos, que aspiraban a restablecer el imperio mundial romano y privar al papa del Poder secular. La escolástica tenía la tarea .de cimentar la primacía del Poder eclesiástico sobre el secular, el predominio de la religión sobre la ciencia. Los teólogos anteriores, operaban sólo remitiéndose a la biblia, a la «revelación» divina, predicando la fe ciega, lo que en las nuevas condiciones esto no era ya suficiente. Había necesidad de reforzar la autoridad de la religión, de la iglesia y del Poder papal con argumentos más racionales. La escolástica se propuso también realizar esta tarea. Para resolverla, hizo uso de las partes más idealistas y formalmente lógicas de la filosofía antigua. Por ejemplo, los escolásticos deducían la existencia de la divinidad del concepto sobre ella como el ser más perfecto. La construcción «inteligente» y «en armonía completa» del mundo, según ellos, atestigua la existencia de un arquitecto divino, que planifica el mundo sabiamente y dirige toda la naturaleza.

El hecho más importante en la historia de la filosofía de la Edad Media fue la lucha desencadenada durante el siglo xi entre los «nominalistas» y los «realistas». Por su importancia, esta lucha rebasaba en mucho los límites del acostumbrado «alboroto de ratones» de los escolásticos en torno a cualquier problema fútil e insignifícante. Las disputas entre los nominalistas y los realistas fueron tan enconadas que hubo necesidad de separar a los partidarios de los dos bandos hostiles por medio de una fuerte barrera.

Los realistas afirmaban la existencia real de los conceptos generales, los «universales» –«el hombre en general», «la casa ert general», etc.– como tales esencias espirituales o semejanzas de las cosas singulares. Los universales, decían, existen realmente antes de las cosas y las engendran. La fuente de este realismo extremo fué la filosofía de Platón que enseña que todo el mundo de las múltiples y variadas cosas materiales es el reflejo de las ideas perfectas, inmóviles e inmutables que existen en el otro mundo.

En cambio, los nominalistas afirmaban que los «universales» son nombres –nómina– «posteriores a las cosas». Reales sólo son las cosas sueltas, singulares, individuales, como, por ejemplo, los diferentes hombres. «El hombre en general» es una simple palabra o una denominación. Los hombres, mediante estas denominaciones generales, generalizan, por la imagen exterior, las clases o formas semejantes de los objetos singulares. Los representantes de los aspectos más moderados del nominalismo admitían la existencia de lo general, pero sólo en los conceptos humanos –de aquí el «conceptualismo»– que fija los rasgos semejantes en las cosas sueltas.

El carácter idealista y metafísico del realismo y, al contrario, las tendencias empíricas y materialistas del nominalismo, que toma como punto de partida las cosas sueltas, sensualmente perceptibles para pasar al establecimiento de conceptos generales, saltan a la vista.

«El nominalismo, es la primera expresión del materialismo». (Marx y Engels. La Sagrada Familia. Editorial Claridad)

En esta lucha, en forma de disputas teológicas casuísticas entre el nominalismo y el realismo, se manifestaban las tendencias de los dos campos fundamentales de la filosofía : el materialismo y el idealismo. Fue el reflejo de la lucha de clases que existía en el seno de la sociedad feudal. La línea ortodoxo-eclesiástica defendía el realismo. El nominalismo, en cambio, es la constante bandera de los elementos de la oposición. El nominalismo fue más de una vez condenado como herejía.

El representante más notable de la primera escolástica fue el francés Pedro Abelardo –años 1079-1142–, que en vida gozó de Una enorme popularidad. De todos los países de Europa afluían estudiantes a París, donde enseñaba Abelardo.

Abelardo, en contraposición con los teólogos más fanáticos, destacaba la importancia de la ciencia como fundamento de la fe. «No deseaba creer en lo que no desmenuzaba previamente por la razón», decían de él sus contemporáneos. En su obra «Sic et non» –«Sí y no»– demuestra que las autoridades eclesiásticas suelen dar respuestas antagónicas a uno y el mismo problema dogmático. Pero no trataba de refutar la religión. Sólo señaló el camino lógico por el que se pueden resolver tales contradicciones. Este camino es la dio láctica, en el sentido medieval de la palabra. La tal «dialéctica» es una lógica formal, entendida como el arte de la discusión y de la argumentación. Los dialécticos medioevales se limitaban a considerar todos los pros y contras posibles. En la disputa con los realistas, Abelardo defendía el nominalismo moderado, o el conceptualismo.

Al comienzo, la iglesia miraba con mucha sospecha a estos elementos de la ciencia y de la instrucción antiguas, que en uno u otro grado salieron a relucir mediante la escolástica. Muy significativo en este aspecto es la persecución y acusación de herejía de que fue objeto el propio Abelardo. «Sus libros venenosos, escribía un teólogo, no se quedan quietos en los estantes, no; se leen en las encrucijadas. Tienen alas. En vez de dar luz, llenan las ciudades y los castillos de tinieblas; en lugar de miel, dan veneno, mejor dicho, veneno en miel». Abelardo fue al fin atrapado por los eclesiásticos, viéndose obligado a abjurar de sus «errores». Sólo más tarde, particularmente en su lucha contra los herejes, comenzó la iglesia a extraer todo el provecho de la «erudición» escolástica.

III

Abelardo vivió cuando las dos primeras cruzadas. El crecimiento de las relaciones económicas y culturales con el Oriente es una de las múltiples y variadas consecuencias de estas cruzadas.

En los siglos VIII-XII, cuando el desarrollo económico y cultural de la Europa Occidental se hallaba todavía a un nivel sumamente bajo, florecía en el Oriente la cultura árabe, original y poderosa. La base de este florecimiento fue la economía para entonces adelantada del Califato árabe, que abarcaba, en el siglo VIII, Arabia, Irán, Armenia, Asia Central, noroeste de la India, Siria, Palestina, Egipto, todo el litoral septentrional de África y, por último, la Península Ibérica.

Los árabes se convirtieron en herederos de, la cultura antigua, conservando y desarrollando muchas de sus conquistas. Los portadores de la cultura árabe fueron no sólo los árabes, sino también los pueblos de las regiones a ellos sometidas sirios, iraneses, españoles, egipcios, tadahiks. Ante la persecución por la iglesia cristiana, los úl* timos filósofos griegos se refugiaron durante los siglos V y VI en Irán y Mesopotamia, donde hallaron una mayor tolerancia. La ciencia y, filosofía árabes alcanzaron su más alto desarrollo en el siglo ix bajo los califas de la dinastía Abasida –años 750-1258–. La ciencia, árabe obtuvo los éxitos más considerables en el dominio de la matemática y de la astronomía, en alquimia y medicina, en geografía e historia. Tuvo enorme importancia la intensa labor de traducción que los árabes hicieron de una multitud de las más valiosas obras de la herencia antigua. Los filósofos árabes, generalmente médicos, viajeros, mostraron mayor inclinación hacia las ciencias naturales y la experimentación que a las especulaciones abstractas.

Uno de los filósofos árabes más grandes, el tadshik Avicena –años 980-1037–, nació en Bujara –actualmente territorio de la URSS–. Aristóteles es el punto de partida de los trabajos filosóficos de Avicena, que fue un notable experimentalista naturalista. Suyo es el «Canon de medicina», lo más popular de la Edad Media. Aunque trataba de ocultar sus verdaderas tendencias materialistas y ateas, la «difamación de dios» de Avicena se hizo popular entre sus contemporáneos.

La ciencia y la filosofía alcanzaron también un brillante desarrollo en España.

El filósofo árabe más grande y uno de los mayores pensadores de la Edad Media fue el árabe español Averroes –años 1126-1198–. Su doctrina tiene por base las tendencias naturalistas de Aristóteles, a quien Averroes consideraba el más alto de todos los filósofos. «La doctrina de Aristóteles es la verdad suprema, porque su inteligencia fue el límite de la inteligencia humana», escribía Averroes. La doctrina de Averroes conducía a toda una serie de conclusiones «heréticas»: la eternidad, la no creación y la inmortalidad de la materia, la unidad de dios y del mundo –panteísmo–, la negación de la inmortalidad del alma individual. Al mismo tiempo, su doctrina sobre la «verdad doble» ha demostrado que lo que es verdad desde el punto de vista de la religión puede no ser verdad para la filosofía, y viceversa. Averroes intentó así separar la ciencia de la religión, dotar a la primera de un papel independiente.

Poco después de la muerte de Averroes, en el siglo XIII, en las condiciones de decadencia y descomposición de los Estados musulmanes, logró el clero reaccionario mahometano asfixiar la continuación del desarrollo de la ciencia y de la filosofía árabes. Los resultados positivos alcanzados por los sabios árabes fueron cultivados ya, principalmente, en los países de la Europa Occidental.

Por el mismo cause que la filosofía y la ciencia árabes discurrieron en lo fundamental la ciencia y la filosofía judías de la Edad Media, destacándose en los países árabes algunos pensadores de primera fila: Avicebrón –siglo XI–, Maimónides –siglo XII–. La filosofía judía desempeñó un gran papel como eslabón que ponía a los árabes en contacto con la Europa Occidental.

IV

Bajo la influencia árabe se desarrolla desde el siglo XIII la filosofía europea. La escolástica europea alcanzó su florecimiento en el siglo XIII, cuando el crecimiento de las ciudades y la economía monetaria fueron utilizados, en primer lugar, por la iglesia católica para aumentar sus riquezas. Aumentó al mismo tiempo la lucha de clases de los ciudadanos y de los campesinos contra el régimen de servidumbre. En relación con ello, comenzó a multiplicarse y a ampliarse toda clase de herejes, que expresaban la oposición a la ideología feudal. Ante la iglesia se planteó con toda su fuerza la necesidad de fortalecer la religión con nuevos argumentos basados, ya no sólo en la fe ciega, sino en la razón. Se fundaron en París y en Oxford grandes universidades que se transformaron en focos de la filosofía escolástica.

Europa comenzó a conocer por medio de los árabes las auténticas obras de Aristóteles y de otros pensadores antiguos. Es curioso que todavía en 1209 se promulgara una orden para «que en lo sucesivo nadie osara, bajo pena de excomunión, copiar, leer o guardar de cualquier otra manera» los libros de Aristóteles sobre metafísica y ciencias naturales. A pesar de ello, unas décadas más tarde, Aristóteles llegó a adquirir la mayor autoridad en la Edad Media, declarándosele «el precursor de Cristo en el dominio del conocimiento de la naturaleza».

El mayor peligro para el catolicismo fue el movimiento herético de los cátaros –«los puros»–, que se extendió a los países por entonces más avanzados, el rico sur de Francia y una parte del norte de Italia. El fundamento de la doctrina de los cátaros es el dualismo: afirman la existencia eterna de dos principios: dios y el diablo, y sus respectivos mundos antagónicos.

Algunos cátaros llegaron muy cerca del panteísmo y reconocieron abiertamente la eternidad de la materia; en sus doctrinas se hallan huellas del antiguo atomismo. Los cátaros convirtieron la doctrina cristiana de la recompensa de ultratumba en la antigua doctrina de la transmigración de las almas. «La fuerza de los herejes, escribía un monje, fue tan grande, que el trigo de la fe llegó a convertirse en todo este país en cascabillo del error». Como resultado de la «cruzada» emprendida por el Papa Inocencio III –año 1210– el sur de Francia fue saqueado de uno a otro extremo y reducido a escombros.

Para la lucha contra los herejes se crearon la inquisición y las mendicantes órdenes» de monjes, los. dominicanos y los franciscanos. En las filas dominicanas —los «perros del señor» –es un juego de palabras: dominus=señor, canes=perros– se reclutaban los jueces del tribunal de la inquisición y los teólogos más fieles de la iglesia.

Los progresos económicos, la lucha de clases y el movimiento herético comenzaron a corroer la influencia del catolicismo, pero la caída del dominio de la iglesia estaba aún lejos. Precisamente a principios del siglo XIII el poder papal alcanzó una potencia insuperable. Esta consolidación de la iglesia católica encontró su reflejo en la formación de sus doctrinas, en la creación de los sistemas escolásticos más grandes.

El obscurantismo medieval se reflejó plenamente en estos sistemas, dando nueva vida a la moribunda lógica de Aristóteles con la doctrina de los demonios, con los manuales para distinguir y exterminar los brujos y los herejes y con la fundamentación del dominio mundial de la iglesia romana. La defensa de la rapaz explotación de las masas laboriosas, la justificación de la jerarquía feudal, el sofocamiento de los pensamientos progresivos, constituyen el sentido social de la escolástica.

El culminador de la teología católica y sistematizador de la escolástica ortodoxa fue el dominicano Tomás de Aquino –años 1225-1274–. La obra de este «santo», «Summa Theologiae» –Resumen de los conocimientos teológicos–, es una original enciclopedia de la ideología oficial de la Edad Media. El catolicismo reconoce hasta hoy las doctrinas de Tomás como su «única filosofía verdadera».

Tomás intentó poner a Aristóteles al servicio del catolicismo. Aunque el hecho de utilizar ampliamente la doctrina aristotélica ya significaba en sí un indudable paso hacia adelante, no se debe olvidar que:

«El obscurantismo clerical mató en Aristóteles lo vivo y eternizó lo muerto». (Lenin. Cuadernos filosóficos, edición rusa, página 331)

Tomás fue partidario del realismo «moderado». Los «universales» existen «hasta la cosa» en la «razón divina»; «en las cosas», en el mundo corporal; y «después de las cosas», en la conciencia humana.

La doctrina de Tomás comprende también la naturaleza en la filosofía, pero sólo como un pedestal del «reino de la gracia divina». En la naturaleza todo está colocado en estricta jerarquía de grados ascendentes, que conducen a fines superiores y universales, a Dios. Tal jerarquización y tal teleología son completamente características de la doctrina escolástica. No menos típicas son las opiniones de Tomás sobre los objetos de la naturaleza como la suma de «formas ocultas» indestructibles incognoscibles, o la «naturaleza». La «explicación» se reducía a que el hierro es forjable porque tal es su «naturaleza»; el opio adormece «porque» tiene una «naturaleza adormecedora»; la acción de la bomba se explica porque la naturaleza «tiene miedo al vacío».

La «Summa Theologiae» de Tomás está construida de acuerdo a un frío esquema de lógica formal. Toda la «Summa» se compone de centenares de problemas, divididos en subproblemas que forman miles de divisiones. Cada división, a su vez, se divide en cuatro partes, cuyo carácter; e incluso su formulación, está elaborada, de una vez para siempre. Todo este voluminoso sistema se entrelaza por las definiciones abstractamente palabreras, argumentación casuística y una cadena sin fin de razonamientos lógico-formales. Tomás describe prolijamente los brujos y los hechiceros, el «reino del demonio» y el poder del diablo, que «echa a perder el tiempo, hiere a los animales, origina a los hombres toda clase de males» e incluso «impide a los casados cumplir sus obligaciones conyugales».

Tomás proclama la superioridad de la iglesia sobre el Estado y guerrea por el poder universal del papa como «representante de Cristo» sobre la tierra. La división en capas, la desigualdad social, está, según sus palabras, establecidas por el propio Dios. Tomás exige que los herejes sean «no sólo excomulgados por la iglesia, sino condenados a muerte». Y así se hizo, en efecto. Los tribunales eclesiásticos entregaban los herejes al poder civil con la indicación «proceder con ellos a la mayor brevedad posible y sin derramamiento de sangre». Esto significaba quemarlos vivos.

Los nominalistas, particularmente fuertes en Inglaterra, fueron los adversarios de la dogmática y del realismo. El desarrollo económico-social de Inglaterra dió en el transcurso de los siglos XIII y XIV un gran paso hacia adelante. Tuvo lugar un intenso proceso de emancipación de los campesinos, crecieron rápidamente las ciudades, florecieron el comercio y el artesanado. La lucha por la Carta Magna de la Libertad, la formación y consolidación del Parlamento, luego después las rebeliones aldeanas y las de la ciudad; todo ello se entrelaza con las pugnas con el trono romano. Este último extrajo del país durante el siglo XIII sumas que superaban el presupuesto del Estado de Inglaterra. También el poder real de Inglaterra se manifestó contra el papado, afirmando que la iglesia inglesa debía, en primer lugar, subordinarse al rey, y que su jefe supremo no es el papa, sino el rey.

Comenzaron a crecer, en relación con esto, las tendencias oposicionistas en la universidad de Oxford. Al mismo tiempo aumentó, no sin la influencia de la ciencia árabe, el interés por las matemáticas y las ciencias naturales. De la universidad de Oxford salieron los adversarios de Tomás de Aquino: los nominalistas Duns Escoto, Guillermo Occam y uno de los primeros y más notables representantes de la corriente científico-naturalista, Roger Bacon.

Duns Escoto –aproximadamente años 1270-1308– fue uno de los pensadores más grandes de su tiempo. Sometió a una minuciosa crítica el sistema de Tomás de Aquino. Los «misterios» de la religión, afirma, no se pueden conocer mediante la razón; sólo son asequibles a la fe. La teología como ciencia de la fe es por lo tanto inútil, puesto que nada puede descubrir. Así rompió Duns Escoto la relación existente entre la teología y la filosofía, y, hasta cierto punto, emancipó a esta última. En las doctrinas de Duns Escoto se notan claramente tendencias empíricas y materialistas, relacionadas con el estudio de las matemáticas y de las ciencias naturales. Admitía, en parte, que el pensar es un atributo de la materia. Si Dios es todopoderoso, razonaba Duns Escoto, ¿por qué no habría de poder dotar a la materia de la facultad de pensar?

«El materialismo, es hijo natural de la Gran Bretaña. Ya el escolástico británico Duns Escoto se hacía esta pregunta; «La materia ¿no sería capaz de pensar?».

«Para hacer posible este milagro, tuvo que recurrir a la omnipotencia de Dios, esto es, obligó a la propia teología a predicar el materialismo. Además, fue nominalista. El nominalismo fue uno de los elementos principales del materialismo inglés y es en general la primera expresión del materialismo». (Marx y Engels, La Sagrada Familia)

La protesta contra el saqueo sistemático del pueblo inglés por el papa romano se reflejó en la crítica de las riquezas de la iglesia hecha por Escoto, en su llamamiento a la pobreza «primitiva» e incluso a la propiedad común.

Las enconadas disputas, durante muchos años, entre «escotistas» y «tomistas» favorecieron la sacudida de las bases de la escolástica. Golpes más fuertes aún le asestaron los pensadores ingleses Roger Bacon y Guillermo Occam, cuya actividad marca el comienzo de la descomposición de la filosofía escolástica.

Roger Bacon –aproximadamente 1210-1294–, el contemporáneo más viejo de Duns Escoto, pasó 24 años de su vida en la cárcel y bajo una severa vigilancia en un monasterio. Con ello se explican, ante todo, sus atrevidos ataques al trono papal, a los vicios del Clero, a la opresión y al robo feudales. «En todas partes reina la más completa corrupción, escribía Bacon; el trono santo se ha convertido en presa del engaño y de la mentira. Todo el clero está entregado a la soberbia, al lujo, a la avidez. Los príncipes, los barones y los caballeros se oprimen y roban unos a otros, y arruinan a sus súbditos con interminables guerras y contribuciones».

Bacon criticó severa y mordazmente la esterilidad del método escolástico que está separado de la vida. Hay tres fuentes del conocimiento, dice: la autoridad –además Bacon distingue la autoridad «verdadera» de la «indigna»–, la razón y la experiencia. La verdadera y definitiva solución de un problema sólo la da el método experimental «que llega al conocimiento de las causas de los fenómenos».

Bacon cultivaba con buen éxito las matemáticas, la astronomía, la física, la alquimia, la medicina, la botánica y la zoología. Proyectó la reforma del calendario, llevada a cabo 300 años más tarde. Sus trabajos científico-naturalistas le han dado reputación de mago. Bacon esbozó las ideas de una serie de inventos: anteojos, el microscopio y el telescopio. Escribía sobre las propiedades de la pólvora y su uso para fines militares; soñaba con aplicaciones para levantar pesos, con «buques sin remeros», con «vehículos sin enganchar» e incluso con máquinas voladoras.

La ciencia es fuerza, exclamaba Bacon. «No hay mayor peligro que la ignorancia. No hay nada más digno que el estudio de la ciencia, que destierra las tinieblas de la ignorancia; de esto depende el bienestar de todo el mundo».

El desarrollo ulterior de las corrientes científico-naturalistas está ligado al florecimiento del nominalismo, cuyo representante más destacado fue el inglés Guillermo Occam –alrededor de los años 1300-1350–.

El siglo XIV se caracteriza por la continuación del desarrollo de la. economía monetaria, por la disgregación de las relaciones feudales y el aumento de las rebeliones aldeanas –Jacob Péyt en Francia, el levantamiento de Wat Tyler en Inglaterra– y de los movimientos de la ciudad. Surgen poderosas confederaciones de ciudades comerciales –del Ansa, del Rihn–; las ciudades-repúblicas más ricas, Venecia, Florencia, Génova. El poder de los papas entró en aquel entonces en completa decadencia. Los reyes franceses los trasladaron de Roma a Aviñón, ciudad limítrofe de Francia –«el cautiverio aviñonense», 1309-1377–. Son también característicos de estos años los graves conflictos entre los papas y los emperadores y de los primeros con el ala radical de la orden franciscana, que guerreaba contra las riquezas de la iglesia y las pretensiones seculares del papado.

Para salvarse de la persecución de que era objeto por parte del papa, el franciscano Guillermo Occam se refugió bajo la protección del emperador Luis de Baviera. «Defiéndeme con tu espada y te défenderé coni mi pluma», decía al emperador. En sus tratados políticos, Guillermo Occam batallaba contra el poder secular de la iglesia, la que, según él, sólo debía ocuparse de los asuntos de la religión. Consideraba que el punto de partida del poder del Estado eran las necesidades de los hombres y los requerimientos del juicio y no las ordenanzas divinas. Al separar la filosofía de la teología, dejó expedito el camino al libre pensamiento filosófico. La teología como «ciencia» debe ser arrojada a un lado, puesto que sus conclusiones no son demostradas por la razón.

Sólo las cosas sueltas, singulares, son reales. Existen objetivamente, fuera de la conciencia. Los «universales» son abstracciones, denominaciones, «términos» que fijan lo semejante en los objetos individuales. El conocimiento comienza en la experiencia sensible y termina en el pensamiento. No hay pruebas experimentales ni racionales de la inmaterialidad del alma.

No obstante todas las persecuciones, Occam tuvo muchos adeptos. A este respecto es particularmente característico el círculo de los occamistas en París, donde resucitó el atomismo de Demócrito, se incitaba a estudiar la naturaleza mediante el experimento y se cultivaban con éxito las matemáticas, la .mecánica y la astronomía.

La corrupción de la escolástica marchó por otro camino más; por el de la mística. Los místicos, tomando como punto de partida el neoplatonismo, afirmaban que el conocimiento directo de la verdad es la «iluminación» del alma por la luz divina. La oposición al régimen feudal en las condiciones originales de la Edad Media asumió durante una temporada la forma mística. Los místicos rechazaban la iglesia como «intermediaria entre el hombre y Dios». Consideraban que la «salvación» es el resultado de la fe y no de las «buenas acciones», por las cuales la iglesia sobreentendía las dádivas en su provecho. Los místicos escribían no en latín, sino en el idioma del pueblo, fulminando así la erudición eclesiástica oficial.

Por otra parte, el carácter reaccionario de la mística como tal no necesita explicaciones especiales. La mística o refuta por completo o rebaja el conocimiento lógico. Esto se refiere no sólo a la escolástica, sino al conocimiento racional en general.

La escolástica siguió existiendo todavía durante mucho tiempo, pero su papel estaba definitivamente terminado, aún ya antes del siglo XV. El fin de la escolástica refleja la descomposición del feudalismo. La burguesía que se elevaba requería el desarrollo de una ciencia experimental y de una filosofía, necesaria para el desenvolvimiento de las nuevas fuerzas productivas». (Profesor A. V. Shcheglov y un grupo de catedráticos de la Academia de Ciencias de la URSS; Historia general de la filosofía; de Sócrates a Scheler, 1942)

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